¿Vox a la mexicana? La extrema derecha se ilusiona con construir una fuerza opositora a López Obrador

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La visita de Santiago Abascal, presidente del partido ultraderechista español Vox, le dio un impulso a los movimientos conservadores en México que defienden la agenda contra los colectivos feministas, de diversidad sexual y de género; que proclaman una lucha regional contra ‘el comunismo’ y que, además, desconfían de la ciencia.

Desde que el líder de Vox terminó la gira que realizó a ese país a principios de septiembre, son varios los dirigentes mexicanos que ya reconocieron que quieren construir una nueva fuerza política a imagen y semejanza.

La paradójico es que, aunque la oposición obvia es a López Obrador, en realidad centran sus discursos -plagados de referencias religiosas- en críticas al Partido Acción Nacional (PAN), que durante décadas fue el espacio político de derecha y que incluso ya tuvo a dos presidentes: Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012).

Hoy, después de rupturas internas, traiciones a sus principios y disputas de poder, el PAN enfrenta una debacle. En las presidenciales de 2018, su candidato Ricardo Anaya obtuvo sólo el 22 % de los votos. Y en las legislativas realizadas el pasado 6 de junio, alcanzó el 18 %.

Para los émulos de Vox en México, el PAN es ahora un partido «tibio» que ya no representa ni siquiera a la derecha. Mucho menos a los ‘ultras’.

En este bloque que defiende y pretende imponer la agenda ultraconservadora en México se encuentran grupos como Frente Nacional Anti AMLO (FRENAA), la Unión Nacional de Padres de Familia, el Movimiento Viva México, el Frente Nacional por la Familia y Sí por México.

Son apenas algunas de las 66 organizaciones civiles, religiosas y políticas de ultraderecha detectadas en México gracias a una investigación periodística que el portal Ojo Público llevó a cabo el año pasado en ese país y en EE.UU., Perú, Argentina y Brasil.

Presencia

La influencia y penetración de estas organizaciones ha ido en aumento en México, al igual que en el resto de América Latina. De acuerdo con Ojo Público, solo 10 de ellas recibieron 103,8 millones de dólares en donativos en los últimos 11 años.

En conjunto, forman parte de la militancia que busca Vox para ampliar su presencia a nivel internacional, tanto, que incluso ya registró su marca y logotipo en el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual.

Todavía está en trámite pero, en cuanto le aprueben la marca, podrán realizar campañas de propaganda, consultorías políticas y todo tipo de negocios.

El crecimiento de estos grupos radicalizados y opositores a derechos civiles como el aborto y el matrimonio igualitario, que exacerban la xenofobia y la discriminación, y que intentan anteponer las visiones religiosas en un país laico, desdibuja la teoría lanzada desde algunos sectores progresistas en América Latina que postulaban el advenimiento de una derecha «moderna y democrática».

La ultraderecha mexicana está ganando una sobrerrepresentación mediática gracias a que es ruidosa, aunque todavía no con el peso que Vox ya logró en España, en donde en pocos años se convirtió en la tercera fuerza política.

Una de las principales dudas para que los ultraconservadores mexicanos puedan usar con éxito electoral la marca Vox es que ese partido es un firme defensor de la Conquista española, a diferencia de lo que ocurre en México, en donde es condenada por haber exterminado a tantas culturas indígenas.

El movimiento genera permanentes controversias. Una de las más recientes fue precisamente la gira de Abascal, ya que legisladores del PAN lo recibieron en el Senado, lo alabaron y se fotografiaron con él, lo que desató una oleada de repudio al fascismo que representa. Varios de los senadores tuvieron que deslindarse.

Las disculpas exacerbaron a quienes dejaron de sentirse cobijados por un partido que supo albergar a un selecto e influyente grupo ultracatólico, que siempre ha tratado de mantenerse en las sombras.

El Yunque

El escándalo que generó la visita de Abascal a México fue aprovechado por López Obrador. El presidente convocó a que los actores políticos reconocieran abiertamente sus ideologías.

«Nada más que no se actúe como El Yunque, como una asociación secreta. Fuera máscaras. Salgan del clóset: ‘ya, soy fascista y qué'», dijo López Obrador al hablar abiertamente de una organización legendaria para la ultraderecha y que, desde hace décadas y a través del PAN, ha formado a cuadros políticos que llegaron a ocupar altos cargos en México.

Entre ellos se encuentran exgobernadores, senadores, diputados y alcaldes panistas, pero también personajes como Manuel Espino, un exlíder del PAN, y el sacerdote Alejandro Solalinde, quienes hoy son aliados de López Obrador, el líder de izquierda que, en su búsqueda de la presidencia, pactó con el evangélico Partido Encuentro Solidario. El acuerdo todavía desconcierta a los puristas ideológicos.

Sin nombre oficial, sin dirigentes, sin página web ni cuentas en redes sociales, El Yunque, que opera al estilo de una secta, está omnipresente en los movimientos conservadores de México e incluso ha trascendido fronteras. Por ejemplo, ha sido mencionada en diversas investigaciones periodísticas como una de las organizaciones que impulsó financiera y políticamente a Vox.

Esto implicaría que, más que «el Vox mexicano», el partido liderado por Abascal en realidad sería «El Yunque español».

Defensa

La exdiputada Elsa Méndez y el secretario general de la organización Sublevados, Mario Fernández Márquez, le confirmaron esta semana al portal Sin Embargo que están trabajando para crear un partido en México tomando a Vox como ejemplo.

«Es un modelo que se podría perfectamente tener en nuestro país», afirmó la exdiputada en entrevista con Álvaro Delgado, uno de los periodistas mexicanos que más ha investigado sobre la derecha y ultraderecha en el país.

Ambos dirigentes reiteraron las críticas al PAN. «Le he llamado una derechita cobarde», dijo Méndez, mientras que Márquez aseguró que ese partido está «acomplejadísimo» y ya «se rindió a los pies de la progresía».

Sublevados se presenta como una Asociación Civil «que defiende las libertades fundamentales y difunde el pensamiento conservador en la sociedad. Derecha popular». Y en su tuit fijado apuesta por «una derecha que nunca se vuelva a disculpar por su manera de pensar, por sus valores, por defender la vida y las libertades. Y que esté orgullosa de ello».

El proyecto político es a largo plazo, porque rumbo a las elecciones presidenciales de 2024 ya no está permitido el registro de nuevos partidos, así que «el Vox mexicano», si es que nace, tendrá que esperar para convocar de manera directa a los votos. Mientras tanto, seguirá promoviendo la batalla cultural y resistiendo la ampliación de derechos progresistas.

Tomado de RT/ Foto de portada: @vox_es/ Twitter.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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