Cuba: Fidel sigue ganando batallas

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Por Carlos Aznárez / Resumen Latinoamericano Argentina.

Fidel fue y es la estrella más roja del mapa latinoamericano y caribeño, esa enorme figura que supo hacer de la Revolución una posibilidad no lejana y a la vez logró transmitir esperanzas para que otros y otras, en cualquier rincón del mundo, pudieran alzarse contra las injusticias. Ese gigantesco corazón sensible en el que han cabido todas las tristezas de los más necesitados y también las alegrías por las pequeñas y grandes victorias conquistadas.

En Fidel y en su forma de generar conciencia, formación, coraje y toda la audacia necesaria para conquistar el poder y no servirse del mismo, están sintetizados todos los anhelos de quienes jamás se habrán de dar por vencidos en la lucha por un mundo diferente. Socialista, sin más aditamentos, al decir y el hacer del Comandante.

Justamente ahora, que la situación internacional no parece la más favorable para los pueblos y hay dudas sobre el futuro que le espera a la Humanidad, vale la pena buscar respuestas en el legado de este referente del campo revolucionario que desde la inmortalidad sigue dando lecciones de sabiduría y humildad.

Recordar a Fidel en este quinto aniversario de su ausencia física es evocar a quien desde muy joven se puso en marcha para, en los claustros universitarios, comenzar un intenso camino de agitación que lo llevó pocos años después a militar activamente -haciendo honor a un internacionalismo al que luego abrazaría con pasión- contra el dictador dominicano Leónidas Trujillo.

Es también pensar en ese Fidel que se dio cuenta enseguida que todas las teorías del mundo no son suficientes si no se ejerce una práctica audaz e inteligente contra el autoritarismo, y junto con un puñado de valientes asaltó el Moncada, abriendo así un sendero que no se detendría más hasta la toma del poder, una meta imprescindible si se quiere hacer una Revolución con mayúsculas. Tiempo después de esa gesta que parecía derrota se embarcó en la odisea del Granma con Raúl, el Che y otros tantos patriotas, y cuando todo parecía venirse abajo, entre cadáveres de sus mejores hermanos y las balas del enemigo, contó los fusiles y se repitió varias veces, como para que lo oyeran los esbirros de la dictadura batistiana, que con esa decena de hombres que quedaban en pie ganarían la batalla.

En aquellas montañas victoriosas de la Sierra Maestra, aparecería con toda claridad el Fidel combatiente, el estratega militar capaz de convertir en triunfo aplastante lo que minutos antes iba camino a convertirse en derrota, el Fidel compañero de sus compañeros, severo cuando se trataba de hacer que se cumplan sus órdenes, sabedor de que cualquier duda en un combate tan desigual como el que libraban podía hacer capotar el proyecto revolucionario.

Pero también supimos en esos pocos años de batalla directa contra la soldadesca de Batista, de ese Fidel que respetaba la vida de sus enemigos una vez que eran capturados en combate, marcando de esa forma un territorio de humanidad, que en varias ocasiones provocó deserciones masivas entre los uniformados del régimen, y generó las bases para que pocos miles de rebeldes vencieran a un ejército regular y bien equipado de cien mil soldados, que contaban con tanques, aviones bombarderos y la ayuda internacional de los imperios yanqui e inglés.

Después, cuando los barbudos felizmente marcharon victoriosos hacia La Habana, en aquellos días memorables de 1959, comenzó a desarrollarse la vida de un Fidel que terminó asombrando al mundo. Revolucionario hasta la médula, liberó a su pueblo de la opresión y de la cultura gringa que lo asfixiaba, expropió y nacionalizó todo lo que antes era de cuatro magnates subordinados a la mafia norteamericana, y ejerció el internacionalismo con la misma potencia que antes había desarrollado para derrotar al tirano.

Codo a codo con el Che, no dudó de emprender una prolongada marcha para conquistar la por ahora pendiente Segunda Independencia latinoamericana. Venció al Apartheid sudafricano, ayudó a liberar Angola, abrazó a Salvador Allende y apretó los puños de rabia, como pocos, cuando se enteró que su hermano Guevara caía en combate en Ñancahuazu. También fue Fidel el que comprendió que las mujeres cubanas estaban a la misma altura de las luchas que cualquiera de los milicianos varones, y venció los prejuicios existentes, formando el Batallón Mariana Grajales y luego impulsó con esa extraordinaria revolucionaria que fue Vilma Espín, la Federación de Mujeres Cubanas, porque estaba convencido que la lucha de las mujeres significaba «una Revolución dentro de la Revolución”.

Cuántxs rebeldes del continente se sienten enormemente agradecidos por lo que hizo Cuba por ellos, cuántxs luchadores por el socialismo no hubieran podido gestar múltiples hazañas en sus países sin la decisión solidaria y comprometida de Fidel y sus compañerxs. La lista es extensa y a través de ella, Cuba y su Revolución fueron escribiendo páginas de dignidad imposibles de olvidar.

En esos años y en los venideros, Fidel debió multiplicarse, para que la isla no se hundiera tras la caída del bloque socialista, para intervenir con clarividencia en temas de deuda externa, anunciando, antes que ninguno, que la misma era impagable por ilegítima. También propuso soluciones para cuidar y defender el medio ambiente, o encarar gigantescas iniciativas en temas de educación y salud para su pueblo, que luego fueron y son derivadas de manera solidaria hacia el resto del mundo.

Sin embargo, la madre de todas las batallas fue la que libró Fidel, abrazado con su pueblo, contra el criminal bloqueo imperialista.

Medio siglo de obligadas carencias, que fueron enfrentadas a punta de digno coraje y la convicción de que a las revoluciones, si son verdaderas, se le oponen miles de escollos. Para que semejante agresión no pueda salir airosa, Fidel lo repitió siempre: la medicina es tener conciencia revolucionaria y convicción de que se libra una batalla justa, forjar una inmensa unidad de los de abajo y sacrificarse hasta las lágrimas.

“Después de Dios, Fidel”, dijo emocionado un agradecido ciudadano de Haití, al defender las misiones médicas y alfabetizadoras que el gobierno cubano derramó por todo el mundo, llegando allí donde nadie se atrevía. Eso es lo que en estos días todos los que agradecemos sus enseñanzas tenemos la obligación de recordar cuando nombramos a Fidel que nunca, pero nunca, nos falló.

Lo decimos desde la constatación de saber en qué clase de mundo vivimos, donde la felonía, la corruptela, el transfuguismo y la claudicación se han convertido en moneda corriente. Frente a esas lacras, el pueblo cubano, la vieja guardia y las jóvenes generaciones revolucionarias, esos “pañuelos rojos” que con el presidente Miguel Díaz-Canel a la vanguardia, ponen el cuerpo y las ideas en las calles y en los barrios para defender la Revolución de nuevos ataques.

Qué duda cabe, que Fidel sigue ganando batallas.

El homenaje de Resumen Latinoamericano al Comandante

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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