La historia de un padre gay, seropositivo y comunista en Cuba

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Por Ana Álvarez Guerrero.

Cuando Francisco Rodríguez Cruz decidió “salir del closet” tenía 32 años, una esposa y un hijo. Era seropositivo al VIH Sida, pero no lo sabía. Comenzaba la década del 2000 y, para él, lo que sería una nueva vida. Estaba convencido de que “lo justo era la verdad, para todos”.

Paquito, heredero del nombre de su padre, es el tercero de tres hermanos y el primer profesional de su familia. Nació en Los Sitios, un popular barrio de Centro Habana. A diferencia de la mayoría de los niños, no “mataperreaba”, era “muy de casa” y de “juegos pacíficos”.

Leía apasionadamente aventuras y novelas policíacas. Pensaba ser ingeniero naval o aéreo, hasta que un carro lo chocó y decidió ser periodista. Le echa la culpa al conductor, quien lo visitó y le regaló José Martí: Obras Escogidas en tres tomos. De ese acto fortuito a la profesión que ha ejercido durante más de 25 años, solo fue “un instintivo parpadeo”, dice.

“Martí te cambia la manera de ver el mundo”, sentencia quien siendo un adolescente ahorró los quilos que le daban sus padres para hacerse con los 28 tomos de las Obras Completas.Cuenta que amarró los libros en dos pilas y los cargó desde la Librería Avellaneda, en la calle Reina de La Habana Vieja, hasta el reparto Antonio Guiteras, en el municipio de Habana del Este, donde vivía entonces. Llegó a hacer fichas de las obras del Maestro por categorías: conceptos, cualidades revolucionarias, estrategia…

El dirigente estudiantil, el mejor graduado de su año, el destacado periodista del semanario Trabajadores, experto en temas económicos y sociales, es hoy uno de los blogueros y ciberactivistas por los derechos de la comunidad LGBTI con más influencia en Cuba. Él, auténtico y modesto, dirá que es un atrevimiento de mi parte ponerle esa etiqueta.

Francisco no siempre tuvo la certeza de que le gustaran los hombres. Construía en su cabeza románticas historias del amor ideal. Tuvo algunas pasiones, infantiles triángulos amorosos. Entonces, un día llegó Tania, “una de las cosas que ha resuelto el Poder Popular, porque la conocí en una reunión de rendición de cuentas”, comenta con desparpajo.

Se enamoraron, se casaron, tuvieron un niño.

Con el paso de los años, que tampoco fueron muchos, alrededor de seis, me di cuenta de que había una necesidad de otro tipo de relación. No era justo ni para ella ni para mí permanecer juntos. Por eso, decido divorciarme y asumir abiertamente mi homosexualidad”, afirma.

— ¿Cómo fue ese momento?

«Las salidas del closet o salidas del armario, como se les dice en otros lugares, siempre son muy personales e individuales. Cada persona las elabora de una manera diferente y en tiempos diferentes. Depende mucho de las circunstancias, de los apoyos familiares, de la historia de vida de cada cual.

En mi caso, no fue tan traumático, pero algo de eso hubo. Un niño, un matrimonio, había que disolverlo. No siempre tuve los recursos para enfrentar ese momento y hablar con claridad sobre lo que me estaba pasando. Incluso, con la propia madre de mi hijo, que se tuvo que ir dando cuenta con el paso del tiempo de lo que sucedía.

Mi papá y mi mamá eran una pareja muy tradicional. Se divorciaron cuando nosotros éramos adolescentes. Aunque mantuvimos siempre muy buena relación. Cuando asumo mi orientación homosexual, ya era independiente económicamente. Eso siempre te da mayores posibilidades de asumir este tipo de transición.

Hay personas que lo hacen mucho más jóvenes y les cuesta más trabajo, porque dependen de una familia que no es receptiva, que no les apoya. No fue mi caso. Además, mi madre aceptó desde el primer momento la relación con mi pareja. A veces, lo defendía más a él que a mí, de hecho, él es más defendible que yo.

Mi padre era la persona que siempre estaba ahí, pero que nunca hablaba. Era de muy pocas palabras. Nunca tuve que decirle nada. Mi pareja se incorporó a la familia y él de eso no necesitó hablar. “No puedo decir que fuera sencillo, aunque ayudó mucho la comunicación familiar. Había una cosa muy clara para nosotros: lo más importante era Javier, mi hijo. En eso todos estuvimos de acuerdo, la madre de mi hijo, mi familia, su familia.

Empezamos a elaborar todo ese proceso de tránsito con mi pareja, de cómo ir incorporando al niño a nuestra realidad. Aunque sinceramente quienes debíamos acostumbrarnos éramos nosotros, como adultos, porque al final los muchachos enseguida se adaptan. Si hay cariño, afecto y atención no les importa mucho la naturaleza de la relación de sus padres. Pero uno siempre con los prejuicios, con el miedo de que la circunstancia social pueda dañarlos.

También he tenido la fortuna de que es un muchacho fuera de serie. Muy inteligente desde pequeño. Comprendió todo muy bien, buscó sus propios recursos para comunicarse con sus padres, con sus compañeras y compañeros. Nunca tuvo conflictos ni sufrió rechazo porque su padre fuera homosexual. Él lo resolvió y para nosotros, por supuesto, fue una tranquilidad muy grande.

Después ampliamos la familia, porque su mamá se casó otra vez. Tuvo dos niños más que también me quieren mucho, nos quieren mucho. Somos una gran familia, incluso en circunstancias como las de ahora, que son muy especiales, de pandemia, cuando hay problemas económicos serios, nos ayudamos entre nosotros y eso es importante. Te da una tranquilidad, una plenitud de sentirte acompañado, de que tienes hacia donde virarte, en caso de que tengas un problema o alguna necesidad. Te da mucha paz, seguridad».

A muy pocos meses del divorcio, Paquito supo que era positivo al VIH Sida. Fue el 1 de marzo de 2003. Otro momento difícil. Se sobrecogió con la idea de que podía haber infectado a alguien. No ocurrió.

Tenía un poco más de madurez y pude elaborar con mis propios recursos una estrategia hacia la familia de cómo comunicar aquello. Me apoyé en mis hermanos, en una prima. Así fui buscando alianzas familiares para darle atención a las personas que pudieran sufrir más».

“Ya era periodista, tenía información sobre el asunto. Sabía que no era el fin del mundo, ni mucho menos, y que todo estaba en la disciplina con que uno asumiera una condición crónica de salud. Sin embargo, todavía predominaba el estigma, el prejuicio sobre esa infección de transmisión sexual. Era importante manejarlo con cuidado”, advierte.

Y así lo hizo. Pero ahí no concluye su dramática historia. En ese mismo año, apareció uno de los “males oportunistas” que suelen aquejar a los pacientes con el virus de inmunodeficiencia humana: un linfoma no Hodgkin.

Era una operación muy grande, compleja. Además, después requirió tratamiento de quimioterapia, sueros, citostáticos, ingresos cada 21 días. Todo lo hice sin dejar de trabajar prácticamente. Tuve muy buena atención médica en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), siempre digo que es como mi hospital fetiche, porque entro ahí y se me quita todo”, comenta.

De hecho, hace muy poco estuvo allí por ser un caso positivo de la COVID-19. Volvió a tener el temor sobre la posibilidad de contagio a alguien cercano. Tampoco ocurrió. Dice que su historia clínica tiene casi el grosor de El Capital, de Karl Marx. La gente le pregunta: “¡¿Ven acá, todos los virus te los piensas coger para ti?!

No tuve ninguna secuela, me siento bien y fue hasta un recorrido sentimental. Mi centro de aislamiento fue en “la Lenin”. Volví a la beca donde estuve seis años, después al IPK, que es un lugar al que le tengo mucho respeto. Siento una profunda admiración por sus profesionales, allí casi me malcrían. Y aquí estoy, sobreviviente, que inventen la próxima pandemia que ya esta, la pasé también”.

La madrugada del 4 de diciembre de 2009 le cambió la vida. Otra vez. No hubo salón de operaciones, ni enfermedades nuevas, pero tuvo otro “hijo”, un blog único y desafiante: “Paquito el de Cuba”.

Soy Paquito, el de CUBA; martiano y periodista; comunista y gay; ateo convencido y supersticioso ocasional; padre de un hijo varón a quien adoro y pareja desde hace más de quince años de un hombre seronegativo que me ama; paciente de SIDA desde el 2003 y sobreviviente a un linfoma no Hodgkin; profesor universitario y alumno de la vida; seguidor de los temas económicos cubanos y apasionado devorador de literatura universal; opinático incontinente y beligerante mesurado; amigo de mis amigos y compasivo con mis enemigos; equivocado muchas veces y arrepentido nunca; optimista empedernido y entusiasta eterno; vivito y coleando; en fin, otro tipo normal y corriente, que quiere compartir contigo su historia, opiniones y anhelos…

— ¿Cómo y por qué surge tu blog?

En el año 2009 los periodistas empezamos a recibir un grupo de facilidades desde el punto de vista de las comunicaciones. En mi caso, me llega la conexión a internet a la casa y también nos vendieron una computadora. Tenía los recursos y empecé a pensar qué proyecto podía hacer.

Estaba en un momento de boom el tema de la blogosfera y cómo se articulaba eso a la vida del país. Dije, ‘si voy a hacer algo, que no sea lo que tradicionalmente hago en mi trabajo’, el periódico Trabajadores, donde siempre he atendido temas económicos, sindicales, sociales, desde el perfil que me gusta del. ‘Quiero hacer algo más personal, más íntimo’. Y lo premedité.

Quizás, inspirado en ese momento, cuando había evidentemente un trabajo de educación y persuasión sobre los temas LGBTI y derechos de las personas a la libre identidad de género. Y dije: ‘lo mejor que conozco es mi vida, vamos a empezar por ahí’. Mi hijo tenía nueve años. De alguna manera también pensé en escribirle a él las cosas que me habían y estaban pasando.

Cuando di clic no sabía lo que iba a ocurrir. Había escrito dos o tres post, decidí un diseño, una ilustración. Fue muy sobrecogedor lo que vino. Mi vida cambió para bien, pero también se me enredó.

Mis primeros lectoras y lectoras fueron mis amistades en Facebook. Muchas personas que me habían conocido de la época estudiantil, incluso, desde la primaria, en ‘la Lenin’ y que no conocían lo que había sido de mi vida, ni de las interioridades que de pronto ‘les solté’. Era un acto de nudismo emocional.

Eso impactó mucho en ese ámbito, luego entre los colegas. Después, el blog comenzó a convertirse en un proyecto de comunicación mucho más amplio y atrajo la atención de los medios extranjeros radicados en Cuba. Los primeros que me entrevistaron fueron los corresponsales de agencias acreditados aquí, a quienes agradezco mucho.

En ese momento todavía en la prensa cubana eran poco usuales ese tipo de historias y mucho menos en primera persona, contando esas peculiaridades que yo asumía. Desde el exterior había quienes decían que no era posible, que yo no existía, que era una fabricación. Les parecía que no correspondía con el estereotipo que existía en relación a las personas LGBTI en Cuba.

“Después, desde el punto de vista humano, empezó a identificarse con el blog gente que había vivido experiencias similares. Incluso, algunas personas acudieron para ayudar a otros de sus familias, hijos e hijas, que estaban pasando por alguna situación en torno a su orientación sexual, con el tema del VIH, o con alguna de las problemáticas que allí se abordaban. Eso sin dudas me fue involucrando en el activismo».

El Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), fundado el 28 de diciembre de 1988, sumó a Paquito a su lucha por la investigación, educación y estudio en favor de los homosexuales.

El blog visibilizó sus potencialidades como parte y defensor de la comunidad LGBTI. Por ello, en 2010, fue convocado a un curso sobre derechos humanos y sexuales. Desde entonces se vinculó a la institución. Primero, como parte de la red comunitaria Hombres Por la Diversidad (HXD), que luego evolucionaría a Humanidad Por la Diversidad (HXD), con la inclusión de mujeres, lesbianas, personas trans, heterosexuales. Luego, como colaborador en las Jornadas Cubanas Contra la Homofobia y la Transfobia.

“Recuerdo que en la primera conferencia de prensa a la que fui como parte del CENESEX, que dio Mariela Castro, en el Centro de Prensa Internacional, no había ningún medio cubano. Era increíble y no es porque no quisieran ir. Era por cómo organizábamos a la prensa, nos parecía que esos temas no debían atenderse».

“Entonces, entendimos la necesidad de comenzar a trabajar con el Partido para crear conciencia y ayudar a que los medios nacionales pudieran también dar cobertura a todo lo que se estaba haciendo en materia de lucha contra la homofobia y la transfobia. Así empezó un largo camino de trabajo conjunto”, explica.

Paquito había tenido el primer contacto con las Jornadas en el 2008. Se quedó impactado con lo que allí vio. Música, colores, libertad. Cree que tal vez por eso, se le ocurrió abrir el blog. Al final una cosa lo llevó a la otra, y viceversa.

— ¿Cuánto han influido las Jornadas en la construcción de una Cuba más inclusiva?

Han tenido un impacto muy favorable. No quiere decir que no queden problemas, no quiere decir que no queden insatisfacciones, pero lo que se ha avanzado cuando uno lo mira en retrospectiva es increíble.

Ya tuvimos una prueba de fuego cuando la Constitución. Creo que salimos con una constitución maravillosa, que nos da posibilidades a futuro para desarrollar muchísimo todas las legislaciones que transversalmente tengan necesidad de incorporarle una mirada de género, contra la discriminación de distintos tipos.

No es un asunto que se resuelva con una sola norma legal, ni siquiera con la próxima discusión del Código de las Familias, que será un momento cumbre, porque son temas que transversalizan, que pueden surgir a veces cuando menos lo esperamos, en otros cuerpos jurídicos, en otras organizaciones.

Estamos muy esperanzados con la discusión, consulta y aprobación de lo que debe ser el próximo Código de las Familias. Va a ser un momento duro, de polémica, de persuasión, de discusión. Lo está siendo ya en estas Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia.

Por ejemplo, en las propias publicaciones que hace Cubadebate, siguen saliendo comentarios de los cibernautas donde percibes desconocimientos, empecinamientos, pero también respuestas mucho más razonadas, desde la sensibilidad humana. Dicen frases como “¿pero de qué me estás hablando?”, “¿en qué afecta esto tu vida o tus derechos?”, “¿cómo hacer felices a otras personas va a ser un problema para ti?”.

Hay personas a las cuales hay hablarles desde el sentimiento; a otras, desde la razón, para que te comprendan mejor. Otras nunca van a entender, porque es una lucha ideológica, una lucha contra un modelo de dominación patriarcal. Igual pasa con algunas concepciones dentro de determinadas iglesias, que son muy intolerantes e inflexibles en el análisis de estos asuntos. Pero también en ese mundo hay avances, denominaciones que son mucho más amigables, que entienden que no es un problema de dogmas, sino de vidas humanas. Creo que eso es lo fundamental.

Si lo hacemos bien, podemos conseguir ese consenso que hace falta para que todas y todos quedemos satisfechos con un Código de las Familias mucho más moderno, mucho más abierto, no solo para las personas LGBTI, sino para otras realidades que tienen que ver con la mujer, con los niños y las niñas, con los abuelos y abuelas.

Hay muchos aspectos de la vida familiar en Cuba que han avanzado, evolucionado, que se han complejizado y deben tener un espacio en la norma jurídica o en su interpretación. Debemos llegar a un resultado positivo, pero nadie nos va a regalar nada. No podemos confiarnos tampoco. En esa evolución de los acontecimientos desde el activismo, desde el civismo, desde la ciudadanía, hay que estar alertas. Si hay que hacer señalamientos, los haremos, si hay que hacer una crítica, también.

La discusión tiene que ser rica, desde múltiples miradas. Se puede lograr, porque lo fundamental ya lo hemos ganado. La gente entiende que ser una persona homofóbica es malo. Ese es quizás uno de los resultados más positivos que hemos tenido durante esta trayectoria. Incluso, quienes tienen el prejuicio lo aceptan como una limitación, y otros, no se dan cuenta que tienen ese prejuicio, esa mirada sesgada, y dicen: ‘yo no tengo nada en contra, pero…’ Se les trasluce esa naturalización de la mirada discriminatoria. No obstante, con esas personas también hay que trabajar, explicarles y hacerles ver, porque nadie quiere ser una mala persona, nadie quiere dañar a nadie, afectar a su familia, a sus hijos e hijas, a sus padres. Nadie quiere hacer el mal, al menos, la mayoría de las personas.

— El tratamiento a las personas de la comunidad LGBTI en Cuba ha sido manipulado y politizado durante décadas…

La politización del tema de las personas LBTI en Cuba tiene una historia extensa en el tiempo. Los errores y las limitaciones que tuvo el entendimiento de este tema desde los inicios de la Revolución se correspondían con un contexto histórico y con una serie de acontecimientos internos que estaban sucediendo.

“A veces la gente olvida cosas. La gente olvida que las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que duraron poco tiempo, surgieron antes de los sucesos de Stonewall, en Estados Unidos, donde masacraron a las personas trans y gay en New York. La represión era la norma en el mundo, incluso, mucho más violenta que de lo que se hizo aquí».

Se pensó que poniendo a trabajar a las personas, iban a cambiar. Lo ves a la distancia y dices: ‘es increíble el desconocimiento científico’. Pero en ese momento no tenían las herramientas sociológicas, psicológicas, científicas para entenderlo. Se pensaba que era una dificultad. Sin embargo, la Revolución ha ido aprendiendo, nuestros líderes han ido aprendiendo».

Fidel Castro en el año 2010 asumió la responsabilidad histórica por esos errores. Él personalmente, aunque involucraba a muchos más que a él, por supuesto. Abría así un camino hacia esa rectificación que estamos haciendo, y para toda la política de inclusión que hemos estado impulsando».

Hay gente que dice que no se ha pedido una disculpa. Hay mucha hipocresía. La mayor disculpa, el mayor perdón que puedo recibir es que mis derechos estén garantizados, tener protección para mi familia y para mi entorno, que la constitución reconozca todos los tipos de familia, y que una ley lo concrete de una manera constructiva, explícita, que nos dé posibilidades a todos».

Eso es lo que necesito. No pronunciamientos que a veces se quedan de boca para afuera, como ha sucedido en otras latitudes y, en la práctica, poco se ha concretado. Hay que seguir trabajando, incluso, aunque lográramos el Código de las Familias que queremos, que lo vamos a lograr, tampoco es el final. No basta con tener legislaciones, no basta con tener la constitución que tenemos. Hay que seguir avanzando, educar, sensibilizar y, en esto, los medios tenemos un papel fundamental”.

Ser activista por los derechos de una comunidad históricamente marginada no es sencillo. Más aún si te denominas comunista. Llegan los ataques por uno u otro motivo. Paquito tiene su propia guía para asumir tales situaciones. Entiende que “el que ofende es quien pierde”, y de alguna manera se siente feliz, porque “ayuda a ‘ubicar’ a una persona que tiene malos sentimientos”.

Mientras, se empeña en ayudar a construir el socialismo que queremos. ¡Abajo la discriminación! De lo polémico a lo simpático, siempre. Único. Lo hace a través de juegos de palabras, ironías, post en Facebook, marchas, su trabajo periodístico. ¿La finalidad? Cumplir con la premisa de que Revolución es “ser tratado y tratar a los demás, como seres humanos”.

Tomado de Cubadebate/ Foto de portada: Irene Pérez.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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