Playa Girón, pasajes de la victoria (II)

José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

La perturbadora y triste imagen de obnubilados mercenarios derrotados en Playa Girón, regresados a Estados Unidos a finales de diciembre de 1962, tras la negociación que los canjeó por alimentos y otros enseres, escuchando al presidente John F. Kennedy en el estadio Orange Bowl de Miami, es deprimente. Ambas partes mentían de manera consiente y deliberada.

El presidente les prometió revancha y ellos le entregaron una bandera que nunca estuvo en Cuba, fue confeccionada para la ocasión, fue parte del engaño reciproco.

Sobre a quién echarle la culpa del fiasco, fue necesario esperar varias décadas para conocer los documentos secretos de la CIA, desclasificados, que promovieron expectativas no satisfechas con lo revelado. Ellos no contienen revelaciones impactantes ni detalles sobrecogedores, pero si entra en detalles acerca de “la guerra dentro de la CIA tras la derrota, sobre quién tenía la culpa” del fracaso de la invasión.

En esencia, es parte del informe crítico del inspector general [de la CIA], quien culpó mayormente a la incompetencia de la CIA por el fracaso. A pesar de demandas y de repetidas solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información (Freedom of Information Act, FOIA), la CIA se resistió tercamente durante más de tres décadas a hacer público el quinto y último volumen final de su historia oficial de la fallida invasión.

Pero, enfrentada a una demanda más y a un cambio de la ley que limita a 25 años el plazo que las agencias gubernamentales pueden mantener confidenciales sus deliberaciones internas.

En la carta que acompaña la publicación del documento llamado Investigación interna de la CIA de Bahía de Cochinos (CIA’s Internal Investigation of the Bay of Pigs) no se hace mención alguna de que haya demandas pendientes. En lugar de eso, el historiador jefe de la CIA, David Robarge, dijo que la publicación correspondía al citado cambio en la ley.

El Volumen V fue escrito por Jack B. Pfeiffer, historiador interno de la CIA, y presentado al Centro de Estudio de Inteligencia de la CIA el 18 de abril de 1984. En el informe, Pfeiffer, quien murió en 1997, sugiere que la razón que los documentos fueron mantenidos en secreto fue “el temor de sacar a la luz los trapos sucios de la agencia, más que por contener cualquier información significativa de seguridad”.

El autor culpó a la Casa Blanca de la época demócrata y sostuvo que el informe del inspector general Lyman Kirkpatrick era “prejuiciado e incompetente”.

La crítica mayor es que el informe del inspector general, “se basaba en la suposición completamente irreal de que el papel jugado por la CIA en la invasión podía ser examinado, y que se podía sacar conclusiones válidas sin referencia a las continuas interrelaciones de la agencia con otras agencias gubernamentales de EE.UU. y con la Casa Blanca”.

El llamado Volumen V –defectuoso o no– resulta revelador con respecto a la egolatría y las supuestas maquinaciones maquiavélicas de algunos empleados de la agencia, y de los insultos que fueron intercambiados tras la invasión. Pfeiffer escribió sobre el texto “esperamos que ponga en perspectiva una de las luchas intestinas de poder más cruentas de la CIA para los propios archivos de la agencia”.

Se escribió que el informe del inspector general “fue un intento disfrazado sólo a medias de echar toda la culpa del fracaso” a Richard M. Bissell, subdirector de planes de la CIA y arquitecto principal de la Operación, y al director de la CIA Allen Dulles, en lugar de ser un esfuerzo por “asegurar que no se repitieran los mismos errores en el futuro”. “Aquellos que participaron en la operación se sintieron ofendidos por el informe y lo atacaron con encono”, escribió Pfeiffer.

El documento revela por primera vez los nombres de los tres funcionarios de la CIA que hicieron la mayoría de la recolección de datos y preparación de materiales para el informe del inspector general de la CIA. Ellos fueron William Gibson Dildine, Robert D. Shea y Robert B. Shaffer.

El funcionario de la época, Richard D. Drain, jefe de operaciones de la invasión, describió a los dos últimos en una conversación con Pfeiffer “como dos viejos de basura que se quedaban dormidos en medio de las reuniones; que no sabían distinguir el codo del fondillo” y que simplemente hacían como que recolectaban información importante. Drain sugirió asimismo que al parecer el inspector general Kirkpatrick estaba interesado en el puesto de Bissell y quería echar toda la culpa posible a su departamento.

El subdirector de planes hizo su propio análisis crítico del informe del inspector general. En cierto momento, Kirkpatrick sugirió que la única manera realista de evaluar la operación sería poner el informe del inspector general, el del subdirector de planes y un informe anterior resultante de una investigación ordenada por el Presidente John F. Kennedy, la cual fue dirigida por el general Maxwell Taylor, en manos de un investigador imparcial. De ser revisados sin referirse al informe de Taylor, escribió Pfeiffer, “los dos documentos de la CIA, parecen el resultado de una competencia a ver quién orina más lejos”.

Mientras, Shaffer, el miembro del personal del inspector general, recordó que Kirkpatrick había dado instrucciones a los miembros del grupo para que destruyeran todos los papeles de trabajo relacionados con la información recolectada. Incluso, mientras Pfeiffer preparaba el citado Volumen V, se les dijo que todos los papeles de trabajo relacionados con la investigación de la Operación, habían sido destruidos.

Pero Pfeiffer escribió que “en la primavera de 1981, al investigar otra fuente, el autor de este volumen recuperó un conjunto casi completo de los papeles de trabajo” del equipo de inspección. “Las extremas precauciones tomadas con respecto a los informes de Kirkpatrick sólo pueden ser interpretados como una medida tomada para cubrirse las espaldas, y no por una preocupación seria con respecto a la seguridad”.

El tema de quién tuvo la culpa del desastre de la invasión se ha debatido durante casi seis décadas. La discusión se centra en si una “decisión política” de Kennedy de no dar cobertura militar aérea visible a la invasión acabó en última instancia por causar la derrota militar de las fuerzas mercenarias. Durante la agresión, 114 mercenarios murieron y 1,100 fueron capturados por el ejército y las milicias cubanas.

El 14 de abril del 2011 –en el 50 aniversario de la invasión– el Archivo Nacional de Seguridad presentó una demanda pidiendo que se desclasificara los cinco volúmenes de Pfeiffer. La CIA dio a conocer cuatro de ellos, pero siguió sin publicar el ahora revelado Volumen V, de 172 páginas.

El Volumen III se dio a conocer por primera vez en 1998 y se envió a la Colección de Documentos sobre el asesinato de Kennedy de los Archivos Nacionales. Pero se mantuvo allí sin que el público tuviera la menor idea hasta que se descubrió en una caja marcada “papeles misceláneos de la CIA” en el 2005.

Ahora, los cinco volúmenes, los cuales se prepararon entre 1979 y 1984, han sido desclasificados y están disponibles al público en la sala de lectura electrónica de la CIA, sobre como la culpa se diluyó durante años.

Foto de portada: El presidente John F. Kennedy junto a miembros de la Brigada 2506 en el Orange Bowl en 1962.

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(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

 

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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