Mario Amorós: “Dolores Ibárruri simbolizó la causa del comunismo en el siglo XX”

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Por Eduardo Mesa Leiva.

Este próximo lunes llega a las librerías el nuevo libro de Mario Amorós (Alicante, 1973), doctor en Historia y periodista: ¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria (Akal). Se trata del trabajo más exhaustivo publicado hasta la fecha sobre la legendaria dirigente comunista, pues Amorós es el primer historiador que ha podido revisar al completo y citar de manera profusa la ingente documentación de su archivo personal, que conserva su nieta, Dolores Ruiz-Ibárruri Sergueyeva.

Por las 608 páginas de esta biografía, que además reproduce un total de cincuenta fotografías y documentos (entre estos, cartas inéditas a Stalin, Fidel Castro o Salvador Allende), transcurre la historia del siglo XX encarnada en una mujer vizcaína que abrazó la causa del comunismo desde 1920 hasta el fin de sus días.

El historiador Mario Amorós con su libro ‘¡No pasarán!’.
 Foto: Francisco Amorós cedida por Akal

¿Se consideraba Pasionaria un mito? ¿Era consciente de su peso y su significado en la historia del siglo XX?

En una entrevista concedida a Rosa Montero en abril de 1978 rechazó ser considerada un mito y se definió, sencillamente, como “una mujer”, “una comunista”, una militante más del PCE… Obviamente era y, sobre todo, representaba mucho más que eso. Desde el verano de 1936, tras el llamamiento del Partido Comunista a la defensa de la República que ella leyó ante los micrófonos de Unión Radio en los primeros minutos del 19 de julio (el famoso discurso del “No pasarán”), se convirtió en el símbolo más universal de la resistencia republicana frente al golpe de Estado fascista. Fue entonces, en la epopeya del primer pueblo que se enfrentó con las armas al avance de la marea parda en Europa, en la tragedia de la Guerra Civil, cuando se forjó el mito de “Pasionaria”.

A ello contribuyeron, sin lugar a dudas, la maquinaria de propaganda de la Internacional Comunista y de un PCE que se convirtió en un gran partido de masas, pero también sus cualidades personales: una voz que cautivaba a las multitudes, su imagen permanentemente enlutada que se identificaba con las mujeres del pueblo y la estampa de la “madre coraje”, un discurso potente, claro, emotivo, que exhortaba dentro y fuera de España a la unidad antifascista.

Por ejemplo, quienes asistieron al mitin que protagonizó en el Velódromo de Invierno de París la noche del 3 de septiembre de 1936, en el que pidió al gobierno de Léon Blum que rectificara su política de “no intervención” en España, jamás olvidaron sus palabras. Y durante su largo exilio, en sus viajes por diferentes países, siempre reunió a miles de personas a quienes habló de la larga lucha del PCE para la recuperación de la democracia. Más de cincuenta mil emigrantes españoles se concentraron en Montreuil (París) para escucharla en junio de 1971 y cerca de veinte mil personas llenaron el Palacio de los Deportes de Roma con motivo de su 80 cumpleaños.

Su primer volumen de memorias, El único camino, se editó primero en La Habana en abril de 1962 y de inmediato tuvo ediciones en ruso, francés, inglés, alemán y japonés, y años después en turco y árabe. Seguramente, Dolores Ibárruri fue la mujer que simbolizó a escala universal la causa del comunismo en el siglo XX.

En 1920 abandonó el PSOE y participó en el proceso de fundación del Partido Comunista de España, que se concretó a finales de 1921. En 1930 se integra en el Comité Central y desde 1932 es miembro de su núcleo de dirección. ¿Veían claro sus correligionarios que se trataba de un “animal político” con un enorme potencial?

En los albores de la Segunda República, el PCE era un partido completamente aislado, que contaba con menos de mil militantes, automarginado por su sectarismo y un radicalismo absolutamente estéril. Como responsable de su Secretaría Femenina, Dolores Ibárruri tuvo un papel importante en la gestación de la política de alianzas que conduciría al Frente Popular, al participar en la creación, en julio de 1934, del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, que aglutinó también a militantes de las fuerzas republicanas y del PSOE.

Cuando fue elegida diputada en 1936, ya se había convertido en una personalidad política de talla nacional

Tras la derrota de la insurrección obrera de Asturias en octubre de aquel año y la despiadada represión desplegada por el gobierno radical-cedista, encabezó una iniciativa que tuvo un fuerte impacto emotivo en la izquierda: la evacuación de centenares de niñas y niños asturianos para su acogida temporal por familias de otros puntos de España.

Cuando fue elegida diputada por la circunscripción de Oviedo en las elecciones del 16 de febrero de 1936, ya se había convertido en una personalidad política de talla nacional. Así lo subrayó, con preocupación, el nuncio Federico Tedeschini en un despacho dirigido al cardenal Eugenio Pacelli con fecha de 3 de marzo de aquel año. El 29 de febrero, cuatro días antes, Dolores Ibárruri había protagonizado un mitin multitudinario en Las Ventas, en el que alertó de que “los enemigos de la República” (y citó expresamente a los generales Franco y Goded) seguían enquistados en el aparato del Estado, a pesar del triunfo electoral de la izquierda y de la constitución del Ejecutivo presidido por Manuel Azaña.

El 16 de junio de 1936, en el tantas veces citado (y manipulado) debate en las Cortes en el que rebatió a José María Gil Robles, demostró su capacidad política y sus dotes innatas para la oratoria: fue aclamada por todos los diputados del Frente Popular. Y ello a pesar de que, como recordó veinte años después, en una decisiva reunión del Buró Político del PCE celebrada en Bucarest, sus camaradas le encargaron que asumiera la portavocía comunista apenas tres horas antes del inicio de la sesión parlamentaria.

¿Cuál fue su papel durante la Guerra Civil?

Esencialmente, destacó como la gran difusora ante el pueblo republicano de las posiciones políticas adoptadas por el PCE en cada momento. A través de sus recurrentes visitas a los frentes de guerra, de sus intervenciones en actos públicos, sus discursos por radio, sus innumerables artículos en diarios como Mundo Obrero o Frente Rojo, llamó a la unidad antifascista para la defensa de la República democrática, a la formación del Ejército Popular, a la defensa de Madrid en aquel otoño dramático de 1936, también al combate contra el “trotskismo” (en términos realmente durísimos), a la lucha contra el derrotismo cuando la República empezó a perder territorio de manera muy significativa y a cerrar filas en torno al gobierno presidido por Juan Negrín y su política de resistencia.

El 5 de marzo de 1939, el golpe de Estado encabezado por el coronel Casado, Julián Besteiro y Cipriano Mera sorprendió a la dirección del Partido Comunista y, junto con la partida de la flota republicana desde Cartagena, abortó los planes de evacuación previstos por Negrín. Al día siguiente, desde el aeródromo de Monóvar, en Alicante, Pasionaria partió en avioneta hacia Orán. Así empezó un exilio que se prolongó durante más de treinta y ocho años.

¿Cómo vivió aquel largo exilio en el plano personal?

Fue un exilio marcado inicialmente por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que le sorprendió en Moscú, donde había llegado en abril de 1939. A través de las emisoras de radio soviéticas, de la Internacional Comunista y de La Pirenaica, desde julio de 1941 difundió prácticamente a diario comentarios que llamaban a la defensa de la Unión Soviética de la agresión hitleriana y a la unidad de los pueblos en la lucha contra el nazi-fascismo. Tanto en su archivo personal como en el Archivo Histórico del PCE se conservan los miles de páginas que leyó en aquellas alocuciones.

En el plano personal, la muerte de su hijo, Rubén, con apenas 21 años, el 3 de septiembre de 1942, en los primeros días de la batalla de Stalingrado, fue devastadora. Desde 1953, con el nacimiento de su primer nieto, Fiódor, y posteriormente de Rubén (fallecido en junio de este año) y Dolores, pudo disfrutar de la vida familiar a la que tuvo que renunciar desde su traslado a Madrid desde Vizcaya, a fines de septiembre de 1931, para trabajar en el periódico Mundo Obrero. En su casa de Moscú reinaba permanentemente un deseo muy profundo, el anhelo de volver a una España democrática, que convivía con el temor latente a morir en el destierro, como sucedió a tantos españoles de su generación.

¿Cómo fueron sus relaciones con la cúpula del poder comunista? ¿Estaban preparados sus camaradas para un liderazgo femenino?

Tras la muerte del secretario general del PCE, José Díaz, en Tiflis (Georgia) en marzo de 1942 y la depuración de Jesús Hernández en 1943, Dolores Ibárruri se convirtió en la secretaria general del partido. A partir de entonces se acrecentó el culto a su figura entre los comunistas españoles, que alcanzó su cima en diciembre de 1945, con motivo de la celebración en Toulouse de su 50 cumpleaños, en la que estuvo presente Pablo Picasso.

Es especialmente significativo cómo muchos comunistas detenidos por la dictadura franquista, en los últimos escritos que dirigieron a sus familias antes de ser ejecutados, tuvieron palabras de recuerdo para ella. Así, Cristino García Granda, héroe de la Resistencia francesa, fusilado en Carabanchel junto con otros nueve militantes del PCE en febrero de 1946, escribió: “Tu nombre, que es admirado y querido por millones de españoles, es nuestra bandera…”.

Santiago Carrillo, de pie, con Enrique Líster, Francisco Antón, Dolores Ibárruri y Joan Comorera, en Toulouse, año 1945.

A partir de 1956, con el ascenso de Santiago Carrillo y otros dirigentes procedentes de las Juventudes Socialistas Unificadas, asentados en París, Dolores Ibárruri empezó a quedar en un segundo plano, y su papel representativo y simbólico quedó fijado de manera definitiva cuando cedió a Carrillo la secretaría general en diciembre de 1959 y se convirtió en la presidenta del PCE hasta su muerte en noviembre de 1989.

¿Fue una precursora del feminismo?

Durante la II República y la Guerra Civil, una parte de sus artículos se refirieron a la “cuestión femenina”. Fue, además, la presidenta del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, que desde 1936 se transformó en la Agrupación de Mujeres Antifascistas. Y desde 1945 fue la vicepresidenta de la Federación Democrática Internacional de Mujeres.

Defendió siempre la participación de las mujeres en la acción política y el reconocimiento de la igualdad de derechos en el plano político, social y económico. Ella, que fue la primera o una de las primeras mujeres que dirigió un partido político en el mundo, fue feminista en su tiempo histórico, aunque desde una perspectiva ortodoxa se negara a definirse como tal.

“Ser comunista (…) no significa solo defender en primer lugar los intereses de la clase obrera y de los campesinos. Significa defender los derechos y los intereses de todos los trabajadores, de todas las víctimas de la opresión capitalista; significa luchar por los derechos y la igualdad social de la mujer y contra las trabas feudales y prejuicios peligrosos que han hecho de la mujer a través de los siglos no solo la esclava de la sociedad, sino la esclava del egoísmo de los hombres”, expresó en junio de 1947 durante una reunión de la Unión de Mujeres Antifascistas Españolas en París.

Su longeva vida es tal vez la mejor metáfora del siglo XX, con todas sus convulsiones, guerras, revoluciones, esperanzas y decepciones. ¿Lo considera así?

Dolores Ibárruri nació en Gallarta, en el municipio de Abanto y Ciérvana, en el corazón de lo que entonces era la cuenca minera vizcaína, el 9 de diciembre de 1895, en aquella España de Cánovas y Sagasta que aún conservaba los últimos vestigios de su imperio en América y Asia. Murió en Madrid el 12 de noviembre de 1989, tres días después de la caída del Muro de Berlín y dos años antes del derrumbamiento de la Unión Soviética.

Trabajadores de la minería del hierro en Vizcaya.
 © Centro de Documentación y Divulgación de Las Encartaciones Trueba

“En este siglo todos los caminos conducen al comunismo”, había expresado en julio de 1956. Se equivocó en aquella afirmación quien dedicó su vida a “la más grande de las causas, la causa de la paz y la amistad entre los pueblos, la causa de la liberación de la humanidad”, según la definió el 14 de septiembre de 1952.

Pero creo que no se equivocó quien, tras asistir al XX Congreso del PCUS en febrero de 1956 y conocer tempranamente el “informe secreto” de Jruschov, no volvió a citar el nombre de Stalin en sus discursos, quien junto con su partido defendió la Política de Reconciliación Nacional y el Pacto por la Libertad, quien desde Moscú condenó la invasión de Checoslovaquia en agosto de 1968 por las tropas del Pacto de Varsovia, quien a través de los micrófonos de La Pirenaica alentó, año tras año, las huelgas que mostraban el nacimiento del nuevo movimiento obrero que cuajó en las CCOO y saludó las corrientes que renovaron el catolicismo, quien regresó a España el 13 de mayo de 1977 con la mano tendida, sin rencor ni odio, quien deseó suerte al presidente Adolfo Suárez en la primera sesión de las Cortes Constituyentes, quien reivindicó siempre la lucha de la República contra el fascismo y la contribución a ella de las Brigadas Internacionales, así como la trascendencia histórica de la Revolución de Octubre.

Invitación de Dolores Ibárruri para asistir al histórico XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1956.
 © Archivo de Dolores Ruiz-Ibárruri Sergueyeva

¿Qué carga de significado encierra el seudónimo Pasionaria?

Es una palabra incorporada ya al vocabulario universal, como anticipó Manuel Vázquez Montalbán en 1989, tras su muerte. Todavía hoy, cuando en algún lugar surge una mujer que destaca en la lucha por las causas más nobles, recibe el apelativo de Pasionaria.

¿Cuál es el legado de Dolores Ibárruri hoy?

Con esta biografía, que aparece en el año en que se conmemora el centenario de la fundación del PCE, espero contribuir a un mejor conocimiento de su figura. Fue una vida que alcanzó su cénit en un tiempo histórico muy duro, pero que merece ser recordada. Hablar de Dolores Ibárruri es hablar del movimiento obrero vizcaíno, de los orígenes del comunismo en España, de la II República y del Frente Popular, de la resistencia republicana contra el fascismo que conmovió al mundo, también del movimiento comunista internacional en la era del estalinismo, de la contribución de los republicanos españoles a la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial, de la larga lucha de tantas y tantos comunistas por la recuperación de la democracia en España y el elevado precio que pagaron en vidas, años de cárcel, torturas, sufrimiento…

Junto al líder vietnamita Ho Chi Minh en Moscú en los años sesenta.
 © Archivo de Dolores Ruiz-Ibárruri Sergueyeva

Su vida invita a una reflexión sobre la historia del comunismo que debiera ser rigurosa, puesto que, si bien es cierto que en nombre de la que fue la gran utopía política del siglo XX se cometieron crímenes abominables y se instauraron regímenes que negaron las libertades (al igual que en nombre de “la civilización cristiana occidental” o del capitalismo), también lo es –y esto se olvida con frecuencia– que millones de personas en los cinco continentes escribieron con su compromiso y su sacrificio el libro blanco del comunismo. En el caso concreto de España, la lucha por la democracia y la justicia social no puede entenderse sin la contribución, decisiva, de los comunistas. 

Tomado de La Vanguardia.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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