Agendas de país desde la comunicación: Entrevista a Jesús Martín-Barbero

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                                                             “Cuando yo digo agenda no estoy relativizando nada.   Estoy   defendiendo  la riqueza del ser humano que es su   diversidad”.

                                                                           Jesús Martín Barbero

 

Por Maribel Acosta Damas y Zenaida Costales Pérez (*).

Este es un homenaje al gran investigador colombiano fallecido recientemente, quien con su luz, ha formado varias generaciones de comunicadores en América Latina, que visitó Cuba y fue el más generoso profesor para los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y el más entrañable colega en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

 

A más de treinta años de la aparición del trascendental texto del investigador Jesús Martín Barbero,  De los medios a las mediaciones, reconstruimos este diálogo con el comunicador colombiano; cuya vigencia permanece intacta en medio de un escenario complejo y de relatos corales por la reconquista de sensibilidad humana.                                                                                                                                                                                          

Acosta: Usted ha dicho en La Habana que defiende la pluralidad de agendas de país, porque de un país no ve lo mismo un niño hoy de 10 años de clase obrera, que un viejo banquero; cada uno tiene su agenda de país. Y por tanto coexisten otras agendas: de mujeres, de indígenas, de negros, de homosexuales, de lesbianas, que tienen su agenda de ofensas, de logros y de luchas. Y ha hablado de reconstruir esas agendas desde la Comunicación en América Latina ¿Cómo mirar la comunicación desde esta perspectiva?

M. Barbero: Tenemos que reconstruir con agendas de país a América Latina y desde ahí buscar nuestro lugar en el mundo. Cuando digo esto no estaba volviéndome a lo provinciano al hablar de agendas de país, lo que estoy diciendo es que no nos vamos a integrar si no nos integramos políticamente. Y justamente ahí está el lugar de la Comunicación. Desde que entré en el campo de comunicación en el año 1973, cuando regresé de hacer mi doctorado en Bélgica y en París, escribí De los medios a las mediaciones a sabiendas de que la inmensa mayoría de las Facultades de Comunicación y los profesores no iban a entender ese libro. Ese libro era muy denso filosóficamente, soy doctor en Filosofía y de Historia, Semiótica, Antropología, pero ¿les digo claramente por qué era posible no entenderlo? Ese libro no lo escribí para ellos, lo escribí para las Ciencias Sociales de América Latina. Quería que los temas de Comunicación los estudiaran los sociólogos, los politólogos, los antropólogos, o sea,  los que podían hacer investigación.  Creé una Facultad de Comunicación que no tenía nada que ver con las escuelas de Periodismo que había en Colombia. Concebí a  las ciencias sociales estudiando medios, procesos y prácticas de comunicación.

Costales: Su texto paradigmático De los medios a las mediaciones, que cambió la concepción de la comunicación en América Latina ¿cómo lo mira hoy? Usted ha hablado de una Teoría de la Comunicación interdisciplinar, por la presencia de dimensiones sicológicas y antropológicas que la atraviesan, incluidas las culturas políticas como un bastión América Latina. Ha dicho que hemos hablado mucho más de ideologías, que son de los partidos, y menos de las culturas políticas que son de la gente, de las regiones. ¿Cómo lo analiza desde la realidad actual latinoamericana y desde la perspectiva de agendas de país desde la comunicación?

J.M. Barbero: Cuando escribí ese texto no partí de los medios, sino de cómo se comunicaba la gente en la casa, en el barrio, en el estadio de fútbol, en la iglesia, o sea, los procesos de comunicación. Me negué a aceptar la visión norteamericana de un ingeniero de teléfonos que se llamó Shannon, que tuvo la loquera ingenua de los gringos  de llamar  Teoría General de la Comunicación a un libro sobre ingeniería de transmisión de mensajes, donde lo importante era el ruido y la redundancia porque ahí se perdía energía. O sea, toda una teoría transmisiva; no tenía nada que ver con comunicación y yo había hecho mi tesis  doctoral  sobre eso, se llamó  El lenguaje y la acción por una dialéctica de la liberación del año 1971. Cuando regreso a Colombia, me digo ¿y eso qué es?!  Entonces….lo que planteo es: de alguna manera la relación posible entre estas propuestas se apoyan en cambios que están teniendo lugar. Y es que hoy vivimos una situación muy paradójica en el mundo capitalista. La tecnología durante toda la historia fue un asunto de instrumentos y la política era un espacio clave de construcción del sentido de la vida colectiva. Ahora es al revés: la política se vació de ideología y de densidad simbólica y la tecnología se ha vuelto cultura y densidad simbólica. Ahí  considero que está el fondo del asunto.  Y entonces desde  la comunicación es que  me planteo las agendas de país. Por ejemplo, desde Colombia señalo algunas como:

  1. La guerra. Conflictos, memorias y relatos.
  2. Violencia. Imágenes y medios.
  3. Desafíos de la Sociedad de la Información al país.
  4. Educación. El más estratégico escenario del cambio.

Y creo que si no logramos transformar la educación -desde la educación básica- todas las políticas culturales seguirán sin formar públicos, sin formar ciudadanos capaces de diferenciar entre un noticiero ventríloco, una telenovela que le aporta algo al país, donde cabe alguito del país, o un mensaje comunicativo donde solo hay puro melodrama pendejo para vendérselo a los gringos.

En  Colombia nos mató el éxito. Como tuvimos éxito con Café y otras telenovelas, luego vino Betty la Fea, que para mí es una inmundicia, completamente estereotipada. Café es la historia del país entero. Esa telenovela es todo el tránsito del tema cafetero que sale del agro, se vuelve urbano, nacen empresas de café  compitiendo y después el hundimiento del precio del café por una decisión en la bolsa norteamericana. Todo eso estaba en Café, estaba el país en su historia.

Acosta: ¿Pero cómo construir agendas de país desde la Comunicación? ¿Desde qué ejes?

J.M. Barbero: Cada país tiene que pensar las mediaciones, no los medios; esos son los que tenemos en común. Debemos encontrar las mediaciones peculiares de construcción de país, de refundación de país. Lo que planteo es poder tener una imagen de país que nos permita pensar en la complementación con América Latina. Y es que es teniendo un agenda de país será que podremos entrar no en un dialogo, sino en una complementación de unos países con otros de América Latina y pensar entonces  nuestro lugar en el mundo; y esto desde los más pragmático.

Lo que le digo a mis alumnos colombianos:… ¡es que los japoneses vienen a pescar atún en las playas del pacífico colombiano  y los colombianos no han sido capaces de pescar atún, tienen que comprar atún español!  ¿Cuáles son las posibilidades que la educación abre para que la gente salga con capacidad de crear nuevas líneas de producción, en el ámbito cultural, en el ámbito social, en cualquier ámbito? Este es el tema para mí: la innovación. No la innovación del individuo narcisista, sino la innovación que genera riqueza colectiva.

Hoy todas las universidades de América Latina  piensan en el mercado laboral de los comunicadores pero esto se ha convertido en una cooptación pues ahora resulta que son los empresarios los que le dicen a las facultades de comunicación cómo tienen que ser los periodistas, los publicistas o los relacionistas públicos.  Yo digo, ¡Un momentito!  Sé que no puedo ser suicida, tengo que tener en cuenta el mercado laboral de los comunicadores pero la sociedad es mucho más ancha que el mercado laboral. No puedo graduar solamente los comunicadores que me pidan las empresas, tengo que pensar que el país está pidiendo otros comunicadores para otras agendas que no le interesan al mercado. Si la universidad se queda solo con el diagnóstico que hace el mercado laboral estamos jodidos. La sociedad es más ancha que el mercado.  Podemos inventar profesiones en relación con demandas sociales y ese es un gran reto desde la educación y la sociedad misma.

Costales: Se ha referido a un cambio de sensorium y ha expresado que este cambio de sensibilidad ha encontrado en la tecnología algo visto antes por Walter Benjamín. Mientras él halló que la nueva sensibilidad era entonces la aparición de unas masas urbanas para las cuales ya no había barreras, este crecimiento del sentido de lo igual en el mundo de que hablara Benjamín, encuentra ahora su escenario en lo que hace posible Internet como una figura, no como tecnología; por esa posibilidad de que lo mejor que ha producido el ser humano en todos los ámbitos deje de ser de unos pocos. ¿Cómo se expresa hoy este cambio de sensibilidad?

J.M. Barbero: ¿Cuáles eran antes los dispositivos de la sensibilidad? Eran la imagen fija y la contemplación.  ¿Cuáles son los dispositivos del nuevo sensorium? La dispersión, la imagen múltiple, o sea, ¿cuál es el paradigma? Es el ciudadano que va por una avenida grande de la ciudad llena de gente  y no puede ir  contemplando abstraídamente el paisaje porque pisa a todo el mundo y lo pisan a él. Y lo que se lleva cuando llega a la casa es un montón de imágenes, de impresiones, en plural. No es una imagen, es un montón de imágenes. Entonces con un montón de imágenes tú armas un reportaje, tú narras….

Me viene a la mente esta imagen redonda: un obrero que se queda confuso frente a una obra de Picasso y sale feliz de una película de Chaplin, porque siente que ahí está su sensorium. Y no estoy diciendo nada contra Picasso, solo que sigue siendo una pintura metida en un marco y pegada a una pared… Tenemos ese relato precioso de cómo el cine nos salió a buscar a la calle, iluminó las fábricas y alumbró la vida cotidiana. Hoy asumimos el sentido para lo igual en el mundo, ahora todos tenemos derechos. Algunos consideran se va  subvertir el mundo porque evidentemente el disco acabo con el concierto en el sentido que el concierto había sido siempre para una élite y ahora puedo escuchar a Beethoven en mi casa… ¡Ay  pero es que la magia del concierto!!!… Mire, quédese con su magia, yo me quedo con el disco  que permite que millones de personas puedan disfrutar la 9na Sinfonía de Beethoven; y eso no significa estar  contra el concierto. Ese es un tipo de experiencia, pero hay otra que es accesible a la inmensa mayoría de los mortales de este planeta.  Y a mí me interesa  lo que les pasa a la muchedumbre, no lo que le pasa al individuo solo, en su narcisismo.

Acosta: Frente a un concepto de sociedad de la información tecnologista e instrumental usted ha defendido que la declaración de la sociedad civil del mundo planteó una idea más cercana a Castells que es hablar de sociedad informacional y añadir el plural, o sea sociedades; y el término informacional para la sociedad civil es la que caracteriza a una forma de organización social en la que la creación, el conocimiento y el poder van a encontrar nuevas formas de funcionamiento y de distribución.¿Entonces, qué lugar ocupan las nuevas tecnologías en la construcción de discursos contra hegemónicos?

J.M. Barbero: Tengo mi pequeña utopía. En su discurso de Premio Nobel García Márquez dijo: “…esos pobres pueblos que llevan cien años de soledad, ¿tendrán algún día una segunda oportunidad sobre la tierra?… “

Yo creo que estamos en un momento en el que esa segunda oportunidad podría existir. Mi pequeña utopía es que de alguna manera, transformaciones del sensorium y transformaciones tecnológicas vienen a posibilitar -y lo digo poéticamente- el palimpsesto  en su encuentro con el hipertexto, porque América Latina es mucho más gesto, canto, cultura sonora, cultura visual, que cultura letrada; para bien y para mal.  ¿Por qué? Porque como Ángel Rama escribió, la cultura letrada ha sido profundamente excluyente y sigue siéndolo. Y observo cómo hasta muchos de los intelectuales de izquierda siguen creyendo que tienen el derecho a determinar la cultura que necesita la gente, ¿de dónde? ¿Cuál dios les inspira a ellos? Si no se ponen a la escucha de lo que dice la gente, de lo que vive la gente y se encierran en su lugarcito a resolverle los problemas al país, no comprenderán los fenómenos de hoy. No existe una sola inteligencia, racional, occidental, modelo, hay muchas inteligencias distintas. Esas inteligencias distintas caben en el hipertexto, no  caben en el libro.

Costales: Se ha confesado usted como alguien que cree en las redes de radio y televisión ciudadana como el embrión de una nueva concepción de lo público y de lo político. ¿En el contexto de hoy, donde situar la televisión que continúa siendo muy importante para América Latina?

J.M. Barbero: Cada vez los procesos son más complejos, cada vez habitamos una sociedad más compleja. Esto no significa que sea mejor o peor que la anterior, ni más bella ni más fea, pero es más compleja. O sea, percibimos en ella mas dimensiones. Entonces, esta sociedad compleja cabe cada vez menos en esa simplificación que es la noticia. En términos de tiempo, ¡no hay tiempo! Y el poco tiempo que se le da es para escenificar, no es para contextualizar, no es para ponerle memoria a la noticia. No hay relato y sin relatos no hay intercambio de experiencias, no hay sentido. Entonces creo que se puede fortalecer la televisión pública.

Le cuento una anécdota: Cuando volví de México a Colombia, fui hasta el Senado a defender una pequeña reforma de televisión para fortalecer y poner en red el canal público nacional con los canales regionales, con los canales locales, incluso con canales comunitarios fuertes.  Propuse que hiciéramos una red con economía a escala, para coproducir y comprar la mejor televisión que se haga en otros sitios y además adquirir programas de todas partes de debates, de historia del país, de documentales, ¿por qué no es posible esto? Porque no quieren, porque tienen miedo.  Llevo veinte años recibiendo videos que me envían montones de jóvenes de todas partes, sin embargo no hemos conseguido que haya ni una hora a la semana de videos de jóvenes en la televisión pública de Colombia.

Acosta: Martín Barbero nos ha advertido: “No caigamos en el pesimismo de grandes intelectuales europeos, como Giovanni Sartori, y su libro Homo videns, a quien la periodista mejicana Carmen Aristegui –a propósito de su postura contra la televisión- le preguntó ¿qué tipo de televisión ve usted?; ¿a qué hora ve televisión usted?” Y él respondió: “¡¿Yo televisión?!”. Y le dice la Aristegui “¿cómo entonces escribe un libro de que se acabó la civilización occidental porque a la gente le gusta más ver que leer?” ¿Cómo analiza esta tendencia de la inculta la televisión?

J.M. Barbero: Estudio la televisión que ve la gente, la que disfruta la gente. Te cuento otra anécdota: En una revista esplendida que hace un amigo, un intelectual a quien quiero mucho por lo que ha hecho después, escribió un artículo  con el título La telenovela o el bienestar en la incultura. Me lo entregaron antes de publicarlo para un buen debate. Entonces yo respondí con el artículo La televisión o el mal de ojo de los intelectuales. El artículo con el que debatí  acaba diciendo que lo que más le molestaba de la televisión no era lo que le hacía a la mayoría de la gente… ¡pobre gente, algo saca de la televisión! Para él lo ofensivo era que le quitaba tiempo a la gente inteligente… Primera aberración! Y segundo, después de todas las luchas que hemos tenido en América Latina para tener una televisión pública, donde quepa el país, donde quepa la diversidad, donde quepan las ciudadanías, donde quepan los jóvenes… ¿qué hacemos? ¡Se va todo al carajo porque la única solución es apagarla!

Costales: Si como usted afirma hoy la comunicación no es una cuestión de control de medios, sino una cuestión de entornos, de ecosistemas comunicativos, ¿cómo articular el nuevo sensorium, la política y la cultura para construir agendas de país?

J.M. Barbero: En Ciudad Bolívar, que es donde conviven casi medio millón de desplazados de toda Colombia,  usted puede ver como gente joven está  enseñando danza. Se hacen concursos de danza y a través de esa manifestación artística están empezando a crear un mínimo de relaciones entre gente que llegó de lugares diversos; ellos están construyendo tejido social con danza, teatro, música… ¡Claro…  que si dices a un político que eso es política, no lo creería jamás!

Si la cultura es la construcción colectiva del sentido, no solo de la cultura hecha y no solo como derecho a la cultura que ya existe; sino a la que puede crear alguien, entonces emergen cultura y política como escenario que convoca, que saca a los individuos de su consumismo y los pone a pensar en colectivo, en común. Trasciende la cultura común, esa que está por encima de todo lo que somos, la que de alguna manera es lo sano  de lo que llamamos nacional en su diversidad, pero a la vez en lo que tiene de común. Ahí es donde se ligan  las posibilidades de desarrollo político desde la cultura, como la posibilidad de que la gente se sienta con capacidad de expresarse. Las políticas culturales deben contener los derechos al acceso pero sobre todo el derecho y los recursos para que la gente produzca cultura; haga teatro, videos, música… ¡para que la gente haga!  No estoy diciendo que  en todos puede haber un Mozart que no tuvo las condiciones sociales, pero sí puede haber alguien que puede contar la historia de su pueblo…

Acosta: ¿Cómo sobrevivir a las industrias culturales?

 J.M. Barbero: Usándolas y apropiándonosla y haciendo lo que nosotros queramos con ellas porque también se puede.

Costales: ¿Quién es hoy Jesús Martin-Barbero?

J.M. Barbero: … Un hombre metido cada vez mas dolorosa y conflictivamente en mi país y poniendo un granito en la construcción de una América Latina que realmente nos integre políticamente. 

 

(*) Publicado originalmente en la revista Alcancende/ Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Foto de portada: Archivo / La República. 

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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