Los lances del pinocho Almagro

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Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Cuba.

El asalariado imperial Luis Almagro, ha criticado a quienes protestan en Colombia, por obstruir el libre tránsito, para coincidir con el genocida Iván Duque, quien sostiene que los bloqueos violan “los “derechos humanos” y los  “deberes humanos” y relegarle importancia a la sostenida matanza, represión y tortura, que por más de un mes padece el pueblo colombiano, además de las frecuentes ejecuciones extrajudiciales de activistas sociales y líderes campesinos.

El pálido comentario del administrador de la OEA, desde mayo de 2015, se limitó a expresar que “condenaba” las torturas y asesinatos en Colombia, sin especificar la asimetría entre los protestantes desarmados y los equipos represivos dotados con todo el poder del Estado y la luz verde del gobierno para reprimir sin límites. Tampoco especificó, quién tortura y quién asesina en las ensangrentadas calles de las ciudades colombianas, ni exigió el cese del terrorismo estatal, que ha cobrado la vida a decenas de personas, además de cientos de heridos.

En cambio, el secretario general de la OEA exhortó con énfasis a un cese de los bloqueos de carreteras, llamó a respetar los derechos de quienes no protestan, insistió “en que sean amparados los derechos de quienes no se manifiestan” y acentuó en sus declaraciones que: «El derecho a la protesta no puede ser un pretexto para vulnerar los derechos fundamentales de la población», señaló Almagro. Evidentemente el libre tránsito es su prioridad, que supera la inquietud del funcionario por la vida humana, principal derecho humano, según la declaración universal sobre el tema.

Para este impresentable, la defensa de la propiedad privada, el comercio y los intereses de empresarios son prioritarios y así lo sustentó al criticar a quienes “han transformado «la protesta en vandalismo” y “acciones de naturaleza terrorista». Para el “preocupado” la práctica de terror ejecutada por las fuerzas del desorden gubernamental a diario, no expresan el carácter fascista del ejecutivo colombiano.

La explicación que se da, de la explosiva situación se le achaca al último factor llegado a la realidad nacional: la Covid-19, pandemia a la cual se le culpa de la dura situación económica derivada de sus efectos, lo cual provocó una contracción del PIB local de 6,8 por ciento en 2020, llevando el desempleo al 16,8 por ciento  en marzo y sumiendo a casi la mitad la población en la informalidad y la pobreza, según cifras oficiales.

Esta simplificación parcializa el agobio acumulado en la población saturada de engaños de sucesivos gobiernos, que prometieron honrar los acuerdos de paz alcanzados a sangre, sudor y lágrimas de cientos de colombianos involucrados, de todas las partes participantes, que murieron, fueron heridos, y sufrieron los daños y perjuicios durante décadas de conflicto.

El desmesurado avance de otros actores como los paramilitares, narcotraficantes y escuadrones de la muerte, se minimiza hasta ignorarse, junto con la sostenida práctica ilegal de intervención gubernamental en los asuntos internos de países vecinos, en particular contra Venezuela.

Contrasta esta tolerante actitud con  su intoxicada postura, de proponer suspender la participación de Nicaragua en la OEA tras las supuestas detenciones ocurridas en ese país y que él, desde Washington, califica de “arbitrarias”, un ejemplo más de su manía de entrometerse en los asuntos internos de los países, sobre todo aquellos que sus patrones estadounidenses tienen “satanizados”.

Llegó a más, con total exageración aseguró que en ese país centroamericano se había producido una “ruptura del orden constitucional” a través de la presumida persecución del régimen del presidente  Daniel Ortega contra la oposición de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo. Clama la aplicación de sanciones contra el asediado país.

Se reiteran las preferencias políticas y humanas del asalariado Almagro, es más relevante para él las citadas detenciones, que asesinatos,  desapariciones forzadas, acciones terroristas extrajudiciales, falsos positivos y los crimines de odio cometidos con total impunidad en las calles colombianas.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: AFP.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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