Argentina: Recuerdos de mi abuela Mimi

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Por Gustavo De Vicenzo (*).

En una época de mi adolescencia iba a almorzar con ella todos los jueves al mediodía, mi abuela vivía en un tercer piso del Fonavi (1), al que por entonces se le decía «ciudad Gótica».

Creo que un modo de demostrar cariño, que tiene la gente en general, es a través de la cocina, y mi abuela no era la excepción, siempre el postre era múltiple: helado, gelatina durazno al natural….

Creo que a veces mi abuela me usaba de «conejillo de india»…Ella mezclaba postres  y luego me consultaba sobre su ansiado experimento, yo siempre respondía: riquísimo, buenísimo, quiero más!!!

Antes de irme, siempre me preparaba varios recipientes, infaltables y exquisitas las pastas caseras. Los buzones del edificio eran individuales, de madera, estaban en el hall central. La abuela siempre me pedía que al irme lo revisara: «fíjate si llegó alguna carta».

Ella me miraba desde arriba y yo desde la vieja parada del 107 le gritaba o le hacía la clásica seña universal de la expresión «no«. No llegó ninguna carta.

En más de una oportunidad, bajando las escaleras, se escuchaba el ruido del motor del Mercedito (128, creo..) que anunciaba su llegada, entonces yo batía el record histórico y olímpico de bajar rápido las escaleras rojas, mirar el buzón y salir corriendo para alcanzar justo a tiempo el Cole (2), después de pagar, corría hacia atrás del pasillo y sacaba la mano sólo para saludarla.

En algunas de esas oportunidades que olvidaba decirle si había carta en el buzón, la abuela me llamaba por teléfono al fijo de mi casa de la calle Callao, para saber el resultado de la búsqueda.

Ahora no recuerdo bien, si fue la llamada, o la insistencia, o la expresión de su rostro cuando le decía que no había carta alguna, pero seguramente, en algún momento, eso me hizo reflexionar, pensar y darme cuenta que tenía que hablar con ella, de lo que yo empecé a sospechar..

Para explicarle, que la carta lamentablemente nunca iba llegar. Ahora, lo veo lógico, hasta ese momento yo no me había dado cuenta, ni se me había pasado por la cabeza pensar que la abuela esperaba una carta de mi papá, después de más 20 años de su desaparición.

Es cierto que al principio, eran muy fuertes esas esperanzas alrededor del desaparecido. Las primeras consignas eran: Aparición con vida y Castigo a los Culpables.

Del otro lado, se hacía mucho daño: «los desaparecidos están viviendo en el exterior…» aseguraban en la Tele.

Para personas no muy politizadas y crédulas -como lo era mi abuela- fue determinante para la producción de sus propias expectativas y esperanzas la aparición con vida de su hijo.

Siempre pienso, cuánto daño se ha hecho con la familia del desaparecido.

A mi abuela Mimi «la madre que vuela», por su forma de caminar y la posición de los brazos y manos, que parecían carretear e ir levantando vuelo alrededor de la plaza. Así me lo contó Pablo que un día con Eduardo Marinángeli visualizaron esa forma notoria de transitar la plaza que tenía mi abuela.  Tenía tan desarrollada esa esperanza que uno de sus hijos, el Tío Miguel dijo: el dolor del hallazgo de los huesos de mi papá -su hijo- a ella en especial le causó una profunda decepción, desesperanza y angustia que la llevó a perder la memoria.

Aunque su cuerpo resistió unos años más, hasta hace unos pocos días atrás, su pensamiento, su espíritu y sus esperanzas habían volado un tiempito antes..

Bueno, solamente quería dejar este pequeño recuerdo que hace a la memoria de una de Las Madres de la Plaza 25 de Mayo.

Por mi abuela Mimí, por mi papá Roberto, por mi mamá Miriam, por ese futuro Hermano o Hermana, por mi otra abuela Nélida, por mis abuelos, Alberto y el gran Tito Moro.

Por todos los que se nos fueron..

Presentes, Ahora y Siempre!

P.D.: Gracias por las muestras de cariño hacia mi abuela y hacía nuestra familia.

Notas:

(1) Fonavi: Fondo Nacional de Vivienda

(2) Cole: Diminutivo de Colectivo, guagua o autobús

(*) Mimi: Noemí Johnston de De Vicenzo, Madre de Plaza 25 de Mayo de Rosario, falleció el viernes 16 de julio a los 93 años. El 26 de septiembre de 1976 su hijo Roberto De Vicenzo y su nuera Miriam Moro embarazada, fueron detenidos-desaparecidos. Durante más de cuatro décadas esperó la carta de su hijo que nunca llegó.

Gustavo De Vicenzo: Hijo de Miriam y Roberto, nieto de Mimi. Gustavo es profesor de historia y trabaja también como taxista. Junto a su hermano Darío forman parte de la agrupación HIJOS de Rosario. Gustavo tenía ocho meses y Darío no había cumplido los dos años cuando sus padres fueron secuestrados.

Tomado del Facebook del autor/ Foto de portada: Miriam, Roberto y Darío.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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