La Gran Barrera de Coral, entre el peligro de extinción y los intereses políticos

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Por Patricia María Guerra Soriano (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El hecho de que este viernes, el Gobierno australiano haya impedido, a través de una fuerte campaña de presión, que la Gran Barrera de Coral sea calificada como patrimonio mundial “en peligro” por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), es una dolorosa muestra de que los intereses políticos y económicos vuelven a ser prioridad frente a las urgencias medioambientales.

Durante una reunión del comité de Patrimonio Mundial de la Unesco convocada por la presidencia china, los delegados optaron por postergar la recomendación anunciada en junio de 2021 de agregar al mayor arrecife del mundo, en su lista de lugares en peligro por el marcado deterioro de los corales debido, principalmente, al cambio climático.

Según los representantes del país, la inclusión en la lista desconoce los esfuerzos del Gobierno para salvaguardar “el arrecife mejor administrado del mundo”, tal como lo calificó Susan Ley, ministra australiana de Medioambiente. Sin embargo, grupos ecologistas de esa nación criticaron la decisión del viernes lamentando que está impulsada por la política y no por la ciencia, una matriz de opinión coherente con los temores de las autoridades australianas sobre las afectaciones negativas que pudiera acarrear para la industria turística, estimada en 4 800 millones de dólares al año antes de la pandemia. He ahí el núcleo de problematización principal.

Ante la noticia, David Ritter, director de Greenpeace para Australia Pacífico, dijo que era difícil imaginar en cuánto más peligro podría estar el arrecife, “así que, claramente-zanjó-son los intereses creados, las agendas, los que han triunfado aquí. No ciencia. No sentido común”.

El director del programa de Patrimonio Mundial de la Unesco, Tim Badman, sostuvo que las perspectivas de una futura recuperación de la Gran Barrera de Coral “se han deteriorado de manera significativa”.

Su declaración no permanece aislada a investigaciones como la emprendida por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la cual notificó que el impacto negativo asociado al calentamiento global hizo que el estado de conservación del arrecife se agravara a un nivel “crítico”.

De hecho, estos resultados son similares a los publicados por la Unesco en un informe presentado el mes pasado en favor de la degradación del estatus de la Gran Barrera de Coral, debido a su pronunciado deterioro, en gran parte, por los episodios de blanqueamiento de los corales.

Aunque la inclusión en la lista de sitios en peligro no se considera una sanción por parte del organismo internacional, el Gobierno australiano se negó a aceptar la calificación, y adujo-en palabras de la ministra Susan Ley-que “envía una señal equivocada a aquellos países que no hacen las inversiones que están haciendo en la protección de los arrecifes de coral”.

Contrario a su pronunciamiento, el informe preliminar de la Unesco sí destaca los esfuerzos de Australia para mejorar la calidad de los arrecifes, sobre todo desde el punto de vista financiero, pero señala la ausencia de acciones que promuevan la disminución de las emisiones de carbono.

Australia no ha establecido un objetivo de neutralidad de carbono para 2050 y frente a esta contraproducente realidad, el primer ministro conservador, Scott Morrison, afirmó que el país esperaba alcanzarlo “lo antes posible” sin poner en peligro los empleos y las empresas. Los propósitos actuales de la nación se basan en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 26 y un 28 por ciento con respecto a los niveles de 2005 para 2030, objetivos criticados por no ser suficientemente ambiciosos.

El contexto mundial actual también reclama acciones en favor del progreso ambiental, principalmente para la disminución de la temperatura media global. De acuerdo con la organización ecologista Climate Council, en su curso actual las temperaturas aumentarán en más de dos grados centígrados, condiciones bajo las cuales no pueden sobrevivir los arrecifes coralinos.

Al referirse a la situación, el portavoz de la mencionada organización y científico del clima, el profesor Lesley Hughes, expresó en un comunicado que a pesar de la riqueza natural que poseía el Gobierno australiano, “su apoyo continuo a los combustibles fósiles y la falta de una política climática eficaz significa que no está cumpliendo con la responsabilidad” de protegerla.

En 2022 finalmente se sabrá si el conjunto coralino será considerado o no como zona en peligro de extinción. Una decisión similar fue postergada en 2015 cuando desde Australia venció de nuevo la postura de no aceptar una calificación considerada por sus autoridades como peyorativa. En aquel momento, como ahora, el Gobierno se comprometió a invertir millones de dólares para contribuir a la protección de la Barrera. Seis años más tarde, la situación es aún más crítica y no queda mucho tiempo para divagaciones estériles.

(*) Periodista cubana, escribe en Cubaperiodistas, sitio web de la Unión de Periodistas de Cuba.

Foto de portada: Reuters

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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