Los golpes de Estado en América Latina y sus estilos (III)

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Por José Luis Méndez Méndez(*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El golpe de Estado ejecutado en 1963 en la República Dominicana, tiene la importancia de ser el primero que se efectuó después del triunfo de la revolución cubana y con el cual se renovó esta política de agresiones militares en la región.

El político dominicano Juan Bosch, de ideas progresistas, se había juramentado como presidente del país el 27 de febrero de 1963 y solo 6 meses después, o sea el 25 de septiembre, fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por altos jefes militares, quienes lo expulsaron del país e instalaron un triunvirato integrado por el Secretario de Estado para las Fuerzas Armadas, Mayor General Víctor Vinas Román; el Jefe del EM del Ejército, Brigadier General Renato Hungría Morell; el Jefe del EM de la Marina, Comodoro J.A. Rib Santamaría; el Jefe del EM de la Fuerza Aérea, Brigadier General, Miguel A. Luna; el Jefe de Estado Mayor del Centro de Entrenamiento de las Fuerzas Armadas, General Elías Wessin y Wessin y el Jefe de la Policía Nacional, Brigadier General Belisario Peguero.

Dos meses antes del golpe, el embajador norteamericano en dominicana, John B. Martin, le informó el 8 de julio de 1963 al entonces presidente John F. Kennedy, que […] para el mes de septiembre Bosch probablemente va a estar en serios problemas.

El pretexto para el lance castrense se argumentaba en la actitud permisiva de Bosch, ante el progreso de las fuerzas de izquierda en el país, que le ocasionó la pérdida de aceptación del gobierno estadounidense. Esta información es la primera evidencia escrita encontrada en que queda revelado la planificación del golpe militar, la mano no tan oculta de los Estados Unidos y su vínculo con la existencia de la Revolución Cubana.

Poco tiempo después de ejecutado el golpe, el Asistente Especial del Presidente de los EE.UU. para los Asuntos Latinoamericanos, Ralph Dungan, envió el 6 de febrero de 1964 un memorándum al Asistente del Secretario de Defensa para Asuntos Interamericanos, Thomas Mann, en el que calificaba la situación reinante en República Dominicana de la siguiente forma: […] obviamente difícil que pudiera desembocar en cualquier dirección con el consiguiente deterioro de las condiciones políticas y económicas que pueden terminar en un régimen al estilo de Castro.

Poco más de un año después, el 24 de abril de 1965, estalló la Revolución Constitucionalista, que fue analizada en Washington como una guerra de liberación nacional, que podían aprovechar los marxistas-leninistas dominicanos para crear otro estado socialista en la región del Caribe, con el objetivo de reponer a Bosch, pero 4 días más tarde, o sea el 28 de abril, los Estados Unidos iniciaron la invasión de la Isla.

Ese mismo año el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, planteó su doctrina intervencionista en los siguientes términos: […] “Nosotros, los de este hemisferio, debemos usar todos los recursos a nuestra disposición para impedir el establecimiento de otra Cuba”.

Otro golpe de Estado, que ha trascendido en el tiempo por su nefasta repercusión, fue el asestado contra el gobierno legítimamente elegido de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende. Los organizadores y ejecutores desconocieron su elección legítima mediante las elecciones democráticas chilenas. Por sus terribles consecuencias, aún hay un número apreciable de ciudadanos chilenos desaparecidos. Hay ejemplos conocidos y denunciados de la participación del gobierno estadounidense para evitar la asunción al poder de Allende y después de su participación en los hechos que provocaron su derrocamiento y muerte.

Con fecha 6 de noviembre de 1970 se efectuó una reunión del Consejo de Seguridad Nacional de los EE.UU. para definir la estrategia que debía asumir el gobierno estadounidense contra Salvador Allende quien había jurado como presidente el 3 de noviembre de ese año, solo dos días antes del encuentro antes citado.

En la reunión Henry Kissinger, Asistente del Presidente Richard Nixon para Asuntos de Seguridad Nacional, hizo un pormenorizado análisis del resultado de las elecciones chilenas y vaticinó sus implicaciones futuras.

Planteó que la elección de Allende como presidente de Chile era uno de los desafíos más serios que Estados Unidos tendría que enfrentar en ese año, porque lo que sucediera en Chile en los próximos seis a doce meses tendría ramificaciones que irían mucho más allá de las relaciones de entre ambos países. Argumentó en su exposición que Allende había sido elegido y que era el primer gobierno marxista que había llegado al poder mediante elecciones libres y ello le daba legitimidad ante los ojos de pueblo chileno y la mayor parte del mundo, por lo que sería muy costoso actuar de una manera que pareciera que se estaban violando los principios latinoamericanos tan defendidos por ellos. También expuso que la incapacidad para reaccionar ante esa situación pudiera ser percibida en América Latina y en Europa como indiferencia o impotencia.

Finalmente, explicó que el Departamento de Defensa, la CIA y algunas personalidades del Estado, definían a Salvador Allende como enemigo de los Estados Unidos, que se movería en contra del gobierno norteamericano tan pronto y con tanta fuerza como él sintiera que lo podía hacer y que cuando su hostilidad fuera manifiesta sería porque su poder estaba consolidado y realmente sería demasiado tarde para hacer mucho, el proceso sería irreversible.

Esos elementos permiten confirmar que desde un inicio se analizaron las futuras consecuencias que se derivarían de aquel acontecimiento y que tomarían las acciones oportunas para defender sus intereses.

El presidente Nixon decidió crear un Grupo de Trabajo Especial Interagencias, dirigido por del Departamento de Estado, con representantes del Departamento de Defensa, el Director de la CIA y el propio Kissinger, para preparar “alternativas” de cursos específicos de operación y planes de acción.

Tres años antes de la terminación de su mandato legal, el 11 de septiembre de 1973, desde horas tempranas se produjo el golpe de Estado contra Allende, con la participación de jefes y efectivos de las tres Armas (Ejército, Marina y Fuerza Aérea) y el Cuerpo de Carabineros. Éste estuvo fundamentalmente dirigido contra el Palacio de la Moneda donde se hallaba Allende.

De manera coincidente y evidentemente concertada ese mismo día y casi a la misma hora del inicio del bombardeo contra el Palacio y las restantes áreas afectadas por el golpe, llegó al puerto chileno de Valparaíso una Escuadra Naval Norteamericana, formada por 5 buques de combate de superficie y un submarino que participaban en las maniobras Unitas. Ejercicios navales realizados anualmente por la Armada de los Estados Unidos en conjunto con otras latinoamericanas. Surgieron a partir de la Primera Conferencia Naval sostenida en Panamá en 1959 y se realizaban en el marco del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Se ejecutaba principalmente con las fuerzas navales de los países del Atlántico Sur.

En esa ocasión, los buques norteamericanos atravesaron el Canal de Panamá y se enrumbaron a toda máquina, para llegar a costas chilenas justo a tiempo para hacer coincidir su arribo con el comienzo del golpe. En coordinación los militares en Valparaíso, habían apoyado el golpe.

La experiencia chilena, sirvió de alerta a Estados Unidos, para decidir establecer en la mayoría de los países de América Latina, regímenes afines a sus órdenes y si fueran dominados por los militares mejor. El panorama latinoamericano para el control norteamericano se redondeaba a su favor con el golpe fascista chileno.

Desde el 11 de julio de 1954 el general Alfredo Stroessner gobernaba en Paraguay; en Bolivia, en agosto de 1971 es derrocado el gobierno del general Juan José Torres y asume el poder el general Hugo Bánzer. Torres es asesinado en Argentina el 10 de junio de 1976; en Uruguay en febrero de 1973 el presidente Juan María Bordaberry cede su poder a las Fuerzas Armadas; en Brasil, posteriormente al golpe en Chile, el general Ernesto Geisel toma el poder y en Perú, el 9 de agosto de 1975 el general Francisco Morales Bermúdez asume el poder y se consolida el control el 24 de marzo de 1976, cuando los militares argentinos asumen el poder tras un golpe de Estado.

Este zarpazo castrense tuvo una excepcional repercusión e impacto. En la Argentina ya tenía en esa fecha un historial de generales del ejército sucediéndose al frente del gobierno como presidentes después del primer gobierno de Juan Domingo Perón. La relación se inició con el general Juan Carlos Ongania (1966 a 1970); después le siguió el general Roberto Marcelo Levingston (1970 a 1971) y finalmente el general Alejandro Lanusse (1971 hasta 1973). Éste último posibilitó la llegada a la presidencia de un gobierno civil encabezado por Héctor José Cámpora

El político Cámpora, del Frente Justicialista, asumió la presidencia el 25 de mayo de 1973 tras 18 años de ausencia del peronismo y de Juan Domingo Perón, quien asumió la presidencia desde octubre de 1973 hasta su muerte repentina el primero de julio de 1974, lo cual removió la vida política del país y despejó el camino para lo que se avecinaba: el golpe de estado.

Éste sobrevino el 24 de marzo de 1976 contra la presidenta y viuda de Perón, Isabel Martínez. La estrategia represiva en esta ocasión, adquirió una extensión y matices crueldad mayor que la de los anteriores gobiernos de facto del país. La decisión del General Jorge Rafael Videla, el nuevo jefe militar llegado al poder, fue de aniquilar las principales fuerzas de izquierda, desarticular las organizaciones populares de base democrática y ordenar otras violentas medidas represivas.

La estrategia represiva de tierra arrasada para toda disidencia, la definió a menos de un año del golpe, el general Ibérico Saint Jean, en mayo de 1977: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos”.

Se cuantifican más de 10 mil asesinatos y 30 mil desaparecidos en centros clandestinos de reclusión y exterminio, asó como miles de refugiados forzosos, como resultado trágico de los primeros cuatro años de ese gobierno surgido del golpe de estado.

 

Resulta notorio que antes del retorno a Argentina de Perón, el 26 de diciembre de 1972 el embajador de Estados Unidos en Argentina, Cabot Lodge, informó al Departamento de Estado, al Departamento de Defensa, a la Agencia de Inteligencia de la Defensa y a los embajadores de Estados Unidos en Uruguay, Paraguay, Brasil y Chile, con respecto al posible futuro retorno de Domingo Perón al país, (…) su imagen estaba dañada y era incapaz de dar soluciones dentro de su propio campo; que los militares querían llegar a un acuerdo pero solo si fuese para alcanzar la estabilidad que habían prometido.

Esto ejemplifica que desde antes de su regreso al país, los órganos especiales de Estados Unidos indagaban sobre el criterio de los militares argentinos al respecto.

En el caso de Argentina fue tan notoria la coordinación con la Operación Cóndor, que según fuentes periodísticas diversas, hasta se utilizó la realización del Mundial de Futbol de 1978 como “cortina de humo” para silenciar los constantes registros, asaltos, allanamientos a domicilios, con el fin de detener a cualquier sospechoso de ser militante de una organización de izquierda. Cuando una Comisión de Derechos Humanos visitó Argentina, se podía leer grafitis que anunciaban “los argentinos somos derechos y humanos”

Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Ilustración de portada: Annur

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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