Testimonios del 11 de julio: Cuando se desató la violencia en Cuba

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Por Ana Álvarez Guerrero.

Cuando Janett Rodríguez se levantó este domingo, no sabía que más tarde tendría un sentimiento enorme: desconsuelo. Mientras organizaba las tareas de uno de los proyectos de la Universidad Tecnológica de La Habana para mejorar la gestión hospitalaria en instituciones de la capital, no imaginó que luego andaría recorriendo las calles en otro intento por defender lo suyo. Lo nuestro. La Habana, 11 de julio de 2021.

“Las redes sociales estaban cargadas: San Antonio de los Baños, convocatoria a movilizaciones. En los grupos de amistades que hasta ese momento intercambiábamos por WhatsApp saltaban los mensajes: ‘¿Qué hacemos?, ¿salimos, no salimos?’ ¿Qué era verdad o mentira?

Entonces, se dio la intervención del presidente a las cuatro de la tarde. Enseguida me preparé, tomé mi bicicleta. Llamé a mi novio y a una amistad”.

Desde el municipio Playa pedalearon hasta La Habana. Buscaron a quienes, como ellos, acababan de salir a las calles con el grito de “Patria o Muerte”. Allí se encontraron otros:

¡Patria y Vida!

¡Abajo el MLC!

¡Abajo la dictadura!

“Nos sorprendió la magnitud que tenía la movilización. Miraba a la gente y me sentía desconsolada. Vi a muchos con un reclamo legítimo, con necesidades reales, pero víctimas de la manipulación mediática. Intercambiamos con varios de ellos, algunos se quedaban sin argumentos de por qué estaban defendiendo otra cosa … que no era la Revolución”, rememora.

Nadie tenía la certeza de lo que pasaría un minuto después. Había ofensas, provocaciones, también golpes. Tensión.

Iramís Rosique, especialista de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, también estaba allí, en el grupo de Janett. Cree que los actos violentos que se desataron son un síntoma de “algo más”.

“Hay que analizar la actitud de ellos con respecto a nosotros, las cosas que nos gritaban, cómo nos trataban: ‘Ustedes son los privilegiados, ustedes seguro tienen tarjetas en MLC, ustedes sí tienen comida en sus casas’.

Como si fuéramos extraños, como si no fuéramos cubanos como ellos, como si se sintieran abandonados. Ese sentimiento se demostró de manera violenta.

Ese sector del pueblo sufre con las mismas sanciones que impone quien está dictando la agenda de bloqueo que los limita económicamente. Tal vez ellos mismos no lo saben o no lo entienden.

No podía ser de otra manera: utilizar el potencial delictivo, las frustraciones de la gente, el resentimiento de los que sienten que han sido abandonados.

Algunos tratan de plantear el problema como un enfrentamiento entre el pueblo y el Estado, un enfrentamiento entre dos proyectos de país. En realidad, es el enfrentamiento entre la parte del pueblo que ha sido derrotada por el bloqueo, que se siente vencida, que ya no puede seguir con la presión que impone el gobierno de los Estados Unidos y quiere rendirse, y la parte de los que decidimos que no, que todavía hay Revolución para rato.

«Ahora ese sector está activado reaccionariamente. Y es parte del adversario que combatir porque tenemos que defender el proyecto socialista. Pero a la larga… tenemos que hacer, tal vez, otra Batalla de Ideas para recuperar a esos jóvenes que se sienten desconectados, hacerlos sentir parte, importantes”, advierte.

Algo así, cree Rafaela Ortiz.

Rafaela trabaja en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Estaba allí cuando un poco más de 20 personas llegaron con ánimos de manifestarse. Dice que los trabajadores de la institución “salieron al paso”.

Ella también estuvo en el grupo de Janett, en el de Iramís, que se fundió con otro, y otro, y otro. Conocidos y desconocidos con un único propósito: defender, no enfrentar.

Pero no hubo alternativa.

“Lo que vivimos fue terrible. Para mí fue una cosa extremadamente violenta”, dice. Y enumera las peores escenas:

—No podíamos permitir que la gente que estaba pidiendo que se cayera el sistema tomara la Plaza de la Revolución, un lugar icónico. Necesitábamos llegar. Empezamos a cortar calles y coger vericuetos.

En algún momento nos enfrentamos unos 50 contra un grupo numeroso en San Lázaro. Recuerdo que cerré los ojos en lo que toda esa gente nos estaba abucheando, ofendiendo y de algunos balcones nos tiraban cosas.

Los manifestantes cogieron piedras y les tiraron a dos amigos míos. Uno de ellos tuvo que meterse en el medio y decir: ‘No, esto es pacífico, qué están haciendo’.

Recuerdo que en la parte más crítica cerré los ojos y esperé a que pasaran. Lo único que me dio fue por levantar el puño izquierdo como un símbolo. Estuve aguantando durante un tiempo, serían unos 3 minutos, donde me dijeron todo tipo de obscenidades.

Un carro se nos tiró para arriba e intentó atropellarnos, en otro momento alguien sacó un cuchillo y todo el mundo salió a correr.

El tercer momento crítico fue cuando una vecina nos tuvo que salvar literalmente. Nos abrió la puerta de su casa. Estaban tirando piedras, botellas y lo único que uno podía hacer era mirar para el cielo y tratar de esquivarlo todo.

Rafaela dice que vio al menos a tres personas con las “cabezas partidas, a compañeros que estaban manifestándose a favor de la Revolución”.

Uno de ellos era el secretario de la CTC del municipio Plaza… A ese hombre le cogieron los puntos en el hospital y salió con su bandera manchada de sangre a la calle, otra vez a la marcha”.

Yo también lo vi. Fueron siete puntos. Allí donde estuvo Janett, Iramís y Rafaela, estuve.

Cuando insultaron, cuando golpearon, cuando en un burdo acto de chantaje intentaron atropellar mientras sacaban sus manos simulando una “L” por las ventanillas del carro. Empoderados en la violencia. Cuando las piedras nos rozaban las cabezas y las botellas partidas, los pies. Cuando parecían “2000”, pero ¿quién sabe en realidad cuántos eran?, cada cual sacó su cuenta, según la impresión y el susto del momento. Cuando intentábamos llegar a la Plaza, sorprendidos y extrañados.

Reclamos envueltos en brutalidad. Odio.

Nunca presenciamos un acto pacífico, ahogado por la “represión de la policía”. Por lo menos no pasó allí, donde anduvimos. Llegaron las fuerzas del orden y experimentamos una especie de alivio en medio del caos. Les tocaba poner control, lo necesitábamos.

Hubo forcejeo, sí.

Se los llevaron, sí. Pero no por gritar ‘¡Abajo la dictadura!’, sino por el intento desesperado de liquidarnos.

Hoy cada cual defiende “la verdad” por lo que le dijeron o vio en las redes sociales. Nosotros estábamos allí. Esa es la nuestra.

Tomado de Cubadebate/ Foto de portada: AFP.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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