Cuba: Arleen, tan madre…

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Por Yurina Piñeiro Jiménez.

El cariño y la añoranza por el “tronco” familiar, que desde hace años no está, se desborda en las palabras, en el rostro, en la evocación de su hija. También en unos lirios hermosísimos, que acompañan la imagen sagrada de la madre, en la sala del hogar.

De niña, su mamá le contaba el momento más feliz de la vida: cuando parió el primero de sus tres hijos. Porque había conocido la orfandad total siendo pequeña, y por tanto, tenía una necesidad inmensa de poseer algo suyo. Entonces, cuando creó su familia, le dio mucho amor.

“Mi infancia fue feliz, muy feliz. Yo siempre digo que me tocaron los mejores padres del mundo. Mi mamá era una madraza. Era muy apegada a nosotros. Fuimos sus compañeros de juego. Recuerdo que mi hermano y yo crecimos en la época en que todavía se celebraba el Día de Reyes y ella jugaba a comprar cosas que también podía usar: patines, bicicleta… Y nos enseñó a todo eso.

Se trepaba a las matas con nosotros. Montaba a caballo. Le encantaba el mundo del campo, nadar en la playa o el río. Entonces mi infancia fue absolutamente feliz, aunque vivíamos con limitaciones económicas. Había mucha felicidad. Mi papá y mi mamá se amaban mucho”.

Vivió tanto afecto y armonía hogareña, que deseó repetir la historia. Quería ser igual a su progenitora: tener manos tiernas como ella, dar y recibir cariño de la gente, ser mamá…

“Honestamente, lo que más me gustaba de mi madre eran sus manos, tenía unas manos muy… (Yo no las saqué). Tenía las manos más tiernas del mundo. Las manos de mi madre son mi conexión con la vida.

Y quise ser como ella: querida. Me encantaba cuanto la gente la quería, lo fácil que se hacía querer. Como juntaba y la gente siempre a su alrededor. Se llamaba Norma, pero nadie le decía así. De cariño le decían «mami», no importaba la edad que tuviera, «mami, mami, mami». Porque era eso, era mamá. Creo que me puso la varilla demasiado alta”.

Como su mamá, Arleen se convirtió en una mujer muy especial. Y aunque no tuvo hijos nacidos de su vientre, al igual que Norma («mami»), muchos la tienen por madre.

Por esa personalidad extraordinaria que tiene: alegre, cálida, propositiva y libre de prejuicios, siempre pensamos que accedería a la entrevista. Y accedió, no para que su nombre resonara en los medios, -pues los archivos de Juventud Rebelde, Cubadebate, Mesa Redonda y otros, atesoran su impronta reporteril-, sino porque como avezada periodista, cree oportuno compartir su historia.

¿No tener hijos: decisión o imposibilidad biológica?

“Recuerdo que de niña a mí no me interesaban las muñecas. Todos los años mi mamá me compraba la clásica que venía en el paquete de Los Reyes Magos, pero se quedaban ahí, encima de un escaparate. Realmente me parecían falsas, y nunca me gustó lo falso. Las muñecas me parecían un niño de mentira.

Mi mama decía: «tú vas a ser mediomarimacho». Porque me gustaba jugar a las bolas, a la pelota, a los mambises. Me molestaba: ‘¿por qué a mi hermano le compran un juego de vikingo y yo no tengo uno?’. Es que me gustaba el juego vivo, el juego verdadero.

A veces digo, yo no venía para madre porque nunca me interesaron las muñecas. Pero no es eso, es que no me gustaban por falsas.

Sí deseé ser madre. Yo me casé en primer año de la Universidad y usé anticonceptivo ese tiempo. Luego ya tenía el deseo de salir embarazada y me sentía así constantemente: «Ay, estoy embarazada», apenas se me atrasaba un poquito la menstruación. Y llegué a hacer canastilla porque era época de crisis, como siempre, y guarda pañales para cuando estés embarazada y  guarda esto y lo otro. Lo que fui regalando con el tiempo.

Lo intenté muchas veces, con todas las parejas que tuve. Lo intenté siempre, hasta estudios de fertilidad me hice, pero no eran igual que ahora. La inseminación ahora es más común, en esa época no”.

En medio de todo eso alcanzaste cúspide en tu carrera profesional. ¿Continuaste con tus planes de maternidad?

“La Habana siempre es la Habana, pero a mí no me interesaba, vaya, me interesaba más Guantánamo o Santiago. Venir de vacaciones, sí, pero no vivir aquí, ni iniciar un mundo de desafíos, porque yo tenía mucha comodidad allá, mi mama prácticamente me lo hacía todo, mi mundo estaba allí. En ese tiempo las provincias tenían un desarrollo similar.

Me proponen venir casi como una tarea de militancia. Y como me había divorciado, y vivía un día en casa de mis padres, otro en casa de mis abuelos, entonces decido cambiar de aire, de decir ya. Vengo para Juventud Rebelde como jefa de la página de redacción económica. Estuve ahí un año. Luego me proponen a subdirectora,  cinco años de subdirectora y luego cuatro años de directora.

Pero sí continué intentando mi maternidad, sí, siempre. Con el doctor Nelson Rodríguez en el González Coro. Yo ya tenía otra pareja, empezamos, mas cuando estábamos en el impulso aquel, nos separamos.

A ver, en verdad tuve muchas presiones porque al venir para la Habana con esa tarea, 26 años tenía cuando vengo para acá y ya yo empiezo a tener responsabilidades muy fuertes: subdirectora, directora, me volví a divorciar, conocí a Roberto, nos casamos, lo intentamos muchísimo. Sin embargo, no le di prioridad a eso, mi responsabilidad ante el periódico fue superior. El Periodismo me halaba más.

Yo me hice las pruebas elementales y me dijeron: «no hay por qué tú no salir embarazada. No sabemos cuál es la causa. Habría que hacer inseminación». Pero en esa época, la técnica no estaba tan desarrollada y no la llegué a hacer. Podrá parecer broma, pero un día pensé: ‘Mira que lo he intentado, he terminado siempre divorciándome, un día me voy a quedar sin marido y sin hijos…Ya no lo intento más, si no se puede naturalmente, no se puede’.

¿Por qué no adoptaste?

“Es verdad que podía hacerlo. Pero en ese tiempo yo era miembro del buró nacional de la Juventud, diputada de la Asamblea Nacional, miembro del comité nacional de la Federación, era periodista que ejercía (nunca he dejado de escribir). Y me pregunté: «para qué voy a adoptar un niño, ¿para hacerlo sufrir, para castigarlo, un niño que no tenga a su mamá en su casa? Va a criarlo otra persona».

Adopta un niño una persona que se puede ocupar de él. Porque, ojo, yo he conocido personas que han adoptado niños para resolver un problema suyo. ¡Error!, Cuando usted adopta a un niño, usted adopta a un ser humano al que tiene que darle todo el amor del mundo, ese niño es que necesita de usted, usted es el adulto.

Hay gente que ha adoptado y me ha dicho: «Ay Dios mío, yo no sé si hice bien, porque yo pensé encontrar la felicidad y este niño me da dolores de cabezas» . ¡Perdón! Tú no adoptaste un juguete, ni una medicina para curarte la tristeza. Tú le das a esa persona.

Entonces, ¿para que yo iba a adoptar?. Dije: «yo tengo sobrinos.  El pedazo de mí que le puedo dar a otros niños, se lo doy a ellos. El tiempo que le pueda dedicar». Y se lo he dedicado. Mis sobrinos y yo tenemos una relación muy linda.

Después, cuando me uní con Roberto, él tenía tres hijos, ya criados y con madres maravillosas, por lo cual no necesitaron de mí. Traté de ser su amiga y lo soy. Es decir que nunca dejé de tener niños a mi alrededor, a los que mimar, a los que querer. Pero tampoco me obsesioné. No fue un problema para mí. Siento que es un vacío en mi vida, no te lo voy a negar, pero no me obsesioné con eso.

¿Algún conflicto en la pareja, en la familia o socialmente por la imposibilidad de tener hijos?

«Con la pareja y la familia nunca he tenido conflictos, presiones externas quizás sí. Cuando alguien siente necesidad o placer en herirte y te dice: «No opines porque tú no tienes hijos, no sabes lo que es eso», o ‘Mira, tú qué has hecho, si no tienes hijos’.

Y te marcan tu incapacidad. Hasta amigas que me han dicho muy cruelmente: «No opines porque tú no sabes lo que es ser madre, ser madre es otra cosa». Y les digo que tienen razón, que yo comprendo. Pero nunca me he amargado con eso. Quizás porque mi mamá me decía siempre: ‘Bueno mija, todo el mundo no puede ser, hacer todas las cosas’.

¿El consejo para las mujeres que no pueden tener hijos por razones biológicas o de otro tipo?

Por ejemplo, cuando yo me uní con Roberto, recuerdo que le dije: «Yo tengo que querer a tus hijos, porque si yo tuviera un hijo de otra relación, tú tenías que quererlo. A mí habría que adorarme a mis hijos, por lo tanto, yo tengo que adorar a los tuyos, de verdad».

No me frustro. Lo intenté, quise serlo, siento que una mujer no está completa totalmente si no procrea, sí, puede ser. La que pueda tenerlo, mientras pueda, que lo intente. Si tiene vocación de madre, si tiene necesidad imperiosa de cuidar, de amamantar, de hacer crecer a un ser humano. Pero si no se da, no se puede frustrar. Hay tantos niños esperando que se les de amor…

Yo tengo ahijados, niños que son hijos o nietos de mis amigos, yo los adoro, son mis hijos. Yo doy la vida por esos muchachos. Si viene una bala, yo me pongo en frente para morir. Yo me quito mi comida para dársela a ellos. Yo no duermo si uno de ellos niños está enfermo. Pero al mismo tiempo sé, que a la hora de ir a unos brazos van a ir a los de sus padres, que les toca, que les corresponde.

Arleen junto a Fidel en la Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

¿Cómo canalizar ese sentimiento de amor de madre, cuando no se da naturalmente?

“Dando mucho amor a los demás. Hay un error en quienes creen que el amor es que te amen, NO, el amor es amar. Amar es el secreto aunque sea para sufrir. Yo creo que la verdadera felicidad está en dar amor, dar amor. Mientras más amor tú das, más te nace. Eso es igual que mientras más trabajas, más ganas de trabajar te dan y mientras menos trabajas, más vaga te vuelves.

Eso es una ley humana, un secreto de la energía, no sé…Y cuando das ese amor, ese amor se multiplica y el espacio que te quedó vacío tú lo llenas. Yo tengo un amigo, digo tengo, porque aunque murió, fue un hombre maravilloso. Él era piloto y cada vez que iba a viajar, le escribía a su novia en el espejo: Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

Yo iba habitualmente a esa casa y se lo borré, le puse algo así como: «Eres un cheo». Cuando regresó, le dijo a su novia (mi amiga): ‘Dile a Arleen que no le voy a hablar más, si vuelve a borrar el espejo’. Y volvió a escribir la frase. Y esa vez, cuando se fue de viaje, murió en un accidente…

Es decir, nunca puedes borrar la señal de un ser humano en la tierra, su paso por la vida, el amor que deja. Y ese mensaje se quedó dentro de mí. El hueco que tu tienes en la vida, llénalo de amor, llénalo siempre del cariño a tus padres, a los demás… Ese es el secreto, no hay otro.

“Un día descubrí que sí tuve hijos. No solo mis sobrinos o los hijos y nietos de mis amigos, no. Ahora tengo un hijo de 90 años que es mi papá. Lo trato como a un bebé. Se me enfermó y lo tuve aquí en mi casa un tiempo. Yo lo bañaba, lo acostaba y le decía: «Abre las piernas que te voy a echar talco». Era mi hijo, es mi hijo. Lo mimo, y cuando veo algo pienso: ‘Esto le va a gustar a mi papá’. Y se lo llevo.

Y antes tuve una hija que murió muy joven, de 67 años, mi mamá. Cuando enfermó era mi hija; la bañaba, le daba la comida, la cuidaba, le hacía todo. De modo que hay un momento en la vida que tus padres se transforman en tus hijos. Es decir, que sí hay otras maneras de ser madre.

Disfruto la alegría de las madres que me rodean. Tuve una vecina con hijos trillizos y aún me manda fotos de cómo van creciendo los niños. Actualmente tenemos unos vecinitos, de dos y cuatro años, que todos los días hacen que sus padres los traigan aquí.

Se tiran encima de los sofás, brincan, juegan, abren el refrigerador. Ellos pensaban mudarse y Robe me comentaba: «Tú te imaginas que se muden, nos morimos de tristeza». Porque uno le coge mucho amor a los niños. Pasan por aquí llamando: ‘Roberto, Arleen’. Y vienen y se nos tiran encima, y nos abrazan y enseguida te piden el teléfono para jugar. Pero dan amor de verdad, no es fingido.

En esta casa nunca han faltado los niños. Ya mis sobrinos y los hijos de Roberto son grandes, algunos ya con hijos y lejos. Sin embargo, nunca han faltado muchachos aquí. Y siento que he recibido amor de muchos niños, como si fueran hijos.

¿Y Romi?

“Mi bebé, mi hijita también. Puedo decir que me he enfermado y Romi ha estado al lado mío todo el tiempo, como si estuviera cuidándome y nadie se me puede acercar. Hemos estado compartiendo con amigos en una piscina y a ella no le gusta meterse al agua, pero no se aparte de mí, si alguien juega conmigo, le empieza a ladrar. Es amorosísima, llora cada vez que me voy, le hablo y me atiende.

Tiene su cojincito para dormir, pero va y se acuesta con nosotros en la cama. Es algo que no te puedo… Mi bebé, mi cariño, mi compañera, la cuidadora, la que nos avisa. Sientes que es una guardiana que está ahí, que te da mucho amor. Todo el mundo me comenta: «Los pequineses son pesaos, son agresivos». Pero Romi es un amor. Nunca ha mordido a un niño, no ha sido agresiva con nadie.

He sufrido por ella. Tiempo atrás hubo que operarla. Yo lloré y todo cuando la vi luego de la operación. Después la cuidé para que se recuperara. Cuando parió, la asistí en el parto. Fue tremenda madre. Me dio una gran lección. Tuvo cuatro perritos y uno murió. Pero ella sabía los que había parido. Los separaba con la boquita: uno, dos, tres…Y empezaba a ladrar.

No quiero que alguien crea que exalto a los animales por encima del ser humano. Claro que ante un niño y un animalito, uno tiende a defender a la criatura. Pero mi perrita es mi hija.

Confiesa el deseo de haber tenido un hijo que naciera de sus entrañas, “a ver cómo hubiese salido”, pero al mismo tiempo siente miedo.

“Hubiese sido muy permisiva. Por ejemplo, Alejandro, mi sobrino, el hijo de Normita, yo andaba con él pa’ arriba y pa’ abajo. Pero era mala cabeza, le decían el exterminator (exterminador).  Recuerdo que una vez le di una nalgada porque se portó muy mal, y yo me eché a llorar y él a reír. Razoné: «no puedo ser madre, porque me van a coger la baja los muchachos».

Siempre que me tocó quedarme con hijos de mis amigas, hacían de mí lo que querían. Por eso creo que hubiese sido muy cobarde, como que no soy suficientemente seria y responsable para tener una criatura a mi cuidado. Pero cuando los he tenido…

Si con los hijos que le nacieron del alma, ha sido una madre extraordinaria, ¿habría de ser diferente con el fruto de su vientre? Contrario a lo que piensa, le hubiera dado tanto amor, ejemplo y bondad a esa criatura, imposible de contener en un solo cuerpo.

Por eso la vida la bendijo con una maternidad superior al cauce de la sangre: el milagro de engendrar vida fuera del vientre. Una descendencia unida a ella por el cordón umbilical del afecto. La varilla no te quedó alta. Eres taaan madre, tan madraza como tu venerable mami.

El mensaje de algunos de sus hijos

“Nos formamos en una familia donde la mujer y especialmente la madre era el centro, la persona más importante. Fue así con mi abuela Chiquita, mis tías y con mi mamá, Mami. Mami no fue solo nuestra madre, sino la madre de casi toda la familia y de nuestros amigos. Mi casa era el refugio donde siempre se guardaba un plato de comida para quien pudiera llegar.

Arleen es la mejor continuadora de esa tradición, esa que nos enseñaron de niñas: donde come uno, comen dos, comen tres… ella come sólo al final sino falta nadie. Desde que tengo uso de razón siempre encontré en mi hermana un gran cariño, me lleva ocho años y fui yo quien usó sus muñecas, con ella aprendí a leer y a multiplicar muy rápido, también escuché por primera vez los versos sencillos de José Martí porque le encantaba declamar.

Y se convirtió en mi madre cuando perdimos la nuestra y desde siempre ha sido la madre de mi hijo y de todos sus sobrinos. Es la culpable de todas sus malacrianzas, y por supuesto, de las mías. (Norma Rodríguez Derivet)

“Arleen es como las estrellas, a veces puede desparecer por días pero uno sabe que siempre está ahí, atenta, vigilante y sobre todo iluminándote. Es una mujer fuerte, sincera, pero capaz de amar como pocos se imaginan. Quién puede cuestionar a una madre así. (Oscar Figueredo)

“Arleen llegó a nuestras vidas cuando menos lo esperábamos, pero a veces las mejores cosas llegan cuando uno menos piensa. Y esto lo supe desde el primer día, por muchas cosas. Por mi papá lo supe, y por mis hermanas, aunque a veces tarda un poco ver lo evidente. Y sobre todo lo supe por mí. A Arleen la he querido toda la vida, y ella me ha querido a mí. Nuestro Matías es su nieto, como lo son Robert y Marce. Y yo soy su hijo. Te quiero mucho Arleen. Feliz día! (Roberto Verrier)

“A despecho de las reticencias de Madre Natura con su vientre, Arleen Rodríguez Derivet ha regado como polvo fecundo sus sentimientos maternales dondequiera que ha estado: Ternura hacia los hijos de sus amigos y compañeros de trabajo. Cuando ha sido jefa, protección a sus subordinados, y defensa de estos a cualquier costo. Como una Madre Coraje. No los abandona, aunque cometan errores. Incluso llega a la sobreprotección como muchas madres cubanas.

Regazo siempre listo para consolar el dolor ajeno. Signos de sumar y multiplicar, nunca de restar y dividir. Transparencia y sinceridad para enmendar los errores y travesuras de los suyos. La crítica  en las relaciones personales como un acto de amor. Generosidad para siempre ponerse en el lugar del otro. Dulzura y amor, nunca odio”. (Pepe Alejandro)

“Arleen es para nosotras una figura central en la familia. La naturaleza no le permitió tener hijos, pero es esa madre preocupada, amorosa, pendiente de cada uno de sus sobrinos, de nosotros tres y a la vez de sus nietos.

Su actuar sincero, sus conversaciones inteligentes, sus consejos oportunos, nos han ayudado a crecer y la sentimos parte indispensable de nuestro núcleo. Su amor a nuestro padre nos hizo admirarla aún más y a respetarla. Cada uno de nosotros tiene algo de ella aunque no sea genético.

Su nombre se escucha de muchas maneras en la familia: Abuela Arleen, Árlin (léase tal cual está escrito), Puchy, gorda, Carlotica…Todos son la muestra absoluta del amor que nos da. Donde está ella, hay desorden que ha aprendido a organizar pero también mucha alegría, de la que contagia. ¡Feliz día de las madres!”. (Wilmia Verrier)

“Tienes un nudo materno con casi todo el que conoces. Tu nombre, Arleen, es el primero que me viene a la cabeza cuando un colega, alguien de la familia o un simple conocido está en problemas. A veces se trata de reparar lo que presientes como injusticia y en esos casos eres todo un carácter, pero con un costado afectuoso, entrañable y franco. O cuando se enferma un colega, esté donde esté. A veces eres solo la amiga sin más, la que comparte lo que tienes cuando la gente llega sin avisar a tu casa, o viene de Guantánamo a un turno médico (…)

El otro día Paco Ignacio Taibo II pedía terminar con la era de la conmemoración, porque se recuerda un día y se olvida el resto del año. Pero lo bueno de celebrarte como madre hoy, Arleen, es que probablemente no lo exprese de otro modo porque no viene a cuento o porque cada vez parece más remota la oportunidad de decírtelo con un abrazo, que hasta eso nos quitó la Covid. Felicidades, queridísima”. (Rosa Miriam Elizalde)

“La maternidad no solo es una plenitud física —la posibilidad de fecundar—, sino una dicha más anchurosa, profunda y espiritual. Como ocurre con otras limitaciones, lo que priva un desliz natural puede germinar florido en sentimientos, sentidos y latidos. Las ternuras se multiplican y expanden entonces como pétalos. Solo ello puede explicar la delicadeza del vientre amoroso de una mujer como Arleen Rodríguez Derivet”. (Ricardo Ronquillo)

“Estando preso mandé una postal, de las que enviábamos por el Día de las Madres, y yo ponía: Para las madres, biológicas o no. Y confieso que aquella vez lo hice pensando en Arleen. Porque hay muchas madres que nunca han parido, pero son madres de corazón, y por sus acciones y por la manera en que llegan a las personas. Arleen es la madre de los Cinco, la madre de los niños míos, la madre de los tomates jajaja Esa Arleen no tiene comparación, es una persona a quien queremos muchísimo y en un día especial como este, nuestro pensamiento y cariño siempre tiene que llegar de una manera u otra a ella”. (Gerardo Hernández)

Muchas felicidades a todas las madres, a las de sangre y a las del alma.

Tomado de Cubadebate / Foto de portada: Ismael Francisco.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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