La aplicación de la criocirugía en Cuba trasciende sus beneficios económicos

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Por Flor de Paz (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Cuba

Un frío intenso es capaz de destruir las células y tejidos enfermos de las amígdalas, sin que el paciente tenga que prescindir de este órgano ni de sus funciones defensivas. En lo adelante —y sin llegar a someterse a los rigores de un quirófano— dejará de sufrir por la recurrente amigdalitis.

Para el proceder, es suficiente con que el paciente esté sentado en una silla de consulta médica frente al especialista, quien vaporiza nitrógeno líquido (-196 grados Celsius) en la garganta del enfermo, y su lesión queda congelada.


“De las amígdalas solo eliminamos la parte infecciosa y dejamos todo el tejido de defensa inmunológica”, señala la doctora Marta Ortega Lamas al hablar de uno de los beneficios de la criocirugía aplicada a la especialidad de Otorrinolaringología. Foto/ Flor de Paz

La criocirugía —como se denomina al proceder descrito— se basa en mecanismos físicos, químicos e inmunológicos que ocurren dentro de las células del área tratada. Otra alternativa del tratamiento frío, la crioterapia, que a diferencia de la anterior no destruye los tejidos: emplea las bajas temperaturas para provocar dilatación, contracción, estimulación, con el objetivo de curar determinados padecimientos. Una u otra terapéutica se aplica según los requerimientos de cada paciente.

En Cuba, la aplicación de tales procedimientos es posible gracias al Equipo de Criocirugía y Crioterapia (CRIOEVA)i, de fabricación cubana, y que utiliza como sustancia refrigerante el Nitrógeno Líquido, a la temperatura antes citada.


En su interior contiene nitrógeno líquido, la sustancia más efectiva empleada en la criocirugía y en la crioterapia, debido a que alcanza la más baja temperatura y a que logra una mayor eficiencia en el tratamiento. Otra ventaja es su inocuidad. Foto/ Flor de Paz

La Doctora Marta Ortega Lamas, especialista de primer grado en Otorrinolaringología, del Hospital Hermanos Ameijeiras, aplica ambos procederes en su consulta desde 1988. En su opinión, las ventajas sociales del tratamiento trascienden las del plano económico, que no son pocas.


“De las amígdalas solo eliminamos la parte infecciosa y dejamos todo el tejido de defensa inmunológica”, señala la doctora Marta Ortega Lamas al hablar de uno de los beneficios de la criocirugía aplicada a la especialidad de Otorrinolaringología.

“Más allá del ahorro monetario —al no necesitarse salón de operaciones, análisis complementarios, anestesia, y ser ambulatoria— el paciente se dispone mejor a un acto quirúrgico donde no hay sangrados. La técnica también permite operar a ancianos y a quienes no pueden someterse a una cirugía clásica o con anestesia general, debido a enfermedades sistémicas asociadas”.

La aplicación de la criocirugía en la especialidad —añade— es útil en el tratamiento de patologías relacionadas con las fosas nasales (pólipos, tumores vasculares benignos, vasculopatías y papilomas de pequeños y medianos tamaños); la faringe y laringe (amigdalitis y faringitis crónicas, amígdalas linguales hipertróficas y tapones de Dietrich o tacos), y el oído (granulomas y lesiones de la piel del pabellón auricular).

“Solo está limitado su uso en personas con determinados trastornos neurológicos y psiquiátricos severos, retraso mental y entre los imposibilitados de abrir bien la boca”, explica Ortega Lamas.

De acuerdo con la experta, quien obtuvo en 2016 el Premio Nacional de Mayor Impacto Económico y Social, que otorga la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), a la eficacia de la Criocirugía y la Crioterapia en el tratamiento de las afecciones faríngeas crónicas, agrega que no produce dolor durante su aplicación, el tiempo de recuperación es muy corto con relación a otras técnicas quirúrgicas durante y después del proceder.

“Es una técnica profundamente humana y reporta grandes beneficios socioeconómicos al país. Además, puede ser aplicada en cualquier medio donde exista una consulta externa”.

Asimismo, “con un equipo de Criocirugía y un termo de dos litros de nitrógeno líquido en la mochila, se puede operar o dar terapia en una casa, en un portal, en una escuela o en una montaña, tanto en Cuba como en cualquier país del mundo”, concluyó la experta.

En el ajetreo de su consulta, la doctora Marta Ortega Lamas entra y sale en los cubículos de que dispone con la celeridad de un vuelo de pájaro. El largo nombre de su especialidad: Otorrinolaringología, y los años de experiencia, deben haberle hecho merecer esa presteza en el ansia por atender a cada una de las personas que suelen atiborrar su consulta en tiempos no pandémicos.


En marzo de 2020, la doctora Marta Ortega fue condecorada con la Distinción Félix Elmusa, por sus valiosos aportes a la atención médica y el apoyo a los periodistas de la radio, y en general. En sus palabras de gratitud, la experta subrayó que el reconocimiento resulta una responsabilidad para seguir llevando a los medios la profilaxis y el conocimiento médico. Foto/ Vladimir Molina

Casi tres décadas de sus aportes a la salud pública nacional, las ha dedicado a los tratamientos con nitrógeno líquido a menos 196 grados Celsius. Y ahora, a la espera de que esta pandemia termine, continúa soñando con la asiduidad de sus pacientes y el ejercicio sistemático de su profesión, que en la séptima década de su existencia da un gran sentido a su vida.

i El CRIOEVA, creado por el ingeniero Elio Villarreal Acevedo, es empleado en diversas especialidades médicas y propicia el avance en el país hacia terapéuticas menos agresivas al organismo, aun cuando la escasez de los aplicadores limita una mayor generalización de la tecnología.


Amígdalas recién tratadas con criocirugía. Foto/ Flor de Paz

(*) Periodista cubana especializada en temas científicos y Directora de Cubaperiodistas

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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