Pobreza, violencia, ratones, cucarachas y otras rarezas en Miami

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Por José Luis Méndez Méndez (*) /Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

Los exaltados protestantes en su mayoría de origen cubano, que piden capitalismo para Cuba, no tienen idea de la realidad de la ciudad donde viven. Si les dijeran, que ha sido categorizada como la más pobre de Estados Unidos, con pasión responderían que esa es “propaganda comunista”. Pero el escenario es aplastante, desde el censo del año 2000.

Los folletos turísticos muestran el glamur y el engañoso encanto de la llamada “capital del sol”, mansiones millonarias, hoteles de lujo, playas doradas y diversión sin freno, sin embargo los indicadores muestran fisuras en esta doble imagen.

Durante ese registro censal, cerca de una tercera parte de su población, casi un 32 por ciento de sus residentes, vive en la pobreza, el porcentaje más alto que cualquier otra ciudad mayor a los 250.000 habitantes.

De acuerdo con los altos costos de la vida, vivir en la pobreza en Estados Unidos significa, según el Buró del Censo, un ingreso anual de 17.603 dólares para una familia de cuatro personas o un ingreso individual anual de 8,794 dólares.

Para Carlos Jiménez, entonces administrador de la ciudad, se vive en una asimetría que duele. “Usted tiene ricos y muy ricos y también tiene mucha gente pobre”. No es una novedad que Miami sea una ciudad pobre, lo que sí sorprende es que en la última década en lugar de progresar, la situación haya empeorado al punto de pasar del cuarto al primer lugar.

Otro problema, según los analistas, es que la economía de la ciudad no se haya diversificado y esté tan concentrada solamente en el turismo. Otra revelación es que la ciudad tiene varios antecedentes de corrupción, al punto que muchos de sus funcionarios públicos han terminado en la cárcel. Todo esto unido a su mala infraestructura y al pobre nivel escolar que posee hace que nadie quiera invertir en la ciudad.

Lo más increíble es que el condado de Miami-Dade, donde se encuentra Miami, es menos pobre que la ciudad y ocupa el puesto 16 entre los más grandes del país, pero también con un 20 por ciento de personas viviendo en la pobreza. 

Tal vez algunos lectores, intrigados, se preguntarán: ¿Cómo es ahora, pasados veinte años? En febrero de 2019, en los albores de la pandemia, en el aparente boyante condado Miami-Dade, se estima que  un 60 % de sus residentes pasaban dificultades y un 19 % era pobre. Seis de cada diez residentes en este condado, con mayoría de su población hispana, pasa dificultades para cubrir sus necesidades básicas, según un informe divulgado en esa fecha por la organización United Way. 

El informe United Way de 2018, muestra que una gran parte de los 2,7 millones de habitantes de Miami-Dade, «luchan para pagar necesidades básicas como alimentación, vivienda, transporte, salud y cuidado de los niños».

El estudio identifica a 354.294 hogares un 40 %, que agrupa a los calificados como activos limitados, ingresos restringidos y empleados. Estos no han podido ajustarse al costo de vida en espiral y son vulnerables a las dificultades financieras.

Esta recuperación económica ha sido «desigual» y muestra que las familias bajo la categoría citada: «continúan afrontando desafíos por la reducción de horas de trabajo, bajos salarios, desastres naturales y aumento del costo de la vida». Los hogares encabezados por mujeres solteras afrontan más retos que cualquier otro tipo de familia en Miami.

Las familias integradas en las citadas condiciones: “viven justo de cheque en cheque y, a menudo, una factura inesperada, una enfermedad o un desastre natural les hace caer en la pobreza», dijo en el informe un congresista del estado de Florida.

Pero detengámonos en el emponzoñado Francis  Xavier Suárez, alcalde de Miami, quien voz en cuello clamaba intervención militar y bombardeos en Cuba, alguien con un pensamiento tan involucionado para su investidura estaría de acuerdo con la memorable consigna contrarrevolucionaria, que sugería “tres días para matar” y así saciar la sed de venganza y odio acumulada supuestamente entre los cubanos de ambas orillas del Estrecho de la Florida. El intoxicado debe estar padeciendo las secuelas mentales de la pandemia de la cual fue víctima en marzo de 2021, eso explicaría tales exigencias al gobierno de Estados Unidos.

Lo de contrarrevolucionario le viene de cuna, es hijo de Xavier Suárez, quien fuera alcalde de Miami y ex comisionado del condado de Miami-Dade. Apoyó con entusiasmo desde su cargo los cientos de agresiones bélicas que se ejecutaron contra la Isla, en la década de los años ochenta del siglo pasado. Francis, tenía apenas tres años de edad cuando el llamado éxodo de Mariel que llevó, en 1981,  a las costas de Florida de cientos de miles de cubanos estimulados por la propaganda y beneficios de la criminal Ley de Ajuste cubano. Suárez es el primer alcalde nacido en Miami. Anteriormente se desempeñó como Comisionado de la Ciudad de Miami desde el 2009 y asumió su cargo actual en el 2017.

Forjado por los padres jesuitas del Colegio de Belén en Miami, una escuela solo para varones. Después de la universidad, donde terminó Finanzas, eligió asistir a la Facultad de Derecho Fredric  G. Levin de  la Universidad de Florida. Es abogado del bufete de abogados Greenspoon Marder, especializado en transacciones corporativas y de bienes raíces.

En enero de 2019, anunció, que sus tres temas principales para la gobernanza de Miami, serían la calidad de vida, un camino hacia la prosperidad y la resiliencia. Suárez afirmó, que Miami se benefició de su liderazgo para tener una tasa de homicidios históricamente baja. Se ha generalizado admitir que en Internet, se publica cualquier estupidez, pero lo que parece ser un desliz total es que en el 2021, el belicista Suárez fue incluido en la lista de los “50 líderes más grandes del mundo» según la  revista Fortune.

El bravucón, padece del mismo mimetismo congénito de los políticos estadounidenses de origen cubano. Declarado elefante de pura cepa, en 2018, votó contra el candidato republicano y más tarde gobernador de Florida Ron De Santis, en cambio, votó por su oponente burro demócrata Andrew Gillum por lo que fue criticado por sus pares republicanos.

Tampoco votó por Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2020. El mimético Suárez, se proyecta para el 2024, como sombra de Marco Rubio, al parecer con sus llamados a la guerra,  está haciendo carrera para acopiar el apoyo financiero y en votos de lo más recalcitrante de la emigración cubana.

Regresemos a la candorosa Miami, regentada por el mimético Francis. Pareciera que nunca duerme; y aunque se pensaría que es a causa de la eterna fiesta latina que predomina, podría ser una pesadilla causada por los estragos que emergen de una economía quebrantada. Algunos estiman que es una paradoja, es donde los jóvenes vienen a reventarse como en Miami Beach y a la vez la casa de retiro donde los ancianos buscan en vano la tranquilidad en sus últimos días. Es la tierra prometida que los emigrados cubanos buscan para alcanzar el quimérico sueño americano.

Es la Torre de Babel que de noche se embriaga y baila salsa en un interminable festín de luces y decibeles, pero es también la capital de la opulencia y la pobreza.

La revista Forbes una vez clasificó a la ciudad como la más miserable para habitar, por sus crímenes violentos, su elevada tasa de desempleo, ejecuciones hipotecarias, elevados impuestos salariales y a la vivienda, el desmesurado precio de sus casas, la corrupción de sus gobernantes y hasta el tiempo de traslado en sus autopistas, pues dice, ese tipo de trivialidades pueden llegar a ser un factor determinante para un número significativo de personas que viven en la pobreza.

Además de ser la ya no tan atractiva “capital del sol”, lo es también del letal Sida.  Se dice que sólo en la ciudad de Miami 1 de cada 100 personas es VIH positivo. Mientras que Florida es el tercer Estado más infectado por el flagelo.

Es la brecha entre la miseria y la opulencia, donde el 22% de sus habitantes ha perdido el trabajo y apenas puede salir adelante con la ayuda por desempleo que les otorga el gobierno, o por las estampillas que les da para comprar comida para sus hijos y es la mesita donde los ancianos remojan sus penas en café con leche y juegan dominó, entre conversaciones nostálgicas de su Cuba querida, que Francis Suárez, su Alcalde, quiere desaparecer para que renazca de sus cenizas un capitalismo a semejanza de su Miami, y es además la ilusión de .que su pensión les alcanzará para cubrir las necesidades básicas del mes. Éste es el Miami que no viene incluido en los paquetes de viaje turísticos.  

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Archivo Getty Images. 

 

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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