Las Malvinas son Argentinas, un reclamo histórico (V)

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Por José Luis Méndez Méndez (*)/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Parte de América Latina, quedó dividida ante el conflicto bélico en Malvinas unos países se desentendieron, otros apoyaron a los imperios y la minoría respaldaron a los militares argentinos.

Después de cumplirse una semana de confrontación, el 10 de abril de 1982 el presidente Galtieri se entrevistó con el secretario de Estado norteamericano Alexander Haig, mientras en la Plaza de Mayo una manifestación popular apoyaba la recuperación. Terminado el encuentro el Presidente sale al balcón de la Casa Rosada y pronuncia un discurso. Para entonces la confrontación militar es inevitable, una flota inglesa está en camino sin retroceso, y un pueblo enardecido apoyaba de corazón esta causa justa.

Los acontecimientos toman un curso acelerado el 19 de abril mientras que en Cuba se conmemoraba el veintiún aniversario de la derrota de la invasión mercenaria gestada por el Gobierno de Estados Unidos en Playa Girón, fracasan los esfuerzos de Haig.

El Ministro de relaciones exteriores argentino Nicanor Costa Méndez anuncia el pedido de aplicación del ya mencionado TIAR ante la OEA. Pero, como era de esperar, debido a la dependencia económica de los demás países latinoamericanos con EEUU, no se invoca el verdadero objetivo del tratado, la participación activa militar de los demás países en la contienda. No obstante, la parte diplomática tiene otra respuesta unilateral.

La OEA, una vez más se plegó a los designios norteamericanos, no obstante algunos gobiernos de la región asumen posiciones solidarias. El común denominador que caracterizó lo mucho o lo poco que se hizo fue inspirado en la buena fe y fue valiosa la ayuda tanto en lo material como en lo espiritual, los argentinos no se sintieron abandonados a su suerte por la decisión del gobierno militar, cualquiera que hayan sido sus motivaciones para iniciar el conflicto.

América Latina vivió momentos de unidad sin precedentes, dejando de lado diferencias menores e ideologías políticas, en varios países latinos se realizaron marchas y manifestaciones antiimperialistas reflejando el anhelo de la gran nación americana. En Perú, Venezuela, Uruguay y Chile: Sindicatos boicotearon la llegada de barcos y aviones ingleses a sus ciudades.

El caso de Perú, fue significativo y no podría ser de otra manera dado determinados precedentes. A comienzos de 1816, solo quedaban como únicos focos de agitación libertaria en América Latina: las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina), y la Región de los Llanos Orientales del Orinoco (Venezuela). Fue de estos dos históricos lugares de donde partieron las dos Corrientes Libertadoras que convergieron hacia el Perú: la del Sur, al mando de José de San Martín (1820), y la del Norte, comandada por Simón Bolívar. Buena parte de los peruanos combatieron en el batallón «Legión Peruana», en el que destacaron el general José de la Mar, los oficiales Ramón Castilla, Miguel San Román y Narciso Tudela, todos ellos distinguidos por acción heroica en el campo de batalla.

El Ejército Libertador del Perú zarpó del Puerto de Valparaíso, el 20 de agosto de 1820. La expedición constaba de 4118 hombres de las diferentes armas: caballería, infantería y artillería. Después de 18 días de navegación, el memorable 8 de setiembre de 1820, se inició el desembarco de la Expedición Libertadora en la bahía de Paracas (departamento de Ica). Seguidamente, los patriotas ocuparon Pisco, Chincha y demás haciendas inmediatas. San Martín estableció entonces su Cuartel General en Pisco. El 15 de Julio de 1821 ocupa Lima. Don Manuel Pérez de Tudela, más tarde Ministro de Relaciones Exteriores, redacta el Acta de la Independencia.

El 28 de Julio de 1821 se reúne el Cabildo Abierto en Lima, declarando junto con el pueblo la Independencia del Perú de la dominación española y de cualquier otra dominación extranjera. José de San Martín proclama y jura la Independencia del Perú en la Plaza Mayor de Lima con las siguientes palabras: “El Perú desde este momento es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende ¡viva la patria!, ¡viva la libertad!, ¡viva la independencia!»

En el momento del conflicto bélico en las Malvinas, Perú estaba a cargo del presidente Fernando Belaúnde Terry y se convirtió en el principal aliado de Argentina. Con la frase «el Perú está listo para apoyar a la Argentina con todos los recursos que necesite», declaró su apoyo a ese país. Esto incluía aviones y pilotos de la Fuerza Aérea, barcos de la Marina de Guerra y médicos de la Policía Nacional del Perú.

Durante el conflicto bélico, y a raíz de la inmediata ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos estados beligerantes, el Perú representó los intereses diplomáticos de la Argentina en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

El Perú sirvió de puente para enviar misiles antibuques franceses Exocet a Argentina. Además organizó una campaña de ayuda a nivel nacional a este país. Movilizó su flota al sur para disuadir a Chile de intentar un ataque contra Argentina. Está probado que poco antes de terminar el conflicto, a comienzos de junio de 1982, secretamente viajaron a la base Tandil primero y de allí a la de Bahía Blanca, 10 aviones peruanos Mirage M-VP (M-5P) vendidos a precio simbólico para suplir las pérdidas sufridas por la Fuerzas Armadas Argentinas.

El Presidente Belaúnde sirvió de mediador en el conflicto y propuso soluciones a ambos países. Sin embargo sus propuestas diplomáticas fracasaron cuando el gobierno británico de Margaret Thatcher ordenó, innecesariamente, hundir un crucero argentino que transportaba cientos de conscriptos de las Islas Malvinas de regreso a la Argentina y navegaba fuera del área de exclusión decretada unilateralmente por el Reino Unido.

Días antes de finalizar su período, el gobierno argentino presidido entonces por Raúl Alfonsín, viajó personalmente hasta Lima y condecoró a su Presidente con la máxima distinción del Estado argentino.

El caso de Chile gobernado entonces por el dictador Augusto Pinochet, fue diferente. Al igual que Perú la historia libertaria chilena registra pasajes solidarios de los argentinos.

El 12 de enero de 1817 se inició el Cruce de los Andes en dirección a Chile. El Ejército de los Andes fue uno de los dos grandes cuerpos militares que las Provincias Unidas del Río de la Plata desplegó en la Guerra de Independencia Hispanoamericana; estuvo organizado y comandado por el General José de San Martín.

El Ejército se dividió principalmente en dos gruesas columnas, la primera comandada por el propio San Martín, atravesó la Cordillera de los Andes por el Paso de Los Patos y la segunda, comandada por el brigadier Juan Gregorio Las Heras, marchó por el Paso de Uspallata conduciendo todo el parque y la artillería, cuyo transporte era imposible por el más escabroso Paso de Los Patos. La gran dificultad del cruce de la cordillera de los Andes generó que sólo 4.300 del total de mulas y 510 del total de caballos lograran cruzar al otro lado de las montañas.

El cruce fue verdaderamente épico: no sólo cruzaron una de las cadenas montañosas más altas del mundo (Las Heras registró que cruzó el paso de la Cumbre, de 3.500 metros, a las tres de la mañana), sino que lo hicieron por un desierto que en parte no tenía siquiera agua. El único medio día de descanso que tuvieron fue durante una tormenta de granizo que los obligó a detenerse.

Las fuerzas de Las Heras, de O’Higgins y de Soler se reunieron el 8 de febrero en el Campamento de Curimón. Ante las noticias del avance del jefe realista, coronel Rafael Maroto, hacia las casas de Chacabuco, San Martín ordenó el avance y el 12 de febrero se libró la Batalla de Chacabuco. El Ejército de Los Andes obtuvo la victoria sobre los realistas, y hubo 500 muertos y 600 prisioneros.

Los patriotas tuvieron que lamentar sólo 12 bajas. El gobernador Casimiro Marcó del Pont huyó hacia el sur, pero fue capturado por el capitán José Félix Aldao, de larga trayectoria posterior. El 18 de febrero se convocó a un Cabildo Abierto que propuso a San Martín como Director Supremo de la naciente república, pero éste rechazó el ofrecimiento para evitar sospechas sobre un posible avasallamiento de la Provincias Unidas del Río de la Plata sobre la autonomía de Chile. Dos días después el cabildo nombra finalmente a O’Higgins como director supremo, designación que San Martín avaló. Días después, San Martín ordenó a Las Heras que persiguiera a los realistas hasta Concepción, pero éste no pudo impedir que se atrincheraran en Talcahuano.

O’Higgins intentó capturar esa fortaleza, pero fue completamente vencido. Y para peor, pronto llegaron refuerzos desde Perú para los realistas, al mando del ex gobernador Mariano Osorio. Mientras tanto, San Martín viajó a Buenos Aires, a pedir más colaboración a Pueyrredón, que debería también formar una escuadra. A su regreso ordenó a sus hombres replegarse hacia el norte, reuniendo unos 8.000 hombres en las afueras de Talca. Allí se produjo el 19 de marzo de 1818 la sorpresa de Cancha Rayada, donde el ejército unido bajo las órdenes de San Martín fue derrotado cuando realizaba una maniobra nocturna para evitar un inminente ataque. En la oscuridad se generó una gran confusión, ya que tanto realistas como patriotas equivocaron sus posiciones, aquellos por desconocer el traslado de tropas ordenado por San Martín, y éstos por no haberlo completado. Los españoles quedaron dueños del campo lo que levantó mucho la moral de sus tropas.

Pero San Martín no se dio por vencido, y pronto estaba listo para luchar nuevamente, especialmente gracias a fray Luis Beltrán, que en pocos días fabricó decenas de miles de balas. San Martín esperó a Osorio en los llanos del río Maipo.

El 5 de abril se vuelven a enfrentar en la batalla de Maipú. Esta batalla se desarrolló en tres etapas. Primero, San Martín decidió desplazar a las fuerzas patriotas linealmente, para atacar a los realistas alineados en la parte alta de una lomada. Formaron un triángulo para atacar con la caballería, la artillería y la caballería chilena y patriota por el sur. Osorio impulsó sus fuerzas por la derecha, pero la izquierda cedió por completo. El ejército realista debió retroceder en desorden, los granaderos persiguieron al galope a las últimas fracciones que se retiraban. El adversario dejaba en el campo de batalla 2.000 cadáveres, cerca de 2.500 prisioneros, todo su armamento y material de guerra.

El brigadier O’Higgins, herido en Cancha Rayada no participó de la batalla pero se hizo presente una vez finalizada la lucha, montado en su caballo, para abrazar a San Martín y llamarlo «Salvador de Chile».

La victoria de Maipú pasa a la historia como una gran batalla a partir de una maniobra extraordinaria. El parte de la victoria dice así: «Acabamos de ganar completamente la acción. Nuestra caballería los persigue hasta concluirlos. La patria es libre, abril de 1818. San Martín».

Con la batalla de Maipú se obtiene definitivamente la victoria sobre las tropas realistas asegurando finalmente la independencia de Chile. Este pasaje histórico, épico y libertario fue olvidado por los fascistas en el poder en Chile en 1982.

En el período de la historia de Chile comprendido desde el 11 de septiembre de 1973, cuando los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado y derrocaron al gobierno del presidente Salvador Allende, hasta el 11 de marzo de 1990, cuando Augusto Pinochet entregó el poder al presidente Patricio Aylwin, elegido en las elecciones de diciembre de 1989, como consecuencia del resultado del plebiscito del 5 de octubre de 1988, Chile experimentó una importante transformación económica, política y social, a la vez que se cometieron sistemáticas violaciones a los derechos humanos.

Comenzada la guerra de las Malvinas, llegó a tierras chilenas el Wing Commander (comandante de escuadrilla) Sidney Edwards con una carta del comandante el jefe de la Fuerza Aérea inglesa. Lo que los británicos necesitaban era información sobre el desconocido militar de Argentina. El Comandante en Jefe de la FACH, Fernando Jorge Matthei, quien se vanaglorió de haber hecho todo lo posible para que Argentina fuese vencida, tomó la iniciativa, luego de contar con la aprobación de Augusto Pinochet. A cambio los militares chilenos recibirían lotes de aviones Hawker Hunters, un radar de larga distancia, misiles antiaéreos, aviones Camberra de reconocimiento fotogramétrico a gran altura y también bombarderos.

La información consistía en los movimientos de las tropas y despegues de aviones desde el continente hacia las islas y la llegada nuevamente de los mismos y era recogida por algunos aviones chilenos y por puestos desplegados en la frontera delimitada por la cordillera. Esos datos eran enviados a Santiago y luego Edwards lo hacía a sus superiores con dispositivos de alta tecnología para la época.

Venezuela fue otros de los países solidarios, envió gran cantidad de munición, 2 Fragatas con sus tripulaciones que fueron rechazadas por la Junta militar argentina, materiales anti buque y declaró que enviaría sus tropas si Inglaterra atacaba al territorio de la República Argentina. En Caracas, su capital, se produjo manifestaciones a favor de Argentina y contra el imperialismo. Ecuador, también aportó gran cantidad de municiones y en sus ciudades se pronunciaron en contra de la actuación inglesa. Brasil, no permito que ningún avión militar inglés aterrizara en su territorio y facilitó aviones para el patrullaje naval y submarino.

En Centroamérica, el gobierno de la Revolución sandinista ofreció enviar tropas. No obstante estar Nicaragua agredida también en esos momentos, incluso con la participación de asesores militares argentinos en la agresión al lado de los contrarrevolucionarios sostenidos y armados por Estados Unidos, se produjeron declaraciones y manifestaciones solidarias.

La respuesta inglesa fue apoyada por casi todos los países de la Unión Europea, en primer lugar los miembros de la OTAN demostraron su apoyo implicitito. Francia, otro aliado de Inglaterra se pronunció por medio de su presidente, François Mitterrand, quien telefoneó a Thatcher para expresarle su apoyo y congelo la venta de armas a Argentina. Austria, cancelo el envío de tanques comprados por Argentina. Bélgica, Holanda y la República Federal Alemana, prohibieron también la venta de armas a la parte argentina. Así en síntesis fueron los polos donde se situaron los países a favor y en contra de cada parte enfrentada.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

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Foto de portada: Marcos Brindicci/ Reuters.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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