Las ideas se derrumban cuando no hay convicciones

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Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Hace casi 170 años, Carlos Marx, analizó la lucha de clases en Francia y legó para las futuras generaciones un texto de total vigencia, en una de sus conclusiones expresó que: “Toda Revolución se abría paso enfrentando a una contrarrevolución que ella misma había generado, una contrarrevolución cerrada y potente, engendrando un adversario”.1

Hace quince años el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, reflexionó sobre la contrarrevolución en Cuba, entonces dijo:

“Hay mucho mercenarismo en los contrarrevo­lucionarios; defienden intereses, no ideas. Afortunada­mente no teníamos que luchar contra fanáticos de ideas o de causas. Tuvimos el privilegio de luchar contra gente que estaba movida principalmente por ambiciones de tipo material, de tipo económico y de tipo social».2

La historia registra con sobrados ejemplos cómo la contrarrevolución no perdona a sus traidores ni a los revolucionarios, quienes se han separado del proceso social cubano, tomado distancia o han abjurado de su pasado en busca del perdón de sus enemigos, están equivocados, más temprano que tarde les saldarán cuentas.

El reciente caso del desmoralizado exaltador de desordenes, que abandonó seguidores en busca de refugio es un ejemplo de cómo caen las ideas cuando no hay convicciones. Sus declaraciones aún después de pasado el “susto”, son muestras elocuentes de su debilidad congénita.

Apenas atinó a decir “me quebré”; «quizás no estaba preparado para eso», ya sus enemigos en Miami se habían encargado de enjuiciarlo al decir: “no tiene para eso”, “le queda grande” y ahora, el escribe obras lo confirma. Lo novedoso de sus palabras para decepción de sus acólitos, es que mientras arengaba a incautos a inmolarse, él ya había solicitado visa para viajar a España, había garantizado su “retirada”, lo cual finalmente hizo y como asegura: “la decisión de salir de Cuba fue exclusivamente suya”. Es decir no consultó a ninguno de quienes lo apoyaban, para más vergüenza.

Vanidoso por excelencia, no alcanza a medir las consecuencias de sus actos unipersonales, no atina a comprende que él ha sido borrado de la nómina de la contrarrevolución, no podrá seguir viviendo de ella, no podrá remontar el lugar que la historia tiene reservado para quienes actúan como lo hizo él.

Es necesario tener una sobre valorada autoestima para poder evaluar su estampida como un «golpe doloroso», “salí para evitar una muerte en vida» en la Isla. «Ya lograré perdonarme yo mismo, quizás por no haber tenido el valor”. No comprende, que él vagará en el limbo donde están los contrarrevolucionarios cubanos, que vivieron su momento y fueron apartados como descartables, se ha inmerso tanto en su guion, que obnubila, no se percata que su tiempo ya pasó. Dice, que tiene que empezar por perdonarse a sí mismo por su abrupta salida de la Isla, quizás pedir perdón por ser humano. A quién va convocar un espantado.

Está trastornado al afirmar: «lo sé, lo entiendo, ha sido un golpe doloroso pero estoy convencido de que, como tengo yo mismo que sanar mi dolor, ese dolor de otros y esa decepción de otros también va a sanar». Admitiendo las críticas de sus seguidores, continuó: «ya lograré perdonarme yo mismo, quizás por no haber tenido el valor de convertirme en piedra y de convertirme en una estatua de bronce. Quizás por escapar de lo que iba a constituir seguramente una muerte en vida, porque eso es lo que me esperaba en Cuba». ¿Qué se supone que le ocurrirá en el exterior, en ese mundo de oferta y demanda salvaje que es la contrarrevolución?

Alucina sobre ser una estatua de piedra o de bronce, modesta valoración de su destino, para quien es paradigma y ejemplo de lo que no se debe hacer cuando se juega a ser contrarrevolucionario, sobre él pesa el baldón de la duda, quien lo hizo una vez, lo puede hacer de nuevo. En ese mundo cruel no hay espacio para el olvido, recordar la máxima popular: “es mejor decir que aquí corrió un cobarde, que murió un valiente”.

A quién le importará si él decide cortarse las venas y dejar una carta explicando esa decisión o si sigue rumiando por los rincones de la contrarrevolución, por lo que pudo haber sido y no será. Él ha perdido, si algún momento las tuvo, la confianza y credibilidad de sus adeptos.

El terrorista inveterado Ramón Saúl Sánchez Rizzo, validó la escapada del provocador y con total desconocimiento de lo acontecido por los saqueadores políticos en el verano pasado dijo sobre la decisión de huir: “por simplemente convocar a su pueblo a una marcha pacífica para pedir reformas democráticas». Otro principal del movimiento de sofá, el auto titulado, Movimiento Cristiano de Liberación, Antonio Sánchez Díaz, llamó la atención al decir: “amenazas hacia quien intenta ejercer el derecho a la libertad», su decisión de abandonar a quienes lo seguían fue suya, según sus palabras, nadie lo conminó a escabullirse.

El desertor, desde su hábitat, ahora se impacienta por Saily González, una de sus discípulas, a quien dejó, como a muchos otros con la “papa caliente en sus manos” como se dice en el argot popular cubano.

Para vergüenza de los militantes del Partido Popular español, tiene a un líder lenguaraz e irresponsable, quien se expresa a la ligera y merece ser demandado por difamación al no poder sustentar lo que asegura: “Cuba es una dictadura terrible con miles de asesinatos y presos políticos». A nadie se le ocurriría en su sano juicio, más allá del odio que destile, acusar a Cuba con tales absurdos epítetos, por más lerdo que sea.

Para más desmemoria, al llegar a su amparo, aseguró que regresará a Cuba de donde partió entre otras causas debido a que las presiones de sus partidarios se habían vuelto insoportables, es decir no solo los deja abandonados sino que los reprocha con acritud, para tratar de explicar por qué decidió partir sin consultar a los miembros de su grupo contrarrevolucionario, así lo afirmó en un foro de discusión en Facebook.

Merecido epitafio para quien no logra entender que las ideas se derrumban cuando no hay convicciones que las sostengan.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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