La Patria Grande se reorganiza: Diálogo de Alberto Fernández y Pedro Castillo con el Grupo Hermandad

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La región vive una etapa de disputas fuertes, caracterizada por la lucha de los pueblos contra las medidas neoliberales y en ocasiones contra el propio modelo neoliberal. Cuando en 2015 fuimos derrotados por Macri hubo un esfuerzo de la derecha para instalar la idea de que terminaba la época de gobiernos populares y comenzaba una de contraofensiva de la derecha, que aquellos años habían sido una excepción, un paréntesis en la historia que no tenía antecedentes, y que no se repetiría. Pero no fue así.

Algunos sosteníamos en bastante soledad que no sería así, que no eran los ‘90 y que se abría una etapa de disputa entre los que querían volver todo al pasado y los que bregaríamos por recuperar los gobiernos populares y articular regionalmente. Y eso es lo sucede ahora. Efectivamente los años transcurridos del 2000 al 2015 fueron los más virtuosos de América Latina, período que tuvo en el “No al ALCA” su punto fundamental por todo lo que significaba. Los triunfos de Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en la Argentina, marcaron el inicio y luego fueron seguidos por los de Evo Morales, Tabaré Vázquez, Fernando Lugo, Rafael Correa en Sudamérica, los de los sandinistas en Nicaragua, el Farabundo Martí en Salvador y los triunfos electorales de Martín Torrijos en Panamá, Manuel Zelaya en Honduras, Leonel Fernández en República Dominicana, entre otros. Y fundamentalmente la articulación e integración que se produjo entre esos gobiernos, haciendo crecer el Mercosur con Venezuela e incorporándole la cuestión ciudadana y social, creando la UNASUR y la CELAC. Logramos ser un polo en un mundo multipolar, que es la única posibilidad que tenemos como pueblos, países y región.

Fueron años virtuosos, los mejores años de nuestra región con crecimiento económico sostenido y con el mayor intercambio comercial entre nuestros países en toda la historia, con aumento en la inversión, mayores aportes presupuestarios en educación, ciencia y tecnología, con una redistribución que permitió la baja de la pobreza y la indigencia, y la recuperación del salario real. Pero las elites locales y los Estados Unidos no estaban cómodos con esta prosperidad y decidieron contragolpear. Impulsaron la Alianza del Pacífico para anteponer otro modelo de integración que fuera sustentado en el libre comercio, crearon una nueva derecha y aplicaron sin piedad ese instrumento jurídico-político-mediático que es el lawfare, con el que tanto dañaron a la democracia. Pero no les alcanzó.

Porque estos no son los ‘90 donde caía la Unión Soviética y Estados Unidos quería imponer la idea del fin de la historia, y era muy difícil ver alguna alternativa al capitalismo salvaje. Ahora con China, Rusia y otros países se pueden gestar vínculos diferentes, no tan dependientes y desfavorables como con Norteamérica. No son los ‘90 porque el neoliberalismo no tiene nada que ofrecer. No son los ‘90 porque ha crecido la conciencia popular y la voluntad de lucha de nuestros pueblos. Y no son los ‘90 porque está el recuerdo cercano de que se puede vivir de otra manera, como hace unos años en los gobiernos populares. Lo decía Cristina Fernández de Kirchner: “no hace falta argumentar mucho, recordá como vivías hace unos años y como te va ahora”. Gran parte del pueblo quiere que Lula vuelva a presidir Brasil y todas las encuestas adelantan que es muy posible, porque piensa simple pero profundamente: “Cuando Lula era Presidente yo vivía mejor, y si vuelve a serlo, yo voy a vivir mejor”.

En esta etapa el dato principal es la lucha de los pueblos. No es el avance de la derecha ni tampoco la certeza de tener una etapa de gobiernos populares que articulan entre sí, a pesar de los logros recientes en México, la Argentina, Bolivia y Perú y la posibilidad de que Lula gobierne Brasil y Gustavo Petro lo haga en Colombia. Lo sobresaliente y trascendente es la resistencia extendida de nuestros pueblos, como lo fue en Ecuador y Bolivia con masivos y efectivos corte de ruta, también en Perú, Chile que logró lo que parecía imposible –la reforma de la Constitución de Pinochet–, Colombia que enfrenta una criminal represión y continúa en la calle, y Brasil que resiste a las brutalidades de Jair Bolsonaro. Los gobiernos de derecha están mal y aumenta la tentación de reprimir brutalmente, achicar la democracia, justificar estados de excepción y hasta volver a los golpes de Estado. Pero los graves problemas que atraviesan los neoliberales en nuestra región no aseguran el triunfo de propuestas populares. Eso requiere unidad y amplitud del movimiento popular, inteligencia, capacidad de movilización y organización.

Para transitar esta nueva etapa, desde el Grupo Hermandad convocamos a un diálogo con Alberto Fernández, Luis Arce y el profesor Pedro Castillo, electo Presidente del Perú, junto a representantes del gobierno de México. Estuvieron presentes los ex mandatarios Evo Morales, Dilma Rousseff, Ernesto Samper, Leonel Fernández y Manuel Zelaya junto a ex cancilleres y dirigentes populares. Allí se aprobó el compromiso de trabajar más unidos que nunca, mantenerse en consulta permanente, articular trabajos comunes, mantener posiciones unidas en los organismos internacionales como la OEA y la ONU. Se nos presenta una oportunidad enorme que puede verse mejorada con Lula en Brasil y Gustavo Petro en Colombia. Son tiempos de lucha, unidad, solidaridad, hermandad. Tiempos de reorganizar la Patria Grande.

Compartimos el encuentro completo y más abajo un resumen:

Tomado de El cohete a la Luna

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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