Bueno, Bueno, Bueno… uno más que lo dice: Corrupción en Miami (I)

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Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Ya está en boca de todos, Francis “bombardero” Sánchez, el belicista alcalde de Miami, que añora ver a la capital de todos los cubanos en ruinas por las bombas estadounidenses que traerán cambios para el bien nacional, sigue alcanzando “logros” para las venideras elecciones que lo perpetúen en su cargo. Ahora, el omnipresente fantasma de la corrupción administrativa, que ha caracterizado esa ciudad aparece con fuerza acompañada de la inveterada mafia cubana, tan criolla como el café que se vende en la Pequeña Habana.

Junto a los escándalos por las suspicaces donaciones recibidas en sus recaudaciones electorales y el tráfico de influencias para traer a Miami, la criticada minería de la criptomoneda, ahora se suma su avezado jefe de Policía purgado de su cargo por descubrir y denunciar que la mafia cubana sigue en el poder y que la corrupción pulula a su alrededor, sin saber por dónde empezar para adecentar la administración pública local.

El lejano y cautivador, pero vigente serial Miami Vice, corrupción en Miami, que desde la década de los ochenta del pasado siglo, nos mostró apenas pálidas pinceladas de lo que ocurría en la capital de la mafia de origen cubano, ahora cobra vida.

Salirse del obediente guión, cuesta y el administrador de la ciudad de Miami, Art Noriega, suspendió a su jefe de la policía, Art Acevedo, con la intención de despedirlo, poniendo fin a semanas de especulaciones en el Ayuntamiento. Se podrá ir o no, pero ya el valiente jede de Policía, le ha hecho a la ciudad un gran servicio público. Tuvo lo que les faltó a otros para poner las cartas sobre la mesa. Ha colocado en el centro del escenario, en papel y en el récord público, lo que tan a menudo permanece en las sombras por la cobardía política o porque se descarta algo típico de Miami: la extralimitación de los comisionados de la ciudad de Miami que piensan que tienen derecho a dirigir el ciudad a su antojo, por el abuso ilegal del poder que la ciudadanía les otorgó al elegirlos.

En teoría, el perfil del cargo establece, que administrar corresponde a un profesional que inspire confianza, pero es opinión generalizada que la ciudad cuenta con el mencionado Art Noriega, tildado de débil y tímido en su gestión. Las comisionados ávidos de poder y ser el centro de atención han aprovechado la oportunidad para tomar ellos las decisiones sobre el futuro de Acevedo, el jefe policial, quien identificado con la lealtad a su cargo pensó que podía romper reglas y ejercer su autoridad, sin consecuencias.

Puede que ganen la batalla por el puesto del jefe, pero, en el proceso, los comisionados han puesto en evidencia la grave situación en el Ayuntamiento. Las acusaciones de corrupción por parte de un jefe de policía no son poca cosa, y lo que Miami necesita es una investigación federal con poder para citar a las personas y documentar sus antecedentes. Este es el clamor de diferentes medios de comunicación local y organizaciones cívicas.

Como hemos visto durante dos reuniones de la comisión hace dos semanas, políticos antiguos de Miami están actuando como si la ciudad de más de 455.000 habitantes fuera un rebaño donde ellos son alcalde, administrador y sheriff combinados en una sola posición, en pos de una gestión veladamente corrupta.

Apenas seis meses fueron suficientes en el ejercicio de su cargo,  para con su aguzado olfato y experiencia en fullerías administrativas, Acevedo descubriera, lo que estaba a la vista y nadie quería ver, el lado sórdido de la política en Miami, como lo demuestra su abrumador y documentado memorando de ocho páginas sobre las fechorías del Ayuntamiento.

Se supone que personas como los veteranos comisionados Joe Carollo, Alex Díaz de la Portilla y Manolo Reyes no deben gestionar la aplicación de la ley, ya sea en el departamento de policía o la aplicación del código, pero lo hacen.

La ciudad de Miami tiene como símbolo que la identifica, la palmera, que según sus residentes en ocasiones se dobla, pero no se quiebra. La ciudad ha sufrido huracanes, incendios y escándalos mafiosos y de intolerancia política, pero siempre parece volver por sus fueros.

Con frecuencia los alcaldes de turno como Joe Carollo suelen decir: «Somos una ciudad vieja, pero joven de corazón», «Nuestros mejores años están por venir». Este díscolo servidor público, como candidato del clan integrado por Jeb Bush y Armando Codina, ganó la alcaldía en unas elecciones donde sólo el 19% de los electores concurrió a las urnas.

El purgado jefe policial fue traído para ocupar el cargo y ejercerlo, no para exhibir el uniforme ni ser una figurilla de la alcaldía, al menos eso él creyó, pero la realidad fue otra desde su llegada. Durante su gestión los miembros del equipo alcaldesco se han inmiscuido en investigación policiales confidenciales, han ejercido presiones, traficado influencias, obstruido procesos con el deliberado interés de capitalizar ventajas políticas. Han intentado beneficiar a amigos y aliados. Del mismo modo, utilizan la aplicación de códigos, la policía y otros recursos de la ciudad para acosar a los enemigos percibidos, como detallan los propietarios del club de La Pequeña Habana, Ball & Chain, en una demanda argumentada en 66 páginas y $27 millones contra la ciudad.

Esto es sólo un ejemplo que muestra cómo se materializa el aspecto gansteril de la mafia de origen cubano y cómo se ejerce su poder político en Miami en base de sus intereses económicos. Una de las primeras acciones de Joe Carollo, fue eliminar al administrador de la ciudad Cesar Odio, de origen cubano cercano al entonces Presidente de la Junta de Directores de la FNCA, el extinto Jorge Mas Canosa. Sobre Odio había sospechas de corrupción, durante sus largos años en el cargo.

El travieso Cesar Odio fue separado de su cargo, investigado, detenido y juzgado, se le impuso un año de privación de libertad y una elevada multa. Estaba casado con una de las hijas del expresidente cubano Carlos Prío Socarrás. Es hijo de los cubanos Amador Odio Padrón y Sara del Toro Abril. Amador Odio confrontó problemas en Cuba al haber participado en graves fraudes en la Empresa de Tráfico de Transportes de que era dueño en Cuba.

Sin embargo, en la ciudad de Miami,  bajo el lema electoral “cubano vota cubano, no importa cuán malo sea”, los candidatos entregan dinero por debajo de la mesa para comprar maquinarias corruptas,  a conductores de medios hispanos de comunicación, a sargentos políticos que controlan edificios de bajos recursos, casas de ancianos y comedores para personas en la tercera edad, a editoriales en pequeños tabloides comunitarios para apoyarse en sus campañas y para adquirir boletas para votos ausentes, este último es un gran negociado.

Ahora, parece que al menos algunas personas ya se hartaron del líder de este grupito, el citado Carollo y su elenco de apoyo, Miguel Díaz de la Portilla y Manolo Reyes, protagonistas de la inquisición pública contra el jefe policial.

Sobre el deshonesto Reyes, penden otros antecedentes no menos censurables, por ejemplo en 1971entregó los fondos que se guardaban en su banco, al que llamó Martí, para invertir en el llamado Plan Torriente, dirigido por José Elías de la Torriente Ajuria, que colectaba fondos para una invasión a Cuba y terminó con varios tiros en su cabeza por haber “defraudado la fe del exilio”, cuando dormitaba frente a su televisor el viernes santo de 1972. Entonces Reyes, inversor en esta agresión, al comprobar el colosal fraude, reclamó infructuosamente su devolución.

La única acción de este engendro fue el brutal y artero ataque a Boca de Samá, en Banes, Oriente, causando varias víctimas entre muertos y heridos entre estos últimos a dos niñas de 13 y 15 años de edad, nombradas Ángela y Nancy Pavón. A esta última hubo la lamentable necesidad de amputarle una pierna, crimen cometido hace medio siglo el 12 de octubre de 197. Reyes fue uno de los financieros de esta felonía.

Una farsa orquestada con el mejor estilo mafioso fue ideada por el bravucón Francis Suárez, quien “enojado” con Acevedo por ventilar trapos sucios en el memorando al administrador Noriega, propuso a los comisionados de la ciudad que votaran a favor de investigarse a ellos mismos y finiquitar el asunto. Una farsa ridícula.

La abogada de la ciudad accedió obedientemente a elaborar una lista de agentes de la ley retirados que podrían servir como investigadores, aunque la expresión acobardada de su rostro en la reunión dijo todo lo que se necesita saber: ella también sabe que su trabajo está en juego. La lista sería supervisada por el alcalde, para evitar fisuras de seguridad. El escurridizo Suárez, mientras el escándalo sacude su ciudad, él esquiva el drama y se esconde del ojo público.

Al igual que Noriega, quien, en lugar de permanecer callado, debería haber dicho a los comisionados, cuando se le preguntó si el jefe compartió con él las investigaciones, “No”, simple y llanamente.

Su respuesta debería haber sido ‘No, y no necesito saberlo’”, dijo un exmiembro de alto rango del Departamento de Policía de Miami. “No, no compartes investigaciones sobre policías. La carta establece que, como oficial jefe de las fuerzas del orden público, no tienes que compartir”.

Pero está claro que el frágil Noriega se siente intimidado por los comisionados, los cuales tienen el poder de despedirlo. Él le ha pedido a Acevedo un plan de acción que incluya cómo arreglará las relaciones con los comisionados que lo han menospreciado horriblemente. Una posición débil.

Lo más increíble es que Acevedo probablemente pagará el precio de la aversión de Carollo por un policía de gran personalidad y renombre nacional vendido como “el Michael Jordan” de los jefes de policía. Si algo ha demostrado Carollo durante su dilatada carrera, es que no puede soportar ser eclipsado por otros.

La gravedad de la situación en Miami requiere una investigación independiente por parte del FBI o del Departamento de Aplicación de la Ley de Florida, pero preferiblemente de los federales, dado el agrio estado de la política de Florida. Una ciudad no puede administrarse como una empresa cuasi-criminal donde los políticos, como hemos visto en estas reuniones pasadas, abiertamente, toman acciones agresivas contra personas que perciben como enemigos políticos.

No importa cuánto teatro político pongan en escena, cuántos videos de un Acevedo más joven Carollo y sus secuaces logren desenterrar, las verdades que se desentrañan no son condenatorias para el jefe, sino para sus verdugos. Tal vez la gente de Miami finalmente se haya cansado de Carollo & Compañía.

Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: AP.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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