Para salvar al mundo hay que escuchar la voz de nuestra América profunda

Por Jorge Falcone.

“Hay un cuadro de Klee que se llama Ángelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad”.

Walter Benjamin

(“Sobre el concepto de historia”, en Obras, libro I, Vol.2, Abada Editores, Madrid, 2008, p.310.)

A esta altura de los hechos, sólo una mente excesivamente desprevenida podría ignorar la trascendencia que reviste la reciente visita del jefe del Comando Sur de los EEUU a nuestro país.

Efectivamente, la transición hegemónica global reúne las características de una nueva Guerra Fría, dirimida hasta el momento en términos exclusivamente comerciales.

Lo que no está tan claro es si tal fenómeno llevará ínsito el resurgir de un nuevo “tercermundismo”, dado que no abundan aún indicios de que se esté gestando un nuevo nodo de articulación de los pueblos, como el que durante la Década Larga Progresista se intentara – por ejemplo – desde el Foro Social de Porto Alegre. 

Paralelamente, el virus que nos azota continúa mutando hacia cepas más agresivas, tiñendo el presente de un color semejante al provisto por los peores films apocalípticos. En ese marco, la amenaza de que algunos sistemas sanitarios colapsen compromete de lleno la responsabilidad social de algunos comunicadores que, como el Director del Instituto Médico Platense y el Instituto del Diagnóstico de la capital bonaerense, declaran que “En los próximos días los hospitales decidirán quién vive y quién muere”, dejando planteado un dilema ético que durante mucho tiempo consideramos patrimonio exclusivo de la ciencia ficción. 

Procuremos ensayar una cierta perspectiva para revisar qué nos trajo hasta aquí. 

La modernidad, en tanto proyecto político, se impone a partir de la Conquista de América en 1492, y sistematiza sus fundamentos jurídico-teóricos en 1550, durante la Controversia de Valladolid, que enfrenta a Fray Bartolomé de las Casas con Ginés de Sepúlveda, argumentando a favor y en contra respectivamente de la condición humana de nuestros pueblos originarios, la segunda de cuyas posturas prevalecerá sobre la primera estableciendo desde entonces el sentido común de lo que pretende ser el orden natural de las cosas, pensamiento que subordina al inferior (bárbaro) al arbitrio del superior (civilizado)

De tal idea se desprende el dualismo implícito en una antropología que también subordinará el cuerpo (como sede del mal, donde reside la cultura, la Historia, y la naturaleza) al alma (como sede de lo divino) 

Sin ir más lejos, un pensador como John Locke sostendrá que “todos los hombres son iguales”… pero negándole al nativo el status de humano.

No resultará difícil, por ende, emparentar el sustrato de semejante visión a los nuevos métodos con que el poder colonial promueve golpes híbridos en Nuestra América: En última instancia, la interrupción del orden constitucional en Bolivia el 18 de noviembre de 2019 se produjo en nombre de la democracia y de Dios, lo cual – si consideramos la actual deriva represiva y persecutoria del primer término -, podemos concluir que se trató de un revival de aquel remoto tándem de la espada y la cruz.

En eso consiste, en todo caso, la tradición occidental, hoy representada por ese 1% de billonarios del mundo. El límite que este capitalismo global impone a la incorporación de mano de obra también determina la imposibilidad de ampliar la democracia.

De modo tal que su resiliencia actual depende de la eliminación lisa y llana de dos terceras partes de la humanidad, si no inventando, aprovechando decididamente la pandemia en curso, lo que se manifiesta destruyendo las capacidades de reproducción de la vida por parte de la naturaleza, hoy devaluada y convertida en mercancía. 

El escenario descripto determina que la gran contradicción que le toca resolver a la humanidad ya no es capital o trabajo, sino capital o vida, dado que en cada uno de sus ciclos expansivos, el capital tiene la necesidad de perpetrar primero un epistemicidio para justificarse, y luego un genocidio para reciclarse. 

De hecho, algo de eso expresan la resistencia socioambiental y la respuesta punitiva que vive en estas horas el heroico pueblo de Andalgalá. La situación en la ciudad catamarqueña es de un estado de represión a cielo abierto contra buena parte de la comunidad, que se resiste a la megaminería en el único afluente hídrico que es el proyecto Agua Rica. Hace poco detuvieron a 7 vecinxs, al día siguiente otros/as cuatro asambleístas. Los once han sido señaladxs por salir a las calles a manifestarse en defensa del agua y aún continúan privadxs de su libertad. 

El ejército y la policía provincial desembarcaron en el pueblo para garantizar el negocio de las empresas mineras. La paz en Andalgalá se perdió cuando se reiniciaron las obras. Hace 11 años que lxs pobladorxs dicen «el agua vale más que el oro». 

Ante semejante dilema, las culturas autóctonas del Sur Global tienen mucho para aportar, en tanto y en cuanto capitalismo y socialismo han sido durante el Siglo XX filosofías del crecimiento, cuando ya está harto comprobado que los recursos naturales del planeta son limitados.

Buena parte de la izquierda tradicional continúa considerando que el quid del imperialismo es la economía, o la sociología, despreciando generalmente a la geopolítica, que nos explica muchas cosas. 

Si algún concepto ha impuesto la filosofía posmoderna es el de la relatividad absoluta, pretendiendo que ya es imposible cuestionar holísticamente al modelo civilizatorio vigente, y que sólo nos asiste la posibilidad de formular críticas parciales, noción que tiende a desarmar el arsenal ideológico de los pueblos, divorciando causas que indudablemente debieran confluir, como el ambientalismo, el feminismo, o la reivindicación de las comunidades originarias. A ese respecto, el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir viene instalando un concepto de alcance integrador: El terricidio (síntesis del genocidio, epistemicidio, ecocidio y femicidio en curso) 

En consecuencia, los centros del poder mundial se arrogan la potestad de ejercer un pensamiento global, condenando a los países periféricos a profesar un pensamiento local, supuestamente incapacitado para concebir soluciones generales.

Por eso mismo, un proceso de liberación de nuevo cuño debe involucrar toda nuestra dimensión continental americana.

Sólo la producción autónoma de conocimiento, entonces, nos curará la herida colonial.

El nuevo Estado de Sitio dizque sanitario que hoy rige todo el orbe tiene por objeto fundamental poner a prueba la capacidad de reacción de los pueblos ante la reconfiguración capitalista del sistema – mundo.

En ese escenario disputan proyectos civilizatorios sin capacidad suficiente para imponerse demográficamente sobre la mayor parte del planeta, habida cuenta – entre otros factores – de la barrera idiomática. 

A ese damero le falta nuestro Proyecto de Abya Yala, mucho más humano y respetuoso de la Madre Tierra.

Ahí residen las capacidades y posibilidades de proponerle al mundo un nuevo orden civilizatorio que corrija los desastres perpetrados por esta Economía para la Muerte que representa el capitalismo.

Porque pueblos sin espiritualidad no pueden constituirse en sujetos de la Historia. 

Estamos viviendo un tiempo de pre parto, pero hay que tener categorías para verlo, desde una razón ajena a esa modernidad capitalista que reproduce la academia, gran promotora – al decir del filósofo boliviano Rafael Bautista Segales, en cuyas reflexiones abrevan estas líneas – de “intelectuales transgénicos”.-

A la Asamblea El Algarrobo de Andalgalá (Catamarca),

al movimiento El Famatina No Se Toca,

a la Asamblea por el Agua de Mendoza,

a lxs protagonistas del #chubutaguazo,

a la Caminata contra el Terricidio.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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