Hablar sobre las drogas para salvar vidas

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Por Patricia Guerra Soriano (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

Las drogas cuestan vidas. En una época en la que la velocidad de la información supera a menudo la velocidad de la verificación, la pandemia de la COVID-19 nos ha enseñado que es crucial cortar el ruido y centrarse en los hechos”, una lección que, para la directora ejecutiva de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), Ghada Waly, el mundo debe tener presente, mientras la prioridad continúe siendo “proteger a las sociedades del impacto de las drogas”.

Este año, la UNODC centra su campaña por el Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que se celebra cada 26 de junio, bajo el lema “Comparta datos sobre las drogas, salve vidas”.

Lograr un mundo libre de drogas -tal como promueve el organismo internacional- plantea un arduo camino en el cual son aún más necesarios los esfuerzos gubernamentales por controlar el consumo de estupefacientes. El Informe Mundial sobre las Drogas 2021, publicado este jueves, lo demuestra.

De acuerdo con el documento, alrededor de medio millón de personas murieron en 2019 por causas directamente relacionadas con el consumo de esas sustancias. Un número que a pesar de no variar tanto en comparación con las cifras registradas en 2018, representa el doble que hace una década.

El incremento de los decesos se asocia al consumo de opioides, entre los que se encuentra la heroína, y a las sobredosis atribuidas al uso de opioides sintéticos como el fentanilo. Solo en Estados Unidos-confirma el informe-se reportaron en 2019 cerca de 50 000 muertes por sobredosis con este tipo de fármaco.

No sorprende que una de las condicionantes de esta convulsión social sea la pandemia de la COVID-19 con su estela de contagios, muertes, traumas psicológicos, cuarentenas prolongadas, languidecimiento y hastío social. Según Naciones Unidas, más de 100 millones de personas viven en la pobreza extrema y los índices de desempleo y desigualdad se han exacerbado con una pérdida de 255 millones de puestos de trabajo en 2020.

UNDOC precisa que, aproximadamente 275 millones de personas consumieron drogas en el mundo durante el último año, lo que representa un 22 por ciento más que en 2010. Al respecto, el organismo explica que la subida se debe, en parte, al crecimiento de la población mundial aunque también es un indicador de una mayor variedad de sustancias.

Entre los jóvenes ha disminuido la percepción del peligro de consumir determinadas drogas. Así sucede con el cannabis, reconocida como una de las más populares a nivel mundial, con alrededor de 200 millones de consumidores. El estudio realizado demostró que la potencia del THC, su principio activo, se ha incrementado y su presencia se ha cuadruplicado en Estados Unidos durante las dos últimas décadas, al tiempo que comprobó, paradójicamente, la disminución hasta en un 40 por ciento de los adolescentes que perciben los efectos nocivos.

A este panorama se suma la realidad de los países en desarrollo. Según la UNODC, entre 2015 y 2019, en Centro y Sudamérica se multiplicaron por cinco las incautaciones de nuevas sustancias psicoactivas sintéticas, números que también vieron un alza en África, en el sur y suroeste de Asia y en el Cercano y Medio Oriente.

Se calcula actualmente que existen más de 36 millones de personas con graves problemas de drogadicción, un aumento de seis millones con respecto a los registros de 2016. Esta situación, unida a la llegada de una nueva generación de drogas sintéticas más baratas, el incremento de su potencia y la expansión del uso de opioides como el tramadol en África, han trazado una tendencia preocupante para las naciones de bajos recursos.

Naciones Unidas prevé, hasta 2030, un aumento del 11 por ciento en el número de personas que consumen drogas; mientras que en África, esa variable ascenderá más de un 40 por ciento.

Al inicio de 2020, cuando la pandemia se propagó por el mundo, los países establecieron medidas de aislamiento que bloquearon por un tiempo a los mercados de drogas. No obstante, su adaptación a las condiciones con nuevas estrategias determinó una rápida recuperación, facilitada por el envío de grandes cantidades de drogas por medio de vías terrestres y marítimas en detrimento de las conexiones aéreas, aunque se detectó un empleo notable de aviones privados.

El uso de Internet tampoco se resintió en los mercados narcotraficantes. Hace menos de una década surgió la venta de drogas en la web oscura-a la que se accede mediante navegadores especiales que conservan el anonimato- y ya posee una facturación estimada de 315 millones de dólares anuales, cifra que se ha cuadruplicado entre 2011 y 2017. En este sentido, Naciones Unidas aboga por regular el uso de las criptomonedas empleadas en los pagos, pues son muy difíciles de rastrear al intentar detener el crecimiento de estos negocios ilícitos.

Por otra parte-añade el informe-es notable la producción mundial de cocaína que, con un reporte de 1 784 toneladas producidas, registra el nivel más elevado de la historia. El desarrollo de estupefacientes como las metanfetaminas se ha extendido, principalmente, en Afganistán que produce el 85 por ciento del opio mundial.

Durante la presentación del Informe Mundial sobre Drogas en 2020, la funcionaria Ghada Waly, dijo que los grupos marginados y en situación de vulnerabilidad pagan el precio por el problema global de las drogas y que, por tanto, los Gobiernos debían mostrar mayor solidaridad y apoyo, “sobre todo a los países en desarrollo”. Un año después, la situación ha empeorado y vuelven a ser los mismos desfavorecidos económicamente los que cargan con las penas más pesadas.

(*) Periodista cubana, escribe en Cubaperiodistas, sitio web de la Unión de Periodistas de Cuba.

Foto de portada: Ivanesalud.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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