Playa Girón, pasajes de la victoria

Compartir

José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

En breves días, se evocará la primera gran derrota del Imperialismo en América, han transcurrido seis décadas de la altera agresión, que involucró a cubanos de ambas orillas del Estrecho de la Florida, unos al servicio imperial y otros defendiendo la Patria agredida.

La historia en ocasiones es caprichosa, hechos relacionados entre sí nos recuerdan el pasado, con sus lecciones y enseñanzas, nos preparan para el futuro. Parafraseando el inmortal poeta uruguayo Eduardo Galiano, que sentenció: La historia se repite solo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla.

Las últimas generaciones de cubanos y de amigos de Cuba, sólo en libros han conocido los horrores del régimen tiránico de Fulgencio Batista y los asesinos que a su servicio masacraron a más de 20 000 cubanos. Otros deliberadamente exhortan a darle la espalda al pasado para desmontar la honrosa historia que se ha vivido.

Uno de estos sicarios fue el cabo de la Policía Nacional Ramón Calviño Insua, grotesco matón a las órdenes del también criminal coronel Esteban Ventura Novo, responsable de toda la degradación que aconteció en la Novena Estación. Calviño, ingresó al citado cuerpo armado el 1 de noviembre de 1957, se especializó en torturar y violar mujeres, como fueron los casos de Ángela González del Valle Gutiérrez, entonces de 51 años o la joven de veinte, Idelisa Esperón Lozano, ambas ultrajadas y forzadas con crueldad en repetidas ocasiones durante su detención. A la joven de 20 años Addis Belkis Fonseca Heredia, embarazada la golpeó durante ocho días en la Novena Estación hasta hacerla abortar y provocarla secuelas físicas y mentales indelebles.

Este gánster al servicio de la tiranía se infiltró en las filas revolucionarias y después traicionó a sus compañeros de lucha. Detuvo, torturó y asesinó a los revolucionarios, Rafael Guerra Vives, Andrés Torres Rodríguez, de 19 años, Julio Álvarez Eduarte, William Darias Hurtado de Mendoza, Alfredo Pérez González y José Mendoza García de 23, este último quemado mientras agonizaba para hacer desaparecer por medio del fuego a su cadáver. Todos fueron ultimados con alevosía por la soldadesca asesina.

Al joven de 19 años, Manolito Aguiar García, lo asesinó personalmente en el bar Encanto, en la avenida 51 y calle 100 en Marianao, en la capital cubana, a quien sin mediar palabra le disparó al pecho el 1 de noviembre de 1958.

A Marcelo Salado Lastra, de 25 años, lo masacró el 9 de abril de 1958 en la esquina de la calle G y avenida 25 en el Vedado, cuando después de estar con las manos en alto, fue ametrallado por Calviño y el sicario Juan Francisco Vichot Ruiz.

Estuvo involucrado en más de una veintena de hechos de sangre, abusos, maltratos a detenidos, robo, extorsión y amenaza, se abrieron contra él 7 causas judiciales antes de 1959 y todas fueron amañadas por las autoridades a las cuales servía.

Al triunfar la Revolución, Ramón Calviño se refugia, el 5 de enero en la embajada de la República de Panamá en La Habana, que les dio protección a él y a otros asesinos que escapaban de la justicia. El 18 de enero el gobierno del entonces presidente panameño Eduardo de la Guardia, lo admite como refugiado político y llega a ese país.

En uso de su legítimo y soberano derecho el gobierno Revolucionario solicitó el 29 de julio de 1959, por la vía diplomática al gobierno de Panamá la extradición del inveterado asesino a Cuba para ser juzgado por sus numerosos crímenes. Se envió un voluminoso expediente con abundantes pruebas sustanciales e indubitables del carácter criminal de Calviño y testimonios de más de cincuenta denunciantes de los ultrajes cometidos por éste. Meses después las autoridades panameñas denegaron la solicitud, con el argumento de carecer de elementos para tomar una decisión sobre el caso.

El malhechor Calviño, de Panamá viajó al cubil natural de los batistianos en Miami, se alistó en la brigada mercenaria que invadió a Cuba en abril de 1961, desembarcó y tras la derrota fue capturado y sometido a la justicia, que con toda legalidad le impuso la pena máxima.

Fuertes testimonios de las víctimas de Calviño

Más de cuatro décadas después, nuevamente la historia se repitió cuando una caterva de asesinos terroristas, no menos que Calviño, fueron capturados cuando se disponían a cometer en Panamá un alevoso magnicidio por medio de un acto de terror, que hubiese ultimado a cientos de personas.

En enero del 2001, Cuba solicitó la extradición de los criminales por medio de voluminosos expedientes con decenas de pruebas en contra de los delincuentes, en abril del propio año fue denegada por el gobierno panameño con argumentos similares a los presentados en el caso del esbirro de Batista y el 26 de agosto de 2004, el gobierno de genuflexión de la entonces presidente panameña Mireya Moscoso vendió el indulto de los terroristas, que fueron acogidos en su refugio natural en los Estados Unidos. La historia de la injusticia en ocasiones se repite.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

*Foto de portada: Juicio a los mercenarios de Playa Girón. Sentado a la derecha, Jorge King Yun (el Chino King), Ramón Calviño Insua, excabo de la policía a las órdenes del coronel Esteban Ventura Novo, y exteniente del ejército, Antonio V Padrón Cárdenas, connotado asesino en Holguín.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Un comentario en «Playa Girón, pasajes de la victoria»

Dejanos tu comentario

A %d blogueros les gusta esto: