Cuba: Soy la bandera, quemada antes que esclava porque ella vive en mí

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Por Movimiento Juvenil Martiano.

¿Qué significa nuestra bandera?, ¿por qué es un símbolo?, ¿cómo me identifico con ella, seré parte de ella o ella vive en mí?

Todo sería tan fácil desde la frialdad de la distancia y la desconexión, que solo podríamos ver un pedazo de tela cuya imagen no comunica, no trasmite, no emociona. Hay un ligamen muy difícil de romper, un tejido cenital que nos aprieta y despierta una fuerza interior que desata emociones y convida a colocarla allí, en el pedestal.

La siento como parte de mí, la venero mostrándola con orgullo. Un apretón en el pecho, garganta que lentamente se cierra y empuja las lágrimas que luego salen de a poco para saludar al símbolo, a la creación que hermosa ondea y dice tanto. Es la bandera que vemos todos los días y no deja de emocionarnos, sobre todo en los días sísmicos que vive la Patria.

Hace parte de nuestra condición de cubanos, elección costosa que nos define. Nuestra cualidad, los elementos diversos que nos moldean, la cultura que sembramos, la que cultivamos con amor. Hace parte del orgullo de serlo, de sentir que estamos definidos como cubanos, de nuestra cotidianidad, de la épica que ha marcado la vida en Cuba, de los días gloriosos de ayer, de hoy y de mañana. Con ella vamos a las honduras, nunca hemos de quedarnos en la epidermis porque de lo contrario sería un desarraigo, una separación. Ya no sentiríamos su voz, ya dejaría de comunicarnos.

Y sí, nos comunica, sus franjas, sus colores, su estrella; todo en ella se vuelve palabra, imagen ardiente que penetra en cada ser cuya sensibilidad esté apta para hacerla suya. Es también la cultura, es el fruto de lo cultivado, es como un racimo gozoso de pinos nuevos. Ella vive en mí, así la siento, mi vida es oxígeno para colmarla de amor. Comunica y trasmite en la medida en que la asumo y la llevo dentro. Y es porque soy patriota. El ligamen, el tejido (aquel del que habló Martí), los enlaces continuos e invisibles. La clave del patriotismo radica en amar a los símbolos y desterrar el egoísmo personal; colocando en nuestra bandera, alrededor de la estrella, la fórmula del amor triunfante.

Los símbolos en los pueblos que luchan contra el colonialismo: “son fuerzas inmensas con las que cuentan, muy superiores a sus escasas fuerzas materiales, porque son capaces de promover la emoción, exaltar los valores y guiar la actuación hasta cotas de esfuerzo, incluso de abnegación, heroísmo y sacrificios, que serían imposibles sin ellas, y propician triunfos que pueden ser asombrosos. Al mismo tiempo, son el santo y seña cívico de una comunidad nacional, las canciones, las telas, los nombres, los lugares que identifican y reúnen a las hijas y los hijos de un pueblo orgulloso de su historia”. Así es nuestra bandera, símbolo nacional de las hijas e hijos de la Patria.

Se eleva hermosa la bandera nacional, la que sabremos defender todavía alzando los brazos del decoro como muestra más auténtica de dignidad, de patriotismo, de nuestra condición antimperialista. La bandera nacional deviene causa común para todo patriota en esta batalla cultural por la cultura y los símbolos. Sus colores redentores llaman a pelear, ella preside nuestras marchas y sangra con sus hijos. Todo sacrificio por ella es poco, vibra emotivo el espíritu de quien la respeta y venera; y cuando la ve en peligro, pelea y si fuese preciso, muere por ella.

El Apóstol de la Independencia José Martí, en un llamado al combate, a juntarse las fuerzas del Partido Revolucionario Cubano; en canto patrio, por el himno de esperanza, proclamaba el saludo a “…la bandera de una revolución de energía y concordia que proclama el bien de todo el país, y no el bien exclusivo de una sola clase de él”. Y había que, juntos salir adelante; para vencer al enemigo que nos quería dividir y ahogar. He ahí su alerta de tener un plan de resistencia para enfrentar el plan de ataque del enemigo. “A un plan obedece nuestro enemigo: el de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan. Sin plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque.”

El principal instrumento de dominación con que cuenta el enemigo imperialista es la guerra cultural, imponiendo al mundo patrones nocivos de una cultura ajena a las raíces identitarias de los pueblos; ello, desde una maquinaria mediática y la industria del entretenimiento que sólo muestran su operación, a gran escala, de colonización cultural. Y es en este punto en el que se enmarca la batalla cultural por la defensa de nuestra condición de cubanos; la soberanía e independencia, el carácter entero y dignidad humana de los hijos de la Patria. Se trata de salvar la cultura para tener siempre libertad, de ser consecuentes con la historia patria, sentir y vivir los símbolos que nos identifican y definen. Es una actitud ante la vida su respeto, honra y protección.

Ni lacayos ni vendepatrias, ni mercenarios ni títeres al servicio de los odiadores, de los que manipulan y mancillan nuestros símbolos; apagarán la luz de la verdad y las ideas que siempre nos ha acompañado. No hay proa que taje una nube de ideas, es la hora de salir al camino, con la bandera del amor como estandarte, a defender la Patria, a defender nuestros símbolos.

 

 Foto de portada: Yaimi Ravelo/ Resumen Latinoamericano.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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