El Bogotazo nunca ha terminado en Colombia

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Por Hedelberto López Blanch (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Jorge Eliécer Gaitán tenía parte de razón cuando afirmó: «La oligarquía no me mata porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal». Gaitán no previó que la oligarquía, como siempre hacen las fuerzas de derecha asesina a cualquier costo, pero sí tuvo luz larga al aseverar que la violencia duraría largas décadas.

Y es que la inestabilidad y el terror de esa colonia estadounidense en América del Sur ha durado y persistido desde que el abogado y político liberal fue asesinado al recibir tres balazos al salir de su oficina el 9 de abril de 1948, lo cual generó revueltas que se extendieron por todo el país, conocidas como el Bogotazo, con saldo de más de 3 000 muertos e incontables heridos.

Las enormes manifestaciones que actualmente y desde el pasado 28 de abril de 2021 han desbordado las principales ciudades de la nación (Bogotá, Cali, Cartagena, Santa Marta, Medellín) y que ya han dejado saldo de 45 muertos, más de 1 000 heridos y 430 desaparecidos, confirman la continuación del Bogotazo a lo largo de 73 años.

El reciente clamor social estalló contra la reforma fiscal que intentó imponer el régimen de Iván Duque, bajo las orientaciones del expresidente y jefe de la ultraderecha colombiana, Álvaro Uribe.

Pese al retiro de la medida por parte del gobierno, las protestas populares no han cesado debido a la situación de pobreza (50 % de los habitantes), la desatención social en salud y educación, la represión y asesinatos contra miembros de movimientos sociales, progresistas y exguerrilleros y la proliferación del narcotráfico.

Ante tamaña felonía, los defensores a ultranzas de la “democracia neoliberal capitalista” han callado: Estados Unidos, la OEA, el Grupo de Río y la Unión Europea. Washington posee en esa nación siete bases militares, y utiliza a ese país como un centro de operaciones de inteligencia contra gobiernos y movimientos progresistas de la región y principal abastecedor de cocaína para los consumidores estadounidenses.

Pero recordemos el Bogotazo, inicio de esta historia de sangre, represión y violación de los derechos humanos en la nación andina.

Tras el asesinato de Gaitán, las fuerzas de derecha con la anuencia de la policía y el ejército fueron implacables en la persecución contra los elementos progresistas.

Como chivo expiatorio del asesinato fue puesto Juan Roa Sierra, un albañil de 26 años oriundo de Bogotá, pero se conoce que varios individuos encubiertos también estaban a su alrededor el día en que Gaitan recibió los tres balazos.

Una fuerte teoría indica que el asesinato resulto de una conspiración de la agencia central de inteligencia (CIA) que se denominó “operación pantomima”, que formaba parte de lo que se conoce como “la doctrina Truman”, impuesta por Estados Unidos para acabar con la creciente expansión del pensamiento comunista en el mundo, la que también fue puesta en acción para el derrocamiento de Jacobo Arbens en Guatemala en 1954, del dominicano Juan Bosch en 1963, del brasileño Joao Goulart en 1964, de Salvador Allende en Chile en 1973, de la presidenta argentina María Estela Martínez de Perón en 1976, del hondureño Manuel Zelaya en 2009 y otros más que se hacen incontables.

El ex agente de la CIA, John Mepples Spirito, narró en una entrevista, que le asignaron la misión de infiltrarse en el movimiento universitario haciéndose pasar por un estudiante italiano nombrado George Ricco y mantener informado a otros agentes de la CIA que se hallaban en Colombia.

La misión específica era concurrir a las reuniones estudiantiles, observar las “tendencias políticas” y fichar a los educandos que tenían más arraigo y prestigio.

Mepples averiguó que los estudiantes apoyaban al político y candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán de ideas socialistas y si ganaba las próximas elecciones sería una amenaza para los intereses de Estados Unidos en Colombia.

La CIA entonces trató de sobornar a Gaitán y le ofreció ser catedrático en derecho penal en universidades de Roma o París, además de dos extensas fincas en Colombia y el financiamiento de estudios para sus hijos en cualquier país de Europa.

Al denegar las proposiciones, la CIA contrató a Juan Roa (ya había realizado algunos trabajos a la embajada de Estados Unidos) para que lo asesinara y después se le garantizaría la fuga del país. Consumado el hecho, Roa fue capturado y linchado por la población que respaldaba a Gaitán. Se conoce que otros individuos participaron en la ejecución del líder político pero lograron fugarse.

Una multitud llevó el cadáver de Roa hacia la plaza Bolívar, frente al Palacio presidencial donde se reunió gran cantidad de personas. Francotiradores de la guardia presidencial comenzaron a disparar contra la muchedumbre que se mantuvo en la Plaza hasta que aparecieron cinco tanques militares enviados por el mandatario conservador, Mariano Ospina, los que abrieron fuego indiscriminado contra los manifestantes con saldo de más de 300 muertos.

Tras el Bogotazo hubo un período de cinco años denominado “la violencia” que dio paso en 1953 a la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, la que duró hasta 1957.

Pinilla estableció una implacable represión bajo el título del “enemigo interno”. Entre otras ocurrió la masacre de nueve estudiantes a manos del Batallón Colombia, que protestaban por el asesinato en la misma Universidad Nacional de su condiscípulo de cuarto año de medicina Uriel Gutiérrez.

De marzo a junio de 1955, fuerzas militares arremetieron contra las regiones del oriente de Tolima, estableció campos de concentración y la aviación bombardeó con napalm las zonas de campesinos que protestaban contra la dictadura.

Ante las represiones y arbitrariedades del régimen, se iniciaron las luchas guerrilleras, período saldado con miles de muertos en los combates y las represiones masivas de las fuerzas paramilitares y gubernamentales contra los habitantes de esas extensas zonas.

También a partir de la década de 1970 se expande el auge del narcotráfico y la lucha de los grupos por el control del mercado de la droga la que ha convertido a Colombia en uno de los mayores productores de estupefacientes del mundo.

En 1985 surge el partido de tendencia nacionalista de izquierda, Unión Patriótica, tras los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancourt (1982-1986) y una parte de la guerrilla de las FARC.

En el lapso de 1985 a 2002 fueron asesinados unos 4 153 integrantes de esa colectividad, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, entre ellos dos de sus presidentes, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, así como el dirigente de la Juventud Comunista José Antequera; nueve de los 14 congresistas elegidos en 1986, 11 diputados, 109 concejales y ocho alcaldes, por lo cual desapareció la Unión Patriótica.

Durante el régimen de Álvaro Uribe (2002-2010) proliferaron los denominados “falsos positivos”, es decir, asesinatos cometidos contra pobladores civiles y que se registraron por el Estado como muertes en combate. En total fueron eliminadas de esa forma 6 402 personas inocentes.

Las luchas de las guerrillas de las FARC que controlaban grandes extensiones de territorio, se extendió hasta 2016 cuando fueron firmados los acuerdos de Paz en La Habana entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Juan Manuel Santos, los que han sido violados completamente por el régimen del presidente Iván Duque, dirigido y apoyado por el exmandatario Álvaro Uribe, acusado de ser uno los principales jefes de las fuerzas paramilitares.

Desde septiembre de 2016 a la fecha han sido asesinados más de 900 líderes sociales en Colombia y 253 ex guerrilleros desmovilizados de las FARC.

A pesar de que los regímenes colombianos han practicado a lo largo de 71 años la modalidad de terrorismo de Estado, la población del país se levanta nuevamente para protestar contra las permanentes violaciones de los derechos humanos en su país.

En general los regímenes neoliberales y represores instalados en América Latina, bajo la dirección de Estados Unidos se hallan en crisis y los pueblos están dispuestos a cambiarlos. En Colombia, la figura de Gaitán vuelve a estar presente.

(*)  Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en Estados Unidos”, «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África» y «Miami, dinero sucio», entre otros.

Foto de portada:  Bibliored

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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