Fidel, ocho días en Argelia con Houari Boumediene

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Por Irma Cáceres.

El colega Pedro Martínez Pírez es el culpable. Con sus recuerdos escritos para Cubaperiodistas sobre el histórico encuentro entre “El Caballo, Fidel Castro, y El Elefante, Sekou Touré”, definido así en ese trabajo de la primera visita del líder de la Revolución Cubana al continente africano.

Las ideas se agolparon cual torbellino de las arenas del Sahara y me arrastraron sin remedio hacia aquella lejana época cuando nos abrazamos en el aeropuerto de Argel el grupo de la avanzada de los periodistas cubanos procedentes de Guinea Conakry, en viaje  hacia Bulgaria y otros países socialistas. Ahí estaba el esbelto Martínez Pírez, ya conocido en los medios.

Alegres y atentos, los trabajadores se deshicieron en atenciones con los cubanos, honrados por la próxima llegada de Fidel, bien conocido en el país por su apoyo a la liberación de Argelia y la atención a la salud de la ex colonia francesa. La ciudad se vestía de gala.

Pero la llamada casualidad-causalidad seguía teniendo protagonismo. En ese momento, una periodista joven interesada en los asuntos de África y Medio Oriente, formaba parte desde principios de marzo de un grupo de colegas de varios países, invitados por Naciones Unidas a un recorrido por África, como parte de las tareas del Comité de Descolonización de la ONU: Guinea, Tanzania,  Zambia y finalmente Etiopía, sede entonces de la Organización para la Unidad Africana. Allí hubo la posibilidad de conocer y entrevistar a muchos de los luchadores por la independencia de África.

Maravillas del periodismo, hoy aquí y mañana ¿quién sabe?. Amigos de Cuba vieron la posibilidad al concluir el encuentro de la ONU de viajar desde Addis Abeba a Somalia. Hasta Mogadiscio llegó entonces una llamada desde la Central de Prensa Latina en La Habana con la misión urgente de traslado hasta Argel, la blanca, donde ya había una corresponsalía. Como se dice comúnmente, me rompí la cabeza y claro, llegué sin la más mínima pista.

El mismo día de la llegada a Argel, el ocho de mayo, sin perder tiempo, Fidel tenía en la embajada un encuentro con los cubanos, donde saludó a cada uno y con ese espíritu investigativo que lo acompañaría siempre, hizo diversas y numerosas preguntas.

Alguien a mi lado le dice a Fidel de la misión africana de Prensa Latina  y los trabajos  periodísticos, las entrevistas y un encuentro de la prensa acreditada allá con el emperador Haile Selassie…El Comandante se interesó mucho y lanzó un bombardeo continuo de preguntas. Eso permitió, además, que le describiera la elegancia de Selassie y un gran broche de piedras preciosas colocado en la solapa de su chaqueta. “¿Y estuviste cerca de él?”, “Sí”. Fue suficiente esa respuesta para preguntar si sabía cuánto valía el broche y aunque no podía autenticarlo había leído que varios millones. De inmediato dijo: “¿te imaginas cuantas cosas podríamos hacer en Cuba con ese valor?”.

Él había llegado el 8 de mayo y el día antes de partir, el 16, contó al pueblo argelino sus impresiones sobre el recorrido por el país, por el desierto, los experimentos agrícolas, la región petrolera de Hassi-Messaoud, la ciudad de Orán, el complejo petroquímico de Arzew, las nuevas industrias, la fábrica de fertilizantes nitrogenados, la fábrica de licuefacción, la base recuperada de Mers-EI-Kebir. También estuvo en Constantine, la Universidad en construcción y muchos otros lugares.

Fidel habló acompañado de Houari Boumediene en una concentración popular multitudinaria de despedida, en la explanada de África, en la capital, el 16 de mayo de 1972. Expresó admiración por su pueblo, las grandes posibilidades de desarrollo futuro en un país de tantas riquezas.

En la oficina de Argel, un pequeño castillo blanco de la fatídica OAS francesa durante la colonia, estaba también la casa de PL. Gruesos muros, ventanas y puertas de pesada madera, muy grandes y una amplia escalera que se empinaba desde la entrada y cuyos pasos  retumbaban  estruendosos cuando subías a la parte superior del inmueble.

Era de día aun en Argel ese 16 de mayo cuando fuertes aldabonazos estremecieron la casa. Va, va, un momento, respondieron varias voces. Oh, eh, bienvenido Comandante…

Eran Fidel y dos compañeros más. Habíamos hablado del lugar donde estaba la Agencia y del deseo siempre de todos los cubanos de contar con su presencia.

El salón de la casa inmueble tenía pocos muebles y varios pufs de cuero y colores, pegados al piso, originarios del Medio Oriente, artísticamente elaborados, utilizados para compartir la comida familiar, algo muy tradicional en la cultura árabe.

Rápidamente, de un vistazo, Fidel escogió un puf, se sentó e iba alternando con pequeños paseos, preguntaba detalles de la casa o hacía pequeños silencios. Los demás escogimos también un puf, y nos sentamos como en forma de círculo.

Argelia era una plaza muy querida por los colegas de Prensa Latina. Por allí pasaron, que recuerde ahora, Jorge Timossi, Francisco Urizarri, Julio Hernández y otros. Como fotógrafo Joaquín Viñas. Además estaba allí Oscar Oramas, Embajador de Cuba en Guinea, una persona poseedora ya en esa época de los  conocimientos  de la cultura y la política africanas.

Verdaderamente ha transcurrido tanto tiempo que ninguno de estos colegas está ya con nosotros, excepto Oramas y, claro, esta servidora.

Primero se habló en general del país, el momento importante en el continente africano, del colonialismo, las tradiciones, etc. Luego indagaría por las experiencias políticas, personales, del  origen social,  y en ese momento Fidel dijo: “esta noche es 16 de mayo, dentro de poco es el Día del Campesino Cubano  y dónde está Pepe Ramírez. Uno de sus acompañantes respondió que se había ido a dormir. A continuación Fidel pidió, por favor, llámalo que con el viaje se le ha olvidado. Poco después apareció Pepe con su expresión bondadosa, saludos y felicitaciones.

Irma Cáceres en su tierra natal.

Fue lo suficiente para que se iniciara una conversación amplia y profunda sobre la necesidad en Cuba de lograr el desarrollo agrícola, el económico y social  de los campesinos, ya fuera en el sector estatal como de la ANAP o personal.

Esa idea la he tenido grabada hasta ahora en mi mente. Era así: Hay que lograr que los campesinos  tengan de todo, todo en el campo, no basta con escuelas, las escuelas de todo tipo hasta universidades. Carreteras, parques, teatros, empresas, fábricas,  por qué no puede haber de todo…Será la única forma de que las personas se queden en la tierra. Deben estar los padres, los hijos y todos los demás. Mira aquí, y entonces hizo bromas con quienes como yo desde lo profundo de la campiña cubana andaban por el mundo.

Poco después llegaron autoridades argelinas ya en los trajines de la partida del Comandante y su delegación en esa madruga del 17 de mayo de 1972. Desde Prensa Latina en Argel partió Fidel hacia el aeropuerto de esa ciudad. Ya los relojes marcaban pasadas las tres de la mañana.

No  puedo concluir sin darle las gracias a Martínez Pìrez por esta  memoria en tiempos de una pandemia que no ha logrado borrar de los recuerdos del gran legado del Comandante Fidel Castro y de la primera visita del líder histórico de la Revolución cubana al continente africano.

Tomado de Cubadebate.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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