Las torturas de EEUU y la Operación Cóndor

Compartir

Por Orlando Oramas León (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Las torturas practicadas por Estados Unidos en su cárcel de la base Aero-naval de Guantánamo deberían estar en el primer lugar de la agenda del Comité contra la Tortura de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Pareciera una afirmación manida, porque las acusaciones sobre tales prácticas en el enclave usurpado por el Pentágono en ese oriental territorio de Cuba fueron y son recurrentes.

La diferencia es que ahora son comprobadas las torturas aplicadas por el país que se erige cual gendarme y juez respecto a la defensa de los derechos humanos en el mundo, pero violados de manera cruel en la prisión estadounidense en la bahía guantanamera.

Hay que recordar que allí fueron enviados los prisioneros de la alegada guerra antiterrorista lanzada a escala mundial por el gobierno de George W. Bush luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En esa prisión llegó tras caminos ilegales de retención el pakistaní Mijaid Kan, el primero de huéspedes de cárceles secretas de la Agencia Central de Inteligencia que, luego de años tras las rejas en Guantánamo, pudo revelar los abusos cometidos por Estados Unidos.

“Mientras más cooperaba, más me torturaban”, dijo ante un jurado militar en aquella prisión, donde recibió condena de 26 años de encarcelamiento.

Lo notorio de su juicio es que siete de los jueces pidieron al Pentágono que le indultarán por las torturas cometidas por sus agentes. “Es una mancha en la fibra moral de EEUU”, dice una carta publicada al respecto por el diario The New York Times.

Kan fue culpable de actos terroristas, que incluso reconoció. Pero también sufrió las “técnicas de interrogatorio reforzadas”, decididas por el entonces titular del Departamento de Defensa, Donald Rumsfeld.

El pakistaní narró al jurado que cuando se negó a tomar agua sus captores le entubaron de esta forma:

“Conectaron un extremo al grifo, me pusieron el otro en el recto y abrieron el agua”. Cuando se negó a comer le metieron puré en lugar de agua. También le insertaron tubos de alimentación por la nariz y la garganta.

Según el Times, recibió golpizas mientras estaba desnudo y encadenado, a veces a una pared y otras a una viga con los brazos en alto. Lo trataron “como a un perro”, y lo mantuvieron durante largos periodos en una oscuridad absoluta.

“El trato al señor Khan en manos del personal estadounidense debería ser una fuente de vergüenza para el Gobierno de EEUU”, consideró la mayoría de los jueces que le juzgaron.

Historia parecida sufrió el saudita Mohammed al-Qahtani, también recluido en la prisión de Guantánamo y a quien Washington acusa de ser el “vigésimos secuestrador” del vuelo 93 de United Airlines (el cual supuestamente no pudo abordar), que se estrelló en la zona rural de Pensilvania aquella fatídica jornada.

Al-Qahtani es junto a Kan uno de los 39 prisioneros que, según CNN, quedan en aquella cárcel para los que en su momento la Casa Blanca denominó como “combatientes enemigos” y envió cual limbo jurídico a un centro de encarcelamiento que, oficialmente, no está en territorio estadounidense.

Según medios de prensa el saudita fue sometido durante unos 50 días a una larga lista de torturas, que el diario El País de España califica de brutales.

El periódico ibérico refiere desde la privación del sueño, exposición al ruido y temperaturas extremas, además de humillación sexual, palizas y estrangulamiento.

«La intensidad que tuve para suicidarme no fue la intensidad para morir, fue la intensidad para detener la tortura psicológica, el horrible dolor del confinamiento solitario», dijo al-Qahtani a su abogado.

«Los síntomas de la tortura psicológica fueron horribles. Fue incluso peor que los efectos de la tortura física», apostilló.

Sus torturadores fueron tan “benévolos” que continuamente le revisaban los signos vitales para poder continuar las vejaciones y maltratos.

Habría que preguntarse dónde los oficiales de Estados Unidos, léase de la CIA o el Pentágono u otras agencias de inteligencia involucrados, aprendieron tales técnicas deshumanizadas.

Quizás las copiaron de aquella Operación Cóndor, que Estados Unidos favoreció en América Latina el siglo pasado, y por la cual fueron torturados y desaparecidos miles de seres humano.

¿O será que reeditaron y actualizaron lo que enseñaron a las dictaduras latinoamericanas?

(*) Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

Foto de portada: Brennan Linsley / AP

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Dejanos tu comentario

A %d blogueros les gusta esto: