Cuba: Hombre de bisturí y de silencio

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Por Liset García.

Mirando a los ojos de este hombre, ataviado con su impecable bata de médico, es difícil adivinar que durante 25 años ha vivido con dos caras y dos nombres. Casi la mitad de su vida fue integrante “activo” de grupúsculos con diversas fachadas y ropajes, cuya intención  manifiesta es acabar con la Revolución.

Pero, mientras supuestamente dormía con el enemigo, Carlos Leonardo Vázquez González es, en realidad, un médico que sueña lo mejor para su país. Con sus manos de cirujano y corazón de ser humano hecho para aliviar dolores, también puede diseccionar planes elaborados por contrarrevolucionarios, apoyados y financiados desde el exterior. Estuvo entre ellos siendo el agente Fernando de la Seguridad del Estado, y no hay quien le haga cuentos.

Cuba lo conoció hace poco cuando apareció en la televisión para denunciar las reales intenciones del grupito encabezado por Yunior García Aguilera, y de la marcha que nunca fue el pasado 15 de noviembre. Hablaba despacio, como quien mide las palabras, pero fuera de cámara es locuaz y desenfadado. Al pan le dice pan. Tiene todas las respuestas, facilidad que debe no solo a su profesión, sino a lo entrenado que está y a su buena memoria.

¿Qué puede mover a un hombre a vivir en una doble condición, a comportarse como lo que no es, a soportar que se hable y se planee destruir un proyecto por el que siente todo lo contrario?

Hay que tener algo más allá de convicciones profundas sobre lo que defiende. Algo más que hondas nociones de lo que significan las palabras sacrificio, renuncia, entrega, y posiblemente una parecida sangre fría a la que hace falta para sostener un bisturí y penetrar en un cuerpo humano, a sabiendas de que va extraer un mal. Y posiblemente sea necesaria alguna otra cualidad adicional…

Vilma, siempre

La pasión del doctor Carlos Leonardo Vázquez González es aliviar, salvar vidas. (A la izquierda en primer plano) (Foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO).

Sin embargo, se queda sin palabras ante la pregunta de cómo fue capaz de tanto. La respuesta exacta no la tiene el agente Fernando, o Carlitos, como todos le dicen a este especialista en Oncología y en Medicina General Integral, que fue médico de familia y jefe de urgencias en el cuerpo de guardia del policlínico Antonio Maceo, es Máster en Salud Ambiental, y trabaja en el hospital Oncológico de La Habana desde hace una década.

Solo encuentra una frase: “creo que se lo debo a mi mamá, una mujer que nunca temió a los obstáculos. Que se batió con sus cuatro hijos, y enferma de una patología renal nos sostuvo a mis hermanos y a mí, solo con la ayuda de mis abuelos. Hubo que amputarle una pierna cuando era muy joven, y ni esa circunstancia logró ensombrecerla”.

Carlos recuerda que teniendo unos cuatro años viajó desde la ciudad de Holguín, de donde es toda su familia, hacia La Habana a consultas médicas. La acompañó en su prolongada estancia en el hospital de rehabilitación Julito Díaz, y está seguro que desde entonces quiso ser médico.

Una infancia azarosa, de mudadas de casa en casa de varios familiares, tampoco le hicieron perder el timón de la crianza y la educación del hijo, a quien le propició paseos por lugares de la historia cubana, que sin duda contribuyeron al encuentro de asideros para convertirse en el adulto que pronto tuvo que ser.

Estudió en la escuela primaria que lleva un nombre simbólico, Ejército Rebelde, en Plaza de la Revolución. La secundaria la cursó en José Luis Arruñada, y en el Saúl Delgado, del Vedado, hizo el preuniversitario, lejos de donde vivía en el Cerro. “Siendo un adolescente ella me montaba en el tren para Santiago de Cuba para que pasara mis vacaciones. Allí me esperaba un primo o un tío que me llevaban a recorrer su historia, la de Bayamo y otros sitios.

Recuerda a Ernestico, amigo de aula, que también se hizo médico. La mamá era historiadora, y “me encantaba oírla hablar y contar sucesos. Él era muy inquieto y yo muy disciplinado. Alguna vez hablamos jocosamente de intercambiar nuestras madres.

“Es que la de él siempre estaba encima de sus travesuras e intentaba controlarlo, y la mía estaba tranquila y relajada. Yo no le daba motivos, al contrario. Aprendí a cocinar y hacer otras labores de la casa. Y cuando, tras varias gestiones en la oficina de atención que dirigía Celia Sánchez, empezamos a vivir solos en una vivienda que le dieron en 1980, fui más que antes su mano derecha”.

Carlos cuenta que un buen día su mamá empezó a trabajar como recepcionista en el hospital Salvador Allende, para lo que renunció a una pensión de seguridad social, sostén de los dos. Allí se rodeó de personas que la apreciaban y con cariño le decían Vilma, la cojita. “Viví de cerca que hasta hizo deportes en su silla de ruedas, prácticas promovidas por la Aclifim, de la que fue fundadora”.

Narra que lo embullaba a ir solo o con los chamas a los cines de barrio. “Me decía que debía aprender a valerme para cuando ella no estuviera. Pero con eso además logró que amara las películas y el deporte, sobre todo el voli y el fútbol, y claro, la pelota.

“Llegando al final de mi segundo año de Medicina en 1987, con 21 años yo y ella con 38, se agravó su cuadro clínico y falleció. Estaba en exámenes; saqué 3 en Anatomía Patológica. Aquel 3 me supo a 5. En la Facultad me habían recomendado que aplazara la prueba, pero sé que a ella no le habría parecido bien”.

Penetrar al enemigo

La historia de su quehacer “contrarrevolucionario” empezó pocos años después de graduarse en 1991. Ser médico le facilitó acercarse, primero a la familia Payá, y de ahí a la estructura superior de su Movimiento Cristiano Liberación y al llamado Proyecto Varela, cuyos pormenores se conocieron gracias al agente Fernando y a otros.

En el diálogo con BOHEMIA, realizado en una salita del hospital Oncológico, está otro compañero al que Carlos llama Brother (hermano), a quien le pregunta mientras desgrana su relato, si puede contar este u otro detalle. Como Carlos es Fernando, el Brother debería llamarse Reinier, como los protagonistas de En silencio ha tenido que ser, una serie televisa que dan ganas de ver otra vez.

Que le diga así a su Reinier habla de la estrecha relación de trabajo establecida. Y Fernando no tarda en elogiar la atención y el apoyo que le ha brindado, y lo aprendido con él y su equipo de trabajo.

Labor a dúo, anónima y arriesgada, gracias a la cual se ha podido recopilar información para desenmascarar grupúsculos, supuestas organizaciones de derechos humanos, movimientos “pacíficos” y de “reconciliación”, que en realidad son agentes reclutados y pagados por la CIA, aunque para taparse hagan como la gatica de María Ramos. Pero, aquí todo se sabe.

Altas sumas de dólares y euros les reparten a sus súbditos, pero ya no directamente por los diplomáticos yanquis. Para evadir las contundentes denuncias de Cuba, en los últimos años la CIA buscó fórmulas de entregas de dinero mediante premios internacionales, algunos incluso muy reconocidos. Así pretenden esconder cómo les pagan. Y después ¡no quieren ser llamados mercenarios!

Archipagados

Foto de “familia” tomada el 14 de septiembre de 2019 durante el taller: Cambios para Cuba y el papel de las Fuerzas Armadas en un período de transición. (El agente Fernando es el segundo de derecha a izquierda, Felipe González es el sexto. Sexto también es Yunior, pero de izquierda a derecha, y delante de él aparece Laura Tedesco, entre otros) (Foto tomada del blog carlitosmarx.com).

“Penetrar en esos grupúsculos es como tejer una telaraña, hilo a hilo, y una información te lleva a la siguiente…”, explica Fernando. Así se vinculó con Elizardo Sánchez Santa Cruz y su Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, y también con Manuel Cuesta Morúa y su Partido Arco Progresista. Juntos participaron en talleres en Cuba y más allá de nuestras fronteras, acerca de cómo formar líderes para el cambio.

“Por ese camino conocí a Laura Tedesco, profesora de la universidad Saint Louis de Madrid, quien trajo la propuesta para un grupo de contrarrevolucionarios de un taller nombrado Cambios para Cuba y el papel de las Fuerzas Armadas en un período de transición, que se haría en 2019. Ya por su título se sabía qué se traían entre manos.

“Yo viajé a ese encuentro dos días antes y estuve en el hospital Gregorio Marañón, como otras veces, lo cual me servía de leyenda para justificar el viaje en mi hospital, y para entrar a la embajada de Estados Unidos a solicitar información previa en su biblioteca.

“Entre los participantes estuvo el dramaturgo Yunior García, evidentemente elegido para seguir el guion como agente para el cambio de régimen. Entre los impulsores figuraba el expresidente Felipe González, y como profesores, dos generales que habían sido subsecretarios de defensa del gobierno chileno de Bachelet y de Rodríguez Zapatero en España”.

Relata el agente que el último día llegó para la conferencia final el académico Richard John –esposo de la Tedesco– de una universidad de Washington, quien explicó cómo la sociedad puede transformar un sistema socio-político, siguiendo la ruta de las llamadas revoluciones de colores. Resulta que el tan John es subordinado del jefe de la CIA, por eso está bien instruido en cómo focalizar y promover los ejes de cambio en los sectores juvenil, de la cultura y la salud, a partir de avivar el descontento.

“Yunior había participado ya en otro taller con el mismo título en 2017 en la universidad argentina de Torcuato. Al finalizar el taller en Madrid él dijo allí que a su regreso a La Habana sería más activo en su crítica y actividad contra el gobierno cubano. Y lo hizo. Ya sabemos de su liderazgo el 27 de noviembre, el 11 de julio frente al ICRT, y el desenlace de su ilegal marcha, que no fue, y su estampida al poner pies en polvorosa”.

¿Muere Fernando?

Uno de los días más difíciles vividos por el agente Fernando fue el 25 de noviembre de 2016. Después de la noticia dada a conocer por el general de ejército Raúl Castro, se sumergió en una gran tristeza. “Fidel, el paradigma que nos sujetaba, había partido”, dice. Había estado desde una semana atrás fuera de La Habana en una reunión de contrarrevolucionarios. “Me aparté del grupo, y ví a mi lado a otro que también se alejó, llorando igual que yo”.

— ¿Sería también doble agente?

—No sé, y creo que no lo sabré. Se supone que fuera también contrarrevolucionario. Son cosas que suceden en esta vida y te impactan. Quién sabe qué pensaría él, porque todo quedó ahí.

Otro instante difícil en el que estuvo pensando siempre fue el de enterrar a Fernando. “Alguna vez llegaría la necesidad de ‘quemarme’. Y llegó”. Su Reinier lo llamó y le dijo hay que denunciar quién es Yunior y lo que pretende.

“Mi primer pensamiento fue para mi hijo. Vive fuera de Cuba, y me preocupaba qué diría. Pero me importan los 11 millones de cubanos que necesitaban saber, por lo que había que lanzarse con la verdad para desmontar la maniobra contra la Revolución.

— ¿Cómo reaccionó tu hijo?

—Después de enterarse por las noticias igual que todo el pueblo, hablamos. Me dijo: Papá, yo te amo y admiro las ideas que tú defiendes.

— ¿Qué ha pasado después? ¿Cómo han reaccionado tus vecinos, tus compañeros de trabajo?

El ministro de Salud, José Ángel Portal, entregó un reconocimiento al agente Fernando, en un sencillo homenaje a su labor por parte de sus compañeros del Oncológico. (Foto: CARLOS SERPA).

—El apoyo que me han dado me tiene estremecido. Aquí en el hospital nadie sabía de esa labor, y como atender a los pacientes siempre ha sido mi prioridad, muchos vienen, me abrazan y muestran su afecto. Algunos del lado enemigo me han escrito insultándome. Pero me importa nada lo que digan, ni lo que escriben de mí en las redes sociales.

“Una paciente, que ha sobrepasado con creces la esperanza de vida calculada para su enfermedad, me dio una clave importante. Cuando le pregunto qué hace, aparte del tratamiento, para estar bien, me dice: no pienso en lo que tengo”.

En quien sí piensa es en Vilma, la cojita, quien estaría orgullosa del hijo. Y también en un viejo comunista que le enseñó que la Patria no nos debe nada. Nosotros se lo debemos todo. Por eso Fernando y Carlitos seguirán cabalgando juntos

Tomado de Bohemia / Foto de portada:  JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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