Cuando el antiterrorismo de Estados Unidos mata a 22 mil inocentes

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Por Pascual Serrano.

Un informe de la organización británica Airwars revela que, en veinte años de «guerra global contra el terrorismo», Estados Unidos asesinó con ataques aéreos al menos a 22.679 civiles y podría llegar a 48.308. En ese periodo el terrorismo islámico mató a cien estadounidenses. Es comprensible que muchos pueblos duden de cuál es el bando terrorista.

El 29 de agosto, un ataque aéreo estadounidense contra lo que se suponía era un núcleo terrorista de ISIS-K, (grupo proscrito en Rusia y otros países), en Kabul, se saldó con la muerte de 10 civiles inocentes, entre ellos siete niños.

Varios días después el jefe del Comando Central de EEUU, general Kenneth McKenzie, reconocía el error: «Es poco probable que el vehículo y los que murieron estuvieran asociados con ISIS-K o fueran una amenaza directa para las fuerzas estadounidenses».

Bajo el paraguas de la guerra contra el terrorismo, Estados Unidos lleva 20 años ejecutando ataques aéreos, bien desde aviones tripulados o desde drones, por diferentes zonas en conflicto. Ahora, una asociación sin ánimo de lucro con sede en Londres denominada Airwars, que se dedica a investigar la guerra aérea internacional, ha hecho público un informe en el que ha calculado que al menos 22.679 y potencialmente hasta 48.308 civiles han muerto a causa de los ataques estadounidenses en su guerra contra el terrorismo.

Mientras los partes militares estadounidenses y los medios de comunicación no dejan de destacar con precisión el número de soldados muertos en esta guerra infinita comenzada el 11 de septiembre de 2001, 7.057 militares según el último recuento, los informes solo difunden datos imprecisos de muertos civiles por las acciones estadounidenses.

Casi cien mil ataques

Las investigaciones de Airwars desvelan que los datos militares oficiales de EE. UU. muestran al menos 91.340 ataques aéreos en siete zonas de conflicto importantes. Una horquilla tan amplia de muertos civiles (de un mínimo de 22.679 hasta potencialmente 48.308) refleja las dificultades que se han encontrado para el cálculo de los daños civiles. «El Ejército estadounidense raramente rastrea los efectos de sus propias acciones, incluso si son erróneas. Se deja en manos de las comunidades locales, la sociedad civil y las agencias internacionales calcular los costos».
 
Ni el Departamento de Defensa ni el CENTCOM, el Mando Central de Estados Unidos, publican datos sobre víctimas civiles. CENTCOM dijo a Airwars que los datos sobre daños civiles reconocidos oficialmente no estaban disponibles. «La información que solicita no está disponible de inmediato en nuestra oficina, ya que abarca varias operaciones/campañas en un lapso de entre 18 y 20 años», les respondió en un correo electrónico, invitándoles a solicitar una Freedom of Information, una petición al gobierno para que en virtud de una ley federal haga pública una determinada información.

Estas solicitudes pueden tardar varios años en obtener una respuesta, sin garantía de que la información se divulgue. Es por ello que Airwars debe recurrir a diferentes fuentes que registran unas estimaciones mínimas y máximas.

Estas tremendas cifras de civiles inocentes asesinados por Estados Unidos contrastan con las 2.977 personas que murieron por los ataques del 11-S, aproximadamente diez veces menos si comparamos la menor de las cifras estimadas de muertos por los ataques «contra el terror«.
 
Y todavía resulta más impactante si tenemos en cuenta que, en el mismo periodo, es decir, desde aquel 11 de septiembre, alrededor de 100 estadounidenses han muerto en ataques salafistas en los Estados Unidos, ataques inspirados o realizados por Al-Qaida, ISIS (organizaciones terroristas, proscritas en Rusia y otros países) u organizaciones relacionadas con el terrorismo islámico que aboga por la muerte de los «infieles«.

8.000 operaciones en 80 países

La envergadura de la denominada guerra global contra el terrorismo que inició Estados Unidos se apreció cuando en 2017 el Departamento de Defensa revela que tiene en marcha 8.000 operaciones espaciales repartidas en 80 países del mundo.

Aunque la guerra «antiterrorista» de Estados Unidos nunca tuvo límites territoriales claros, Airwars ha elaborado su estudio de datos en base a tres categorías:
 

  • Invasiones y ocupaciones totales de países: Afganistán 2001-2021 e Irak 2003-2009.
  • Grandes campañas de bombardeos contra el grupo terrorista Estado Islámico: Irak 2014-2021, Siria 2014-2021 y Libia 2016.
  • Campañas estadounidenses de ataques aéreos y con aviones no tripulados más selectivas contra grupos terroristas y militantes: Somalia 2007-2021, Yemen 2002-2021, Pakistán 2004-2018 y Libia 2014-2019.

Airwars precisa que para su estudio ha contado con la colaboración de otras organizaciones locales en cada uno de los países y conflictos analizados.

Irak, Afganistán, Siria

El año más mortífero fue 2003, cuando se informó que un mínimo de 5.529 civiles murieron por acciones estadounidenses, según la organización de monitoreo Iraq Body Count, casi todos durante la invasión de Irak ese año.
 
El siguiente año más cruento fue 2017, cuando probablemente murieron al menos 4.931 civiles, la gran mayoría en presuntos bombardeos contra Irak y Siria. Sin embargo, si incluimos las estimaciones máximas de daños a civiles, 2017 fue de hecho el peor año en cuanto a víctimas civiles, con hasta 19.623 muertos.

Casi todas las muertes de civiles reportadas por guerras estadounidenses desde el 11 de septiembre (97%) ocurrieron en las dos ocupaciones (Irak 2003-2019 y Afganistán 2001-2021); así como en la campaña contra el Estado Islámico en Irak y Siria (2014-2021).

Los drones de Obama

Sería un error pensar que el belicismo norteamericano es cosa de presidentes republicanos. En 2012, los propios asesores de Obama reconocían que el presidente estadounidense tenía una reunión «antiterrorista» todos los martes con dos docenas de funcionarios de alto rango de seguridad en la denominada Situation Room de la Casa Blanca, estudiaban sus biografías y designaban las personas que debían ser asesinadas en nombre de la lucha antiterrorista. El presidente daba el visto bueno de forma individual, se daba la orden al dron correspondiente —los aviones Predator y Reaper no tripulados que van armados con misiles Hellfire— y el individuo elegido -junto con cualquiera que se encontrara a su alrededor- era eliminado.

Lo explicaban con todo lujo de detalles los periodistas Jo Becker y Scott Shane en The New York Times con las declaraciones de los asesores de seguridad de la Casa Blanca. Ya entonces, se informaba que Obama llevaba aprobados 268 ataques de ese tipo con miles de muertos. Solo en Pakistán, según The Guardian, los drones, desde 2004, habían acabado con la vida de entre 2.464 y 3.145 personas, de los cuales hasta 828 eran civiles (535 con Obama) y 175 niños. Alguna prensa europea llegó a calificar aquello como “La ‘kill list’ de Obama”.

Obama recurrió a los drones armados más veces sólo en su primer año en la Casa Blanca que Bush en toda su presidencia. Prácticamente desde el principio, la estrategia del presidente demócrata consistió en apostar por los ataques letales selectivos, no sólo con drones, sino también con las fuerzas especiales o con misiles de ataque enviados desde largas distancias.

Iniciados en secreto y más tarde normalizados en público, los ataques letales selectivos transformaron la «guerra contra el terrorismo» para que se extendiera cada vez más por todo el planeta.

Cuando llegó Trump aumentando y presumiendo del aumento del gasto militar, con su escalada en el uso de las fuerzas especiales incluso más allá de las cotas alcanzadas por Obama, y su expansión del imperio de los drones con cada vez más ataques, se encontraron con pocas quejas de demócratas o republicanos. Al fin y al cabo, era la estrategia de los dos presidentes anteriores, sólo que aumentada.

Pinta de terrorista

En su libro Las guerras de los drones, matar por control remoto, la activista y defensora de la paz Medea Benjamin analizó el uso de drones en las guerras sucias de Estados Unidos (Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia…), sobre todo por parte de la CIA, de organizaciones vinculadas con el Pentágono y de contratistas privados que reclutan mercenarios.

Los drones de guerra son manipulados por individuos con varias pantallas ante sí; dicen: »Ese tipo tiene pinta de terrorista islámico», y el analista de imagen lo confirma o lo niega, y según el caso se le mata o se le deja en paz.

Benjamin explica que «guerra sucia significa aquí buscar desde el aire a cualquier posible indeseable y, en vez de capturarlo, para ver si es él, y juzgarlo para verificar su culpabilidad, se le lanza un misil y se le hace trizas, a él y a cuantos estén a su alrededor.
Barack Obama tiene su lista secreta de indeseables, la CIA tiene otra, los militares la suya, y así hasta que se acaben los presuntos terroristas islámicos y aparezcan otros que justifiquen la continuidad de la industria de guerra de Estados Unidos…».

Ofensiva de terror

20 años de guerra contra el terrorismo han dejado un rastro de violaciones de derechos humanos que van desde las mazmorras de Abu Ghraib con su catálogo de torturas, al campo de concentración de Guantánamo y al asesinato de miles de inocentes mediante ataques aéreos indiscriminados, como acabamos de ver. Sin ninguna duda la denominada “guerra global contra el terror” desde el discurso occidental se convirtió en «ofensiva de terror» para los habitantes de países como Afganistán, Irak, Siria, Libia o Pakistán.

La excusa del terrorismo ha servido para atropellar la legislación internacional, para violar sistemáticamente los derechos humanos, para encarcelar inocentes bajo la mera sospecha de terroristas o para criminalizar protestas pacíficas.

La lectura simplista que gran parte de la ciudadanía estadounidense y europea hace del terrorismo islamista y de la guerra contra el terror, separando entre un bando malo yihadista y uno bueno occidental no tiene ninguna credibilidad para los habitantes de los países que llevan 20 años comprobando humillaciones, torturas y miles asesinatos de inocentes por nuestros drones.

Muchos llegan así a la conclusión de que Estados Unidos y sus aliados no son menos terroristas que Al Qaeda o ISIS.

Tomado de Sputnik/ Foto de portada: Maya Alleruzzo/ AP.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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