Las Malvinas son argentinas, un reclamo histórico (I)

Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

“Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la Providencia a plagar la América toda de miserias en nombre de la libertad.”

Simón Bolívar

El reintegro a la soberanía nacional de Argentina de las islas Malvinas, es un reclamo histórico de un caso colonial, conformado por ese archipiélago convertido en enclave inglés, es unas de las batallas que ha librado el pueblo argentino y que en la actualidad asume una vigencia activa por mecanismos pacíficos y diplomáticos llevados a cabo por su gobierno.

La Argentina ha mantenido sus legítimas exigencias territoriales sin conseguir que Gran Bretaña ceda el dominio efectivo de las islas. El estrecho de San Carlos las divide, unas doscientas, en dos grupos, uno al este y otro al oeste. La superficie total es de unos 12.173 kilómetros cuadrados. Las mayores son la isla Soledad, con un área de 6.605 km², y la isla Gran Malvina, con 4.533 kilómetros cuadrados. En ambos casos se incluyen las islas adyacentes.

Las islas Malvinas son una posesión británica que subsiste como territorio autónomo, y es uno de los últimos reductos del colonialismo europeo en América. Hasta 1985, Georgia del Sur (3.755 km2), una isla a 1.290 Km. al sureste de las Malvinas, y las islas Sandwich del Sur (337 km2), a unos 750 Km. al sureste de Georgia del Sur, fueron gobernadas como dependencias de las Malvinas. Sin embargo, una nueva constitución hizo que Georgia del Sur y las islas Sandwich del Sur se convirtieran en un protectorado británico separado de las Malvinas.

El referendo realizado por las autoridades inglesas para conocer el parecer de los habitantes de las Malvinas sobre su futuro y legitimar lo ilegítimo, ha sido calificado, con acierto, como una farsa, ya que voto una población trasplantada y asentada.

La historia asumida es conocida en sus dos versiones principales. De acuerdo con los historiadores británicos, John Davis, navegante y explorador inglés, podría ser el primer europeo que avistó las islas Malvinas en 1592, al que siguió Richard Hawkins en 1594. Los historiadores españoles y argentinos, por su parte, sostienen que quienes primeros avistaron las Malvinas fueron los tripulantes de la nave de Esteban Gómez, que había abandonado la expedición dirigida por Fernando de Magallanes, en el año 1520. En 1600, el navegante holandés Sebald Van Weert, llegó a las islas y les dio el nombre de islas Sebald, como aparecen aún en algunos mapas holandeses. El capitán inglés John Strong navegó por el estrecho que separa las Malvinas, en 1690, y lo llamó estrecho de Falkland por Lucius Cary, segundo vizconde de Falkland, de donde proviene el nombre inglés de las islas. En 1764, colonos franceses que provenían de Saint-Malo (de ahí procede el nombre de Malvinas o Maluinas) se establecieron en la isla Soledad (East Falkland), y los británicos lo hicieron al año siguiente en la isla Gran Malvina (West Falkland).

En 1770 España compró la parte francesa y, en 1774, expulsó a los británicos con motivo del Tratado de Tordesillas. Argentina acabó con el dominio español en 1816 y reclamó la soberanía de las islas en 1820. Pero en 1833 Gran Bretaña retomó el control de las islas, que desde 1892 adquirieron el estatuto de colonia, y Argentina continuó reivindicando su posesión.

Las negociaciones que intentaban resolver la disputa por la soberanía de las islas comenzaron a mediados de la década de 1960 bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas. En abril de 1982, cuando las conversaciones aún estaban en marcha, el Ejército argentino invadió las islas y las ocupó durante diez semanas en un intento de zanjar el asunto por la fuerza. Los argentinos fueron derrotados por un destacamento especial británico y se rindieron formalmente el 14 de junio. Argentina continuó reivindicando la posesión de las islas, pero el Gobierno británico rehusó seguir con las negociaciones. En 1990 los dos países reanudaron las relaciones diplomáticas. Desde entonces la reclamación argentina se ha mantenido con niveles cíclicos de mayor o menor tono, acorde con la tendencia política del partido en el poder.

Las islas hoy reclamadas con total legitimidad tienen su origen en los inicios del siglo XVII, cuando las Maluinas, islas del mar Magallánico, fueron descubiertas por franceses de San Maló en el año de 1706, los cuales les pusieron este nombre, y después los ingleses el de Falkland. Están al este del Estrecho de Magallanes, y distan a unos 42 kilómetros (81 leguas argentinas) del continente.

No se ha establecido el número total; la mayor de ellas fue reconocida el año de 1764, por el capitán de Fragata francés Don Luis de Bouganville, que le puso su nombre, así como al puerto que descubrió donde estableció una colonia.

En el año de 1766 fue cedida al Rey de España, que la reclamó por el justo derecho que tenía. Su extensión es de aproximadamente de 92, 56 kilómetros (178 leguas argentinas). En el año de 1767, tomó posesión, nombrado por el Rey de España en condición de Gobernador, Don Felipe Ruiz Puente, capitán de Navío, y Caballero del Orden de Santiago. Le sucedió Don Manuel Gil y Lemus, Caballero del Orden de San Juan, también Capitán de Navío entonces.

En las islas hay diseminados muchos pantanos, el clima y el terreno son muy malos para los frutos y plantas de América y de Europa. El frío es intenso y sostenido. La principal está ubicada geográficamente en los 51 grados y 53 minutos de latitud austral.

Se han instalado, además, bases militares de Estados Unidos. Entre las más viejas, que no le pertenecen directamente, hay que
mencionar a la base británica de Mount Pleasant, en Malvinas, isla

Soledad, donde desde hace mucho tiempo están plantados los ingleses usurpadores. Por los convenios de colaboración entre miembros de la OTAN, como son EE.UU. y el Reino Unido, no cabe duda que lo que los norteamericanos demanden de colaboración del socio, lo tendrán al instante. Esa reciprocidad entre imperios se confirma con otra base que depende de Mount Pleasant, la isla de Ascensión, británica, pero cuyo aeropuerto fue arrendado a EE.UU. en 1956. La fuerza aérea estadounidense lo opera desde entonces, ha sido empleada en apoyo a sus incursiones en África.

Durante esta investigación tratamos de conocer el testimonio inédito de ex embajador de Cuba en Argentina Emilio Aragonés Navarro durante los años aciagos y luctuosos de la última dictadura militar en ese país, pero lamentablemente había fallecido sin dejar memorias escritas conocidas de su impronta allí.

Su hijo Jorge Aragonés Clark, quien acompañó a su padre en la misión diplomática, accedió a compartir un relevante pasaje sobre la solidaridad del gobierno de Cuba para con el pueblo argentino ante la embestida británica con el decidido apoyo de Estados Unidos, contra el intento de los militares golpistas argentinos de recuperar las islas Malvinas por medio de las armas y el develo de una premonición evidente, que la historia se encargaría de confirmar a pesar de la aparente ingenuidad de algunas figuras cimeras de la dictadura militar.

En los primeros días del inicio de la guerra en Malvinas, el 2 de abril de 1982, Aragonés viajó a Cuba. Había comenzado el proceso de salida de su cargo por término de misión y se hacían los arreglos de rigor. Las relaciones con el gobierno golpista se habían mantenido pero estaban en retroceso y franco deterioro.

La presencia diplomática cubana en Buenos Aires, había permitido asistir y dar refugio a argentinos y a otros perseguidos por las dictaduras de la región. En la sede cubana habían estado por más de un año niños y adolescentes familiares de Mario Roberto Santucho, caído en julio de 1976; también la esposa del narrador argentino Haroldo Conti, secuestrado, asesinado y desaparecido, su hijo y otras personas recibieron protección.

Dos diplomáticos cubanos habían sido secuestrados y desaparecidos en el primer año de la dictadura castrense; dos años después en marzo de 1978 tres empleados administrativos de la Embajada cubana habían sido detenidos en la vía pública cuando desempeñaban sus funciones y varios empleados argentinos de representaciones cubanas en Argentina y sus familiares habían sido igualmente asesinados y desaparecidos por el régimen.

Durante su estancia en el país, conoció que el Presidente de Cuba Fidel Castro Ruz, estaba indignado por la respuesta irracional británica contra los bisoños soldados enviados los golpistas argentinos a la patriótica misión de recuperar parte del territorio argentino y el oportunismo del gobierno del republicano Ronald Reagan, que había engatusado a los militares argentinos con la velada promesa de que en caso de un lance militar argentino por recuperar las Malvinas, Estados Unidos los respaldaría, a cambio se le había solicitado incursionar en la guerra sucia que ese país gestaba en Centroamérica contra la naciente y triunfante Revolución sandinista y para ampliar, desarrollar y extender el vasto plan de contrainsurgencia en curso contra los movimientos de liberación nacional en Honduras, Guatemala y El Salvador.

En septiembre de 1979, se había celebrado en La Habana la VI Cumbre del movimiento de los Países No Alineados, NO-AL, en la cual América Latina había sido objeto de consideración especial, subrayaron la necesidad de poner fin a la dominación colonial y particularmente reconoció en sus documentos el derecho de Argentina sobre las Isla Malvinas.

También, en la Declaración Política de la VI Cumbre de los No-Al, en el acápite 168 se expresó: “En el caso especial y particular de las Islas Malvinas los Jefes de Estado o de Gobierno reiteraron firmemente su apoyo al derecho de la República Argentina a la restitución de ese territorio a su soberanía y pidieron que se aceleraran las negociaciones a tal fin”. Argentina era ya entonces miembro del pleno derecho del Movimiento.

El 15 de octubre de 1979, en su informe a la Asamblea General de la ONU en la ciudad de Nueva York, el presidente de Cuba Fidel Castro Ruz, se refirió así al caso de las Malvinas: “Al pedir la restitución a la República Argentina de las Islas Malvinas… la conferencia corroboró de nuevo aquello que su declaración definió como la quintaesencia del no alineamiento”.

Cuando se produce la acción de Argentina y la reacción de Inglaterra, Cuba presidía el Movimiento de No-Al y la condena fue inmediata. Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Marcos Brindicci/ Reuters.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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