Brasil: ¿Año nuevo?

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Por Eric Nepomuceno.

Llevamos once días de 2022, pero la verdad es que, al menos en este Brasil destrozado, seguimos como en los peores momentos de 2021, el año maldito que parece no terminar nunca.

Llevamos once días de 2022, pero la verdad es que, al menos en este Brasil destrozado, seguimos como en los peores momentos de 2021, el año maldito que parece no terminar nunca.

La pandemia de covid enfrenta un nuevo brote, esta vez de la variante Omicron, pero nadie sabe de qué proporciones. Hospitales públicos y privados reciben legiones de pacientes, no conozco a nadie que no tenga algún caso en la familia o en gente cercana, pero el verdadero número de infectados es desconocido.

Además hay una nueva epidemia de influenza, un tipo muy severo de gripe, que también lleva a internaciones en hospitales.

Los más atentos y que pueden pagar por un test de covid buscan frenéticamente por farmacias y laboratorios clínicos. Los demás no tienen a quien o adónde acudir: no hay ninguna acción del gobierno para expandir el testeo, las personas que tienen recursos actúan por iniciativa propia, las demás quedan al sabor del viento.

El ablandamiento de medidas mínimas de restricción en el fin del año que no acabó causó efecto: en la ciudad de Río de Janeiro, por ejemplo, la proporción de diagnósticos confirmados en el testeo aumentó de 0,7% de principios del pasado diciembre para 46% en esta primera semana de enero.

Todo eso ocurre mientras dos otros factores aumentan la preocupación general, pero muy especialmente de médicos y funcionarios de salud.

El primer factor es la falta de datos actualizados de la pandemia y que servirían para la elaboración de análisis concretos sobre los casos de internaciones, contagio y óbitos, además de saber cuáles son las localidades más afectadas y la edad con mayor incidencia de Covid.

A raíz de esa falta los médicos y científicos responsables no tienen cómo elaborar informes que servirían de base para establecer acciones.

La causa de esa confusión está en la acción de hackers en el sistema de información del ministerio de Salud. Ocurre que esa acción se dio el 10 de diciembre, y pasado un mes nadie en el ministerio o en el gobierno logró sanar el problema. Parece increíble semejante ineptitud, pero así es.

Hay fuertes sospechas de que el hacker en cuestión sea alguien del mismo ministerio. Es que la salida de los datos hacia el espacio coincidió con otra ofensiva del presidente Jair Bolsonaro y de su ministro de Salud contra la exigencia del llamado «pasaporte de vacuna», o sea, que para ingresar o frecuentar determinados lugares sea obligatoria la presentación del certificado de vacunación.

Al hacer desaparecer el registro de vacunados, el hacker llevó todo el resto para el espacio. El ministerio asegura que los datos fueron preservados, pero nadie logra acceder a ellos y menos aún actualizarlos.

Tanto el ultraderechista mandatario como su ministro son radicalmente contrarios a la exigencia del “pasaporte”, pero nada pueden hacer: por determinación de la corte suprema de Justicia, la palabra final las tienen alcaldes y gobernadores. Y la inmensa mayoría aprueba la medida.

El otro factor determinante para que el cuadro preocupante se fortalezca está en la acción de Bolsonaro.

Pese a la nueva crisis, él sigue en campaña permanente contra la vacuna y toda y cualquier medida de prevención. Junto a su ministro de Salud, pone especial énfasis en dar combate a la vacunación de niños entre 5 y 11 años.

A mediados de diciembre la agencia reguladora de Salud aprobó la medida, pero el ministerio de Salud recién la autorizó el pasado día 5, a raíz de la determinación del Supremo Tribunal Federal.

Con eso se retrasó la compra del inmunizante y, como consecuencia, de su aplicación, que recién empezará a fin de mes y en escala muy por debajo de lo que podría y debería ser.

Bolsonaro seguirá promoviendo aglomeraciones, poniendo en ridículo medidas básicas de protección, como el uso de barbijos, descalificando la vacuna, retrasando su compra, tratando por todos los medios de sabotear su aplicación. Su conducta será seguida por su fidelísimo ministro de Salud.

Pese a tal actitud criminal, 67% de la población brasileña adulta ya se vacunó. Y eso significa, entre otras cosas, que cada vez más Bolsonaro se dirige especialmente al núcleo más duro de sus seguidores más radicales, y es cada vez menos oído por la inmensa mayoría de la población.

El problema, entonces, no se resume a lo que él dice o deja de decir, pero sí a lo que él hace – promover aglomeraciones, incentivar la ignorancia – y lo que deja de hacer: comprar inmunizantes para todos.

Sí, sí: vamos por el noveno día de 2022, y surgen claras señales de que el año solo será nuevo a partir del domingo 2 de octubre, cuando ocurrirán elecciones presidenciales.

Será un largo tiempo de tensiones y peligros, tal como estaba previsto.

Lo que nadie puede prever es su dimensión. Al fin y al cabo, Jair Bolsonaro no es un caso para analistas y científicos políticos: es para psiquiatras.

Tomado de Pagina12 / Foto de portada: Fernando Frazão (Agência Brasil).

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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