Bloqueo para recordar (VIII y Final)

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Por José Luis Méndez Méndez (*) /Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Antes de la promulgación del bloqueo hace casi seis décadas, el 80 % de los estadounidenses que viajaban al Caribe visitaban Cuba. Después de establecido, la Isla se vio excluida de los beneficios derivados de la expansión del sector. De no haber existido las prohibiciones, no menos de 25.000.000 de norteamericanos hubiesen visitado Cuba y la Isla hubiese recibido ingresos superiores a los 16 mil millones de dólares, sólo hasta el 2005.

Tomando como referencia estudios realizados por empresas estadounidenses del turismo, se estima que la industria turística cubana dejó de ingresar en el año 2010 alrededor de 1.668.000.000 de dólares por la prohibición de viajes a Cuba.

En materia de promoción turística, Cuba no puede acceder a compañías publicitarias estadounidenses, ni a los canales de promoción en ese país. Por el contrario, el país ha estado sometido a campañas, procedentes de los Estados Unidos, dirigidas a desacreditar su industria turística.

El proceso hacia la armonización de las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos ha posibilitado el establecimiento de interconexiones directas para la prestación de servicios de telecomunicaciones entre los operadores de ambos países. Sin embargo, la aplicación del bloqueo estadounidense sigue afectando considerablemente al sector de las comunicaciones y la informática en la Isla.

La política de bloqueo afecta abiertamente el libre acceso desde Cuba a los contenidos de la red de redes y el derecho a las libertades expresadas y aceptadas, por los autores que publican software con Licencia Pública General (GNU-GPL).

El daño se materializa a través de la negativa de acceso al servicio o de descarga de información, una vez que se reconoce que el enlace se realiza desde una dirección de Internet (IP) otorgada al dominio cubano .cu.

Para el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) las afectaciones del bloqueo se manifiestan fundamentalmente en la imposibilidad de acceder a la tecnología de punta del mercado de los Estados Unidos.

Los principales distribuidores de equipamiento para la radio y la televisión de las marcas internacionales Sony, Panasonic, JVC, Thomsom, Harri e Ikegami no responden a las solicitudes de compra de Cuba producto del bloqueo.

Para poder adquirir estos equipos, el Instituto Cubano de Radio y Televisión, ICRT debe recurrir a intermediarios o a terceros países, lo cual encarece sus precios entre un 25 y 40 por ciento. Incluso, aun cuando se logre adquirir el producto, es imposible generalmente contratar los servicios de postventa como resultado del bloqueo, lo cual suprime las garantías de la adquisición de equipamientos con altos costos.

La industria química ha visto afectado su desarrollo como consecuencia del bloqueo. La empresa cubana QUIMIMPEX, dedicada a la importación de productos para ese sector, realiza solicitudes para la adquisición de materias primas y piezas de repuesto a proveedores estadounidenses. En particular, se solicitó a la compañía FC-TEC válvulas de cloro para cilindros que se emplean en la potabilización del agua, negándose la misma a proveer los insumos requeridos.

El sector del transporte no ha escapado a los efectos directos y extraterritoriales del bloqueo y los daños afectaron a varias entidades del sector, cuyos ingresos económicos y su normal desempeño fueron perjudicados por la vigencia de esta cruel política, siendo la aeronáutica civil el sector del transporte más golpeado por esta política. Los motivos de las afectaciones están vinculados a los ingresos dejados de percibir, las pérdidas por reubicación geográfica del comercio, y afectaciones a la producción y los servicios.

También sufre serias afectaciones los ingresos dejados de percibir en el transporte terrestre y servicios portuarios debido a la prohibición de los viajes de ciudadanos de los Estados Unidos a Cuba y de buques mercantes y cruceros norteamericanos o que toquen puertos de ese país.

La inclusión en una lista negra de los buques que entren a Cuba, continúa afectando los ingresos por contratación de tripulantes cubanos en embarcaciones, incluso de terceros países, por reparaciones navales, y por la actividad de cruceros por concepto de pago de impuestos de tripulantes, pasajeros, y gastos operacionales de las propias navieras.

El bloqueo afecta la contratación de fuerza de trabajo calificada para la rama marítima. Por concepto de no poder enrolar tripulantes en yates, cruceros y buques mercantes, a causa del bloqueo, Cuba pierde 10 millones 188 mil dólares al año.

Los ingresos dejados de percibir por concepto de exportación de bienes y servicios cubanos a los Estados Unidos o a terceros países, como consecuencia de la aplicación de la política de bloqueo, constituye el indicador que mayores pérdidas registra en el sector.

Cuba es un pequeño país subdesarrollado con una economía que depende en gran medida del comercio exterior, de tecnología y capitales externos, de créditos, inversiones y de la cooperación internacional para su desarrollo.

Las afectaciones mayores se siguen concentrando en la prohibición de acceder al mercado de Estados Unidos, tanto para adquirir mercancías, como para comercializar los productos tradicionales de exportación como el azúcar, el ron, el tabaco y el níquel; pero sobre todo, por la imposibilidad de exportar servicios, dadas las numerosas restricciones que impone el bloqueo, entre ellas las referidas a los viajes de los ciudadanos estadounidenses a Cuba, las comunicaciones y la transportación aérea y marítima.

Aun cuando la inversión extranjera en Cuba está concebida como un complemento a los esfuerzos nacionales y se enmarca en el principio de alta selectividad asociada a proyectos de interés nacional con un significativo impacto económico y social, el bloqueo trae consigo graves consecuencias, entre las que se pueden subrayar las siguientes: No acceso a tecnología de punta que poseen empresas norteamericanas. No acceso al mercado norteamericano para las exportaciones de empresas mixtas en Cuba. No acceso a financiamientos provenientes de bancos estadounidenses para el desarrollo de proyectos con Inversión Extranjera Directa en el país.

La aplicación de sanciones y presiones a empresas extranjeras por parte del gobierno de Estados Unidos, lo que genera un efecto disuasivo entre los potenciales inversionistas e impide el establecimiento de negocios conjuntos en Cuba.

Se ha incrementado la política de hostilidad, persecución y acoso del gobierno de los Estados Unidos al sector bancario y financiero cubano. Se ha endurecido el hostigamiento sobre instituciones financieras y bancarias extranjeras.

Las principales afectaciones producidas al sistema bancario-financiero son las siguientes: Encarecimiento de los costos financieros, al estar obligados a recurrir al “doble forex” para poder cumplir con las obligaciones que los acreedores exigen pactar en dólares estadounidenses, lo que origina pérdidas por las variaciones de los tipos de cambio o por el pago de coberturas con otras instituciones extranjeras para cubrir el riesgo de esas variaciones, y resulta bastante costoso; cierre de cuentas en un número importante de bancos extranjeros; negación de bancos corresponsales a confirmar o avisar cartas de crédito; rechazo de algunos bancos extranjeros a realizar pagos de entidades bancarias cubanas.

Resulta extremadamente difícil remesar al país fondos procedentes de pagos por concepto de bienes, servicios, colaboración técnica, no se puede canalizar de forma efectiva y segura la recepción de los pagos. Se registran ejemplos de envíos de presupuestos para empresas y representaciones cubanas en el exterior, que han transitado por bancos y se han congelado las cuentas por presiones de Estados Unidos.

Más de un lustro después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, se mantiene incrementada la persecución y el asedio sobre los activos monetarios cubanos en el exterior, así como la imposición de otros obstáculos que impiden a los bancos cubanos realizar sus transacciones internacionales con normalidad.

Como regla general vinculada a las intenciones de algunos demandantes, en casos contra el Estado cubano, de apropiarse como medio de compensación, de marcas comerciales y patentes cubanas, amparándose en lo dispuesto en la Ley de Seguro contra Riesgos del Terrorismo, aprobada en el 2002 y extendida hasta el 2014.Estos intentos de apropiarse de estos bienes intangibles vinculados a la propiedad intelectual, no son nuevos. Es conocido el propósito de la compañía Bacardí de apoderarse de la marca de ron Havana Club, escudándose en la legislación que esta misma compañía promovió en los Estados Unidos, la Sección 211 de la Ley Federal de Asignaciones del Presupuesto de 1998, relativa al registro, la renovación o la observancia en ese país de marcas La marca Havana Club ha sido una de las más asediadas de fábrica o de comercio, y nombres comerciales relacionados con activos nacionalizados en Cuba.

El intento de apropiación de marcas y patentes de empresas cubanas pone en entredicho los acuerdos internacionales en materia de marcas y patentes y tiene serias implicaciones comerciales internacionales. Conforme al Derecho Internacional los Estados Unidos tienen la responsabilidad de que sus leyes, reglamentos y procedimientos judiciales y administrativos estén en conformidad con sus obligaciones con los Acuerdos de la Organización Mundial de Comercio, OMC y con los tratados internacionales de marcas y patentes de los que es Estado parte.

El Presidente de los Estados Unidos posee amplias facultades ejecutivas para continuar modificando la aplicación de las regulaciones del bloqueo, hasta vaciarlo de gran parte de su contenido. Si bien el Congreso de los Estados Unidos es el órgano facultado para revocar las legislaciones que sostienen la política de bloqueo contra Cuba y decretar su fin, este acto puede estar precedido del desmontaje de la inmensa mayoría de las restricciones que la conforman, a través de acciones ejecutivas.

Con la firma de la Ley Helms-Burton por el presidente William Clinton, el 12 de marzo de 1996, quedó codificado en ley el bloqueo contra Cuba y la madeja de normativas ejecutivas que lo sustentan. Sin embargo, esa misma ley preservó las amplias facultades del Presidente para, a través de la emisión de licencias, permitir diversas transacciones prohibidas por el engendro criminal.

La política manifiesta hacia Cuba por la actual administración demócrata de Joe Biden es hostil y acecha hasta el momento, de manera oportunista, que los efectos acumulativos del estrangulamiento de la economía cubana la hagan colapsar y que la esperada “fruta madura” caiga en sus manos para convertirse en el Presidente de Estados Unidos, que después de más de seis décadas, doblegó la resistencia del irredento pueblo cubano, para retrotraerlo al capitalismo, de dónde, según ellos, la Isla nunca debió salir. Soñar no cuesta nada y los sueños, sueños son.

Su actitud declarada de apoyo irresponsable al pillaje, actos vandálicos y expresiones desestabilizadoras ocurridas en la Isla  el 11 de julio, incita a que se repitan nuevos intentos. Ha llegado a la necedad de calificar a Cuba de Estado fallido y amenazar que mantendrá la prohibición del envío de remesas, con el deliberado propósito de enrarecer más las ya tensas relaciones, al parecer desconoce la historia de lucha del pueblo cubano, que vencerá al bloqueo.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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