Cuba: Entrevista a José Ramón Machado Ventura (III y Final): «¿Qué hay que hacer?, ¡yo voy!»

Compartir

Por Enrique Ubieta Gómez.

–Hoy el Partido es centro de continuos ataques por parte del imperialismo y de la contrarrevolución. Quieren debilitarlo o anularlo. ¿Cuáles son los retos fundamentales que este enfrenta?

Los retos que enfrenta el Partido son los retos que enfrenta el país. Y en las actuales condiciones, el principal es el económico. Tenemos que resolver el problema de la economía. Claro, todos sabemos a qué se debe la situación en la que estamos, pero tenemos que aprender, preparar al pueblo para que pueda subsistir y a la vez desarrollarse. Hay que resistir, correcto, pero hay que tratar de avanzar también. Y no es lo mismo avanzar cuando no existen fuerzas que se opongan, que cuando tienes un enemigo poderoso como el nuestro.

«El espíritu de resistencia lo tiene que tener, en primer lugar, el Partido, para poder trasladárselo al pueblo. Ya llevamos más de 60 años de bloqueo, y no se conforman, todos conocen las medidas extremas que tomó el gobierno de Trump. Eran duras y las extremó, lo que atenta contra nuestras posibilidades de desarrollo. El reto del Partido es mantener al pueblo en conocimiento de esa situación, para que sea capaz de resistir. Resistir y avanzar en todo lo que esté a su alcance. Se requiere de trabajo político, y este tiene que cambiar, no porque el que estemos haciendo sea malo o no sirva, sino porque lo que ha cambiado es el escenario; la realidad cambió. Tenemos que extremar el trabajo político-ideológico diferenciado. Esa palabrita la emplea todo el mundo: diferenciado. Pero no saben qué significa. Yo le agrego: de calidad. Diferenciado, pero de calidad, para que cumpla su cometido. Ese es el reto que tiene el Partido en nuestros días.

«Y acudir a la historia. Tenemos que trasladar más la historia. ¿Por qué yo me hice comunista? Por lo que me enseñó mi papá, que tenía la historia cerca, tíos de él que fueron veteranos, mi abuela que sufrió la Reconcentración de Weyler. Esos cuentos los escuché de mi abuela. No los leí en ningún libro. A estas alturas, las cosas no son iguales. El escenario es otro para las nuevas generaciones. Si trasladamos la historia de una manera mecánica, a base de clichés, no tendremos éxito. Conocer no solo lo que dijo, sino lo que hizo Martí, “cuanto he hecho hasta hoy”, escribió; no solo lo dijo, no, no; hizo, actuó, organizó una guerra sin la ayuda de Estados Unidos y trató de impedir con la independencia de Cuba, que cayeran sobre nuestras tierras de América, como dijo en su carta a Mercado… Martí sabía.

«Esas son las cosas que hay que trasladar. No solo Martí, muchos de aquellos patriotas sabían ya cuál era el propósito de Estados Unidos. La historia hay que hacerla bien, no se trata solo de contar la biografía de los más importantes patriotas. Eso hay que saberlo, pero hay que ir al fondo del problema. Ellos querían algo más que liberarse de España. Que había anexionistas, hay que decirlo. Tenemos que aprender todo lo posible de la historia.

Hay muchos nuevos cuadros en el Partido que proceden de la Juventud. Como que tengo tantos años, los he visto crecer casi desde que eran pioneros. A algunos los conocí en asambleas pioneriles, y hoy son ministros. Foto: Ariel Cecilio Lemus

«Y en cuanto a los retos actuales, hay uno muy importante: la unidad, pero no solo la unidad del Partido. Una de las cosas que caracteriza al Partido nuestro, después de todo aquello de la microfracción, es que nunca ha sufrido un resquebrajamiento; algún individuo por allá que hizo una declaración, o que no sirvió como cuadro del Partido, eso como persona, pero en el Partido no ha existido ningún tipo de divisiones. El Partido, en sus estructuras internas, mal que bien ha funcionado. No puedes decir, qué bien está el Partido en Camagüey, allí los núcleos se reúnen, y qué mal está en Guantánamo, eso no existe en este país, hay una uniformidad, pero no de cuadratura, sino de funcionamiento; con errores, con problemas, el Partido siempre ha funcionado. Y ha desempeñado su papel.

«Esa es una virtud de nuestro Partido, que ha conservado la unidad. Nunca se han producido escisiones, problemas ideológicos.»

«Problemas ideológicos los podemos tener tú y yo, tú piensas de una manera y yo de otra, pero dentro del Partido. No hay una fracción que quiera hacer otro Partido. En ese sentido podemos sentirnos orgullosos, pero eso hay que trasladárselo a las nuevas generaciones.

«Ahora viene el cambio generacional, que ya por cierto está hecho en lo fundamental. El otro día leía un artículo que dice que todos los que dirigimos el país, menos tres o cuatro, nacieron después del triunfo de la Revolución. Los que nacieron después de la Revolución están ya gobernando este país. La esperanza del imperialismo era lo que sucedería después de que nos muriéramos los viejos. Pero no se acaba con nosotros: desde hace años, los que dirigen este país nacieron después. Fidel era imprescindible, pero cuando faltó no se acabó la Revolución. Y Fidel era Fidel. Y hemos seguido. Vino Raúl. Ahora viene Díaz-Canel. Y han arreciado el ataque. Han visto este momento de crisis económica como el idóneo para empujar. Y les fracasó Trump, que intentó ahogarnos.

«Pero los imperialistas son imperialistas. Quieren dar el golpe final, creen haber visto una brecha y se están empleando a fondo. Por eso tenemos que plantar en lo ideológico, no solo a nivel de Partido, sino a nivel de pueblo. Ahí está el 86% de apoyo a la nueva Constitución socialista. Siempre habrá gente que esté en contra, aun cuando la medida que tomemos lo beneficie. No podemos aspirar a la unanimidad, eso es falso. Es en esa dirección que tenemos que marchar, seguir profundizando nuestro trabajo, pero con calidad, teniendo en cuenta los problemas actuales, el cambio de escenario y lo que persigue en estos momentos el imperialismo.

«Hay que conocer cuáles son las fuerzas enemigas y cuáles son las debilidades que tenemos. Estas últimas radican, sobre todo, en la economía, que se ha complicado por factores naturales; hemos tenido problemas propios y limitaciones objetivas, porque sí, a veces cometemos errores en la conducción de la economía, pero tenemos un bloqueo económico, comercial y financiero desde hace más de 60 años. Lo peor que tiene esto es que la gente se acostumbró a vivir con el bloqueo, como si tú te acostumbraras a vivir sin zapatos. Ya no reclamas el par de zapatos. La inmensa mayoría de los cubanos nació con el bloqueo. Díaz-Canel tendría tres años cuando fue implementado. Hay personas que ni siquiera conocen el periodo especial, porque nacieron hace 20 años, que en 1995 no habían nacido.

«Por eso el trabajo ahora se hace más difícil. Hay un segmento de la población de mediana edad, que conoció algo por sus padres, pero hay otro que no, porque sus padres ni siquiera lo vivieron. Ese es el trabajo que tenemos que hacer. Pero podemos sentir el orgullo de que el Partido no haya tenido que pasar por momentos de división, hubo personas que fallaron, pero el Partido se mantuvo cohesionado. Y hay muchos nuevos cuadros en el Partido que proceden de la Juventud. Como que tengo tantos años, los he visto crecer casi desde que eran pioneros. A algunos los conocí en asambleas pioneriles, y hoy son ministros».

–Una vida intensa. Usted conserva una salud envidiable. Lo vemos ir y venir a las provincias, meterse en los surcos, caminar por los pasillos del Comité Central como cualquier joven…

–Tuve suerte. Eso es genético. La gente me pregunta, ¿tú haces ejercicios? Yo no hago ejercicios. Toda mi familia vive más de 95 años. Mi mamá murió a los cien años, mi abuela a los 99, y la otra abuela igual, a esa edad, mi papá a los 96, y podía haber durado mucho más, no tenía nada, pero se cayó y se fracturó la cadera, y se complicó con una neumonía, cosas que le pasan a los viejos, pero él todavía leía la prensa, estaba al tanto de todo lo que pasaba en Cuba o en Siria…

–Usted ya tiene 90 años, y una vida intensísima…

–Eso me ha ayudado… Fíjate que yo no pongo el teléfono al lado mío. Lo tengo allá, para tener que pararme cuando suena, así sea 20 veces al día. Ese es el ejercicio que yo hago. Y voy para la oficina y regreso, camino mucho. Yo digo que es genético, pero además, yo no me aburgueso. El problema no es solo físico, es estar claro de la cabeza.

El Comandante Machado Ventura, al recibir el Ministerio de Salud Pública, del ministro saliente Serafín Ruiz. Foto: Archivo de Granma

–Cuando reflexiona sobre su vida, ¿se siente satisfecho de lo hecho, de lo que ha logrado?

–Totalmente. En los días de la Sierra pensaba –los médicos cuando se ausentaban de su puesto tenían derecho a recuperarlo en el plazo de un año, pero yo llevaba más tiempo en aquello–, que cuando la guerra terminara tendría que empezar a buscar empleo. Todas las responsabilidades que la Revolución me ha dado, ni las imaginé. Nunca abandonaría mis ideas, pero pensaba que mi papel habría terminado. Me siento más que satisfecho por la oportunidad que me dio la Revolución de participar –con lo poco que yo haya podido hacer–, pero me dio esa oportunidad. Si a mí me hubieran dicho, «vete para tu casa», me hubiera ido tranquilo a trabajar como médico, porque nunca pensé otra cosa, ni tuve otras aspiraciones. Me siento super satisfecho. ¿Sabes lo que quisiera? Durar 200 años, ¿para qué?, para trabajar más. Sí, porque hay gente que quisiera durar más para disfrutar la vida, no, no, yo quisiera vivir más para trabajar más, y ver el desarrollo de esto. Oye, yo cuando estoy un rato aquí y no tengo nada que leer y no recibo una llamada, ni tengo que ir para otro lugar, cuando me siento y estoy 15 minutos sin hacer nada, me siento mal, «me han olvidado»… ¿Los domingos? No, yo me llevo un montón de papeles para la casa. No puedo pasarme un domingo en la casa sin hacer nada. Hasta el Noticiero lo veo como parte de mi trabajo, de una forma diferente, y después digo: oye, vi esto o aquello; ustedes lo saben, es un defecto, la gente me dice que yo abuso de eso…

Foto: Archivo de Granma.

–Es una virtud… Usted disfruta su trabajo.

–Hay quienes me critican (y yo no los critico). Pero es que yo soy así. Cuando era un muchacho, tenía un equipo de pelota y cuando había juego iba por las casas despertando a todos los jugadores. Y yo era bueno para mi edad, a pesar de que era flaco, y aun así, era el que buscaba la pelota, los implementos, siempre me encargaba de organizar aquello para que funcionara. El que llegaba tarde lo mandaba a buscar o iba yo mismo a buscarlo. ¿Qué hay que hacer? Yo voy. Yo nací así.

«Y me siento muy satisfecho de la oportunidad que tuve. Yo soñaba con que había que hacer grandes transformaciones; y me dijeron: no hay que hacerlas, vamos a hacerlas».

–Quiero felicitarlo por el Congreso y por su larga vida de combatiente revolucionario…

–Yo me voy ya.

–Pero seguirá aportando…

–Bueno, vamos a ver qué hago.

–Y cuando cumpla 200 años, ojalá pueda ser yo quien lo entreviste de nuevo.

No quiero hacer como los árabes, que se sientan en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver de sus enemigos. No, no, yo quiero sentarme en la puerta de mi casa para ver el desarrollo del país. La vida, como es lógico, se acaba. Y no puedo sentirme mal por eso. He tenido la suerte de que ni siquiera me he enfermado. He visto a compañeros que han tenido que ser operados, otros que eran asmáticos, y vivían así. A mí me da pena, pero nunca me he enfermado. Yo solo me he operado una vez, de la vesícula, pero por el método este moderno de mínimo acceso. Me operaron el sábado y el lunes vine a la oficina. La gente creía que no me habían operado.

«Y lo otro es una vieja herida de guerra en una pierna. Pero no me dejó cojo porque no me limité, porque seguí trabajando. Eso fue cuando la ofensiva en el II Frente. No cogí muletas ni nada. Seguí haciendo lo que tenía que hacer y con la pata esa renca me montaba en un mulo de costado, y así iba, con la pierna esta medio colgando. Y me bajaba después y caminaba. Y el movimiento ese me ayudó, la pérdida de músculos que tuve fue grande –parece que fue un casco de mortero el que me impactó, que es peor que una bala, porque es un pedazo de hierro que cuando entra se lleva un trozo de masa muscular–, y la fisioterapia natural me salvó de quedar cojo. Ni me acosté, seguí caminando para allá y para acá.

«Tengo un hijo y un nieto. Mi familia es de varones nada más. Mi hermano tuvo tres varones y yo otro. Y ahora tengo un nieto varón. Yo pude tener más hijos. Hubiera querido tener más hijos, pero mi mujer no podía ya. Pero a mí me gustan los niños. Ahora tengo un nieto, que tiene un año y pico, y que para mí es lo más grande del mundo. Todos los abuelos se obsesionan con los nietos, todos son iguales, y yo también. He sacrificado a mi familia y a mi esposa por el trabajo, ahora me doy cuenta. No fue por andar de fiesta, fue por el trabajo».

En el análisis certero, en el señalamiento oportuno a un compañero, en la formación de los cuadros, Machado Ventura no solo condujo, sino que predicó con el ejemplo en cada tarea. Foto: Germán Veloz Placencia

Tomado de Granma / Foto de portada: Endrys Correa Vaillant.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Dejanos tu comentario

A %d blogueros les gusta esto: