Apostillas al «Nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos», de La Joven Cuba

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Por: Dra.C. y Prof. Titular Marxlenin Pérez Valdés

Nunca he sido lectora de La Joven Cuba, fuera del nombre que han pretendido usurparle a la historia patria, no he logrado en todo este tiempo encontrar otra razón para seguirlos. Hoy una profesora y actual colega a la que quiero mucho, a propósito de una conversación que tuvimos en la tarde, me envió un enlace para acceder al último de los textos que este medio dedicó a la subversión en Cuba. Se trata del titulado Nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos. De la lectura del mismo y mis impresiones, se trata el
escrito que a continuación le presento.

Si me está leyendo, debería entonces hacerle dos confesiones [a modo de spoiler]: la primera es que me considero marxista -pero de las marxianas-, y la segunda, que me encanta la hermenéutica -un término raro para simplificar decir interpretación de textos-. Lo de marxista se lo confieso por aquello de recordarle, que el punto desde el cual realizamos nuestras valoraciones sobre la realidad, la vida, la sociedad, etc, está completamente condicionado por nuestra posición clasista y nuestra ideología; es decir, por nuestro sistema de ideas políticas [en el más amplio sentido del término]. De modo que, siendo marxista, mis análisis y reflexiones sobre lo que me rodea, tendrá necesariamente un condicionamiento de izquierda – pero la de Carlos Marx y Fidel Castro-. Y lo de la hermenéutica es porque me fascina interpretar textos, jugar a descubrir la voz de su autor y lo que es mejor, revelar la intención del autor; el porqué de lo que se dice/
escribe.

A eso dedicaré este texto. Bueno, pero antes la última alerta, la publicación a la que me referiré parecía no terminarse; de modo que esto puede tornarse extenso. En aras de no aburrirle, intentaré ser precisa y no comentarlo todo. Por eso, le recomiendo que antes se lea Nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos, publicado el 10 de noviembre de 2021 por La Joven Cuba, para que este no sea un acto de fe, sino de debate.

Primero fue el adverbio

Con la siguiente frase comenzó La Joven Cuba: “Yunior García Aguilera es hoy, probablemente, el hombre más vigilado de Cuba”. Yo no lo encuentro mal para empezar una novela u obra de teatro, tiene su gancho; pero el periodismo tiene sus propias reglas y estructuras. En ellas el probablemente de esa oración inicial atenta contra la legitimidad tanto de esta, como del todo. Aquí no valen suposiciones imaginativas aproximadas, valen datos comprobables; referencias concretas; fuentes que legitimen por qué yo digo que A es igual a B. Ese probablemente está demasiado flojo, mientras más lo analizo, menos se sostiene. ¿Por qué este medio nos lanza una frase que no puede comprobar o respaldar con pruebas? Otra profesora genial me decía, cuando no tengas qué decir, pon un adverbio. ¿Habrá sido este el caso de La Joven Cuba?

De cualquier modo la duda está creada, pero probablemente al revés de lo que buscaban los de la redacción. Lejos de convencerme de que A es igual a B, es decir, que “Yunior es el más vigilado de Cuba”, yo me acuerdo de René Descartes y desconfío de quien me engaña una vez. Pero voy a salir de la primera oración, recuerde que prometí ser concisa.

La introducción del texto es para continuar otorgándole al susodicho, una importancia que naturalmente no ha alcanzado. En ese sentido su(s) redactor(es) se recrean otro poco y utilizan como recurso la ironía para que, sin que usted se dé cuenta mientras tal vez se ríe con lo de la “brujería y magia negra”, tirarle de un plumazo y matizado, lo que viene siendo parte del currículo de Yunior García Aguilera, cuando escribieron: “Si algo de eso puede servir para señalarlo como «mercenario», «apátrida», «marioneta del Imperio» o estudiante de cualquier curso de brujería o magia negra…”. Y después prosiguen a simplificar la diversidad de opiniones mediáticas sobre él, para guardar en el mismo saco a todos los que no encuentren en este personaje razones legítimas.

Continúa el escrito en alabanza y aumentándole ¿desinteresadamente? la estatura y el ego, como si de todas formas tuviéramos que creerles. Hasta le dieron un cargo, lo convirtieron en “líder de la oposición”. Entonces dice el texto: “Como todo el que se opone a un poder absoluto, sobre él se han vertido acusaciones diversas, ridículas algunas y otras fundamentadas y complejas”. Y aquí se les fue a los de La Joven Cuba, al no fundamentar estos adjetivos vacíos de contenido, otra excelente oportunidad para hacer periodismo del
bueno.

Lo que sigue también tiene su toque novelesco, se preguntan quién es Yunior García y ellos mismos se responden: “Es probable que para saberlo aún debamos esperar un tiempo”. Sin embargo, -probabilidad aparte- por lo que han escrito hasta este punto, ya han ofrecido una opinión plenamente formada. Interesante lo próximo que dicen: “Por ahora, solo tendremos las respuestas a algunas preguntas”.

Veamos qué tienen los de La Joven Cuba para preguntar y qué Yunior García Aguilera para responder -sobre sí mismo-. Según el marxismo, aquello que se pregunta y se responde, también está socialmente condicionado.

La intención de los autores.

En la primera pregunta de la entrevista, nuevamente suposiciones mediante, dice: “hay dos puntos que son probablemente los más debatidos: el curso al que asististe sobre el papel de las fuerzas armadas en las sociedades en transición y el fragmento del video en el que te ves entrando a una residencia diplomática estadounidense en La Habana”. La respuesta solo contiene referencia al primero de los dos puntos. Lo relativo a la visita a la residencia estadounidense tendrá que esperar.

Entonces la narrativa va centrándose más en las formas y menos en el contenido; más en las apariencias y menos en las esencias. Hasta que en la segunda pregunta aparece esta sutil mezcla de ideas: “¿fuiste a esos cursos de los que ahora se te acusa con pasaporte institucional?” Y la respuesta es bien interesante, después de mostrar problemas para ajustarse al tema, el entrevistado respondió: “… más allá de que el médico resultara ser informante”. Se refiere al doctor Carlos Leonardo Vázquez González, y por “informante”, seguro quiso decir: el agente Fernando, de la Seguridad del Estado.

Evidente que no se logra minimizar de forma tan simple, lo que representan los Órganos de la Seguridad del Estado en el imaginario colectivo nacional, durante tantos años en función de defender la soberanía cubana. Lo que sigue en la respuesta tiene tanta cuota de ingenuidad, que no queda más remedio que poner en tela de juicio, la inteligencia que el medio le achacó a Yunior García al inicio. Este, para demostrar que su «conocimiento sobre fuerzas armadas es bastante limitado”, afirma que “ni siquiera” pasó el servicio militar o haber “disparado un arma de fuego”. Y yo que me preciaba de saber bastante filosofía griega antigua, sin haber ido a Grecia.

Continúan, pero con mucho sobre las formas y menos sobre la substancia. Se recrean sobre el conocimiento de la Seguridad del Estado acerca del pasaporte institucional de Yunior García con el que realizó sus viajes al exterior, tras sus invitaciones a eventos para la subversión en Cuba. Ahora lo que gasta líneas es enfatizar y sorprenderse de que le hayan permitido viajar con el pasaporte institucional.

Tres preguntas más tarde, el medio insiste sobre aquello nunca fue respondido: la visita a la residencia del diplomático estadounidense en nuestra capital. Imágenes harto difundidas y difíciles de atenuar. Y yo le pregunto: ¿conoce usted a alguien que haya sido invitada/o a visitar la residencia de algún funcionario yanqui en la Isla? Con lo difícil que históricamente pusieron el acceso de los cubanos al edificio de esa embajada, lo menos que llevaba semejante invitación, era cuestionarse las intenciones de sus anfitriones.

Lo próximo que leí fue “embargo” donde debió decir bloqueo. Confieso que me impactó el uso del término. Si en algo también somos expertos los cubanos es en el bloqueo, no en el embargo. Así solo suelen llamarle los extranjeros, en especial del orden de los anfitriones de Yunior García en aquella visita.

A su charla con el embajador de los EE.UU. sobre “el embargo”, le sigue el asombro tanto del medio periodístico como de García Aguilera sobre el llamado de la institución en la que trabaja; donde le plantearon que su “grupo de teatro no se cerraría” y que se “concentrara en seguir presentando proyectos para continuar trabajando”.

Sobre esto dijo La Joven Cuba: «Qué surrealista eso”, a lo que el dramaturgo contestó: “Sí, es muy contradictorio”. Y yo me pregunto ¿para quién? Lo que sigue es un deja vu mal logrado.

Se lee lo siguiente: “Sé que anteriormente han existido malas experiencias con los intentos de entablar diálogo con el gobierno -esta que acabas de mencionar posterior al 27-N es una de ellas. No obstante esos fracasos, ¿estarías dispuesto a dialogar con el gobierno si te invitaran a ti, a Archipiélago y a otros actores de la sociedad civil cubana?” Voy a obviar aquello que ambos tomaron como presupuesto categórico, y paso directamente a lo que mucho antes Yunior García había afirmado en la entrevista: “Fíjate cuánto ha cambiado la historia desde entonces hasta acá: en aquel momento esos viajes no eran importantes y el ministro de Cultura me invitaba, ese mismo día, al supuesto diálogo que iba a tener lugar el 4 de diciembre en el Ministerio de Cultura —actividad a la que me negué a participar por razones que ya he explicado”.

Pero ahora, en otra parte de la entrevista dice que sí, que “sí aceptaría un diálogo”. Entonces, llamó a escena a dos viejas trilladas en este tipo de performance político: “tiranía” y “democracia”; aunque no nos las explica. Habla de “países en el tránsito a la democracia de manera cívica y pacífica”. ¿Cuáles son esos países, y qué entiende por democracia? ¿Cívica y pacífica? ¿Para quién(es)?

Ya debe haberse percatado usted, que esta es una entrevista contradictoria. Pero aquí, donde se asoma el ego del dramaturgo, la incoherencia reina: “Con un proceso así estaría de acuerdo, incluso si no me invitaran, aun cuando me consideraran un interlocutor no válido —y los ataques demuestran que pasé a encabezar su lista negra—, aunque fuera sin mí estaría de acuerdo. El excesivo uso del yo me resulta cuanto menos, empalagoso. A los de la redacción en su caracterización del entrevistado, les faltó agregar: narcisista.

La memoria histórica borra

Llega un punto de esta entrevista en el que comienzan las lecciones de historia de tipo sofísticas. No la historia resultado de un pensamiento crítico, que busca develar las condiciones de posibilidad del hecho histórico y su lógica, sino la que dice depender del cristal con el que se le mire. Específicamente de la relación entre Cuba y los Estados Unidos y en el mismo saco echaron, sin distinciones: el diferendo histórico entre ambos países; el exilio; los cubanos de afuera vs los que vivimos en la Isla, la emigración cubana, y hasta el copón divino.

¿Se acuerda lo que le comenté al inicio sobre la hermenéutica y la intención del autor? Esto que dijo Yunior García, tiene que ser totalmente ensayado: “El embargo ha sido excesivamente utilizado como herramienta de política internacional para obtener victorias diplomáticas. A veces a uno le parece que el embargo es una cosa a la que no quieren renunciar, porque constituye una herramienta política importante para el régimen”. ¿Embargo otra vez? Sin mencionar el sinsentido de afirmar que a estas alturas, el gobierno cubano pueda desear o convenirle el bloqueo de EE.UU. a Cuba.

Afirma Yunior García Aguilera, que con los estadounidenses “debemos tener relaciones normales”. ¿Perdón? Como le decimos en filosofía a los alumnos de primer año: define normales. Continúa: “basadas en el respeto mutuo y en principios de no injerencia, pero también de no beligerancia. Hay que sepultar esa herencia de Guerra Fría que algunos, a ambos lados, insisten en mantener viva”. ¿A ambos lados? O sea que Cuba no respeta, es injerencista, beligerante y asume posturas de guerra fría de cara a EE.UU.? Digamos que no nos leímos los mismos libros de historia de Cuba, pero en mis años de vida, el monstruo que antaño conoció José Martí sus entrañas, sigue siendo ese cuya fuerza permanece intentando caer sobre nuestros pueblos de América.

En esta oración suya: “Usan la ideología socialista solo para perpetuarse en el poder a través del partido único, pero en la práctica, poco les importa el progreso o la justicia social”, me voy a detener solo para sugerirle que lea a dos de nuestros grandes intelectuales: Fernando Martínez Heredia y Juan Valdés Paz. Es importante hablar con conceptos, dotarlos de determinaciones, de sentido objetivo; no abusar de las consignas. Sí, la derecha o si se prefiere, los contra, también crean y saben cómo usar sus consignas.

Como el cantinfleo de aquí: “Tampoco establecemos pactos, porque el pacto social que pretendemos habrá que construirlo entre todos” -Define todos-. “Cualquier programa que persista en la exclusión, sería más de lo mismo. Y no valdría la pena tanto esfuerzo para, una vez más, sustituir una dictadura por otra. Llevamos ya setenta años en esta historia”. ¿Es idea mía o está comparando a la revolución cubana con la dictadura de Batista? ¿Pero no me habían dicho que era inteligente? ¿O todo es parte del guion?

Más adelante enfatiza: “Puedo asegurarte que nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos”. Debo confesar que esta parte de la conquista me recuerda a lo que hicieron los colonizadores con nuestros pueblos indígenas. Y continúa: “Haremos cívicamente todo cuanto podamos porque nos sea respetado el derecho a manifestarnos”. ¿A qué otros supuestos derechos se refieren? ¿Por qué no se habla también de los deberes y del respeto a la voluntad general y a las leyes, y a la tranquilidad?

El síndrome de la Gatica María Ramos

Yunior García Aguilera: “No obstante, nosotros no somos responsables de lo que ocurra ese día”. Como dirían mis alumnos: -tienes que parar-. ¿En qué sentido pudiera librarse de responsabilidad el promotor principal dentro del país, con conexiones fuera del país, de la gastada marcha el 15 de noviembre? ¿Acaso Yunior García está ajeno al uso para la violencia que se le ha dado a su convocatoria, sobre todo desde los EE.UU? ¿Acaso le es extraña la oportunidad de condicionar un golpe blando que su mal llamada marcha cívica puede propiciar? ¿Acaso cuando habló de conquistar derechos, estaba siendo consciente del espectro de acepciones de la frase?

¿Si para Yunior García, como expresó al inicio de su entrevista- Cuba «es una dictadura”, cómo puede ser posible al mismo tiempo que estas sean sus expectativas?: “El Estado cubano es el responsable del orden público y es quien debe velar porque ese día no haya violencia de ninguna parte”. Parece que su inconsciente todavía es socialista.

Pero en su pugna interna, el ego siempre le gana: “Yo puedo ir preso, pero afortunadamente Archipiélago no depende de una sola persona-isla. Y Cuba aprenderá a no depender de caudillos o mesías para hacer realidad los sueños postergados”. Esto último, lo del mesías, me recordó tanto a Fidel Castro; será entonces por lo único que haya valido el tiempo invertido en esta lectura. !Oh, Fidel! Tú que tenías la capacidad inigualable de viajar al futuro.

Sin embargo, en la historia de Cuba sobran los ejemplos que contradicen su afirmación. Abundan en nuestro acervo revolucionario, los nombres que el pueblo sabe identificar como legítimos defensores de la independencia y la soberanía cubanas. Desde 1868, la historia de nuestras luchas por la independencia está colmada de héroes, en plural. Y a cada uno de estos gigantes, allí cuando la muerte los sorprendió, otro titán ocupó su lugar. No debería subestimar el poder del pueblo que apoya a la revolución, que Yunior García quiere con palabras desconocer. Así como no debería subestimar la conciencia política que durante más de 60 años, el líder histórico de la revolución cubana contribuyó a formar.

Ante la pregunta sobre las bases de su propuesta política, no encontré más que nuevos caminos vacíos de contenido, carentes de substancia, ausentes de propuestas concretas: “Siempre hay matices”. En cambio, hasta ahora no los he visto por alguna parte en sus declaraciones. “Y hay, por supuesto, muchas cosas que deberían mantenerse y mejorarse. Pero sin dictadura ni pensamiento único, sin exclusión ni discriminación de ningún tipo. Asuntos como la salud y la educación deberán ser de acceso universal garantizado”. Perdona, ya son de acceso universal garantizadas por la revolución de 1959 y reconocidas mundialmente.

“Hay que combatir la injusticia social y evitar que la brecha entre unos y otros se vuelva insalvable. Hay que eliminar la pobreza y asistir a los más necesitados”. Lo siento, pero hasta aquí no veo dónde está la propuesta novedosa; no encuentro dónde está la diferencia con lo que dice el gobierno legítimo de Cuba al respecto.

Estos son temas además, que con un incremento palpable, con reflejo en los medios de comunicación e información, en los últimos años ha ocupado un lugar central en el debate colectivo.

A continuación no solo no le fue posible aportar una sola idea novedosa, fresca, diferente, revolucionaria; sino que ni siquiera fue capaz de acompañar sus consignas con argumentos. ¿Se acuerdan cuando en la escuela nos decían -fundamente su respuesta-? Sigue siendo válido. “Pero para eso se necesita generar riqueza, eliminar todo obstáculo absurdo al emprendimiento, liberar de verdad las fuerzas productivas, dejar de obstinarse en que el Estado maneje lo que, de manera evidente, no sabe gestionar. Habrá que construir las condiciones para que la gente participe de manera efectiva en las soluciones y no solo se limite a arrojar sus quejas en sacos vacíos”. ¿Ve usted por aquí alguna propuesta real y concreta a nuestros problemas? ¿La solución pensada y planificada con perspectiva de futuro de
Archipiélago? ¿Le halló el programa por algún lugar? ¿En qué consiste entonces aquello que La Joven Cuba le preguntó al dramaturgo en términos de propuestas políticas?

Vuelve Yunior García con sus contradicciones: “Habrá que arrebatarle la soberanía a la casta que la ha secuestrado, y entregársela de forma definitiva a los ciudadanos”. Alguien que le diga, que en esta guerra semiótica, cada palabra cuenta. Que conquistar, luchar y arrebatar, no riman con pacífico, ni cívica.

Ángel para un final

Es común del discurso de los contra, echarle la culpa de todo lo malo a Fidel Castro y usar a José Martí indiscriminadamente; esta no es la excepción. Llama mi atención, que en el imaginario político de Yunior García los referentes son dos extranjeros y un cubano. José Martí, acompañado de Luther King y Nelson Mandela, por cierto, este último muy cercano a Fidel Castro.

“Si Martí estuviera vivo, los que conocen seriamente su obra saben perfectamente de qué lado estaría”. Manipulación nivel Dios, para decirlo en lenguaje adolescente, como el argumento. Bueno, igual todo el mundo tiene derecho a creer lo que quiera y a formarse un Martí a su imagen y semejanza. O a creerse que el verdadero Martí, como si tal cosa fuera racional, es el que vive en su cabeza. El ego es algo de cuidados.

Ya está visto que este dramaturgo habla de muchos temas a la vez como si fueran todos diferentes, pero en el fondo son el mismo: subvertir el sistema político cubano, y para llevarlo a cabo carece de escrúpulos. No obstante habla de dignidad. Y de los supuestos abrazos que recibe en la calle. !Qué dictadura más rara esa en la que él habita! Por cierto, ¿por qué no mencionará cuando recibe rechazo, y críticas, y resistencia a sus propuestas? Parece que el dramaturgo está carente de afectos y no sabe cómo pedirlo.

Dice que está formado como artista, no como político; sin embargo en esa voz pasiva no hay espacio para reconocer, que su formación es también resultado de la revolución a la que pretende dar por terminada; así porque él lo dice. Y a sus carencias en este sentido, las compara con “una cruz que hay que cargar, pero no estás cargando una cruz ajena”. Faltaba más: la idea de Dios, como colofón de esta pieza de teatro que es todo Yunior García.

Yo no sé qué le ha parecido a usted, pero a mí para empezar, me ha costado mucho distinguir la voz de quien pregunta y la voz de quien responde. Un texto homogéneo, cómplice, lineal, y predecible. Aplíquele hermenéutica a las cosas, y si puede, aplíquele también marxismo. Póngalo todo en una balanza, y sospeche. Tanto texto, y en la entrevista solo se reconoció la salud y la educación cubanas. Pero las conquistas, sí, las que costaron sangre a las generaciones más viejas que se enfrentaron a la dictadura de la vida real, la de
Batista; esas conquistas desbordan la salud y la educación.

Estoy hablando de la cultura; la instrucción; la ciencia con conciencia humanista; el deporte masivo; la conciencia política; el ideal de justicia social; la solidaridad; el humanismo; la soberanía; la independencia; la dignidad mediante la cual el mundo entero reconoce a los cubanos. Y en especial, la tranquilidad ciudadana con la que siempre hemos vivido. Rectifico, siempre no, la tranquilidad ciudadana que se conquistó después del triunfo revolucionario de 1959.

Vuelven los tiempos de tomar partido y de definiciones. El antiimperialismo no es un atributo secundario, ha formado parte de nuestra herencia patriótica desde el comienzo. Los grandes líderes de la independencia cubana, fueron grandes antiimperialistas.

La Patria sigue siendo humanidad y mi honda la de David.

Foto de portada: Juan Medina/ Reuters

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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