Caridad Chávez: Sin temor a equivocarme, me llamo MAESTRA

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Por Annalie L. Rueda Cardero/ Resumen Latinoamericano Cuba

Dominga de la Caridad Chávez Gómez nació el 20 de diciembre de 1962. Fecha que considera hermosa porque coincide con el nacimiento de Rubén Martínez Villena y la cantautora cubana Teresita Fernández.

Procede de una familia muy humilde en Pinar del Rio. Sus abuelos, como muchos de la época, tuvieron que emigrar a La Habana para lograr salvar la vida de sus hijos. Varios descendientes de la familia murieron a fines de los años 50 por las terribles condiciones en las que vivían antes del Triunfo de la Revolución.

Una vez instalados en la capital lograron insertarse dentro del proyecto Pastorita, que construyó un prototipo de repartos en diferentes lugares del país para que las personas de zonas marginales mejoraran sus condiciones de vida.

Sus padres y abuelos fueron los propios constructores de sus casas y en marzo de 1963 se inauguró el barrio Pastorita en la Lisa. En sus inicios fue una comunidad hermosa– comentó la entrevistada.

Existían varios proyectos comunitarios. Entre ellos un taller artesanal para dar trabajo a las mujeres- proyecto de la FMC liderado por Vilma Espín- y así mejorar las condiciones de vida y facilitar el empoderamiento de aquellas que fueron tan discriminadas. El ejemplo de Vilma deviene de una Mariana Grajales, o de una Amelia Simoni o de todas las mujeres que a lo largo de nuestra historia han representado ese poder en la sangre de las mujeres cubanas:  comentó visiblemente emocionada Cary, como le dicen todas las personas que han tenido la suerte de conocerla.

Su niñez fue muy simple. Creció en tiempos donde había mucha igualdad. Cursó la enseñanza primaria en una escuela llamada Eduardo Panizo Busto que en la actualidad es el Centro de Orientación y Diagnóstico del municipio La Lisa.

Se enamoró de Martí estudiando en la primaria y aprendió a reconocer su importancia también por la vida de Fidel. Recuerda que escuchaba los discursos del Comandante en la radio. En su casa, como en la mayoría de los hogares de aquella época no había televisor,  según sus propias palabras: pero había mucha solidaridad en el barrio y los que tenían televisor dejaban ver a los niños los dibujos animados y dejaban ver también los discursos a las familias que se reunían allí. En mi casa había un radio de bombillo, lo recuerdo perfectamente y se oía divino. Escuchábamos Nocturno, Alegría de sobremesa y Punto guajiro.

Foto de infancia de Dominga de la Caridad Chávez Gómez/ Cortesía de la entrevistada

Resumen Latinoamericano no quiso perder la oportunidad de escuchar todas las cosas lindas que Caridad tiene que contar en el marco del Dia del Maestro. Fecha tan especial y celebrada en Cuba históricamente con mucha alegría. Hoy compartimos con nuestros lectores sus historias de vida.

RL- ¿Cómo recuerda su infancia en los primeros años del Triunfo de la Revolución Cubana?

En la época en la que cursé la enseñanza primaria nos convertíamos en pioneros desde preescolar. Estando en prescolar asesinan al Che y recuerdo al pueblo consternado, las personas llorando …Mataron al Che, Mataron al Che decían en todos lados y yo no tenía conciencia aún de quien era. Comenzaron en las casas, las calles, en todos lados a leer y recitar poemas de Mirta Aguirre y Nicolás Guillen, así como la canción de Carlos Pueblas dedicada a ese hombre inmenso que fue Ernesto Che Guevara.

Inicialmente el lema de los pioneros era SIEMPRE LISTOS y a partir de que Fidel dio a conocer su muerte cambió : Pioneros por el comunismo seremos como el Che pasó a ser la consigna de los pioneros cubanos.

En aquel momento la organización se conocía como Unión de Pioneros de Cuba. En aquellos años comienza a hablarse de socialismo y comunismo. Ya estábamos en el contexto de la Crisis de Octubre y el país recibía la ayuda que comenzaba a dar la entonces URSS. Creo que todas esas cosas fueron formando a nuestra generación. Como decimos los cubanos, somos una generación de comecandelas. Nosotros queríamos estar en cada tarea que la Revolución proponía.

Recuerdo también que los maestros nos llevaban a muchas excursiones y museos. La mayoría de las familias venían de un seno humilde, que aprendieron a escribir con la alfabetización, aunque los hubo como los míos. Mi padre nunca se superó, jamás quiso pasar del 6to grado y el abuelo en su machismo y prejuicios arraigados no aprendió a leer, como tampoco dejó que mi abuela aprendiera. Hasta el último momento de sus vidas firmaron con las huellas. Siendo niña, llegaban documentos que tenían que firmar y era yo quien se los leía. Cualquiera podía haberlos estafado. Por suerte la gente buena y comprometida con la Revolución era lo que abundaba y los ayudaron siempre.

Todos estos acontecimientos fueron formando mi carácter y eso si, tengo muy claro que todo lo que soy, todo lo que he conseguido, todo lo que he logrado, se lo debo a Fidel.

Para mi es duro todavía hablar de él. No me adapto. Como dice la canción Hoy quiero gritarte, padre mío, No te sueltes de mi mano,  Aún no sé andar bien sin ti.  El se lo merece todo y yo sigo defendiendo los principios de la Revolución y al que esté representando a nuestra Revolución lo apoyo, pero no me adapto.

RL- ¿Cómo transcurrió para usted aquel 25 de Noviembre?

Además de maestra soy radio aficionada y teníamos una rueda radial que anunciaba ese día 25 de noviembre como íbamos a dar apoyo al desfile que se haría el 2 de diciembre con tremenda alegría. De momento mi cuñada llama y pregunta si estábamos viendo la televisión: Raúl está anunciando el fallecimiento de Fidel-me dijo. Yo no lo podía creer. Lo habían anunciado tantas veces (silencio entre lágrimas) pero esta vez era de verdad. Lo estaba anunciando Raúl. Comencé a llorar y a llorar sin consuelo. Sé que amaneció y todo me parecía mentira.

En ese año viví el Día del Maestro más triste de mi vida. Asistí porque mis alumnos no merecían que yo no estuviera, pero sentía en aquel momento que no había motivo para celebrar. Durante ese mes de diciembre yo comenzaba a llorar en las clases, mis alumnos hacían un silencio que les agradezco. Cuando se me fue calmando un poco el dolor yo les agradecí verbalmente por saber respetar mi pena. Ellos no conocieron a Fidel, les pasó como a mi como el Che.

A Fidel había que vivirlo, para poder entender por qué se te desgarra el alma. Se que la mayoría de los cubanos de mi generación, sienten lo mismo que yo y que todavía no nos adaptamos a que el no esté. Todavía tenemos la mala costumbre de decir Claro, es que no está Fidel  y pensamos que el era la única persona que puede resolver los problemas y eso nos lleva a haber sido injustos con los que han venido detrás- sobre todo con Diaz Canel.

El dolor de la pena de la muerte de FIDEL va a morir conmigo. Yo nunca voy a adaptarme a la idea de que no está. Yo lo siento presente. Incluso disfruto decir: Muchacho si eso fuera con Fidel…

Foto de Roberto Chile

RL- A inicio de la entrevista usted mencionó La Campaña de Alfabetización. ¿ Podría contarnos que recuerda de la campaña fuera de su seno familiar?

Esa campaña de alfabetización que se llevó en Cuba creo que fue una de las cosas mas gloriosas que se le pueda haber ocurrido a Fidel.

Alfabetizar a todo un pueblo que en su mayoría era analfabeto, y que jóvenes y adultos lograran estudiar en la universidad a partir y a raíz de esa campaña en el año 61 es una heroicidad indiscutible. Creo también que la campaña de alfabetización le mostró al mundo la verdadera cara del imperialismo. ¿Por qué razón? Porque asesinaron niños y personas inocentes. ¿Qué daño podía hacer un alfabetizador? No hablamos de militares ni de personas que se enfrentan a tiros. Hablamos de personas que enseñaron a leer y a escribir. Estamos hablando de jóvenes maestros. Asesinaron a Conrado Benítez, Delfin Sen Cedré  y a Manuel Ascunce 

Portada de periódico que denuncia el asesinato de Conrado Benítez

Creo que esos asesinatos, junto a la invasión de Playa Girón terminó de envalentonar al pueblo y el que no estaba convencido en ese momento terminó de convencerse y empezamos echar pa lante.

Campaña de Alfabetización

Habían alfabetizadores desde 14 años en adelante. En su mayoría adolescentes y jóvenes. Estos jóvenes una vez culminada la campaña tenían que continuar sus vidas y sus estudios, eso fue algo que Fidel prometió y cumplió. Pero seguirían creciendo generaciones que necesitaban maestros, así que se crea el Destacamento Manuel Ascunce que era para docentes de secundaria y Pre Universitario. Por supuesto también se necesitaban maestros primarios y los primeros en graduarse subieron al pico Turquino. Luego los agrupó en Tarará que es un reparto residencial y allí se alojaron antes de convertirse en El Palacio de pioneros.

Fidel quería un proyecto de escuela nueva. Comenzó entonces a crear condiciones. Se fundaron las escuelas de ciencias exactas Vladimir Ilich Lenin, Las Ceibas, escuelas en el campo, escuelas de cultura física y la primera escuela de nuevo tipo formadora de maestros Salvador Allende. Se decide nombrarla así porque para aquel entonces había muerto el presidente de Chile.

Yo tuve el honor de estrenarla y de verla crecer. Cuando nosotros llegamos allí la instalación no estaba culminada. Pudimos ver como hicieron dos comedores, como construyeron el teatro, el gimnasio, el policlínico, incluso la piscina. Las áreas deportivas eran enormes. Para mí, mi escuela era lo mas grande porque las condiciones que yo tenía allí no las tenía en mi casa. En mi casa yo tenía mucho cariño de hogar, pero las condiciones que teníamos en la escuela en mi casa no existían.

Primer curso de la Escuela Salvador Allende. Foto tomada de la Revista Educación para la Salud

Teníamos agua caliente y todas las semanas nos entregaban la ropa de cama limpia, tuvimos incluso colchón de muelles cuando en mi casa yo dormía en colchoneta, unas medias preciosas porque hasta ese minuto yo iba a las escuelas con medias tejidas por mi abuela, ya que la situación económica era complicada. A las muchachas nos daban un módulo de aseo que incorporaba hasta las almohadillas sanitarias. Estaban al tanto de todos los detalles. Nos daban desayuno, merienda, almuerzo, comida y merienda antes dormir.

Además teníamos un caudal de cosas y oportunidades. Para mi fue algo deslumbrante. Yo entré con 11 años a la Allende, pero teníamos tantas atenciones allí que no se convertía en un problema estar lejos de la familia.

Quiero decir que esas condiciones que tenía la Allende las tenían el resto de las instituciones becarias. En aquel momento era un honor entrar a ese tipo de escuela. Entre todos los compañeros de estudio creció un hermanamiento tremendo. Cuando nos encontramos así todos viejones como estamos ahora comenzamos a recordar anécdotas.

Las escuelas de nuevo tipo marcó mucho a la sociedad cubana de aquellos tiempos, porque las personas dejaron de pensar con tantos prejuicios. En aquel momento el enemigo no perdía tiempo para generar confusión y miedo. Decían que en esas escuelas nos adoctrinarían, que nos iban a prostituir, en fin… las familias comenzaron a darse cuenta de toda la falacia infundada y al crecer la aprobación del pueblo comenzaron a crearse nuevos proyectos.

Soy del criterio que las escuelas al campo aportaron además de formación un disfrute tremendo. Ayudó en ese momento-entre otras cosas- al desarrollo de la agricultura en el país. Nos enseñó a respetar el trabajo del campesino y del esfuerzo que se requiere para lograr una cosecha, la importancia de conocer los procesos de sacar los alimentos de la tierra para llevarlos a la boca. Nosotros estuvimos en el cultivo del tabaco y de la soja.

Grupo de alumnos trabajando en el campo. Foto cortesía de la entrevistada

A mi grupo casi siempre lo llevaban a Pinar del Río y allí tuve el honor de conocer al padre de los hermanos Saíz. Estando en el campamento de San Juan el nos llevó a una feria del libro.

Yo creo que cada compromiso que la Revolución nos pedía y nosotros asumimos hizo grande a nuestra generación.

Y empezó a pasar, hubo un primer perfeccionamiento de la educación en Cuba. Graduándome yo iniciaba ese primer perfeccionamiento en 1979. Para ese entonces, cuando comenzamos a trabajar como maestros ya graduados entramos a las aulas con más preparación que los maestros que laboraban de años.

Generalmente cuando hay un cambio, la generación que tiene que enfrentarlo hace resistencia, y la generación nueva se impone. Fuimos la generación que se impuso con el nuevo perfeccionamiento. Claro nos faltaba la práctica, que es el criterio valorativo de la verdad. Éramos tan jóvenes que muchas veces tuvimos estudiantes de nuestra misma edad, porque en el estilo de aprendizaje anterior había mucha repitencia y habían niños que se desfasaban.

Eso me obligaba a llegar toda seria- LA MAESTRA- hoy lo pienso y me parece tan ridículo ese comportamiento mío, como si reírse fuera un problema para enseñar. Creo que les pasa a casi todos los maestros cuando llegan a un aula por primera vez.

Caridad Chávez Gómez en sus primeros años de graduada. Foto cortesía de la entrevistada

RL-Hablando de maestros que se inician:  ¿Cómo recuerda su primer contacto con maestros emergentes?

Yo he tenido a lo largo de mi vida muchos honores. Cosas que para muchos es algo simple para mi es algo muy grande.

Yo recuerdo que el Periodo Especial llevó a que muchos maestros pidieran la baja y salieran a buscar una mejora económica, algo totalmente entendible, también los hubo como yo, que nos quedamos. La situación de déficit de maestros era muy seria, sobre todo en La Habana, todavía sigue siendo un tema por resolver en la capital.

Fidel en ese contexto entiende la urgencia de una revolución educacional y para elevar el nivel de aprendizaje tenían que haber maestros que lo garantizara y 20 estudiantes por aula. Con el principal objetivo de personalizar la atención hacia el alumno. Con esta nueva batalla de ideas, entraron las computadoras a las aulas y nosotros no teníamos ni idea de como usarlas, los televisores, las teleclases, el canal educativo, Universidad para todos etc. Dentro de eso se gradúan los nuevos maestros emergentes.

En los inicios se propuso que los jóvenes comenzaran con los grados mas pequeños y los maestros de más años de experiencia trabajáramos con segundo ciclo. Se hizo mucha resistencia a esta propuesta, al principio hubo disgustos. En aquel tiempo habían maestros que se especializaban solo de 1er a 4to grado y otros se especializaban en 5to y 6to. Hay una cosa fundamental para ser un buen maestro y es que no puede dejar de estudiar jamás, pero lamentablemente todo el mundo no piensa así y hubo un grupo de maestros que dejó de preparase. Era más el terror a impartir el contenido de segundo ciclo que darle paso a los muchachos.

Trabajando en la escuela Mártires de Corinthya, llegó una primera muchacha el Día del Educador. Di un salto en el tiempo y recordé cuando me gradué y lo que se siente cuando se llega nuevo a una escuela y no estás seguro aún de lo que sabes. Era una joven huérfana de madre, criada por su abuela y no estaba muy convencida tampoco de que eso era lo que quería. Cuando llegó y vio el recibimiento que se le dio tanto de parte del claustro como por parte de los niños se quedó más motivada. Y así se fueron sumando, luego llegaron los profesores de computación, los instructores de arte y entre todos fueron revolucionando la escuela y los viejos comenzamos a tener susto en el pecho. De momento la escuela llena de maestros jóvenes con mucho ímpetu, arroyando como un Carnaval.

La verdad es que en el momento que llegaron ayudaron muchísimo a mejorar la crisis que hasta ese momento se estaba viviendo en las escuelas. Al final nos pusimos todos de acuerdo y logramos salir adelante. Incluso hoy tenemos muchachos de otras provincias.

RL- ¿ Cary, cuáles han sido los principales retos que ha asumido en sus 43 años como docente?

Yo he tenido varios retos. El primero fue cuando me paré por primera vez en un aula. Fue difícil dejar de sentir miedo de entrar en el aula y de pensar si mis alumnos me iban a respetar o no, si mis alumnos iban a aprender conmigo o no.

Eso es lago que debemos superar los a maestros con experiencia y es transmitirle a las nuevas generaciones lo que sabemos. Algunos sienten que les van a a robar el prestigio. ¿Qué bobería verdad? Yo agradezco que en mis inicios maestros que se sentían así no me hayan ayudado porque eso me impuso el reto de aprender sola. Teniendo en cuenta la teoría que me había dado la Allende y estudiando mucho. Me vi obligada a estudiar, a prepararme, a hacer y a negarme a ser una maestra copiadora.

El segundo reto fue trabajar en un internado de niños y niñas de primaria. En aquel momento muchos maestros éramos ubicados en otras provincias. En mi caso me tocó trabajar en la actual Artemisa, recuerdo perfectamente la dirección, Colón entre Mártires y Céspedes; la escuela se llama Julio Antonio Mella. Originalmente era un convento. La construcción a veces asustaba y yo daba tremendos gritos cuando me cruzaba con algún murciélago. En aquel momento se cumplían tres años de servicio social y cuando lo terminamos la dirección del Partido de Artemisa nos pidió que donáramos un curso más de prestación de servicios y nos quedamos. Trabajamos un total de cuatro años allí.

Al regresar a La Habana, las plazas disponibles eran las del internado de primaria. Cuando yo llegué allí comprobé dos cosas:

1- Que todo en mi país no estaba resuelto a nivel social.

2- Lo que invierte el estado en ese tipo de escuelas. Porque a esos niños no les faltaba nada, mejor dicho: no les falta, ni siquiera en periodo especial ni en ninguna etapa, al igual que a los niños de las casas sin amparo filial y es una constante inversión del estado. Desde las medias que no tenía mi hija hasta juguetes. Las muñecas más caras en aquel momento eran las Cecilia que costaban 40 pesos y allí entraban por cajas para que jugaran esas niñas. Claro, había que estar pendientes. Existían familias tan disfuncionales que a veces le daban las cosas a los niños y cuando llegaban a sus casas se lo vendían. Regresaban al internado sin nada.

El estado asignaba los fondos para cubrir paseos y excursiones. No faltaba la presencia del médico y enfermera, lavandera, barbero, en fin, TODO. Reitero, esas atenciones no se quedaron en aquellos años de los 80. Incluso en el Período Especial puedo decir que a esos pequeños jamás le faltaron condiciones para cubrir sus necesidades. Actualmente también es así. Se los dice alguien que como radioaficionada hace un trabajo social con los niños sin amparo filial del municipio La Lisa. Hay que verlo. Nosotros (radioaficionados) le damos algo adicional para sentirnos satisfechos de que estamos aportando algo, pero no porque ellos lo necesiten.

Incluso tienen una asignación para que una vez al año acudan a las tiendas y ellos mismos deciden que se van a comprar con el dinero que le asigna el estado.

A las niñas le celebran los quince. Yo tuve el honor de participar en ese tipo de celebración. Recuerdo que era una niña que tenía cuajada su sonrisa, en aquel momento su madre se encontraba recluida en un centro penitenciario. La señora delinquió pero no era una mala madre. Aquella niña tenía una tristeza enorme e inevitablemente los radioaficionados y varios padres de mis estudiantes nos involucramos. Entre todos hicimos el álbum con las fotos, le hicimos serenatas, le alquilamos el traje azul que ella quiso y la sonrisa con que nos agradeció no se paga con nada. Lo hicimos porque queríamos formar parte de eso, pero el estado tenía cubierto eso. Porque esa niña además de la asignación que les toca anualmente ese año tenía otra adicional por ser una quinceañera.

Cuando estos jóvenes cumplen 18 años, si no van a continuar estudios se les asigna una vivienda con los esenciales mínimos y un trabajo para que comiencen a encaminarse como adultos. Pero el que tiene continuidad de estudio, puede salirle barba que hasta que no termine su universidad allí se queda y es mantenido por el estado. ¿ En que país se hace eso? Aquí en mi Cuba. A pesar de los pesares (con lágrimas en los ojos) y aunque a veces nuestro vino es amargo mi Cuba al cien por ciento.

3- El tercer reto es muy reciente. A lo largo de mi vida, en diferentes oportunidades yo he trabajado con niños que requieren una atención especial por presentar capacidades diferentes ,síndrome de down, incluso sordos insertados dentro de la enseñanza general. En Cuba los padres tiene derechos a decidir si quieren que sus hijos estudien dentro de la enseñanza general aun cuando necesiten enseñanza especial excepto cuando presentan serios desajustes de conducta.

En el grupo actual de cuarto grado tengo dos niños autistas. El primero Ernesto Darío; llegó a mi vida en primer grado y aun cuando los padres me agradecen siempre digo que soy quien agradece la oportunidad de ser mejor persona. Considero que soy mucho mejor persona a partir de que él llegó a mi vida. Recuerdo lo difícil que fue para mí en sus inicios. Lloré muchísimo porque desde mi experiencia no sabía como manejar la comunicación, y no tenía las herramientas para entenderlo.

Al principio se comunicaba con los otros niños mayormente a través de señas, apenas tenía un lenguaje oral, y conmigo interactuaba lo mínimo. Se limitaba solo a decir si o no ante ciertas indicaciones que yo le daba. Para mi eso era un gran problema porque yo no tenía idea si Ernesto Darío estaba aprendiendo y hasta que punto el estaba logrando vencer los objetivos. Los niños con esas características no se pueden presionar porque su código de entendimiento es otro. Y llegó el gran día, me dio la sorpresa: Lo invité a que leyera y cuando yo lo escuché leer yo no me lo podía creer. Fue inolvidable la emoción que sentí- hablo de eso y todavía lloro- Recuerdo que lo abracé y como si tuviera una mosca encima empezó a apartarme porque no le gusta el contacto físico con las personas y yo lo sabía pero no pude evitar el abrazo. A partir de ese momento se puede decir que comenzamos a lograr resultados. Les puedo decir que es uno de los estudiantes con mejor resultado en el cálculo mental, es muy bueno en matemáticas. Es increíble la relación que mantiene con todos en el grupo. Se sabe y siente parte del colectivo del aula. Juega con sus amigos, participa, no hay diferenciación de trato entre ellos. Incluso celebramos en el aula esa semana de abril dedicada a los niños con necesidades especiales. Nos vestimos con ropa azul, que es el color que representa la causa del autismo .

El segundo niño se llama Anthony y llegó a mi vida estando ya en segundo grado. Lamentablemente no logró engranar dentro de la enseñanza especial y llegó desfasado, pero cuento con el placer infinito de haber logrado que aprendiera a leer y a escribir. Venció el segundo grado y no pierdo las esperanzas de que el continúe avanzando. Estamos buscando un proyecto adecuado en el que pueda insertarse y en un futuro logre un trabajo e independencia económica. Le encantan los animales y domina mucha información al respecto. Se que puede lograr lindos resultados en proyectos sociales vinculados al cuidado de los animales.

Soy del criterio de que todos los niños tiene necesidades especiales y que cada uno necesita un tratamiento individual. Lo creo porque tengo varios estudiantes que sus familias no son totalmente funcionales y no son autistas pero necesitan ser tratados con mucho amor y respeto.

En estos tiempos de Covid-19, tuve un infarto del miocardio y estuve muy grave. Los padres de mis alumnos estuvieron todo el tiempo muy pendientes de mi salud al igual que los niños. Pero no a todos le dieron la noticia con sutileza y se dio el caso de un mal manejo de la información a uno de los niños que más necesita de mi atención como maestra y como ser humano. El se llama Daniel. Por algún motivo el creyó que mi gravedad tenía que ver con su mal comportamiento en el aula, así que el niño salió corriendo a ver a una maestra que también vive en esa comunidad para confirmar si era cierta mi gravedad. Ella por supuesto lo calmó, le dijo que yo estaba mejor aunque no era verdad; en realidad yo estaba luchando por superar la difícil situación de salud que atravesaba pero lo principal era protegerlo a el de la angustia tan grande que le provocaba esa idea errónea.

Daniel ha crecido en el seno de una familia que practica la religión Yoruba, así que salió corriendo y se arrodilló en la calle y dijo: Ay Obbatalá, que mis lágrimas amparen y salven a mi maestra– la comunidad se conmocionó y yo no paro de llorar cada vez que lo recuerdo.

Cuando vives amores así tienes que apostarlo todo. Yo apuesto por mi corbatero (apodo de cariño) yo tengo que seguir luchando por el, se lo merece, tiene un corazón del tamaño del sol dentro del pecho. El necesita mi amparo y el de esta sociedad para que pueda salir adelante. Lamentablemente le tocó nacer y crecer en un lugar muy complicado.

Daniel y la maestra Cary. Foto: Annalie Rueda

RL- ¿Cary como ha sido para usted como maestra vivir esta etapa de Covid lejos de sus niños y con una situación de salud delicada?

Fue algo bien convulso para nosotros ese 24 de Marzo de 2020 porque en todos los años que llevo de trabajo jamás habíamos tenido una limitación tan grande como esa de detener tanto tiempo el curso escolar. Ni siquiera en el Período Especial se detuvo la enseñanza. Tuvimos que acomodarnos a esta nueva situación e ir trabajando con las familias con este método de recibir teleclases y trabajar a distancia. Nuestros niños están acostumbrados a recibir teleclases pero con un maestro presencial que los va calzando porque un teleprofesor no puede atender las diferencias individuales. Tenemos que agradecer todo el esfuerzo que hizo la dirección del país para nosotros estar a tono con lo que estaba pasando en el mundo incluso sin tener todas las condiciones.

Todas las familias no son iguales y enseñar es un arte. Creo que la familia cubana ha entendido que la figura del maestro es importante .Hablo del maestro en toda la extensión de la palabra. En esa primera etapa yo mantenía el contacto con los padres a través del teléfono. Luego citaba a los niños a mi guardia de la escuela, manteniendo el distanciamiento aclaraba una a una las dudas con las que llegaban.

En julio de 2020 sufro un infarto. Actualmente presento una cardiopatía isquémica de grado 3 y por esta razón los médicos consideraron que yo no debía volver al aula. No sé por qué existe en el imaginario popular la idea de que los maestros estamos estresados el día entero y recuerdo que mi respuesta a los médicos fue: Mejor pónganme una inyección letal. Si ustedes me quitan a mi la escuela yo para qué quiero vivir. Tengo que confesar que me alegró a pesar de la pandemia que el curso no se reiniciara en septiembre, porque eso me dio la posibilidad de poder recuperarme en los tres meses que necesitaba para poder incorporarme. Como me dijo una niña, alguna cosa positiva pude sacar de este Covid.

Los padres de mis alumnos me han cuidado como si fuera una bebé. Siempre le insisten a sus hijos en la idea de que no pueden mortificarme. Lo agradezco desde lo más profundo de mi alma, pero no quiero que sea así. Yo quiero tener mis momentos de ira y de apasionamientos. Para eso tomo todos mis medicamentos (sonríe luego del comentario).

Caridad Chávez Gómez. Foto Annalie Rueda

Yo no podía dejar de atender a mis niños autistas, a mis niños con dificultades, a los niños que no se entendían con sus padres en la docencia aun siendo niños de alto rendimiento, a los niños que se aburrían. Lamentablemente un teleprofesor no puede atender esas demandas. Eso solo lo puede hacer el maestro presencial. Que añoranza la de nosotros de volver a las aulas con los ruidos de los niños.

Pero este Covid se encaprichó. Llegó el 2021 y no volvían abrir las escuelas. Tuve entonces que aprender a caminar con los tiempos. Cuando lo entendí, en esa segunda etapa creamos un grupo de WhatsApp. Fui consiente de que había que facilitarles un poco las cosas. Aclaraba las dudas, mandaba indicaciones en el grupo y mantuve consultas presenciales con los alumnos con más dificultades y con los niños autistas.

Ante el llamado de la Ministra de Educación, muchos maestros estuvimos colaborando con los estudiantes de primer grado, además de nuestros alumnos.

Debo decir que ha sido una bendición la vacuna. Me vuelvo a sentir orgullosa de ser cubana, es aquí en Cuba donde está pasando. Que se reiniciara el curso con los estudiantes vacunados es una gran garantía, una tranquilidad enorme y una felicidad infinita. Si nos hubieran dejado muchos maestros hubiéramos comenzado el curso nuevamente a paso de carnaval. Así de grande es la alegría. Para muchos maestros y maestras, la risa y las ocurrencias de nuestros niños es un alimento vital.

Sabemos que tenemos una tarea muy difícil. No se trata solo de organizar el aprendizaje, también tenemos que trabajar emociones, la tolerancia, socializar… hay niños que han perdido familiares, hay niños que han pasado por la Covid y todo eso deja huellas. Nos toca a nosotros encaminar eso junto a las familias.

Muchas personas no entienden por qué el Ministerio de Educación ha dado tantas semanas para culminar el curso escolar y soy del criterio de que está muy bien pensado porque más allá de la situación del aprendizaje el Ministerio ha tenido en cuenta todo lo que han pasado los niños. Volveremos a readaptarnos de a poquito.

RL-Hemos hablado de sus principales retos, pero es momento de hablar de las alegrías vividas en su carrera.

La verdad es que acumulo muchísimas alegrías. Me da placer ver cuando esos diamanticos en bruto aprenden a leer en primer grado o cuando hacemos una fiesta a lo grande en la graduación de 6to grado. Me da mucho orgullo que mis estudiantes sigan comunicándose conmigo cuando llegan a la secundaria, a veces estando en el preuniversitario. Creo que uno de los mayores méritos que puede tener un maestro es que los alumnos aunque crezcan sigan confiando en ellos. Eso para mi es gratificante. Es gratificante también ver como ellos aprenden a ser transparentes. Es una tranquilidad saber que no temen decir lo piensan y lo que sienten. Mis alumnos aprenden y practican la tolerancia. Para mi es un orgullo que mis alumnos quieran a su país. Que defiendan su cultura, que entiendan que nuestros héroes y mártires fueron y son seres humanos y que en algún momento se equivocaron, pero como dijo Martí, no le vemos las manchas, vemos la luz, que es más importante. Mis alumnos son fidelistas, mis alumnos son martianos, quieren a la Revolución porque las razones para hacerlo se ven en el día a día.

Encuentro con Gerardo Nordelo en el año 2015. Foto: Cortesía de la entrevistada

RL- Mayor logro como maestra.

Mis alumnos logran entender las cosas buenas y las cosas que no están bien en su familia. Se proponen cambiar la vida y ser mejores personas. Mis alumnos entienden que todo el mundo es talentoso en algo, que lo más importante y en lo que uno sí tiene que ser el mejor es en ser una buena persona desde donde esté. Mi mayor alegría como maestra es que mis alumnos convertidos en adultos crucen la calle para saludarme, abrazarme con cariño, por sentirse orgulloso de que yo haya sido su maestra. Y creo que no hay premio mayor en el mundo que ese. Mi mayor logro, es ser MAESTRA.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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