Televisión Cubana: 71 años de su nacimiento

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Por Paquitas Armas Fonseca.

El 24 de octubre la Televisión Cubana arribará a su aniversario 71. Y si alguna palabra  puede definir aquel alumbramiento es tozudez.

Es que a La Habana llegó, proveniente de Santander, España,  Gaspar Pumarejo cuando solo tenía 7 años, pero se enraizó en la isla  como en su tierra natal. Era un tozudo por excelencia.

De joven trabajó en una ferretería, pero con una voz singular hizo locución en Radio Salas  y por supuesto, saltó a CMQ radial, el potente emporio de los Mestre.

Era gago y a pesar de ese defecto  tenía una alta radioaudiencia en el espacio La palabra. Se convirtió en un hombre de confianza de Mestre, pero acariciaba un sueño audaz y arriesgado: instalar la televisión a Cuba.

Rompió con CMQ, trajo equipos desde Estados Unidos. Hubo algunos ensayos,  pero  oficialmente la televisión en Cuba nació el 24 de octubre con un control  remoto desde el Palacio Presidencial, con las palabras del entonces Presidente de la República, Carlos Prío. La noche fue testigo de una fastuosa fiesta, transmitida también, a la que asistieron Pedro Almendáriz, Carmen Montejo y Raquel Revuelta, y, claro Pumarejo en primer plano, ya famoso como locutor de radio. Cuba se convertía esa noche en tercer país en contar con la tv, después de México y Brasil.

Tuve la suerte de conocer a la publicista Mirta Muñiz, testigo de excepción de aquel acontecimiento:

-¿Cuál es el recuerdo más nítido que tienes del primer día de televisión en Cuba? 

-Ahora que me preguntas te respondo con dos palabras: tensión y cansancio.

– ¿Sentías que estabas asistiendo a un acto que marcaría historia?

-Plenamente consciente, pues ese día fue el resultado de muchas jornadas de trabajo desde que serví de intérprete a Gaspar Pumarejo con dirigentes de la RCA Víctor y Humara y Lastra, sus representantes en Cuba,  para la adquisición de los equipos hasta cuando el mismo primer día nos preguntamos quien nos iba a ver, porque aún no había muchos televisores en las casas y yo propuse coordinar con las tiendas para ponerlos en las vidrieras y mantenerlos encendidos. Fue muy hermoso ver como la gente disfrutaba por primera vez la televisión. Además, Pumarejo se encargó de hacérnoslo entender cuando nos reunió el día antes y entregó a todos y cada uno de los que trabajábamos una carta bien importante, asignando tareas a cada uno. Te copio un párrafo: “Agradezco anticipadamente desde lo más profundo de mi alma, la cooperación que me brinden mañana, día señaladísimo en los anales no sólo de la historia de Unión Radio y Unión Radio Televisión, sino en la historia de Cuba, ya que nos cabe la gloria de haber sido los primeros en incorporar nuestra patria al más moderno invento de nuestra época.” Tengo la carta en mi poder con la organización y la asignación de tareas. Nombres de actrices como Raquel Revuelta, periodistas como Juan Emilio Friguls, locutores como Roberto Canela, entre otros que aparecen en esas listas que son realmente  los verdaderos fundadores  de la televisión en Cuba”.

Cerca de Mazón y San Miguel, donde Pumarejo lanzó la primera señal televisiva cubana, Goar Mestre trabajaba por  sacar su canal.

El 3 de marzo de 1946 se colocó la primera piedra de un importante edificio de El Vedado, en La Habana. Fue el primero en Cuba en tener aire acondicionado centralizado, con una planta de 280 toneladas. El inmueble costó unos tres millones de dólares, entonces era un coloso arquitectónico y fue concebido como un complejo de cine, radio y televisión.

Tendría también una galería de tiendas y un teatro, e imitaba hasta cierto punto a Radio City, de Nueva York. Se trataba del imponente Radio Centro, el sueño erigido de Goar apoyado por sus hermanos.

El santiaguero, nacido en 1912, estudió en la Universidad de Yale. Comenzó a realizar publicidad y terminó teniendo un monopolio de radio, televisión: las famosas señales de CMQ, que contaron con el apoyo de firmas norteamericanas como RCA-Victor y Warner Brothers, además de otros potentados cubanos.

El edificio Radiocentro, ubicado en la calle 23, entre L y M, en el Vedado, se inauguró el 12 de marzo de 1948. A partir de ese día las transmisiones radiales del Circuito CMQ se hicieron desde allí.

Por esos meses Mestre estaba enfrascado en la construcción de un edificio de 3200 m2 al lado de Radiocentro. Allí se albergarían estudios, almacenes, camerinos, talleres y otras instalaciones, así como departamentos de su emisora de televisión. Esta tendría una torre de 116 m sobre el nivel del mar, que llevaría la señal televisiva a una distancia de cercana a los 70 m, cubriendo La Habana y sus alrededores a partir de diciembre de 1950.

El 15 de diciembre de dicho año, desde las 8:00 p.m., CMQ TV realizó emisiones de prueba, y algunas llamadas indicaron que la señal llegaba a diferentes barrios. Un día después realiza una prueba en circuito cerrado con la señal de un juego de beisbol desde el Estadio del Cerro hasta Radiocentro.

Todo marchó tan bien que Mestre mandó a sacar el programa al aire. De manera que el 18 diciembre nace oficialmente CMQ Televisión, Canal 6, hoy Cubavisión.

En la década del 50 se crearon otros centros televisivos, dependientes del consorcio Mestre hasta que con el volcán de 1959,  que sacudió toda la sociedad y por supuesto a la televisión,  los canales pasaron a ser propiedad estatal.

La entrada de los rebeldes a La Habana fue seguida por las cámaras y Fidel, usó por primera vez la televisión con fines propagandísticos y políticos.

En Camaguey  se fundó el Canal 11, que duró hasta 1961 y en 1968 nació el primer canal, Telerebelde,  fundado  por la Revolución el 22 de julio en Santiago de Cuba.

Corría el año 1981 cuando la Dirección Nacional del ICRT decidió que Tele Rebelde había cumplido los objetivos que fundamentaron su creación, y paso a ser un canal nacional.

Durante lustros posteriores nacieron doce telecentros y la Televisión serrana, a la vez que se  estructuraron los canales educativos, Multivisión, Clave y el Canal Caribe.

Actualmente, la televisión transita hacia a su transmisión en Alta definición, como ya se hace con Rusia Today, Cubavisión y Telerebelde HD.

Y en ese texto homenaje a la televisión en su cumpleaños, les dejo con algunas opiniones:

–¿De tu época en Cubavisión, qué espacios recuerdas con más placer?

A mí me designaron Vice-presidente del ICRT para atender la Televisión a finales de 1995, después de participar en  la vuelta a la tierra junto a la Delegación que encabezó el Comandante en Jefe, Fidel Castro y que comenzó por Europa, pasó por la República Popular China, Viet-Nam, Japón e hizo una escala técnica en Canadá.

Esta nueva responsabilidad no me era ajena porque desde el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido,  donde estaba, atendía la Radio y diez años antes había dirigido el Noticiero Nacional de TV y el Canal Tele-Rebelde. Sin embargo había que enfrentarse a situaciones nuevas y muy complejas, como son todas las de la Televisión en cualquier época.

Durante más de nueve años en esta labor, imagínate cuántas cosas pasaron y programas se hicieron. Comenzamos en dos direcciones: Fortalecer el equipo de dirección con buenos especialistas y que además pudieran dirigir adecuadamente y emprender el camino de la iniciativa, la creación de nuevos espacios que respondieran tanto a los buenos contenidos como al entretenimiento y el interés, teniendo en cuenta las experiencias de los que antes pasaron por ahí.

Yo le doy mucha importancia a la satisfacción del interés que cualquier programa pueda despertar en los públicos. Sin él, no hay teleaudiencia. Por supuesto no fueron pocos los obstáculos que hubo que sortear, sobre todo dos de los que siempre permanecen: las incomprensiones y la falta de recursos.

Pero antes de ir a lo específico que me preguntas, quiero expresar una satisfacción política adquirida en este trabajo de la televisión y el ICRT. Se trata del apoyo que en esa etapa se dio a todo el movimiento de la Batalla de Ideas que encabezó Fidel: las Mesas Redondas diarias, Tribunas Abiertas, aquellos actos multitudinarios por el regreso de Elián González y su llegada a Cuba y sobre todo la presencia del Jefe de la Revolución en su bregar diario haciendo y dirigiendo el proyecto socialista que defendemos.

Rescatar el concurso de Música, Adolfo Guzmán y haberlo realizado varios años, es algo que se puede recordar con agrado, donde pusimos a concursar a muchos compositores y cantantes haciendo música cubana. El Guzmán era todo un acontecimiento, desde que comenzabas a  pensar y conformar el jurado, hasta el espectáculo final e incluso después, lo disfrutabas, pese al intenso y cuidadoso trabajo que había que hacer y lo que implicaba su repercusión positiva o negativa. Irma Larín y Julio Pulido, como Director del programa eran sus ejecutivos más importantes. Sara González, Lucía Huergo, Geidy Igualada, Liuba María Evia, Ariel Alfonso y el Tosco, entre otras personalidades conformaron por alguna vez el jurado. José Luis fue en varias oportunidades su director musical. Rememoro y satisface hacerlo, el Gran Premio al tema de Pedro Romero, Mariposa, que interpretó Beatriz Márquez o el Premio a la Popularidad a Qué Hago con la Canción, del mismo autor que cantó Vania Borges, en uno de los Guzmanes.

En el sector de la música hay muchas cosas más que sentaron pauta y que hoy aún se mantienen. Hecho en Cuba, programa de Video-Clip, antecedente de Los Lucas, idea del Director Orlando Cruzata, que nos costó esfuerzos para ponerlo al aire por incomprensiones. Teníamos razón. Después se convirtió en lo que es hoy, el magnífico espectáculo de los Premios Lucas.

23 y M, dirigido en aquel entonces por Julio César Leal, Lo bueno no pasa, de Gloria Torres, Piso 6, por Joel Guillian, Ultra Casual, antecedente de Cuerda Viva, de Ana Rabasa, que también se convirtió en un Festival de Música Alternativa, Bravo, del Director Roberto Fergusón, dedicado al Ballet y la Danza en general, que cumplió recientemente 25 años,  Bailar Casino, de Víctor Torres, quien además organizó junto conmigo las grandes fiestas de fin de año que se realizaban en los barrios habaneros con  las mejores orquestas. A veces eran hasta más de 10 puntos en la ciudad y todas estaban varias veces en vivo en la transmisión de la Televisión, porque  esas presentaciones bailables para el pueblo, constituían un gran espectáculo en su conjunto.

Los programas musicales de cierre y apertura de la programación de verano. A estas le dimos un realce que no habían tenido nunca, donde propiciamos que participaran realizaciones de los Telecentros y llegaron a  tener decenas de espacios en esas parrillas estivales. Con ellos organizamos, por primera vez, los Festivales Nacionales que llegaron a tener una prominente repercusión. Gratos recuerdos.

La gala al Comandante Juan Almeida, en el 45 Aniversario de la Lupe, los Festivales del Caribe, realizaciones bien hechas, Fiesta Boricua, programa de boleros en coordinación con productores de ese país, coordinado por Cari Rojas, al frente de la Redacción de Musicales en ese tiempo, Roxy Bar, paquete de programas para un verano realizado en Cuba por el periodista y presentador italiano de tv, Red Ronnie, con cantantes cubanos y de Italia,   entre otros que sería larga la lista.

Pero si quiero por último, en lo que se refiere a música, recordar, aunque a algunos les moleste, tres programas que hicimos con Alfredito Rodríguez y que fueron de alta teleaudiencia, dos sobre boleros y otro de canciones, todos de música cubana, la nuestra. En Familia con Alfredo, se ganó a la inmensa mayoría del público televidente, por su escenografía, la forma de hacerlo, lo novedoso en aquel momento, sus entrevistas. El contenido, nada en contra de la Revolución, al contrario, su música cubana toda. A las 12 del día, una hora de duración que alcanzó el 95 por ciento de teleaudiencia en todo el verano de ese año. Las banalidades que pudo haber tenido, no le hicieron sombre a su éxito. La respuesta está en que, todo lo que se hace hay que proyectarlo, organizarlo, discutirlo y prepararse para cada momento.

La Sombrilla Amarilla, fue un proyecto de excelencia como se demostró después. Estaba engavetado. Cuando me hablaron de él, me quedé ganado. Realmente nos dio trabajo pero al fin salió y tuvo éxito. Fue el antecedente de Claro Carita. Hubo otros pero sería largo referirlos.

En los dramáticos había una crisis de guiones para hacer sobre todo novelas, como ha sido característica de siempre. Se pagaba poco por un trabajo muy acucioso y responsable y los escritores no lo asumían. Magda González Grau, en ese entonces jefa de la Redacción de Dramatizados y yo, desplegamos  un ingente esfuerzo que nos dio algunos resultados, insuficientes por supuesto.

De ahí surgieron Las Huérfanas de la Obrapía y si mal no recuerdo La cara oculta de la luna, entre otras, con un buen contenido, objetivo claro que teníamos en vincular ese aspecto medular con los resortes tradicionales que definen este tipo de programa. En lo referido a la novela extranjera tratamos de diversificar y no solo remitirnos a las novelas de O Globo, muy atractivas por cierto como Roque Santeiro, Vale todo e incursionamos con Café con Aroma de Mujer, de Colombia y Ochín, de Japón.

Pero es de destacar el vuelco que le dimos  al teatro en televisión que hasta ese momento lo que se hacía era filmarlo en los escenarios para la tv. Comenzamos una producción de grandes obras con realización para la televisión que nos resultó muy bien. Recuerdo Andoba, dirigida por Mario Balmaseda y María de los Angeles Jauma, Las Brujas de Salem, por Moya, Aire Frío, por Mirtha González. También recuerdo La Casa de Bernarda Alba, entre otras. En esa etapa surgió en el género humorístico, Sabadazo, dirigido por Julio Pulido, que fue un extraordinario acontecimiento televisivo y más tarde Jura Decir la Verdad, con Ulises Toirat que también constituyó un hito televisivo en ese género.

No podemos dejar de mencionar a Entre tú y Yo que cubrió la urgente necesidad de informar sobre la vida televisiva y sus producciones.

Hubo otras apariciones de programas relacionados con la vida social, histórica y política del país, fue una etapa  muy prolífera, de mucho trabajo y éxitos, donde estuvieron presentes también  desaciertos y sin sabores, pero no es el caso ahora. Lo que sí está claro es que impulsamos la necesidad de buscar ideas buenas y hacer creaciones de interés.   (OVIDIO CABRERA)

Tele Rebelde en dos tiempos

-¿Qué significó para ti Tele Rebelde?

Ya yo tenía la experiencia de Colombia y era director de toda la programación dramática de la televisión, que muchos espacios se hacían en vivo. Trabajaba en aquella época como jefe de bloque, como se le decía, y tenía como secretaria a Teresita Segarra. El jefe de la programación juvenil era Alejandro Lugo, en la infantil Ana LaSalle, y en el teatro a Juan Carlos Romero.

Los demás programas los atendía yo directamente. Como coordinador de los actores y productores estaba Pepe Rodríguez, que hasta hace poco trabajó en la televisión.

Muere Marcos Behemaras, que yo quería mucho y éramos grandes amigos, justamente tratando de hacer este trabajo, y pedí asumir su puesto. Por eso en mayo de 1968 a mí me manda Papito Serguera para Santiago de Cuba a investigar qué se podía hacer allí. Ya había un grupo de ingenieros buscando locales para formar un estudio. Me entrevisté con tres personas, con Bonne, Francisco Muñiz y José Soler Puig.

Tuve una medida de qué se podía y qué no se podía hacer en Santiago de Cuba. Regresé y le dije a Papito que allí no había nada, que estaba todo por hacer, que me llevaba a ocho o diez personas para empezar a trabajar, y que el 22 entregaríamos el estudio. Entonces me llevé un escritor, dos directores y a otros. Por el día hacíamos trabajo voluntario y por la tarde y por la noche nos reuníamos en el hotel Venus para planificar y diseñar la programación.

Un día nos reunimos con Guillermo García, que dirigía en Oriente, y aprobó todas las programaciones. Llevé actores, además de los que tenía del Grupo de Teatro de Santiago, que eran muchos. Enrique Bonne se ocupó de la programación musical. Mi segundo al mando era Francisco Muñiz. Cuando comenzamos a transmitir el 22 de julio, ya estaba hecho y ensayado casi todo. (CHUCHO CABRERA)

-¿Cuándo sacaste al aire La Esclava Isaura, pensaste qué sería aquel acontecimiento? ¿Cómo llegó a tus manos?

-En el verano de 1983 Tele-Rebelde, su canal compañero, recién se estrenaba como señal nacional y buscábamos cómo tener programas que pudieran impactar por sus contenidos y atracción. Yo había asumido la Dirección de ese Canal, en aquel entonces Informativo-Deportivo que fue como nació, además se seguir dirigiendo el Noticiero Nacional de Televisión y los espacios que hacían los Servicios Informativos, como Panorama, dedicado al sector de la cultura artística, realizado por el director de Tv, Roberto Ferguson, Telecierre que salía al final de las transmisiones y otros espacios casuísticos de información.

La estructura de este canal descansaba en la de los Servicios Informativos que después se convertirían en Sistema, a la cual, le añadimos algunos cargos más, necesario para su funcionamiento. Una de sus especialidades era la de atender la programación extranjera. Israel González Peña, ya fallecido, un gran revolucionario, de vasta experiencia en esas lides y en el trabajo de la Radio (había sido Director de Radio Rebelde) y la Televisión, era quien asumía esa responsabilidad y siempre andaba buscando ofertas, era una hormiguita, se apareció como a las nueve de la noche a mi oficina con un cassette Umatic que contenía un demo de La Esclava Isaura, con el propósito de que lo viera. Yo estaba a punto de salir, después de un día entero de trabajo desde las 8 de la mañana, complicado como todos y le digo, González lo vemos mañana. Me responde, si miras los primeros planos te vas a quedar enganchado. Entonces para decidirme o no, las preguntas de rigor, cuál es el contenido, qué género, de dónde es. Es una novela sobre la esclavitud en Brasil. El término novela me frenó, la Televisión no había puesto y no ponía novelas extranjeras, solo algunas series cortas. Los prejuicios aún no habían sido borrados. Sin embargo, lo de la esclavitud en Brasil me llamó la atención. Una de las razones por las que no se transmitían, radicaba en que todas ellas transitaban por temas banales, no es como hoy que aunque giran sobre aspectos de mucha intimidad de parejas, tienen otras sub-tramas de carácter social y la Esclava sí tenía esa condición.

Por tanto me decidí a ver fragmentos de prueba de la novela. Efectivamente, quedé enganchado y le pedí ver en ese momento el primer capítulo completo, que había venido con el demos. Cuando terminé de verlos ya estaba seguro, que de ponerla sería un acontecimiento.

Ahora la lucha era cómo introducirla y que fuera aprobada.

De inmediato la mandé a poner en la parrilla de programación del verano de nuestro Canal Tele-Rebelde, que en unos días debía realizar una conferencia de prensa para informar los materiales que ofrecía.

Me fui a ver a Nivaldo Herrera, presidente del ICRT en ese entonces. Le expliqué mis intenciones, argumentando que era un programa de bastantes capítulos pero que su contenido estaba relacionado con la esclavitud en Brasil y que sería una buena opción. Con mirada de duda y de suspicacia me dijo, sería la primera novela extranjera que pondríamos y el perfil de Tele-Rebelde no es ese. Después de darle múltiples razonamientos, concluyó, veremos. Como yo conocía su forma de proceder, sabía que no había ninguna negativa y que me daba la posibilidad de experimentar. Horas antes de la conferencia de prensa, lo llamo para informarle que íbamos a anunciar La Esclava Isaura en la programación de verano. Bueno, allá tú, ese es un problema del director del Canal. Lo dijo de buena forma, entre la duda y el apoyo. Cuando él consideraba que algo era no, lo decía muy seguro en el momento.

En horas de la tarde en conferencia de prensa que realizamos en la sede del ICAP, en calle 17, informamos que se iba a transmitir.

La pusimos en el horario de las once de la noche de lunes a viernes para que no chocara con la programación habitual, sobre todo del canal Cubavisión, en ese momento canal 6, que conciliamos con Enrique González, Jefe de Programación de nuestro  Canal, con Martha Díaz, de ese equipo y otros compañeros, tratando de no molestar a nadie en lo más mínimo. Tenía 76 capítulos de unos 42 minutos, protagonizada por Ruben de Falco y Lucelia Santos, con un estelarísimo elenco de artistas brasileños blancos y negros.

La novela La Esclava Isaura constituyó de inmediato un sunami en la programación de verano de ese año. No imaginábamos ni  el 10 por cien del impacto que produjo, cuando nos arriesgamos a poner una novela extranjera al aire, en el segundo canal con cobertura nacional. Recordar que Tele-Rebelde se constituye con la unión del Canal Dos que llegaba solo hasta la provincia de Camaguey y de Tele-Rebelde Santiago de Cuba que transmitía a las provincias orientales, del cual tomamos su nombre.

La extraordinaria atracción de los públicos latinoamericanos por la novela de televisión, se demostraba de nuevo en Cuba y era superada con creces, con un producto bien hecho, bien actuado, en colores y sobre todo con buen contenido pese a sus inconsecuencias.

Líneas de aviones que retrasaban su horario de salida, reuniones interrumpidas, conciertos suspendidos, picos de programación elevadísimos, ajustes de los horarios de electricidad para que no hubiera apagón a esa hora, citas pospuestas, visitas canceladas, apuro por llegar a tiempo a casa para sintonizar Tele-Rebelde a las once de la noche, esfuerzos del otro canal nacional para competir. Todo eso, lo indecible  y más, ocurrió con la puesta de La Esclava Isaura.

Dado ese gran impacto de la novela en la población, de un Canal que empezaba con nuevos propósitos, informativo-deportivo, el primer gran antecedente de otro proyecto grande, el Canal Caribe, decidimos en coordinación con el Instituto Nacional de Turismo, invitar a Cuba a sus principales actores y terminado el verano, al final del mes de octubre, estaban en La Habana, Rubens de Falco, Lucelia Santos y su esposo y Angela Leal, la conocida conejita de la novela, a los que recibí en la losa del aeropuerto Internacional José Martí y hospedamos en el hotel Riviera.

Esta visita constituyó otro acontecimiento. En todos los lugares que visitaron, cuando eran detectados por la población inmediatamente se creaba un molote de gente para vitorear y ver a los actores.

Fueron recibidos por René Rodríguez, Presidente del ICAP en ese entonces, donde se realizó un pequeño recital con la presencia de Luis Carbonell y la animación de Germán Pinelli, por Nivaldo Herrera, Presidente del ICRT, en ese Instituto, donde pasamos muchos trabajos para poder sacarlos del Edificio, por la cantidad de público aglomerado. Cuando intentábamos salir por M, la gente corría para M, cuando lo hacíamos por 23, todos acudían a 23. Al fin pudieron salir dentro de un apretado grupo de personas tratando de tocarlos y hablarles.

En el hospital Almeijeiras pasó otro tanto, al punto que en el forcejeo por salir, Rubens de Falco perdió un zapato.

Julio García Espinosa y Silvio Rodríguez conversaron con ellos en Varadero, en un ambiente de mucha cordialidad.

La visita de los actores brasileños sin dudas constituyó un agradable gran revuelo en el país, donde la prensa toda, desempeño un importante papel.

El colofón, por supuesto, ante la realidad del movimiento de masas que generó, lo puso Fidel, al recibirlos en el Palacio de la Revolución, donde entabló con ellos un diálogo muy amistoso. Habían pedido verlo y se fueron muy satisfechos por esa atención. Tiempo después se les hacían llegar las fotos del encuentro.

El vigor que había dejado su estancia aquí, lo aprovechamos, cuando nos dimos cuenta que solo habían sido invitados los actores blancos, de una novela que versaba su contenido  sobre la esclavitud, pero aún más, se hubiera podido catalogar como un acto racista.

Con tal esclarecimiento, recurrimos a que vinieran los principales intérpretes negros y dos más que tenían importantes papeles y que no pudieron hacerlo la primera vez. En esa oportunidad fueron acompañados por el director y actor de ese país, Milton Gonsalves Do Nacimento. Su estancia de igual manera fue muy bien recibida y concluyó con un espectáculo musical, transmitido por Tele-Rebelde animado  por ellos. (OVIDIO CABRERA)

Televisión Serrana

-¿Por qué tu interés de reflejar las minorías?

Es algo que está dentro de mí y que me es muy difícil de explicar. Pienso que primero está la formación que me dieron mis padres y los años en los que pertenecí a la iglesia Bautista, donde estudiaba la Biblia con un grupo de jovencitos que se llamaban Los Heraldos del Rey, y que me hicieron comprender los valores espirituales de la gente humilde. Después llega el triunfo de la revolución cubana que enarbolaba esos valores como premisa indispensable de todo revolucionario y por ahí están, creo yo, los inicios de estas ideas.

-¿Cómo llegaste a concebir la Televisión Serrana?

Yo fui alfabetizador Conrado Benítez en las montañas de la Sierra Maestra, lo que me marcó para siempre. Ver de cerca sus vidas y convivir sus alegrías y penurias ha sido siempre imposible quitármelo de la mente. Gracias incluso a ello no solo pienso en los campesinos de la Sierra, sino que me han ayudado a mi trabajo de compenetración con el mundo indígena de Latinoamérica y de otras regiones del mundo al que llevo años entregándome. Debo agregar la posibilidad para poder experimentar nuevas formas de hacer televisión, apartándome de los cánones establecidos y de la inmensa cantidad de personas que parecen que trabajan y realmente solo viven de los programas que hacen los realizadores. Era también tener una mirada del país desde una comunidad serrana y por tanto aislada. Era, en fin, la posibilidad de demostrarles a esos serranos la importancia de sus vidas y su entrega al trabajo, mostrar los elementos culturales que poseen esas zonas del país haciendo comprender al resto de la nación que esas tradiciones y mitos que conforman parte de la nacionalidad cubana no deben dejarse de tener en cuenta. Por supuesto que está Martí y su obra, en especial «Maestros ambulantes». La Televisión Serrana siempre la pensé como un proyecto cultural, y eso sigue siendo, por suerte y a pesar de muchos.

-¿Qué te aportó como profesional esa experiencia?

Pude conocer mejor a los seres humanos y tuve la oportunidad de contar historias alejadas de los centros urbanos. Me ayudó a tener una mirada más profunda, más cerca de las esencias; me enseñó a entender mejor la naturaleza y su lenguaje, que muchas veces no sabemos descifrar, aunque constantemente nos esté lanzando mensajes; me demostró que aunque tengas buenas ideas siempre aparecerán los miembros de la «Comisión Nacional de Obstáculos» para decir que no se puede, que no es el momento o que no hay condiciones.

Debo destacar que cuando nadie creía o no estaba de acuerdo, Ismael González, Manelo, que era presidente del ICRT, sí me apoyó; pero no tenía recursos para llevar adelante la idea y me facilitó el contacto con la UNESCO.

-¿Acaso no extrañas las lomas que arrullaste con tu cámara?

Mucho…, sus imágenes, sus sonidos, su gente…; la espiritualidad que se respira en ese lugar, donde puedes ver tu sombra y descubrir que en el cielo hay más estrellas que las que tú creías.

(DANIEL DIEZ)

-Antes de realizar ese documental que hoy es casi objeto de culto, ¿cómo llegaste a la Televisión Serrana?

Corría 1992 y yo estudiaba para graduarme de Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de Oriente. Estudié en esa universidad porque, iniciados los estudios secundarios, me mudé por motivos familiares a la ciudad de Bayamo, como antes ya dije. Al concluir el preuniversitario y pasar a la enseñanza superior, esta era la universidad que por cercanía me correspondía. Entonces ya en ese año se construía en San Pablo de Yao un centro de televisión con el apoyo de la UNESCO, la participación y apoyo del gobierno local y nacional y, por supuesto, del ICRT, quien como organismo del estado cubano rectoró los pasos de gestación y consolidación del proyecto hasta hoy. De esto tuve noticias por Rigoberto Jiménez, quien posteriormente también se integraría al proyecto de Televisión Serrana y que entonces estudiábamos juntos en la universidad.

Rigoberto averiguó los pormenores, y al concluir nuestra carrera en julio de 1992 nos presentamos juntos a los exámenes que se harían en la ciudad de Bayamo para optar por plazas de estudio en un curso de habilitación que formaría a los futuros realizadores de este proyecto. Recuerdo perfectamente que muchos se presentaron. Estoy seguro que fueron más de cien personas. Creo que Rigoberto y yo fuimos los últimos en sumarnos al proceso de selección. Muchos de los interesados llevaban meses preparándose; algunos hasta habían cursado un taller impartido por el mexicano Virgilio Caballero, hombre experimentado en comunicación comunitaria que contribuyó en la formación académica preliminar.

El día de los exámenes fue para mí como una especie de juego de azar. Me encomendé a lo que sucedería y confieso que no esperaba ser seleccionado. Las respuestas de mis exámenes estuvieron marcadas básicamente por los conocimientos

recién aprehendidos en mis estudios universitarios. El estudio de la historia del arte me había permitido conocer del uso de los colores, la composición, texturas, perspectiva…, y también me habían dado muchos elementos en materia de apreciación cinematográfica y cultura general.

Ante la disyuntiva de tener que optar por una de las especialidades en convocatoria, pedí Fotografía. Me sentía más cómodo en ese campo para atreverme a incursionar; pero lo cierto es que los profesionales que evaluaron mis exámenes consideraron que yo había dado respuestas con lógica para la dirección. Yo ni por asomo lo tenía claro. Así que una vez más me dejé llevar y comencé a optar por una plaza en esa especialidad.

Al final quedé seleccionado de un total de unas treinta y cinco personas, y luego de alguna que otra gestión entre los organizadores y la dirección de trabajo de la  provincia, fui autorizado a incorporarme al curso y a continuar mi servicio social.

En enero de 1993 comencé, aún como estudiante del curso de dirección de televisión que había iniciado desde septiembre de 1992 en la filial del ISA de Holguín, en la Televisión Serrana. Debíamos cumplimentar un semestre de práctica laboral antes de la decisión definitoria de quiénes serían los que engrosarían la plantilla de tal proyecto. Esto ocurrió en mayo de 1993, por lo que en junio ya era un trabajador oficial de la Televisión Serrana.

-¿Qué te aportó aquella aventura además de adentrarte en el mundo audiovisual?

En principio fue justamente eso: una aventura. Desde el tercer año de la carrera universitaria había formado parte de un Grupo de Promoción Cultural integrado por estudiantes de especialidades de humanidades y ciencias, quienes implementamos

un sistema de prácticas laborales por término de cuarenta y cinco días en la zona del municipio de Guamá, en Santiago de Cuba. Este es el municipio montañoso costero donde están los pueblos de Chivirico, Uvero y Ocujal del Turquino.

La experiencia de promoción cultural en esta zona fue muy importante para mi vida. Me aportó elementos no solo de carácter físico –en tanto habilidades para escalar montañas, pescar, remar, hacer largas caminatas, etc.–, sino que además me mostró una zona del país bien desconocida para mí.

En este período tuve la oportunidad de escalar dos veces el pico Turquino, cuestión que ya había realizado al mudarme a Bayamo con solo trece años como miembro de una columna nacional que celebraba la sede del acto central por el 26 de Julio en Granma. Era 1982 y yo era vanguardia provincial de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM).

En estas andanzas serranas aprendí a conocer gente muy humilde, pero muy sincera, colaboradora y agradecida del proyecto revolucionario. Eran los años en que se desmembraba el campo socialista y comenzábamos el período especial (1989-1992). Aquella zona, como básicamente toda la ruralidad, aunque el impacto mortal haya sido a todo el país, sintió con mucha fuerza los embates de la crisis. Esa experiencia me ayudó a entender que solo en los propios seres humanos están las fuerzas necesarias para sobreponerse a cualquier situación por difícil que sea.

También por aquellos años comprendí tempranamente algo que luego la Televisión Serrana me ayudaría a desarrollar: el trabajo de promoción cultural comunitario no podía ser una invasión, ni la implementación de un módulo tipo, repetitivo de lugar en lugar, de comunidad en comunidad. El trabajo cultural comunitario debía ser en esencia un aprendizaje mutuo de promotores y actores comunitarios; debía ser un puente de cruzamiento de informaciones, mediaciones, saberes, esencias culturales. Un promotor cultural lo primero que tenía que tener claro era que debía acercarse a la comunidad a aprender de ella, y en esa aprehensión de conocimientos poner a funcionar los de él en aras de aportarlos y provocar crecimiento mutuo. En esencia esa fue la experiencia precedente de la cual, por supuesto, he sacado conclusiones. Al igual que en mis inicios en la Televisión Serrana, viví esos años de universitario como una gran aventura, que a lo sumo se podía traducir en un profundo sentido humanista.

Luego llegó la Televisión Serrana. Era ya un graduado universitario y tenía veintitrés años. No me apetecía en lo absoluto trabajar en el Centro Provincial de Artes Plásticas de mi ciudad, al que había sido destinado. Esto lo digo con toda sinceridad, y sin que signifique en lo absoluto menosprecio al lugar o a la actividad que allí tendría que haber realizado si no hubiese tenido esta otra opción. Lo cierto es que mi trabajo

estaba destinado a la labor de curaduría de artes plásticas en una ciudad del interior del país en pleno período especial. Por eso, y con la carga de mi experiencia universitaria, el aire aventurero volvió a soplar y hasta la Sierra Maestra no paré.

Siempre me dije: aquí estaré un par de años, luego veremos. Al final estuve doce.

La necesidad de aprender a dominar las herramientas del audiovisual, y en específico las de realización del documental, hicieron de los primeros años en la Sierra un lugar casi de películas. Desde allí conocí el país, desde allí frecuenté los principales

festivales nacionales, desde allí estudié en más de cinco talleres internacionales en la EICTV. Desde allí también tuve mis primeras experiencias internacionales, todo un primer período de mucho aprendizaje que en menos de tres años comenzó a dar sus primeros frutos colectivos.

Pero desde el primer día la Televisión Serrana fue más que eso. Por un lado constituyó un espacio donde aprendimos a respetar la creación y a los creadores; un espacio que nos permitió pensar y debatir; un espacio que se nos abrió a la posibilidad del pensamiento; un espacio para opinar y discutir no solo nuestra obra, sino todo lo que nos rodeaba y golpeaba como realidad local y nacional, y sobre todo, nos permitió hacerlo desde la premisa de que la total libertad implicaba un mayor compromiso y  responsabilidad con la obra creadora y con la social en la que estábamos inmersos. En la Televisión Serrana aprendí a valorar el papel social del arte y la necesidad de que los artistas se  comprometan socialmente con lo que hacen.

Por otro lado, y en paralelo, es decir, como proceso que se gestó a la par de lo anterior, la Televisión Serrana significó desde el primer día el respeto a la sabiduría campesina, a la cultura del campesino. Si algo trascendental, sin autosuficiencias, se le pudiera adjudicar al proyecto de Televisión Serrana –más allá de sus reconocidos méritos audiovisuales– es haber abierto un espacio para la participación ciudadana de los campesinos de ese entorno. Ese espacio partió siempre del reconocimiento a sus valores, a su cultura; de ahí la necesidad de que los campesinos fuesen los actores activos de esa obra.

Para finalizar, la respuesta: la Televisión Serrana me permitió conocer y aprender del sonidista y realizador Daniel Diez, quien fue el padre, el gestor de tal proyecto. Desde su ejemplo cotidiano supo transmitirme todo lo que anteriormente he dicho, y  contribuyó a forjar, de modo muy especial, lo que soy hoy.

Otro elemento –no por mencionarlo al final menos importante–es que la Televisión Serrana significó y significa mi universidad de la vida. Allí me hice el ser humano que soy, con mis muchos defectos; pero cargando encima las muchas virtudes que gente sencilla y humilde me supo aportar en esa carrera por la honradez que día a día llevan consigo: Tina, Abel, Pucha, Pedro, Gía, los Polancos, los Tassés y tantos otros.

Además, allí conocí y profundicé la amistad con quien hoy son mis amigos. Allí conocí a mi esposa; allí nació y creció mi hijo hasta los ocho años. Con esto quiero decir que allí forjé mi familia, la afectiva y la carnal. En ese lugar me armé del cariño de mi esposa para el futuro; mi hijo aprendió a gatear, a caminar y a correr; le vi mezclar su sonrisa, entre los rostros de niños serranos en una digna escuelita de montaña. Allí, como diría Daniel Diez, aprendí la diferencia entre la esperanza y el saltamontes. (WALDO RAMIREZ)

Tomado de ICRT.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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