La agonía del Grupo de Lima

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Por Orlando Oramas León (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El Grupo de Lima (GL) agoniza en su propia incapacidad y e intrascendencia cuando está por cumplir cuatro años de constituirse en la capital peruana con el declarado propósito de intervenir en los asuntos internos de Venezuela.

La llegada a la presidencia del país andino de Pedro Castillo así lo augura, como dejó entrever el nuevo canciller peruano, Héctor Béjar, al recibir el cargo.

El ministro de Relaciones Exteriores adelantó que habrá un cambio de postura respecto a las políticas de sanciones y bloqueos contra la patria de Hugo Chávez, que junto a Estados Unidos practican algunos gobiernos del continente.

«Venezuela es un país que está bloqueado. Nosotros contribuiremos con los países de Europa, que ya están trabajando en esto, y con un conjunto de países latinoamericanos, en el entendimiento de las diversas tendencias políticas que existen en Venezuela, sin intervenir en su política interna», afirmó Béjar.

«Favoreceremos una renovación democrática en Venezuela que respete los derechos sociales de los venezolanos”, subrayó, y ello señala un marcado distanciamiento del accionar del Grupo que podría perder a Lima como referencia.

«El Grupo de Lima tiene sus socios que han cambiado su política y sus puntos de vista son distintos. Conversaremos con ellos sobre sus puntos de vista», apuntó.

El canciller peruano, en encuentro con la prensa, desconoció al designado “embajador” de Juan Guaidó, el “presidente” que Estados Unidos intenta imponer a los venezolanos y que promueve el bloqueo y despojo de los activos de esa nación, entre otros actos de mercenarismo.

Más allá del cambio que adelanta el nuevo mandatario peruano, lo cierto es que el GL se mostraba inoperante y fracasado en su intento, compartido con Estados Unidos, de doblegar al proceso bolivariano.

Declaraciones fueron y vinieron, decisiones para aislar y bloquear a Venezuela, entre otros actos, no pudieron impedir que los venezolanos cambiaran la mayoría política en la Asamblea Nacional (Parlamento), donde Guaidó tuvo que recoger sus maletas.

Tampoco pudo el GL romper la unidad cívico-militar que ha sido hasta hoy columna vertebral y espada de la Revolución Bolivariana.

El presidente Nicolás Maduro sigue dirigiendo los destinos de su país por mandato popular, mientras que los exmandatarios Mauricio Macri (Argentina), Lenín Moreno (Ecuador) y Pedro Pablo Kuczynski (Perú), promotores del GL, salieron del poder con amplio rechazo ciudadano, que considera sus respectivas gestiones de triste recordación.

La Argentina del presidente Alberto Fernández ya no hace parte del Grupo, mientras que México y Bolivia rechazan sus actos intervencionistas.

Con todo ello el Grupo de Lima tiene todos los síntomas de un enfermo terminal.

Su muerte política está predestinada desde aquella Declaración de Lima del 8 de agosto de 2017 contra Venezuela, amén de todo el silencio cómplice ante el golpe de Estado en Bolivia, o la represión a las protestas sociales en Colombia, que fueron, entre otras, notorias ausencias en su agenda.

(*)  Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

Foto de portada: Getty Images

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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