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Por  Michel E. Torres Corona 

Han mercantilizado tanto el símbolo de la libertad, que ya ni saben qué significa. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que, consciente o inconscientemente, esa contrarrevolución mercantilizada se ha convertido en un «pilar» más del socialismo en Cuba. Porque si se cae la Revolución… ¿de qué diablos van a vivir?

Un buen capitalista halla en todo un negocio rentable. Es la máxima del burgués exitoso: make profit. Con esa lógica liberal, no lo dudemos, la civilización humana avanzó considerablemente, aunque ese avance no haya sido homogéneo. No se puede cuestionar que dejar atrás la esclavitud o el vasallaje fueron mejoras sustanciales para la humanidad en su conjunto, aunque siguieran existiendo (lógicamente) oprimidos y opresores, personas que tenían muy poco y personas que tenían too much. Y personas que, aun teniendo too much, querían todavía más.

Los campeones del capitalismo nunca han cesado en su afán de acumular propiedades y riquezas, envueltos en una trama ideológica en la que se sienten dueños de tierras, recursos, bienes inmuebles, trabajo ajeno… Pero encontrando como límite no solo el desarrollo mismo de las fuerzas productivas, sino a la naturaleza y el mundo real en sí, buscaron hacer dinero a partir de símbolos. Lucrar a partir de imaginarios fue el nuevo horizonte del liberalismo mercantil.

Hoy, cuando personas en muchos países celebran la Navidad, no podemos pasar por alto que el 25 de diciembre se alega que es la fecha del nacimiento de Jesús, un hombre que murió crucificado por propugnar un ideal de hombre y sociedad distinto, basado en valores como la misericordia, la austeridad, el amor. Sin embargo, la fecha se ha vuelto ocasión para comprar regalos, gastar dinero en frivolidades y premiar el consumismo. Lo simbólico-religioso trastocado en simbólico-mercantil.

No sorprende entonces que los más acérrimos detractores del socialismo practiquen lo mismo, en tanto van promoviendo al sistema capitalista como non plus ultra del desarrollo social. Y hallando que hay demanda solvente para financiar su cruzada anticomunista, convirtieron en lucro lo que alguna vez, quizá, fue un compromiso honesto, aunque desacertado. Es difícil ser honrado cuando se rinde pleitesía a Don dinero.

Batallando por fondos federales o por sumas que se «lavan» a través de terceros, que pueden ser fundaciones u organizaciones de otro tipo, los adalides de la restauración capitalista en Cuba no escatiman esfuerzos en mostrarse como «la mejor apuesta». Han hecho del símbolo de la libertad su negocio más rentable.

Según discurra la corriente, van mutando su discurso, para mostrarse más duros o más pacíficos. El que paga, manda: ellos solo ofertan un servicio. Con canales en YouTube, donde se habla de freedom, justice and the american way, mientras te venden la mejor hamburguesa de Miami o el mejor salón de belleza en toda la Florida, o sitios que discursan sobre la emancipación nacional y la transparencia mientras reciben por PayPal dinero que viene del exterior, sin mecenas declarado; la contrarrevolución ha hecho que predicar contra el Gobierno cubano sea una opción muy atractiva desde el punto de vista financiero.

Los mismos que tanto critican las desigualdades que no hemos erradicado en nuestro país, o que viven publicando cualquier exceso o lujo que tenga un familiar de un dirigente cubano, se hacen de miles e incluso millones de dólares, con los que se compran apartamentos, casas, dan viajes por el mundo, son publicados en los sitios y medios más famosos, reciben premios y dádivas por el hecho de seguir respirando (antes, durante o después de sufrir la terrible dictadura castrocomunista)… Todo es posible si perteneces a esa corporación financiera y mediática que ha hallado en llevarle la contraria a la Revolución, una veta de oro inagotable.

Mientras, hay tontos útiles, que, envenenados por su discurso de odio, siguen aportando dinero, tiempo y esfuerzo a una causa estéril. Son los que fueron engañados por un personaje que decía que iba a venir a Cuba desde España, para liberarnos de la «tiranía» de Díaz-Canel, con la estrategia infalible de congelar los fondos de la «dictadura» en el exterior. O los que creyeron que cierto dramaturgo lucharía hasta las últimas consecuencias porque creía en aquello que predicaba, y que no era otro más de los que buscan facilitar una visa y una cómoda estancia en Europa o en EE. UU. Son los que aplauden, desmemoriados, cualquier iniciativa, por pueril e intrascendente que sea.

Importa más el gesto que cualquier otra cosa. Por eso no nos alarmamos al leer de la propuesta de crear una «República Libre de Cuba», nada más y nada menos que en la base naval en Guantánamo, un territorio ocupado ilegalmente por una potencia extranjera. Han mercantilizado tanto el símbolo de la libertad, que ya ni saben qué significa. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que, consciente o inconscientemente, esa contrarrevolución mercantilizada se ha convertido en un «pilar» más del socialismo en Cuba. Porque si se cae la Revolución… ¿de qué diablos van a vivir?

Tomado de Granma

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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