Cinco fechas clave para comprender la deriva autoritaria de Nayib Bukele en El Salvador

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Por Roberto Valencia.

Desde que Nayib Bukele asumió la presidencia de El Salvador el 1 de junio de 2019, el país y ese apellido singular –de origen palestino– han acaparado muchos más titulares en la prensa mundial que los que cabría suponer para un pequeño país centroamericano de apenas 20.000 kilómetros cuadrados y poco más de 6 millones de habitantes.

Bukele sigue siendo uno de los mandatarios con mayor respaldo entre sus gobernados en el mundo entero, a pesar de –o quizá gracias a– los golpes a la institucionalidad democrática que ha protagonizado, sobre todo a partir del 1 de mayo de 2021.

Estas son cinco fechas clave en lo evolución autoritaria de un fenómeno político sin par, que algunos ya se atreven a llamar ‘bukelismo’.

3 de septiembre de 2021

Gracias a una resolución judicial emitida por la Sala de lo Constitucional, el presidente Bukele podrá competir en las presidenciales de 2024 y, si ganara las elecciones, gobernar durante un segundo quinquenio. Esto, a pesar de que la Constitución salvadoreña lo prohíbe de forma explícita, e incluso castiga con la pérdida de sus derechos como ciudadanos a quienes «promuevan o apoyen la reelección».

La Constitución salvadoreña prohíbe de forma explícita que la misma persona permanezca más de cinco años como presidente de la República

Los artículos 88, 152 y 154 de la carta magna prohíben que la misma persona permanezca más de cinco años como presidente de la República. Sin embargo, una pintoresca interpretación de los cinco magistrados que integran la Sala de lo Constitucional abrió de par en par la puerta para que Bukele siga siendo presidente el 2 de junio de 2024.

Para comprender el porqué de esta insólita resolución, hay que saber qué ocurrió el 1 de mayo de 2021, otra de las fechas clave que explican la deriva autoritaria.

Bukele, de hecho, criticó con dureza a su homólogo hondureño. «A JOH no le importó incendiar Honduras para mantenerse en el poder. Si la comunidad internacional no detiene esto, ¿con qué moral nos vendrán a hablar de democracia después?», tuiteó Bukele en noviembre de 2017. Cuando distintos tuiteros rescataron el tuit tras los sucedido el 3 de septiembre en El Salvador, Bukele borró el tuit.

31 de agosto de 2021

La Asamblea Legislativa controlada por Nuevas Ideas, el partido del presidente Bukele, aprobó este día reformas a la Ley de la Carrera Judicial y a la Ley Orgánica de la Fiscalía General, reformas que permitirán sustituir de un plumazo a cientos de jueces y fiscales.

La Corte Suprema de Justicia como la Fiscalía General de la República están controladas por funcionarios afines al presidente Bukele

En el caso de los jueces, las reformas jubilarán forzosamente a aquellos que tengan más de 60 años o que hayan cumplido 30 años de servicio. Se estima que la medida afectará a un tercio de los funcionarios que están al frente de algún juzgado.

En la actualidad, tanto la Corte Suprema de Justicia como la Fiscalía General de la República están controladas por funcionarios afines al presidente Bukele, lo que, a juicio de los opositores, redundará en una hornada de nuevos jueces y fiscales sumisos al bukelismo.

19 de julio de 2021

El presidente Bukele anunció que la Fuerza Armada de El Salvador duplicará sus efectivos en un plazo de cinco años: de los 20.000 militares activos que hay en la actualidad se pasará a 40.000.

Es un anuncio sin precedentes desde el final de la guerra civil que sufrió el país entre 1980 y 1992. De hecho, el espíritu de los Acuerdos de Paz firmados entre el gobierno y la guerrilla del FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional) circunscribió el rol de la Fuerza Armada a la defensa nacional, y no a labores de seguridad pública.

El presidente Bukele quiere a más militares en las calles; el doble. Y ese anuncio de duplicar el número de soldados no casa con la coyuntura, ya que uno de los logros de los que más se jacta la administración Bukele es haber reducido a mínimos históricos la violencia homicida.

Esto ha dado pie a interpretaciones que ubican la militarización masiva como un elemento para la consolidación de su proyecto político. «Esta decisión responde a la necesidad de contar con un brazo armado leal», valora Verónica Reyna, directora del Programa de Derechos Humanos del Servicio Social Pasionista, una de las oenegés más activas en el monitoreo de la seguridad pública.

1 de mayo de 2021

El 1 de mayo de 2021 quizá sea la fecha más importante para la consolidación del proyecto político de Nayib Bukele. Ese día, el primero de labores de la legislatura 2021-2024, con la recién estrenada mayoría calificada del bukelismo, la Asamblea destituyó al fiscal general y a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional.

Fueron destituciones sin respeto al debido proceso, que la oposición y una parte de la comunidad internacional señalaron –y siguen señalando– como inconstitucionales. Se habló incluso de un autogolpe de Estado. Esa misma noche, los diputados rellenaron las vacantes con personajes afines al bukelismo.

La resolución del 3 de septiembre que avala la reelección al presidente Bukele es consecuencia directa de lo ocurrido el 1 de mayo en la Asamblea. También decisiones como el desmantelamiento del equipo fiscal que estaba investigando el diálogo entre el gobierno y las maras, denunciado por el periódico digital El Faro.

9 de febrero de 2020

En febrero de 2020, Bukele apenas acumulaba nueve meses en el Ejecutivo, y aún gobernaba con los poderes legislativo y judicial no alineados a sus intereses. En esa coyuntura de polarización extrema, el presidente creyó que tomarse la Asamblea con militares y policías era una buena idea, y así lo hizo la tarde del día 9, un domingo.

Las imágenes de soldados con fusiles M-16 dentro del Congreso dieron las vuelta al mundo. Bukele ingresó, ocupó el sillón del presidente de la Asamblea, rezó y salió del edificio, para luego decir a los miles de seguidores que él mismo había convocado que había conversado con dios, y dios le pidió que tuviera paciencia.

La militarización de la Asamblea no pasó factura a la altísima popularidad del presidente Bukele; al contrario, sigue siendo uno de los mandatarios mejor evaluados del mundo.
Aquel exabrupto autoritario hizo que medio mundo volteara sus miradas hacia El Salvador, pero en el plano político, en la práctica, no tuvo mayores consecuencias. Nadie fue juzgado por la toma de la Asamblea, y los siguientes meses, hasta que el bukelismo arrasó en las elecciones legislativas y municipales del 28 de febrero de 2021, fueron un tira y encoge del Ejecutivo con los otros dos poderes.

En la oposición hay quienes están convencidos de que aquel 9 de febrero es la génesis de todo lo que ha ocurrido después. Y lo cierto es que la militarización de la Asamblea no pasó factura a la altísima popularidad del presidente Bukele; al contrario, sigue siendo uno de los mandatarios mejor evaluados del mundo.

Ese es uno de los elementos más difíciles de explicar en la deriva autoritaria de Bukele: está desmontando la institucionalidad entre aplausos de quienes supuestamente sufrirán ese desmontaje. Ese respaldo mayoritario el presidente lo expresó, a su manera, el pasado 9 de julio: «En dos años de gobierno, aún no hemos usado una tan sola lata de gas lacrimógeno«. Con un tuit, por supuesto.

Tomado de RT/ Foto de portada: Jose Cabezas / Reuters.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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