El mundo no puede apartar la mirada de Madagascar

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Por Patricia María Guerra Soriano (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

En Madagascar, la vida es casi imposible. Mientras el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierte que la crisis en esa región podría derivar en la primera hambruna causada por el cambio climático en el mundo y la Organización de Naciones Unidas (ONU) y sus socios buscan 231 millones de dólares para intentar cubrir algunas de las precariedades, hasta mayo de 2022; los malgaches, principalmente quienes residen al sur de ese Estado insular en el océano Índico, comen cactus, hojas silvestres, langostas, barro mezclado con jugo de tamarindo, saltamontes y los insectos que estén a la mano, los que no son capaces de encontrar tan siquiera esos insumos, mueren.

A diferencia del norte y centro de la nación, caracterizados por un clima más tropical, el sur es seco y árido. Un informe reciente elaborado por Amnistía Internacional, precisa que en esa zona, el 91 por ciento de la población vive en situación de pobreza.

La combinación de los efectos de la sequía más aguda en 40 años, las tormentas de arena y las plagas ha limitado que en el Gran Sur, los agricultores cultiven sus propios alimentos durante al menos tres años. De ahí que algunas familias comenzaran a comer las semillas listas para plantar, una salida que a largo plazo, enfrentará a la ciudadanía a un peligroso círculo vicioso que, prácticamente, hará inevitable la ocurrencia de otra hambruna en 2022.

El aumento de las temperaturas, la reducción y variabilidad de las precipitaciones, el aumento en la intensidad de los ciclones y del nivel del mar, son otros de los problemas extremos al que se enfrenta el país.

A inicios de año, el PMA informó que 1, 3 millones de personas vivían en situación de hambre severa, incluidas unas 30 000 en condiciones de hambruna; 500 000 niños ya sufren de desnutrición, 110 000 de los cuales la padecen de forma grave o aguda.

La inanición recorre toda la sociedad malgache y afecta a otros sectores como la educación y la salud.

“He conocido familias que han vendido todas sus pertenencias personales, hasta sus ollas y sartenes, para comprar pequeñas cantidades de comida que no los mantendrían por mucho tiempo”, dijo Issa Sanogo, coordinadora humanitaria de la ONU en ese país, según una información publicada en el sitio web del organismo internacional.

La crisis también ha obligado a que los niños y niñas dejen de asistir a las escuelas, pues deben apoyar a sus familias en la búsqueda de comida y agua. En tanto, otros flagelos lamentables como la violencia de género y el abuso infantil se acrecientan.

Por otra parte, la compleja situación sanitaria en el país se agrava por la nula gestión de los recursos hídricos. De acuerdo con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, el 57 por ciento de la población en ese país depende de aguas superficiales o puntos de agua no mejorados para su suministro.

Asimismo, Madagascar se encuentra entre las 10 naciones con mayor tasa de defecación al aire libre: el 40 por ciento de la población (más de 10 millones de personas) la practica, mientras que solo el 17 por ciento tiene acceso al saneamiento básico.

Sanogo señaló el imperativo de que la comunidad internacional “actúe ahora para ayudar a las familias”. De ese “ahora” depende la vida de miles de personas, cuando es una realidad la cercanía de la temporada de escasez que va de enero a abril.

Madagascar-tal como Sanogo ha declarado-es el rostro humano de la crisis climática global. Sus comunidades soportan la peor parte de los cambios medioambientales. “El mundo-enfatizó la funcionaria-no puede apartar la mirada”.

(*) Periodista cubana, escribe en Cubaperiodistas, sitio web de la Unión de Periodistas de Cuba.

Foto de portada: Tsiory Adriantsoarana/ PMA

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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