Los golpes de Estado en América Latina y sus estilos (V)

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Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El auge de gobiernos progresistas en América Latina, con inspiraciones y transformaciones sociales a finales del siglo XX hizo posible que cambiara notablemente el panorama político de la región. Ello también influyó en los métodos utilizados hasta entonces para derrocar gobiernos y asesinar líderes políticos, dirigentes estudiantiles y otros calificados de revoltosos.

Las historias de los incontables excesos de los gobiernos militares en contubernio con las bandas paramilitares del Plan Cóndor, incrementaron los rechazos de la opinión pública internacional, las acusaciones por todas las vías mediáticas eran permanentes. Los militares eran impugnados a voces y se clamaba que regresaran a sus cuarteles.

Sin abandonar las pretensiones de dominación neoliberal, surgieron entonces con el nuevo siglo, otras formas de intervención e injerencia en las decisiones de los gobiernos legítima y democráticamente elegidos.

Todo hace suponer que Estados Unidos decidió desde finales de la década de los años noventa modificar la estrategia de los golpes de Estado clásicos con la presencia y visibilidad de los militares y emplear nuevos estilos.

El fin justifica los medios reza una máxima muy añeja, entonces para alcanzar los mismos fines, acudieron a otras modalidades, como los llamados Golpes Suaves, como el de Honduras, Golpes Parlamentarios, como el de Paraguay, en Brasil y más recientemente de Bolivia. Cada uno de ellos con sus propias características.

Sobre el caso hondureño se puede afirmar que el golpe surgido aquí fue diferente a los ocurridos con anterioridad. Tras varios meses de “crisis política interna” en Honduras, el Congreso Nacional, El Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia se enfrentaron al presidente José Manuel Zelaya. El “pretexto” manejado fue que el presidente aspiraba a convocar un referendo para designar una nueva Asamblea Constituyente.

El 26 junio del 2009 la Corte Suprema de Honduras, a pedido del Ministerio Público, aprobó por unanimidad de votos, acusar al “ciudadano” (no lo mencionaban como presidente) José Manuel Zelaya como autor responsable de los delitos de traición a la patria, abuso de autoridad y usurpación de funciones en perjuicio del Estado de Honduras. Por ello libró una orden de captura en su contra. Ese mismo día, el juez José Tomás Arita Valle, de la Corte Suprema de Justicia, ordenó al Teniente Coronel René Antonio Herpburn Bueso, del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, allanar la vivienda del presidente Zelaya y ponerlo a la orden de la justicia de Honduras por delitos en perjuicio del Estado. Por su parte el Congreso designó una comisión especial para investigar a Zelaya «por desconocer los fallos de las instancias jurisdiccionales y violentar el Estado de Derecho».

El Golpe se produjo el 28 de junio del 2009, dos días después de iniciados aquellos hechos, el presidente Zelaya fue , en plena madrugada, tras allanar su residencia en Tegucigalpa y trasladado a Costa Rica sin respetar su jerarquía diplomática, dando cumplimiento a la orden de la Corte Suprema de Justicia. Este traslado fue ejecutado por fuerzas militares, siendo la única acción visible con participación de los mismos. Después los miembros de las fuerzas armadas “desaparecieron” de los medios de comunicaciones y emergió como figura central de poder el empresario Roberto Micheletti, quien se encargó de dirigir el país hasta la celebración de nuevas elecciones. Después de realizadas las mismas también “cesó” como figura pública. Consumada la traición, el traidor sobra, sentencia otra máxima de antaño.

Hay que considerar que desde antes, el presidente Zelaya había iniciado una política de acercamiento con el gobierno cubano y de promoción de nuevos esfuerzos para que Cuba fuera aceptada en la OEA.

Este fue el primer Golpe de Estado de nuevo tipo, es decir sin la presencia abierta de los militares, utilizando en su lugar los mecanismos “legales” de los poderes del Estado. Puede comprenderse que esta sea la explicación por la cual cuando los presidentes de Argentina, Cristina de Kirchner; de Ecuador, Rafael Correa; Dilma Rouseff, de Brasil y el canciller Bruno Rodríguez de Cuba, se reunieron para condenar el golpe de Estado contra el presidente hondureño, inmediatamente Estados Unidos se apresuró a decir que aquello no era un golpe de Estado. Hay que considerar además que Honduras era uno de los escalones más débiles del Alba, lo cual puede interpretarse también como un mensaje intimidatorio contra los miembros de esa organización integracionista.

En Paraguay se optó por otra variante contra. Fernando Armindo Lugo Méndez, político y obispo católico, que fue elegido presidente en las elecciones del 20 de abril del 2008 y asumió el cargo pocos meses después, el 15 de agosto de ese año. Durante su campaña electoral se pronunció por realizar una reforma agraria, el mejoramiento de la justicia, la sanidad universal gratuita y la recuperación de la soberanía energética.

El 21 de junio del 2012, 4 años después, tras intensas contradicciones, la Cámara de Diputados del Parlamento Paraguayo aprobó la realización de un juicio político en su contra, alegando el mal desempeño en sus funciones y exigiéndole la renuncia al cargo. Lugo se negó, pero un día después, el 22 de junio, fue destituido del cargo con 39 votos a favor y 4 en contra. Apenas tuvo 2 horas para preparar su defensa ante el Parlamento. En este caso, tampoco se hizo visible la mano militar. Los Estados Unidos guardaron silencio cómplice. Es conocido que para la época de esos acontecimientos, Fernando Lugo había aumentado sus relaciones con Cuba y la Revolución cubana.

Con posterioridad el turno fue para Brasil, con una acción calculada durante años para ejecutar un Golpe Parlamentario contra la presidenta de Brasil Dilma Roussef pero cuya verdadera finalidad era sacar del poder al Partido de los Trabajadores y acabar con la influencia de su líder Luis Ignacio Lula Da Silva. En esta oportunidad el argumento esgrimido fue la “corrupción”. Los hechos se sucedieron con relativa celeridad. Rápidamente la presidenta Dilma Roussef fue despojada de su cargo.

La investigadora y periodista argentina Stella Calloni lo calificó de golpe Electoral. Después emergió de la sombra su vicepresidente Temer para hacerse cargo de la situación creada para “normalizar” la vida social, económica y política del país, convocar a elecciones democráticas y posteriormente también “desaparecer” de la vida pública.

En Brasil los militares apenas se hicieron presentes, aunque era obvio que respaldaban todo lo que estaba sucediendo. Estados Unidos hizo lo que siempre había hecho, es decir reconocer y apoyar el nuevo gobierno.

El tiempo se encargó de demostrar que el verdadero objetivo era impedir que Lula y su partido continuaran en el poder, hasta encarcelarlo para que no pudiera ni aspirar a la presidencia del país, lo cual la historia se ha encargado de desmentir y colocar cada pieza en su lugar.

El último proceso lo constituye el golpe contra el Presidente boliviano Evo Morales en noviembre de 2019, en cuya ejecución jugó un papel determinante la actuación de la OEA y su “administrador temporal” Luis Almagro Lemes. Los militares bolivianos solo se hicieron visibles para exigirle al presidente que renunciara. Después, siguiendo el mismo guión se “ocultaron”. Mientras tanto ya existe una figura que salió de la nada para “normalizar” el país y llamar a nuevas elecciones. Un año después se recuperó la democracia por el mandato del pueblo expresado en las urnas, tal y como había sucedido en las elecciones anteriores.

Los años transcurridos con la presencia de gobiernos surgidos de la “geopolítica de golpes de Estado”, ideada, organizada, controlada e incluso ejecutada en varias ocasiones directamente por agentes reclutados por la CIA, ha permitido al gobierno estadounidense tener en su arremetida un elevado dominio sobre los países del área.

El proceso fabricado contra Lula, no es el único, un estilo para inmunizarse contra próximos gobiernos progresistas es invalidar en política a figuras que han sido continuidad en la región, como el satanizado Rafael Correa en Ecuador, además el de la vicepresidenta argentina Cristina Fernández o las intentos de criminalizar a Morales Ayma en Bolivia, con falsas acusaciones sin fundamentos jurídicos.

El empleo de cipayos asalariados de Estados Unidos, colocados en organismos regionales como la OEA, han sido utilizados para asegurar y ligitimar los golpes de Estado con sus diferentes estilos de aplicación. Un caso notorio es el de Luis Almagro Lemes, Secretario General de la mencionada entidad.

Este adjurado de su práctica política, que no se puede definir si es un traidor de cuna, inveterado agente de la CIA, que fue reclutado en un momento de su trayectoria laboral, atrapado por medio de un desliz de cualquier origen y matiz, resulta uno de los más laboriosos seguidores de Washington.

Abogado graduado en 1987. Comenzó su carrera diplomática un año después como Representante de la República de Uruguay ante la UNESCO. Fue Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno precedido por José Mujica. Su “tapadera” fue la de un político aliado a la causa progresista latinoamericana. Para acentuar su posición dominante en la región, fue proyectado como candidato para el cargo de Secretario General de la OEA. En un discurso pronunciado el 18 de febrero de 2015, en la sede de la OEA, en Washington, ante el Consejo Permanente de esa organización expuso su plan político si resultaba electo. Estos son algunos de esos planteamientos: […“la OEA del siglo XXI debe ser global, debe salir al mundo, relacionarse con países y entornos estratégica, con organismos multilaterales globales y regionales, ser eficiente, y hacer mejor todo aquello donde tiene un valor agregado”. “América ha estado dividida, es hora de reparar las heridas del pasado y construir una América unida y para todos”].

[…“la OEA debe dotarse de herramientas que le permitan tener un conocimiento anticipado de eventuales crisis para actuar en forma coordinada con los Estados, en base en el diálogo, para evitar desenlaces antidemocráticos”.]

[…si resulto elegido como Secretario General, propondría tres iniciativas: primero, un Fondo de contingencia para desastres naturales con especial énfasis para Centroamérica y el Caribe; segundo, un Fondo de Interconectividad para el Caribe “que permita paliar carencias estructurales, ya sea en logística como en materia de tecnologías de la información y las comunicaciones y aumente el potencial de empleo para los jóvenes”; y tercero, una iniciativa interamericana sobre cambio climático “que pueda consensuar la perspectiva del hemisferio de cara a París 2015”.]

[…los Estados Miembros de la Organización deben encontrar la forma viable y consensual para el “reingreso efectivo” de Cuba a la OEA, indicando que la próxima Cumbre de las Américas en Panamá en abril, “será histórica al convertirse en un hito por la presencia cubana”].

No hizo ni una sola referencia a la República Bolivariana de Venezuela. Lo de Cuba lo trató como un afán de resolver un “viejo” asunto falto de solución. Sobre Estados Unidos no expreso ningún criterio, mucho menos de las futuras relaciones con la política estadounidense. Bajo ese manto político fue electo el 18 de marzo del propio año.

Después, su proceder intervencionista selectivo ha sido evidente. Ignora las desapariciones forzosas y crimines de odio en Colombia; se muestra extremadamente incisivo con la situación en Venezuela; se suma al coro de ataques contra Cuba y Nicaragua.

Otra figura captada por el Imperio es Michelle Bachelet, funcionaria de la ONU para los Derechos Humanos. Personalidad política chilena, recordada por ser una de las tantas que sufrió directamente los horrores de la dictadura de Augusto Pinochet. Su padre fue asesinado durante ese período. Su posición actual ya quedó al descubierto al conocerse su informe del 2019, sobre la situación de los Derechos Humanos en la República Bolivariana de Venezuela, no solo por su contenido, sino por la carencia de objetividad por haber sido elaborado fuera de Venezuela y con datos dudosos de fuentes parcializadas con la realidad creada en ese país, como resultado de las presiones y medidas coercitivas de Estados Unidos.

También la hacen insolvente moralmente e incompetente para su cargo su silencio cómplice ante los recientes hechos de represión en su país por el gobierno de Sebastián Piñera o la represión sangrienta del acolito imperialista Iván Duque en Colombia, quien por más de dos semanas ha ensangrentado a su pueblo.

Es curioso y llamativo el hecho de que en su último periodo de mandato presidencial, que integralmente fue un desastre, confrontó situaciones de enfrentamiento sociales con los jóvenes estudiantes y sus añejas demandas de mejoras, aunque las peticiones de éstos seguían sin respuesta ni solución. Es indudable que los Estados Unidos avalaron su nombramiento en el cargo con alcance internacional que ostenta.

Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Getty Images

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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