A veinte años de una política fallida

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Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Han transcurrido veinte años desde el fatídico 11 de septiembre de 2001, comienzo de sucesivas políticas fallidas de Estados Unidos, que continuas administraciones heredaron, las hicieron suyas y las endosaron a otras hasta llegar a la estampida reciente de Afganistán, que recordó a la de Vietnam en 1975, a la salida de Iraq, país martirizado durante años, invadido con pretextos inventados por la maquinaria falaz de la CIA, se pueden sumar otros fiascos como el de Somalia con la caída de los helicópteros y la muerte de marines; el descalabro en Irán que motivó la pérdida de la reelección a James E. Carter y otras escaramuzas menores donde perdieron la vida decenas de estadounidenses sin necesidad ni motivos, además de ocasionar colosales pérdidas materiales a costa de sus contribuyentes.

Sería necesario sumarle la incógnita muerte de su terrorista proa Osama Bin Laden, ultimado en circunstancias dudosas y desaparecido su aparente cadáver en una inhumación marinera, evento exhibido ahora como uno de los logros del fracaso de dos décadas de contrainsurgencia en territorio talibán. Para echar más lodo al asunto, la mayoría de los participantes en el operativo aniquilador del mencionado terrorista han muerto en sucesos sospechosos.

Pero, ¿Cuáles fueron los elementos que condicionaron que la lucha contra el terrorismo se convirtiera en el eje central de la política exterior de los Estados Unidos a partir de septiembre del 2001?

En primer lugar, la agenda de política exterior en materia de lucha contra el terrorismo estaba diseñada antes de los atentados, estos aceleraron el proceso de implementación de la Estrategia de Seguridad Nacional para la etapa de la post-guerra fría y la administración norteamericana aprovechó los acontecimientos para cumplimentar sus intereses hegemónicos a escala global.

Antecedentes espontáneos o no fueron creando el ambiente que se fraguaba. En febrero de 1993 el siniestrado ahora Word Trade Center, ya había sido objeto de una acción terrorista en la cual perecieron 6 personas y ocasionó pérdidas económicas inmobiliarias por un valor aproximado de 600 millones de dólares. Ese mismo año se ejecutó ataque contra los túneles Lincoln y Holland en la ciudad de Nueva York.

En 1994 aterriza en el césped de la Casa Blanca un pequeño avión Cessna Modelo 150 L. Razón por la cual el dispositivo de seguridad que protege al Departamento de Defensa se reestructuró y fortaleció con nuevas unidades aéreas de combate y protocolos de actuación en caso similares, se crearon áreas de exclusión aérea y mecanismos de respuesta rápida en la zona.

En 1995 hubo un complot para sabotear 11 aeronaves norteamericanas. En ese mismo año en abril, en la ciudad de Oklahoma City, un edificio federal fue dinamitado por terroristas norteamericanos.

En 1998 se producen otros actos de terror contra representaciones estadounidenses en África y en el Medio Oriente. Ahora se conoce, que investigaciones inter agencias realizadas en ese año para una comisión especial del Senado de los Estados Unidos, los servicios de seguridad de ese país sabían desde agosto de 1998, tres años antes, que se realizaría un atentado con aviones contra las llamadas Torres Gemelas de Nueva York, símbolo de esa ciudad.

En ese año, en Florida, se entrenaron varios árabes en escuelas de aviación, precisamente en el mismo tipo de aviones que se emplearon después, pero el Jefe del FBI, Héctor Pesquera, en ese Estado, estaba más entretenido en perseguir luchadores antiterroristas cubanos, que no representaban amenaza para los Estados Unidos.

Desde ese año, la Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos, estructuraba una estrategia sobre el tema del terrorismo: “Lograr establecer un control total sobre las actividades terroristas ya que en el siglo XXI, serán más frecuentes los intentos de las organizaciones terroristas por llevar a cabo acciones dentro del territorio de los Estados Unidos, en la mayor parte de los casos con apoyo desde el exterior. Estos ataques no serán solamente con explosivos, sino que se diversificarán hacia la utilización de otras sustancias especialmente gases y en otros casos dirigidos contra objetivos en suelo norteamericano que como resultados del ataque terrorista originen situaciones de pánico nacional, como el ataque a centrales nucleares, que pudiera causar una alta contaminación ambiental. En estos casos es imprescindible para el control de estas actividades, fortalecer la penetración y vigilancia de las organizaciones existentes en el exterior y crear mecanismos dentro de los Estados Unidos, que permitan también el control sobre los vínculos y simpatizantes de estas organizaciones que puedan existir dentro de los propios Estados Unidos, esto requerirá de todo el esfuerzo de la Comunidad de Inteligencia y en especial la colaboración más estrecha entre la CIA y el FBI”.

Desde abril de 1999, se conocía que en el premeditado acto se utilizarían aeronaves comerciales nacionales y desde poco después, que los atacantes pertenecían a la organización terrorista Al Qaida, creada durante pasadas administraciones, cuando Estados Unidos, quería propinarle a la Unión Soviética una derrota, precisamente en Afganistán, donde ahora fueron derrotados.

El 20 de septiembre de 1999 una comisión del Pentágono analizó los peligros que enfrentaría Estados Unidos en el siglo XXI, concluyó que “los estadounidenses serán cada vez más vulnerables ante un ataque”. El presidente de la Comisión, Warren Rudman, mencionó:

“La creciente habilidad de los terroristas para golpear a los estadounidenses en su país y en el extranjero” cuestión que “podría ser tan grave como las amenazas militares tradicionales”.

El 31 de octubre de 1999 el FBI alertó sobre la posibilidad de que se realizaran ataques terroristas en Estados Unidos. Según el informe grupos extremistas de identidad cristiana estaban adquiriendo armas e identificando objetivos a atacar.

El 11 de noviembre de 1999 el sub. Director del FBI, Robert M. Bryant, declaró que su división antiterrorista centraría sus actividades en amenazas terroristas de extremistas. El 20 de diciembre de 1999 el gobierno norteamericano redobló los controles de seguridad y decretó la alerta máxima en los 301 puntos de entrada a Estados Unidos, tras el arresto de un terrorista argelino cargado de explosivos. Al día siguiente, otro argelino y una norteamericana residentes en Montreal, Canadá, pertenecientes a la misma célula fueron detenidos con explosivos.

Tres días después, el 23 de diciembre, el FBI alertó a los estadounidenses sobre la posibilidad de envíos de cartas o paquetes-bomba, originados en grupos extremistas musulmanes procedentes de Alemania.

La generación de reiteradas informaciones sobre inminentes ataques terroristas dentro del territorio de Estados Unidos y la pasividad de las autoridades especializadas se hizo sospechosa. Desde 1999 se conoce a través de informes oficiales que organismos de Inteligencia foráneos brindaron a la CIA y a otras instituciones estadounidenses especializadas, informaciones sobre posibles ataques terroristas con aviones a edificios gubernamentales pero el gobierno no pudo o no quiso accionar.

El 10 de enero de 2000 una bomba estalló en una escuela en Blanco, Austin, Texas. El día 16 de ese mismo mes se instaló en varios aeropuertos, el sistema “Bodysearch” (Búsqueda corporal) que emplea rayos X de baja intensidad para detectar armas y explosivos.

El 6 de octubre de 2000 el vice Jefe de la policía de Nueva York Daniel Oates declaró al The New York Times que había aumentado el peligro, ya que tanto autoridades como las grandes instituciones asentadas en Nueva York podían objeto de ataques terroristas. El 15, una explosión que devino en incendio, destruyó una sinagoga en Syracuse, Nueva York.

El 26 del propio mes se divulgó por el Washington Times: ”La CIA cree que terroristas islámicos prepararon un plan para un atentado suicida con un avión norteamericano en Barhien”.

El 5 de enero de 2001 el Departamento de Estado advirtió a sus viajeros por el mundo, que se mantuvieran alertas ante la posibilidad de ataques terroristas y decretó una “cautela mundial”, después del cierre transitorio de su embajada en Italia.

El 8 de mayo de 2001, el Senado inició sesiones de trabajo sobre planes antiterroristas, mientras la Casa Blanca reorganizaba la respuesta gubernamental ante un inminente ataque de graves consecuencias.

El 11 de mayo en una “alerta internacional” el Departamento de Estado, llamó la atención sobre amenazas contra objetivos estadounidenses por parte de Osama Bin Laden. Desde el 4 de julio de 2001 la CIA previno a la Casa Blanca con un mensaje en términos operativos de inminencia “hay demasiado ruido sobre la línea” y “algo se prepara”. Al día siguiente el director de contra terrorismo de la Casa Blanca Dick Clarke afirmó “algo espectacular ocurrirá aquí y ocurrirá pronto”.

Durante todo el año 2000 y los primeros ochos meses del 2001, la CIA persiguió a dos presuntos terroristas, siguió su ruta, observó cómo vivían abiertamente en los Estados Unidos, con el empleo de sus identidades reales, la forma que obtuvieron licencias para conducir autos y abrieron cuentas bancarias y el modo en que se matricularon en escuelas de aviación y nunca tomaron medidas defensivas para evitar la realización de actos terroristas en suelo norteamericano.

Un mes antes de los atentados el Presidente George W. Bush recibía en su rancho a importantes oficiales de Inteligencia con la propuesta de activar el plan antiterrorista concebido ante la inminencia de un ataque o varios. La información indicaba que existía la posibilidad de secuestros aéreos y arremetidas contra edificios gubernamentales.

Incluso se conocía que había una conexión entre jóvenes procedentes del Medio Oriente que estaban en escuelas de aviación de los Estados Unidos y que pertenecían a la red del terrorista Osama Bin Laden.

Ese mismo mes el agente Kenneth Williams, de la oficina del FBI en Phoenix, advertía a sus superiores que miembros de Al Qaida se entrenaban en escuelas de aviación de Estados Unidos. Durante el verano, la agente Coleen Rowley, asesora de la oficina del FBI de Minneapolis, instó a sus superiores en Washington, a investigar la computadora de un detenido francés sospechoso de ser, el después, atacante número 20 en la conspiración del 11 de septiembre. Agentes antiterroristas del FBI obstruyeron la solicitud y eliminaron informaciones vitales suministradas por la Inteligencia francesa sobre sus conexiones islámicas.

Se sucedieron hechos sospechosos, que todavía hacen pensar en una conspiración que permitiera que lo pronosticado ocurriese, para tener el pretexto necesario para los planes estratégicos de dominación concebidos. Entre estos, varios funcionarios de la CIA que poseían acciones financieras en la industria aeronáutica estadounidense, vendieron sus acciones antes del ataque y seis de las compañías de origen judío que disponían de oficinas en las Torres Gemelas, dieron órdenes a sus trabajadores para que no asistieran esa nefasta mañana a sus puestos de trabajo.

Acaecido el atentado el Presidente, firmó órdenes con plenos poderes a la CIA y otras agencias para realizar acciones secretas, amplias y letales destinadas a aniquilar a Osama Bin Laden y a su red Al Qaida. Llevar al terrorismo de Estado a los rincones más oscuros del mundo.

Los Estados Unidos invadieron Afganistán e Iraq, aumentaron su presencia militar en la zona de conflicto, además de poner en marcha nuevos medios bélicos, convirtiendo a ese país en un centro experimental de sus nuevas tecnologías militares.

De manera expedita se aprobó la llamada Acta Patriótica el 26 de octubre de 2001, de amplias facultades represivas. Algunas enmiendas sobre derechos humanos de los estadounidenses previstas en su Constitución fueron quebrantadas, se permitió el empleo de la tortura, las intervenciones de la correspondencia y las comunicaciones, las detenciones y registros sin permisos judiciales. El asesinato selectivo extrajudicial.

La cruzada internacional contra el terrorismo ofreció la posibilidad de fabricar guerras como la de Afganistán e Iraq, evidenciaron los reales intereses que perseguía la administración de George W. Bush con la supuesta lucha contra el terrorismo.

En veinte años se han cometido atrocidades en todo el mundo con el supuesto pretexto de combatir el terrorismo, la lista de fracasos es extensa, en vano murieron personas el 11 de septiembre y después.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Samuel Corum / Anadolu Agency

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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