Los golpes de Estado en América Latina y sus estilos (II)

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José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

Se puede afirmar que las crisis económicas y los agobiantes problemas monetarios surgidos entre los años 1929 y 1930, en particular la conocida  depresión económica en los Estados Unidos, provocó conflictos entre los gobernantes y los aspirantes al poder que abogaban por soluciones urgentes, que  los primeros  no podían lograr. Ello sumado a la supuesta amenaza de los grupos políticos de izquierda empeñados en producir cambios radicales a la realidad explosiva, facilitó la reaparición de los militares en el escenario político de la región latinoamericana.  

Está documentado que en el siglo XX se produjeron 59 Golpes de Estado entre 1908, primero del cual se tiene evidencia y el 2000.  Si  consideramos momentos históricos de alcance mundial en esa etapa; la repercusión internacional;  la periodicidad  en su ejecución y puntos de contacto con la Revolución Cubana, es factible agrupar convencionalmente esos noventa y  dos años transcurridos en tres períodos históricos trascendentales.

Estos son: 

  • Primer período: Desde 1908  hasta  el fin de la II Guerra Mundial, en que el mundo vivió dos conflagraciones  mundiales y sus efectos repercutieron en la mayoría de los países. En esos 37 años se produjeron 19 golpes.   
  • Segundo períodoEntre 1946 y 1961,  desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la declaración del carácter Socialista de la Revolución Cubana y su victoria aplastante sobre la invasión mercenaria por Girón, se produjeron 13 golpes. Esta etapa histórica abarca también un momento crucial de la llamada “guerra fría”, término empleado por el uso de políticos, periodistas y militares, alude a una forma de conflicto peculiar en que no se llega a la guerra, pero se desarrollan agudas tensiones. 
  • Tercer período: Abarca desde 1962, momento éste en que la América Latina y el mundo se estremecieron por la llamada Crisis del Caribe o de los Cohetes, hasta principios de siglo XXI (año 2000). En estos más de 38 años, fueron registrados 27 golpes militares, 21de los cuales,  (el 77%,) fueron ejecutados  entre los años 60 y 80. Todos fueron organizados, financiados y dirigidos por la CIA, con la total anuencia de todo el poder ejecutivo del gobierno estadounidense, incluidas sus agencias injerencistas para cada país, es decir la USAID, la NED y otras organizaciones canalizadoras de fondos como algunas “no gubernamentales”. 

Está demostrado que el triunfo de La Revolución Cubana el 1ro de enero de 1959, hizo que toda América Latina en particular  y el mundo en general pusiera su mirada sobre esta zona geográfica. La que hasta ese momento había sido calificada como el “traspatio de los Estados Unidos”  empezó a ser inspiración de transformaciones hacia la región.   

Como era de esperar, el gobierno estadounidense no demoró en actuar en todas las formas posibles contra lo que consideraba amenazas para sus intereses regionales. Las reacciones de las primeras administraciones estadounidenses que se vieron enfrentadas de forma directa a la Revolución  Cubana no tardaron. Planificaron un conjunto de acciones para evitar la propagación y avance del ejemplo cubano. En consecuencia implementaron operaciones  políticas, económicas, sociales, culturales, militares y de guerra sucia contra Cuba y su Revolución. No existe una sola acción de ese tipo donde la mano de la CIA no haya estado presente de una u otra forma. 

De las medidas de corte político que más repercusión internacional alcanzó por aquellos primeros momentos de confrontación,  fue la creación de un proyecto para “ayudar” a la América Latina, impulsado por el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. Se denominó  “Alianza para el Progreso” con un exiguo presupuesto inicial de 20 millones de dólares para “ayudar” a desarrollar toda una región empobrecida y atrasada. 

De hecho, el fracaso de ese plan quedó evidenciado diez años después  en un Memorándum sobre una reunión realizada en la Casa Blanca el 4 de septiembre de 1971.  En la misma participaron el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, el Dr. Carlos Sanz Santamaría, Presidente del Comité Interamericano para la Alianza para el Progreso y  Arnold Nachmanoff, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. 

En ella el Dr. Sanz expresó que deseaba discutir dos puntos con el Presidente,  en ese día, justo cuando  se conmemoraba el 10mo Aniversario de la creación de la Alianza, éstos fueron: 

  1.  El problema de los efectos inmediatos del nuevo programa económico del Presidente para América Latina. 
  2. La cuestión a largo plazo de las relaciones de Estados Unidos con América Latina en la próxima década.   

Añadió, que reconocía la necesidad de que los Estados Unidos tomaran acciones positivas para aliviar los serios problemas económicos existentes y que  algunos países estarían particularmente afectados por el recargo del  nuevo plan. Así  mismo añadió que […] Los países latinoamericanos no sienten que son la causa de los problemas a los que se dirige el nuevo programa económico que ahora se promueve”. Así consta en el Archivo Nacional estadounidense, en documentos de la serie de materiales presidenciales del presidente Richard Nixon. Evidentemente La Alianza para el Progreso había fracasado, ya era un cadáver. 

Otra disposición política de elevada consecuencia y gran impacto internacional, fue el intento de aislar  a Cuba de su entorno natural y distanciarla de las naciones y pueblos vecinos. Para ello   presionaron,   de forma abierta,  para que el gobierno cubano  fuera expulsado de la OEA,  hecho éste que se produjo en febrero de 1962 en Punta del Este, Uruguay, alegándose la incompatibilidad del marxismo- leninismo con el sistema americano.  

Fueron forzados todos los países del área  a que rompieran relaciones diplomáticas con Cuba para  hacer creer que no había lugar en esta región para un sistema como el establecido y defendido por la Isla. A excepción de México, todos los países fueron sucumbiendo a las presiones norteamericanas. 

Simultáneamente a la “ofensiva política”, se extendieron los planes de agresión  a otras formas, entre ellas las operaciones  políticos – militares,  como los golpes de Estado;  las  Operaciones militares propiamente dichas, como las invasiones a varios países latinoamericanos. El abierto respaldo a los gobiernos que se plegaban a sus  propósitos  y la oposición frontal a los que no seguían la línea que se imponía desde Washington. 

Para remodelar la organización y ejecución de los golpes de Estado,  las sucesivas administraciones estadounidenses se apoyaron en una vasta red de Centros de Estudios Militares, que les permitía contar con un cuerpo de oficiales leales a sus intenciones.  

El más conocido en la región fue la “Escuela de Las Américas” cuya primera sede oficial fue la Zona del Canal de Panamá. Como es conocido este centro,  que como consecuencia de los Tratados Torrijos – Carter de 1979, la zona  pasó a ser administrada por el “gobierno panameño”. El Centro de Estudios  propiamente dicho  fue trasladado a la Florida donde aún se mantiene. En enero del 2001 la Escuela de las Américas fue rebautizada como Instituto de Cooperación y Seguridad de Hemisferio Occidental.  

También se apoyaban con las Escuelas y Academias Militares en el propio territorio estadounidense, para las cuales fundamentalmente se seleccionaban oficiales de las clases alta y media de las sociedades latinoamericanas. Al propio tiempo utilizaban egresados de los Centros de Estudios Militares que operaban en cada país, bajo la “asesoría” de oficiales norteamericanos. Academias militares como las de Argentina y Perú, formaron a oficiales con una meridiana formación golpista. 

En todos ellos se “educaban” los jefes, oficiales y hasta soldados  que después integraban los órganos de mando y dirección y las unidades de las fuerzas armadas en sus países de origen. No pocos de éstos,  eran previa o posteriormente reclutados para formar parte de los servicios especiales (inteligencia) de los Estados Unidos, en particular de la CIA.  

Simultáneamente Estados Unidos organizó una estrategia continental de contención y eliminación de las fuerzas políticas y sociales de izquierda,    fundamentalmente en países del Cono Sur.  Los golpes de Estado  no fueron acciones que se ejecutaban aisladamente como una pieza única, sino que  eran  el resultado de planes geopolíticos coordinados con otro plan de triste recordación: la “Operación Cóndor”. Así las caras visibles  de las dictaduras militares se encargaban de “gobernar” y las ocultas del Plan Cóndor realizaban el “trabajo sucio”. 

La Operación Cóndor, fue creada por la CIA, en coordinación con los órganos similares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Venezuela. En menor medida Ecuador y Perú. También participó desde sus inicios  el terrorista Movimiento Nacionalista Cubano (MNC) de origen cubano, que aportó hombres y conocimientos adquiridos de la CIA, para emplearlos como sicarios en las operaciones punitivas.  

Los “patrocinadores” fueron: por Estados Unidos, Richard Helms, entonces director de la CIA y  David Atlee Phillips, Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la Agencia.  

Por América Latina los generales chilenos Augusto Pinochet y  Manuel Contreras Sepúlveda; por Argentina Jorge Rafael Videla. Entre el 25 de noviembre y el 1ro de diciembre de 1975 se realizó una reunión en Santiago de Chile dirigida por el general Contreras Sepúlveda, Director de la Dirección de Información Nacional de Chile (DINA), en la que expresó: […] Esta reunión puede ser la base de una excelente coordinación y un mejor accionar en beneficio de la seguridad nacional de nuestros respectivos países. 

Así irrumpió en la historia de América Latina, este “monstruoso” plan. La Dirección táctica de la operación se ejercía desde la DINA, apoyada por el Batallón 601 de la Inteligencia del Ejército Argentino y la DISIP de Venezuela.  

No todos los golpes de Estado del siglo pasado tuvieron igual connotación; como tampoco la tienen todos los países del continente. Al propio tiempo no todos tienen el mismo alcance internacional en el orden político, económico o social. Tampoco son iguales las coyunturas históricas que se presentan en cada momento, para decidir la realización de una acción de este tipo.  En próximas entregas se tratarán aquellos que por sus estilos resultan particularmente reveladores.

Continuará… 

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Mario Davila/ Agencia Uno. 

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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