A 45 años de la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA): La comunicación popular y un legado que sigue teniendo vigencia

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ANCLA, una experiencia comunicacional colectiva en clandestinidad

La Agencia de Noticias Clandestina ANCLA nació en junio de 1976. Rodolfo Walsh había planteado la necesidad de canalizar la información que llegaba al Área de Informaciones de la organización Montoneros.

Para poner en marcha la agencia convocó a Lila Pastoriza, Lucila Pagliai y Carlos Aznárez. Una vez conformada la redacción se sumó Eduardo Suárez.

En una casa clandestina trabajaban diariamente con cuatro máquinas de escribir, un mimeógrafo de alcohol para hacer copias y un archivo artesanal organizado en carpetas.

ANCLA mantuvo una relación orgánica con Montoneros, pero generó espacios de autonomía y resistencia con información provista por una extensa red de colaboradores propios y un entramado informal, que incluía a colegas de medios comerciales, militantes de base de Montoneros y otras personas ligadas a la Organización o cercanas a sus propuestas.

En bolsas de supermercado u otros escondites, los cables eran llevados hasta correos alejados del lugar de trabajo. Se enviaban a diarios de todo el país, a corresponsales extranjeros y a un listado de personas con capacidad para hacer circular información. Los cables intentaban echar luz sobre el abanico de crímenes de la dictadura.

Se buscaba romper el cerco informativo sobre Argentina y denunciar la política económica del gobierno de facto y los grupos de poder, y la implantación del terrorismo de Estado con el fin de acallar todo vestigio de resistencia en el país.

En agosto de 1976, la Agencia ya difundía que “Las Escuelas de Mecánica de la Armada y de Ingenieros del Ejército fueron denunciadas como centros de detención y tortura de presos políticos en la Argentina”.

Entre 1976 y 1977 ANCLA emitió más de 200 cables informativos.

De las reuniones de conducción y coordinación de ANCLA participaban Rodolfo Walsh, Lila Pastoriza, Lucila Pagliai y Carlos Aznárez, que estaban a cargo de la mesa de redacción. Hasta que fuera secuestrado –tempranamente- también participaba Eduardo Suárez.

Los nombres de ANCLA

Eduardo “El Negro” Suárez era periodista, vivía con Patricia Villa. Él trabajaba en El Cronista Comercial y ella en la agencia de noticias Inter Press Service. Eduardo formó parte del grupo inicial de ANCLA, aunque mantenía su puesto en el diario como trabajo prioritario. En agosto de 1976 ambos fueron detenidos ilegalmente. Los dos fueron llevados a la ESMA y permanecen desaparecidos.

El secuestro del Negro Suárez activó una alerta en la Agencia, que a partir de ese momento dejó de tener local. Los integrantes fraccionaron el material en distintos lugares y comenzaron a reunirse en casas particulares, en general donde vivía alguno de ellos o una casa prestada por un colaborador.

Se repartieron los archivos, sobre todo de las Fuerzas Armadas, el scanner de escucha de las comunicaciones policiales, un par de máquinas de escribir. En otros lugares, pusieron el mimeógrafo, papel, sobres y el sello. No podían guardar muchos cables, pero conservaban algunos.

Hacia fines de 1976 y comienzos del año siguiente, tras varios golpes represivos, ANCLA restringió casi totalmente los contactos orgánicos.

A un año del golpe de Estado, Rodolfo Walsh escribió su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar. En ese texto advertía sobre el plan sistemático de aniquilamiento de opositores a la dictadura, denunciaba la censura y el apoyo al gobierno de facto que brindaban los grupos económicos más poderosos. El 25 de marzo de 1977 salió temprano de la casa quinta de San Vicente en la que vivía con Lilia Ferreyra, su compañera de los últimos diez años. Se despidieron en la estación Constitución. Él iba a reunirse con un compañero al que no veía hacía tiempo.

Entre las 13:30 y las 16:00, el Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA integrado por 25 o 30 personas lo cercó en avenida San Juan entre Combate de los Pozos y Entre Ríos en el centro porteño. Walsh trató de defenderse, pero recibió una ráfaga de disparos. Su muerte se produjo inmediatamente. El GT lo cargó en un auto hasta la ESMA. Su cuerpo fue visto en el centro clandestino. Los restos continúan desaparecidos.

Walsh tenía 50 años de edad. Tenía dos hijas de su primera pareja, Patricia y María Victoria Walsh. También tenía tres nietos. María Victoria, conocida también como Vicky, había sido delegada en el diario La Opinión y estuvo a cargo del departamento de prensa en el frente sindical DE la organización Montoneros.

El 29 de septiembre de 1976 Vicky, muere tras combatir valientemente junto a sus compañeros de la Organización – también asesinados- contra decenas de militares fuertemente armados que integraban un operativo que rodeó la casa de Villa Luro donde se había convocado una reunión de Jefatura.

El 1º de abril de 1977 un cable de ANCLA denunció el secuestro de Walsh.

Tiempo después, Lucila Pagliai y Carlos Aznárez salieron del país con la intención de trasladar ANCLA al exterior, mientras Lila Pastoriza, que conducía el grupo, siguió operando la Agencia con algunos colaboradores, a la espera de poder organizarla fuera del país.

Entre el 12 y el 15 de junio 1977 fueron secuestrados por la Marina y llevados a la ESMA varios integrantes de este grupo: entre ellos, Lila Pastoriza, Mario Galli y su familia, Adolfo Infante con su compañera y Luis Alberto Vilellia.

La familia Galli estaba compuesta por Mario Enrique Galli, su mujer Patricia Flynn, su pequeña hija Marianela Galli y la madre de Mario, Felisa Violeta Wagner. Mario era uno de los informantes de ANCLA en los meses previos a su secuestro.

En 1977 Mario Galli tenía 25 años. Había estudiado en la Escuela Naval. En noviembre de 1972, junto al también guardiamarina Julio César Urien, formó parte del levantamiento de oficiales y suboficiales de la Armada, de filiación peronista, que denunciaban el uso de técnicas represivas en la formación militar. Tras el episodio estuvo preso con sus compañeros hasta mayo de 1973.

Mario Galli pertenecía a la misma promoción de los represores Alfredo Astiz, Ricardo Miguel Cavallo y Carlos Guillermo Suárez Mason hijo. En 1974, tras la muerte de Juan Domingo Perón, fue expulsado de la Armada. Militó en la Juventud Peronista y en Montoneros y se vinculó con el movimiento de Curas del Tercer Mundo.

Felisa, Mario y Patricia con su pequeña hija Marianela fueron secuestrados el 12 junio de 1977 y llevados a la ESMA. Patricia estaba embarazada de tres meses. Solo Marianela Galli sobrevivió.

Norma Leticia Batsche Valdez, de nacionalidad guatemalteca, militante montonera  y colaboradora de ANCLA, compañera del también montonero Carlos Enrique Bayón, padres ambos de Leticia, aunque en el momento de ser secuestrada (15 de diciembre de 1976) ya estaban separados. A Norma la llevan con su hijita Leticia de 3 años a la ESMA, y luego la niña es entregada a un familiar que la devuelve a su padre.

Carlos Enrique Bayón. Fue colaborador de ANCLA al igual que su primera compañera, Norma Leticia Batsche Valdés. Pocos días después de haber recuperado a su hijita, Bayón fue interceptado en la calle por un grupo operativo de la Marina el 22 de diciembre de 1976, mientras estaba con la nena que por segunda vez fue llevada por los militares y luego entregada a un matrimonio amigo de su madre. Bayón fue asesinado a balazos frente a su hijita en el mismo momento de su intento de secuestro.

Miguel Coronato Paz, militante montonero y un activo colaborador de ANCLA. Su secuestro ocurrió el 11 de febrero de 1977. La versión es que se tomó la pastilla de cianuro que llevaban muchos militantes para no caer con vida en manos de los represores. Su padre, con el mismo nombre y apellido, fue un conocido guionista de radio y televisión.

Luis Alberto Vilellia, militante montonero colaborador de ANCLA, fue secuestrado el 13 de junio de 1977, y conducido a la Escuela de Mecánica de la Amada. Aún continúa desaparecido.

Adolfo Vicente Infante Allende y Gloria Kehoe Wilson estaban juntos desde 1974. Vivían en un departamento del barrio de Belgrano, tenían 36 y 22 años respectivamente. A él le decían Fito y había empezado a militar en la adolescencia en núcleos de la Resistencia Peronista. Para 1977, militaba en la Juventud Peronista y ese año se integró a la Agencia. Gloria había militado en un partido de izquierda cuando estaba en la secundaria; era escritora y estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras. En abril de 1977 había presentado un libro de cuentos, “Pico de paloma” y otros escritos, que se reeditó en 2005.

Cuando fueron secuestrados, compartían militancia en Montoneros. La noche del 13 de junio de 1977 irrumpió en su domicilio un grupo de alrededor de siete personas armadas y vestidas de civil. Adolfo y Gloria fueron llevados a una casa perteneciente al Servicio de Inteligencia Naval y luego, a la ESMA. Los dos continúan desaparecidos.

Lila Pastoriza integraba desde su inicio el equipo a cargo de ANCLA. Había militado en la Juventud Peronista y en Montoneros. Fue secuestrada el 15 de junio de 1977 en el barrio de Palermo por miembros del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Permaneció más de un año y cuatro meses detenida-desaparecida en la ESMA. Liberada en octubre de 1978, sus testimonios fueron fundamentales, entre otras cosas, para conocer el destino de los desaparecidos de ANCLA.

Con el secuestro de Lila Pastoriza, ANCLA se silencia. Menos de dos meses después, en agosto de 1977 Horacio Verbitsky, Lilia Ferreira  y Luis Guagnini retoman el proyecto de la Agencia que sólo pudo funcionar unos pocos meses más. La continuidad de ANCLA se tornó difícil y peligrosa para los militantes, periodistas y colaboradores que la integraban y hacia el tramo final de ese año la Agencia dejó de funcionar definitivamente.

Lilia Ferreira, periodista, luchadora gremial y militante de Montoneros. Compañera de Rodolfo Walsh. Fue colaboradora de ANCLA en la segunda y última etapa de la Agencia.  

Luis “Lolo” Guagnini era un excelente periodista que trabajó en numerosos y conocidos medios locales e internacionales. A nivel militante, Guagnini colaboró en Cuadernos para el Tercer Mundo, Noticias (diario montonero) y en la revista clandestina Evita Montonera. También organizó el periódico El Auténtico que reflejaba los puntos de vista del Partido (Peronista) Auténtico en 1975.  Guagnini colaboró con ANCLA y con Cadena Informativa, otro medio clandestino ideado por  Rodolfo Walsh. Fue detenido en diciembre de 1977 y llevado al centro clandestino “El Atlético”, donde permaneció secuestrado varios meses. Aún permanece desaparecido.

A 45 años de ANCLA: Voces jóvenes actuales de la comunicación popular

En el marco de este Especial 45 años de la creación de la Agencia ANCLA, entrevistamos  a varios jóvenes comunicadores y comunicadoras populares a quienes formulamos las mismas tres preguntas:

1) En junio de 1976, en los comienzos de la dictadura militar, Rodolfo Walsh y un grupo de militantes pusieron en marcha la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA).  ¿Qué significado tuvo para vos como comunicador/a haberte enterado que existió esa propuesta de hacer periodismo en tiempos de censura total y represión?

2) Cuarenta y cinco años después de ANCLA han surgido nuevas demandas y formas de lucha organizadas en torno a problemáticas identitarias (los jóvenes, las mujeres y diversidades, lxs niñxs abusadxs, la preservación del ambiente como «casa común», la cultura de los pueblos originarios, etc.), que atraviesan los estamentos sociales en busca de derechos históricamente negados, postergados u obturados. Frente a estas problemáticas emergentes, ¿hay algunos aspectos de la experiencia ANCLA  que como joven comunicador/a te interese reflejar en la producción de la información a pesar de las circunstancias y los tiempos tan disímiles?  

3) Walsh sostenía, y eso se trató de aplicar en ANCLA con rigurosidad, tres conceptos: a) para que una noticia tuviera credibilidad había que contrastarla una y mil veces,  b) descartar cualquier cosa parecida al rumor, la exageración o la mentira, c) escribir siempre pensando a qué lector estaba dirigida. ¿Crees que los y las comunicadoras populares de la actualidad tienen en cuenta estas enseñanzas?

“Razonar y actuar con cabeza propia”

Lisandro Brusco (39 años). Integrante de la Radio Popular Che Guevara, Rosario, Santa Fe

El real significado lo sintetizamos en dos aspectos: 1) el valor y la trascendencia de los gestos -individuales y colectivos- ante las vicisitudes de la historia. En este caso, la conducta de Walsh lleva el sello de la coherencia subjetiva y corporal ante una adversidad que contiene los riesgos de la letalidad terrorista del Estado; 2) que “hacer periodismo” no implique un rol fragmentado de “hacer cultura y política” alternativa. El legado de Walsh no puede quedar minimizado a semblanzas sobre un determinado “estilo” o “formato” en el ejercicio de una labor profesional-corporativa (la “especialidad”, la “primicia”, la “originalidad” y otras).

Hay dos aspectos que consideramos relevantes: 1) el mandato sobre un abordaje totalizador del intelectual-periodista ante la pluralidad de demandas y reclamos de los oprimidos. Sostener y reactualizar esta concepción metodológica resulta hoy vital para la comunicación rebelde, popular y alternativa, tanto para confrontar y disputar las amputaciones autoritarias y las versiones “jibarizadas” de la realidad en manos de la mass-media monopólica, como para cuestionar a los pronosticadores del “final de las grandes narrativas” y las nuevas metafísicas de las micro-prácticas y los micro-relatos. Walsh habló hace 45 años del advenimiento de un plan de “Miseria Planificada” y de programas de control y vigilancia contrainsurgente que acompañarán a ese plan como acompaña la sombra al sujeto. A planes imperiales globales, abordajes comunicacionales totalizadores; el pensar con autonomía en la actualidad respecto del tsunami digital y mediático que cotidianamente nos satura con información fragmentada y descafeinada. Razonar y actuar “con cabeza propia” implica, en esta época, una real postura belicista frente al monopolio comunicacional y a los algoritmos de la Big Data, que nos prefiere geolocalizados y geocontrolados mentalmente.

En el vasto y plural movimiento de la comunicación rebelde, popular y alternativa se impone un debate constructivo para superar ciertos límites y déficits de su praxis, que superan -con creces- la producción de “noticias creíbles”. Afrontar estos conflictos requerirá algo más que acudir a oráculos o tutoriales. ANCLA representa un paradigma en términos de agrupamiento para la conquista del “intelectual colectivo”. ¿Habrá una “Escuela Rodolfo Walsh” o una “Escuela Jorge Masetti”, que construya regionalmente la formación de nuevos comunicadores rebeldes?

“La incomunicación y la desinformación producen aislamiento”

Jorgelina Quinteros (33 años). Integrante del equipo de Radio Villanos, Villa Carlos Paz, Córdoba.

Conocí la experiencia de ANCLA cuando comencé a estudiar comunicación social. Inmediatamente, me surgió la pregunta sobre el borramiento que se intentó hacer de este proyecto político comunicacional.

La mercantilización de la información, el crecimiento ilegal de los conglomerados mediáticos y la fuerza que cobró el discurso de la derecha, que tiene en esos multimedios reproducción permanente, se pueden comprender a partir del arrasamiento de estas experiencias de organización política. ANCLA nutrió a la comunicación de un rol militante y a la militancia de la rigurosidad y la mirada crítica en el tratamiento de los datos.

El trabajo desarrollado por la Agencia materializaba algunos de los conceptos que la teoría parecía haber vaciado de contenido. El comunicador comprometido políticamente con su tiempo y su pueblo, la palabra como instrumento para la acción política y la tarea informativa como una herramienta de transformación y diálogo permanente con la realidad.

La comunicación y el periodismo se ponen en el centro de la resistencia contra la dictadura y el imperialismo, como una pieza clave para la lucha de un pueblo por la liberación de sus opresores.  De esta manera, demostró que no sólo es posible ejercer el periodismo aún en las peores condiciones imaginables, en la clandestinidad y en mitad de la represión más feroz de nuestra historia reciente, sino que es absolutamente necesario e indispensable.

Esta forma de ejercer el periodismo desde las trincheras dejó al descubierto el accionar de comunicadorxs corruptos que diariamente someten a lxs ciudadanxs a un cúmulo de informaciones falsas, tergiversadas y manipuladas que son reproducidas cíclicamente y con total impunidad. Estas noticias presentadas desde el sentido común individualista y conservador, responden a los intereses de la oligarquía y los grandes capitalistas.

ANCLA abrió las puertas al pueblo a ser un sujeto político activo en la producción de la noticia. En ese sentido, la Agencia apuntó a romper la idea de un mensaje unidireccional dirigido a una masa anónima de receptores pasivos e inconmovibles ante la injusticia.

Colocó a lo colectivo en el centro de la escena, entendiendo a cada persona como parte de una cadena de información. La construcción de esa identidad de corresponsal popular fue un desafío permanente a romper el miedo con la puesta en circulación de la palabra. Esta práctica fue parte esencial de la discusión sobre medios alternativos de comunicación que se originó en aquellos años en toda Latinoamérica y que dio nacimiento a cientos de medios comunitarios, luego de la recuperación de la democracia.

«Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad». Esta expresión de Rodolfo Walsh no sólo sintetiza a la perfección la base ideológica de ANCLA, sino que se resignifica permanentemente. Nos abre nuevas preguntas y también nuevas formas del ejercicio de la libertad de prensa, de pensamiento y de vida.

La incomunicación y la desinformación producen aislamiento. El aislamiento nos desconecta del tejido social y rompe el entramado solidario. Un individuo aislado está expuesto a ser atemorizado, manipulado fácilmente y despojado de una mirada crítica y politizada.

La comunicación que ejecutó la Agencia demostró que romper el aislamiento implica un tomar una postura activa, comprometida y responsable contra el terror cualquiera sea la forma que este asuma en el tiempo en que nos toca vivir. Esa postura no sólo asumida, sino también multiplicada en la trama social, es un acto de libertad. Libertad que tenemos que luchar para ejercer en todos y cada uno de nuestros días hasta que la dignidad colectiva se haga conciencia.

La visibilidad de estas problemáticas implica construir redes comunitarias para romper el cerco informativo de los medios hegemónicos sostenidos por el poder real. En ese sentido, el objetivo político que se propuso desde un primer momento la Agencia fue difundir las voces de lxs perseguidxs y silenciadxs por el Terrorismo de Estado y el Imperialismo.

Hoy persisten mecanismos que pretenden apagar sistemáticamente las voces de lxs protagonistas de estas nuevas demandas sociales. A pesar de los cambios producidos en las herramientas comunicacionales con respecto al año 1976 y de una sociedad de la información donde esas nuevas tecnologías se presentaron al mundo para democratizar el acceso a la información y el conocimiento, los mecanismos de censura e invisibilización están más aceitados que nunca.

Una maquinaria neoliberal cuyo discurso ha calado en las clases trabajadoras y los sectores populares desvistiendo a la política de su carácter transformador y subestimando la organización social como el proceso para garantizar derechos reconocidos y conquistar nuevos.

Estos colectivos emergentes en lucha han dado una disputa simbólica cuerpo a cuerpo y en las calles de esta estructura de colonización intelectual. La creatividad y las nuevas herramientas de comunicación, como plataformas web y redes sociales, se han utilizado para masificar mensajes contrahegemónicos y organizar colectivamente esas demandas.

La producción colectiva y colaborativa de la información, el tratamiento riguroso de los datos y las fuentes, la recuperación de diversas estrategias de resistencia ante la violencia y el avasallamiento de derechos y el fortalecimiento del ejercicio ciudadano del derecho a la información son algunos de los aspectos fundamentales que nos permite recuperar ANCLA para pensar estas nuevas formas de re existencia y resistencia.

Otro de estos elementos es la decisión de comunicar y militar desde cada territorio, por eso se reproducen en todo el país las asambleas feministas y socio ambientales, los espacios antirrepresivos, las organizaciones de pueblos originarios.

Creo que hoy no se priorizan estos ejes en el ejercicio periodístico. Se cortó la cadena de transmisibilidad de esta experiencia. Principalmente, porque los poderes económicos y políticos capitalistas han puesto todos sus recursos a disposición de sofocar las experiencias transformadoras y revolucionarias de acción previas a la dictadura cívico-militar en nuestro país, durante y posteriormente. Además, el Terrorismo de Estado secuestró, asesinó y desapareció a una generación entera de periodistas y militantes políticos revolucionarios que ejercían la comunicación como arma para la liberación.

Existe un deterioro de la profesión en términos éticos y de formación. Se rompió el carácter colectivo del oficio. Muchxs comunicadorxs jóvenes, como yo, nunca tuvieron la posibilidad de trabajar o siquiera conocer una redacción.

La explotación y precarización laboral y la mercantilización de la información son aspectos que permiten comprender cómo la práctica periodística perdió rigurosidad, trabajo territorial y de investigación. En los medios comerciales, cobró personalismo, tergiversación y reproducción de discursos de odio.

La semilla del legado que dejó ANCLA en toda Latinoamérica brota en proyectos comunicacionales colectivos y emancipatorios que, principalmente desde la autogestión y la construcción de redes, logran intervenir sobre los procesos sociales multiplicando la pluralidad de voces informadas, empoderadas y desde los territorios. Un ejemplo, puede ser el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), como organización social y la producción periodística de más de 100 medios comunitarios que integran la red.

En los últimos años, se ha logrado profundizar la repolitización de la profesión periodística, el quiebre social del criterio de periodismo objetivo que revela los intereses de los medios concentrados y un aumento del interés ciudadano por los derechos relativos a la comunicación y la lucha por su ejercicio pleno y en libertad.

“Pensar a la comunicación como un eje central de la disputa política”

Luciana Lavila (34 años). Integrante del equipo de conducción de Barricada TV, Buenos Aires.

Sin dudas, ANCLA es un faro para las y los que hacemos comunicación con un enfoque militante.

Es una de las experiencias periodísticas que más me impactó, por su valor en tiempos difíciles, por su rigurosidad y su profesionalismo a pesar del bloqueo informativo del golpe. A 45 años después de su creación, podemos seguir aprendiendo de ANCLA y de esa generación de militantes.

La valentía de las compañeras y compañeros que hacían la Agencia, en su búsqueda de desenmascarar la versión que la dictadura hacía de lo que estaba ocurriendo en el país, así como del funcionamiento de la maquinaria de tortura y de los militares, la denuncia eficaz sobre la represión, las desapariciones y la “miseria planificada” de un proyecto político que vivía del terror, marca una forma de entender el periodismo como un oficio comprometido, apegado a la verdad y a la historia de los pueblos.

Sin dudas, el aspecto de ANCLA que me resulta más interesante y que conserva plena vigencia es el hecho de pensar a la comunicación como un eje central de la disputa política. Desde esta perspectiva, las nuevas demandas también encuentran a la comunicación como un terreno de combate y una herramienta de lucha.

Lo llevo a mi práctica cotidiana en Barricada TV. Quienes hacemos el canal partimos de concebir nuestro trabajo como un espacio que articula el oficio del periodismo y la militancia en un frente comunicacional. Esta característica te ubica en el para qué hacer comunicación y con qué perspectiva: hacer periodismo para la transformación social y con una perspectiva popular y articulada con los sectores de nuestro pueblo que luchan por un mundo más justo.

También aprendemos de la experiencia de ANCLA, como de tantas otras, entender la tarea periodística dentro de un horizonte más amplio de intervención y con un proyecto que considera que la salida es colectiva y con organización.

Por último, destaco el objetivo de ampliar y democratizar la participación tanto en la política como en el proceso mismo de la comunicación, con el mecanismo de la red de corresponsales que no eran más que los protagonistas de esas mismas luchas. Si hay algo que aprendimos de Rodolfo Walsh es que la comunicación puede ser militancia colectiva y herramienta de transformación.

Sin querer patear la pelota, creo que hoy en día el sector que domina la comunicación, con su lógica privada y comercial, es el que se exime de la tarea de chequear la información, y se desliga de un modelo de periodismo que tiene como pilares el compromiso con la verdad y con el momento histórico.

Respecto a las y los comunicadores populares, me cuesta generalizar, pero creo que hay muchas experiencias actuales que se forman y realizan su trabajo diario teniendo como ejemplo los proyectos de comunicación paridos en la tradición latinoamericana, y para los que esos valores son innegociables. En definitiva, pienso que todas esas guías de acción propuestas por Walsh son grandes desafíos para un periodismo crítico.

“Abrir espacio a la polémica dentro del campo nacional”

Lucas Molinari (38 años). Integrante del equipo de dirección de Radio Gráfica, Buenos Aires.

En mi formación Walsh fue siempre el mayor referente. Cuando fundamos Radio Gráfica se discutieron como antecedentes otras experiencias de comunicación popular. Entre ellas siempre hemos destacado la el Periódico de la CGT de los Argentinos, el diario Noticias y por supuesto, ANCLA.

Me interesa retomar uno de los objetivos de ANCLA: funcionar como herramienta de denuncia del movimiento obrero sobre las violaciones a los derechos humanos y la política económica de la dictadura. A la vez convocaba a romper el cerco informativo construido por los medios del sistema.
En la actualidad el entramado de radios, televisoras, diarios y portales populares informan  con ese ideario.

Por otro lado, creo que es un desafío comprender el planteo de “agudizar las contradicciones” en el campo enemigo, que se proponía ANCLA en aquellos años. Nosotros, al comunicar en democracia, podemos llevar ese concepto también a un aspecto que caracteriza a Radio Gráfica: abrir espacio a la polémica dentro del campo nacional. Durante el macrismo, nuestros medios lograron constituirse como un espacio de resistencia y de discusión. Finalmente, “informar a los que informan” se planteaba ANCLA. Creo que en momentos de definiciones, fueron y son los medios comunitarios y populares los que cumplen ese rol. Como ejemplo: las coberturas contra la reforma previsional durante el macrismo y la reivindicación de la acción callejera de nuestro pueblo (teniendo en cuenta que quien informa muchas veces es la militancia política, social y sindical que se escucha, ve y lee en los medios populares).

No se puede generalizar. De hecho el término de “comunicador popular” se ha confundido en algunos casos con el “periodismo militante”. Como tampoco podemos generalizar que todos los medios del sistema sean lo mismo.
En la Gráfica buscamos aportar a la tradición que desde los años ‘30 con FORJA y luego con Walsh, hacen del pensamiento nacional el punto de partida. Poniendo el eje en el “lugar del mirador”, que en nuestro caso se posiciona “desde el pueblo y desde el sur”. Con orgullo podemos afirmar que esa rigurosidad es la que intentamos respetar de manera cotidiana. Esto implica en algunos casos no dejarse llevar por la velocidad de la actualidad y las redes sociales. Y sobre todo construir “fuentes seguras”. A la vez no entrar en el juego de las operaciones, que  caracteriza sobre todo a los medios del sistema.

“En ANCLA se hacía periodismo, se escribía, se conceptualizaba”

Pablo Fernández,  /46 años), Director de Cartago TV, Neuquén.

Estar donde hay que estar. Me pasa lo mismo cuando leo que héroes de todos los tiempos como Federico García Lorca o Raimundo Gleyzer (entre muchos ejemplos) no se fueron o se exiliaron pero enseguida volvieron. Igual creo que es lógico y estratégico salir y cuidarse, pero cuando estudio lo de ANCLA… pienso que Walsh podía resguardarse, armar desde otro lado. Y no. Se queda. Él y las y los compas de ANCLA son uno de los símbolos del gesto militante completo. Como la mano de Darío intentando parar la bala asesina y poniendo el cuerpo para cuidar a Maxi. (Armo imágenes mientras dejo correr los dedos en el teclado.) Eso derrota al fascismo para siempre. ANCLA es el lugar incómodo que tiene que ocupar la ética del laburante de medios: somos laburantes, somos hijos de la clase obrera. Ese debate no está saldado: ¿para qué sos periodista? ¿para qué sacás fotos? ¿para qué trabajás en una radio? ANCLA nos da una misión, ¿no? nos anticipa una respuesta también. Esos gestos son cajas de herramientas para todos los tiempos.

Creo que ANCLA nos ayuda también a no hacer una cultura de lo artesanal. A veces, en el campo de la comunicación popular solemos relegar la técnica y la formación por el empuje y la fuerza del voluntariado. Entiendo que es lo primero que tenemos y arrancamos con esas tormentas en el ánimo, ¿no? O sea: poner al servicio de las luchas y la historia de nuestros pueblos, nuestro recurso. Incluso el tema de cómo rentabilizar el laburo para no correr la coneja y precarizar todavía más los contenidos y la manera de publicarlos y transformarlos en insumos., horas de culo en silla y descabezar el tema y explicarlo. Editar, compaginar, sistematizar. ANCLA, en clandestinidad, esa dinámica lo mantenía. Bueno, incluso, sigue siendo un Rubicón que todavía no cruzamos: cómo, dentro de la comunicación, ser cada vez mejores recreando la subjetividad revolucionaria.                                                                                              

A ver. Banco los prontuarios; creo que la mayoría sí lo tiene en cuenta. Pasa que estamos muy en la lona y lo urgente delega lo importante. Y terminamos subiendo todo, foteando a morir, haciendo la nota, el documental, las imágenes, wasapeando todo, «porque hay que difundir al toque y ayúdennos etc. etc.» Y entonces no nos acordamos un carajo de contrastar, de no exagerar y terminamos también hablándole al convencido. Hablo por Cartago TV, nos pasa seguido. Me gustaría tener más tiempo para que el material repose, dejarlo, y luego retocarlo. Que quede mejor armadito, mejor musicalizado, mejores gráficas, recursos estilísticos piolas para que no se percuda el trabajo. Pero no llegamos en la mayoría de las veces. Igual, ojo, sostengo que los callos de tantas derrotas (hablo en términos de recursos estilísticos que se pierden o no se aprovechan) también ayudan a apuntar mejor, a reflejar la diversidad y riqueza del testimonio. Podemos generar esa técnica. Al fin de cuentas nuestro enemigo no es la foto mal sacada, el video con el sonido choto o la redacción sin contexto. Nuestro enemigo es el imperialismo.

«Las enseñanzas de Rodolfo Walsh están presentes en nuestro cotidiano como periodistas populares y feministas#

Camila Parodi (30 años). Periodista Feminista, integrante del Colectivo Editorial Marcha y editora de la Sección Internacionales. Portal Marcha, Buenos Aires

 

Como periodista popular y feminista, hablar hoy de una experiencia como la de la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) que desafió de manera colectiva a los poderes establecidos, denunciando todas las violencias y prefigurando otras realidades posibles, es hablar de una continuidad histórica de experiencias y propuestas políticas a la hora de disputar la palabra publicada desde los periodismos. Esto confirma nuestra mirada en torno a que el periodismo popular, feminista, contrahegemónico, crítico y, por ende colectivo, es una herramienta política necesaria para impulsar los cambios y fortalecer las resistencias de los pueblos. Hoy, esta experiencia se multiplica a través de muchos espacios que acercan la voz de les más invisibilizades en sus plataformas. Y si bien, las coyunturas políticas son distintas, las propuestas de periodismo como las implementadas por ANCLA -que comunicó en los tiempos más hostiles de nuestra historia sin dejar de lado sus valores y convicciones- nos invitan a continuar con el oficio de una manera provocadora y desafiante. Sobre todo en el actual contexto donde las empresas de comunicación amenazan con el control total de la información y nos obligan a crear nuevas estrategias de comunicación y difusión. 

 La experiencia sentida y situada de ANCLA frente al contexto de censura, persecución y represión, así como su compromiso con la transformación social es una práctica que se repite y multiplica en la actualidad. Ciertamente, hoy son muchos más los frentes de disputa y resistencias pero el objetivo es el mismo: cambiar, a través de la información y comunicación de nuestros procesos populares y feministas, todo lo que deba ser cambiado como diría Fidel Castro. El actual momento nos exige la implicación y el conocimiento de todas la causas, luchas y demandas para un verdadero cambio donde no haya desigualdad ni violencias, y encontramos en el periodismo popular y feminista una herramienta política para ponerlo en marcha.

Las enseñanzas de Rodolfo Walsh están presentes en nuestro cotidiano como periodistas populares y feministas, y esto se debe, principalmente, al respeto que tenemos a la palabra y experiencias de les protagonistas de nuestras noticias. La rigurosidad de nuestro periodismo se asienta, sobre todo, en la necesidad de comunicar de la manera más genuina posible la voz de nuestros interlocutores, que son quienes ponen el cuerpo en la defensa de nuestros territorios y derechos. En ese sentido, también, es imprescindible pensar siempre en las personas que nos leen. Nosotros, no queremos hablarles a les convencidos, tampoco queremos hacer periodismo de escritorio ni de academia. Hacemos periodismo popular, salimos a las calles y barriadas populares, acompañamos las historias que son de denuncias de las múltiples violencias pero que también son de liberaciones y resistencias. Por eso, no sólo tomamos la experiencia de Rodolfo Walsh a la hora de hacer periodismo, también retomamos las prácticas llevadas a cabo por su colega, Enriqueta Muñiz quien mantenía los vínculos y el acompañamiento de les entrevistados. Nuestro periodismo es de la palabra pero también del afecto y por eso, para nosotras, antes que la noticia están las personas y sus historias.

ANCLA, 45 años después: Una gran ventana de oportunidad que sigue iluminada

Por Lucila Pagliai

No soy periodista (la única no periodista entre los que Walsh convocó para hacer ANCLA), vengo de la Universidad y soy egresada de Letras; por formación y práctica conozco el oficio de escribir, pero no tengo la pluma rápida. Ante la urgencia de la entrega que impone esta convocatoria de Resumen Latinoamericano¸ trataré de compartir aquí algunas reflexiones sobre cómo veo las irradiaciones de la experiencia ANCLA 45 años después.

Ante todo, creo que ANCLA se ha constituido en una gran ventana de oportunidad iluminada por la figura cada vez más agigantada de Rodolfo Walsh como periodista y escritor, dos calidades inescindibles en su vida y su personalidad. Escuchando y leyendo a los jóvenes comunicadores populares, creo también que, desacoplada de las contingencias de una época extrema que como condición de existencia exigió el repliegue y la clandestinidad, el mayor legado que dejó la experiencia ANCLA en el imaginario es que con un proyecto claro, esfuerzo y mucha convicción todo es posible y vale la pena intentarlo.  

Los jóvenes comunicadores que convocó Resumen Latinoamericano para este Especial celebratorio tienen eso en común: que lo intentan, que se mueven en un difícil espacio no hegemónico, que aprovechan los intersticios que les deja el sistema, que no se plantean competir con la lógica de la masividad, que los guía un proyecto de transformación emancipadora en diversos campos y se proponen dar voz a los protagonistas habitualmente silenciados. 

Al borde de convertirse en una experiencia mítica, no importa si se leyeron los cables, si se atribuyen a ANCLA frases de Walsh de otros medios que había inventado en paralelo o si se sabe a qué destinatarios llegaban en aquel momento de máxima censura y represión brutal sobre el conjunto del colectivo social (la Agencia no fue un proyecto masivo, no podía serlo, era imposible que los despachos se distribuyesen en las bases populares, se trataba de informar a los que informan, amigos y enemigos, con poder de irradiación de la noticia en el flujo de la oralidad).

Sí importa en cambio que se sabe que con los cables de ANCLA se logró romper el cerco informativo, haciendo inteligencia de las noticias que se difundían en los medios adictos al régimen o amordazados, buscando fuentes alternativas e indirectas de información, y sobre todo, creando una amplia red de informantes y colaboradores que atravesaba las clases sociales y los compromisos políticos, y que tenía a la base militante como “escucha” y trasmisora privilegiada de lo que se vivía, ocurría, se sabía o se contaba en la realidad del territorio.

Si bien es cierto que la Mesa de redacción de la Agencia de Noticias Clandestina bajo la conducción de Walsh tomaba decisiones y actuaba con relativa independencia; trabajó de manera artesanal con cuatro militantes, cuatro máquinas de escribir, un escáner, un mimeógrafo; y funcionó en locales improvisados y cambiantes la mayoría del tiempo, creo importante recalcar que no fue una patriada heroica de un grupo singular: compartían un proyecto político emancipador, un gran compromiso con ese proyecto, una gran solidaridad militante con el otro cercano y colectivo, y aunque muy golpeada y con diferencias, tenían una Organización detrás. 

Para concluir con estas rápidas reflexiones, quiero señalar dos características de esta convocatoria de Resumen Latinoamericano que son para celebrar: por un lado, que en vez de volver a contar nosotros lo que tantas veces ya dijimos sobre nuestra experiencia como integrantes de aquella ANCLA histórica, se haya preferido escuchar a jóvenes comunicadores populares respondiendo a tres preguntas diversas sobre el alcance de la Agencia en su práctica de hoy; y que, por el otro lado, aunque de manera acotada, se haya tratado de abrir el juego de la participación a los medios del interior, asumiendo que en la Argentina todavía el poder federal muchas veces sigue hablando y pensando el país desde esta cabeza de Goliat.

  

ANCLA no se quedó anclada en el tiempo

Por Carlos Aznárez

La Agencia de Noticias Clandestinas fue pensada por Rodolfo Walsh para tratar de dar respuesta informativamente a todo lo que la censura dictatorial quería ocultar e impedir. El proyecto era ambicioso y entusiasmante a la vez, ya que en su recorrido se fue demostrando que se podía generar un espacio de libertad de expresión que no solo tenía un alcance local sino también internacional. En el primero, aunque de forma limitada por las condiciones represivas de la época, se apuntaba a receptores específicos, tratando de esclarecer sobre lo que estaba ocurriendo, denunciar o también general contradicciones en el campo del enemigo. En lo que hace, a los envíos a medios y personalidades del exterior, se buscaba que los receptores pudieran convertirse en retransmisores de lo que aquí sucedía. Ese fue, sin duda, un valor agregado que le generó no pocos dolores de cabeza a la dictadura a nivel internacional.

Rodolfo Walsh en tiempos de la Agencia Prensa Latina en Cuba

 

Por otra parte, ANCLA hurgaba en las propias informaciones del enemigo, sabía arañar día a día en las plataformas comunicacionales estrictamente censuradas y revertía con datos propios lo que se pretendía ocultar o mostrar edulcoradamente. El desafío residía en ese momento en no dejar pasar como naturales las mentiras, vilezas y acciones criminales de la dictadura y poder combatir ese discurso con pistas creíbles para que el lector sacara sus conclusiones sobre la oscura realidad que se estaba viviendo.

45 años después puede decirse que se trata de lo mismo: romper el silencio asfixiante del discurso único que imponen los medios hegemónicos, incluidos los oficialistas. Cuando hablamos de estos últimos nos referimos tanto a los tradicionales de la derecha como a los que suelen llamarse “progresistas”, y rinden cuenta al gobierno que los patrocina. En ese sentido, salvando la diferencia de épocas y el no operar periodísticamente desde la clandestinidad, ANCLA hubiera sido una de las herramientas fundamentales para investigar muchas de las tropelías cometidas ya no en los años de plomo sino en los de las democracias rigurosamente vigiladas.
En ese sentido, para dar solo algunos ejemplos de los tantos a tener en cuenta, ANCLA, hubiera metido su bisturí a fondo para desentrañar los cientos de negociados que se dieron en el gobierno de Carlos Menem, poniendo, como uno de los ejemplos emblemáticos, la investigación sobre la venta de armas a Ecuador, Croacia y Bosnia, que culminó en la voladura provocada de la Fábrica Militar de Río Tercero en 1995. O juntar todos los elementos posibles para descubrir si los atentados a la embajada de Israel y el de la AMIA, en 1992 y 1994, ocurrieron como asegura la versión oficial o si hay algo más que las distintas fórmulas conspirativas puestas en juego.

De funcionar en el año 2006, la Agencia hubiera volcado toda su capacidad organizativa para rastrear quiénes secuestraron y seguramente asesinaron al militante peronista Jorge Julio López, hecho ocurrido en septiembre de ese año, poco después que López -un militante peronista, ex detenido desaparecido- declarara en la causa en la que posteriormente fue condenado a prisión perpetua el comisario Miguel Etchecolatz. Es cierto que la sabiduría popular sospecha quien fue el que dio la orden desde la prisión pero no es menos cierto que ni desde el gobierno ni tampoco desde las instituciones que deberían haberse comprometido a hallar la verdad, hubo mucho interés de hacerlo. Incluso, no faltaron voces desde el propio campo popular, que en aras de no torpedear a la Rosada terminaron acusando a la víctima.

¡Qué no hubiera hecho ANCLA en el gobierno de Mauricio Macri y la niña mimada del Mossad, Patricia Bullrich! Desde ya, trabajar a fondo sobre las escuchas ilegales, los negociados, la subordinación al FMI, los bonos a cien años, el Correo, la compra de armas, la persecución al pueblo mapuche, las privatizaciones y lo que ello conllevó de entrega de la soberanía, la connivencia con un aparato judicial cuasi dictatorial, y por supuesto, la investigación a fondo de los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Macri, como lo hizo la Junta Militar del 76 hubiera puesto a la Agencia en la mira, de la misma manera que trató de hacer con buena parte de los medios populares que se le opusieron.

¿Y en la actualidad? ¿A alguien que conoció la valentía y la sagacidad de Walsh le cabe alguna duda que ANCLA no se estaría metiendo a fondo -es solo un ejemplo entre muchos- en saber las razones por qué no están detenidos los policías bonaerenses, expertos en el gatillo fácil, que montaron la operación que terminó con la desaparición del pibe Facundo Astudillo Castro o en buscar pruebas (más aun que las conocidas) para denunciar a los asesinos prefecturales del luchador mapuche Rafael Nahuel? En esa actividad investigativa seguramente no quedarían bien parados ni el ministro de Seguridad Sergio Berni ni los altos funcionarios que lo protegen.

Repito, ANCLA no le fallaría a la información que hay que tener para que no nos controlen tan fácilmente, esas noticias que todos los medios hegemónicos ocultan o tergiversan.

Entonces, cabe preguntarse: ¿pero no ocurre acaso que son (somos) muchos los y las comunicadoras que siguen haciendo honor al legado de ANCLA? Ellos y ellas, que sin recursos pero con pasión periodística, recogen las enseñanzas de Walsh y optan por la idea de jugarse a fondo en defensa de quienes están desprotegidos, quienes en su desesperación por denunciar alguna injusticia acuden a tal o cual medio alternativo para que lo ayude a difundir esa reivindicación. Así lo vemos todos los días con el caso Tehuel, con los cientos de femicidios, con los crímenes del gatillo fácil o con las flagrantes denuncias de por qué no llegan vacunas a los barrios más humildes.

ANCLA no fue una marca registrada ni una empresa comercial, sino un proyecto militante y colectivo, una plataforma clandestina y revolucionaria, con un equipo dinamizador, con un maestro de la literatura como impulsor, cargado de ideas útiles y no poca sabiduría en el plano comunicacional, y decenas de abnegados colaboradores, gran parte de ellas y ellos, repartidos por todo el cuerpo de la Organización a la que adherían. A estos últimos, entre los que están nuestros y nuestras queridos compañeros ligados a la Agencia que fueron secuestrados y asesinados, va dedicado este trabajo.

Hoy, a 45 años de esa experiencia comunicacional de resistencia y lucha que fue ANCLA, quienes sobrevivimos al Terrorismo de Estado, nos sentimos orgullosos y orgullosas de haber sido parte de la misma, de trabajar con Rodolfo y absorber sus enseñanzas, y de hacer lo posible en todo momento para intentar desenmascarar los planes de exterminio de la dictadura. Como todos saben, la experiencia duró alrededor de un año y medio, pero su repercusión ha recorrido intermitentemente estos 45, sentando las bases, tanto en Argentina como en otros países del continente, para reproducir estructuras similares en los tiempos difíciles que vivimos y los que seguramente vendrán.

 

Nota: Este trabajo periodístico se publicará en la edición impresa del periódico Resumen Latinoamericano del mes de Junio/ Producción Especial de Resumen Latinoamericano (a cargo de Carlos Aznárez y Lucila Pagliai).

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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