Chile y los fantasmas del Estadio Nacional

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Por Orlando Oramas León (*) / Colaboración Especial de Resumen Latinoamericano

Blanco, cual elefante blanco, se levanta el Estadio Nacional de Chile, patrimonio histórico de esta nación austral.

Así lo avizoro desde la ventana del departamento donde cumplo una cuarentena obligatoria, cual protocolo contra la Covid-19, en la comuna de Ñuñoa, en Santiago de Chile.

Monumento Nacional, fachada blanca y gradas rojo ocre, que me traen a la memoria los sucesos trágicos que marcaron aquel septiembre de 1973 cuando el fascismo tiñó de sangre las paredes y pisos de este coloso, donde caben sentados más de 48 mil espectadores.

Desde 1939 resulta la sede de la selección nacional y del Club Universidad de Chile.

Es el estadio en el que más partidos han sido jugados de la Copa América, el segundo con más finales de la Copa Libertadores y en el que más veces ha sido otorgada la Copa Sudamericana.

En 1962 albergó la séptima edición de la Copa Mundial de Fútbol, ocasión en la que la Roja, jugando de anfitriona, alcanzó el tercer lugar del certamen y su mejor desempeño histórico.

Dicen que su mayor aforo ocurrió en abril de 1987 en ocasión de la misa oficiada por el papa Juan Pablo II.

Pero su historia está signada por el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende y el terror de las jaurías desatadas por el dictador Augusto Pinochet, con la complicidad de Estados Unidos y sus representantes acá.

El Estadio Nacional fue utilizado por la dictadura militar como centro de detención, tortura y fusilamiento. Dentro de sus muros estuvieron detenidas unas 40 mil personas entre septiembre y noviembre de 1973, incluidos cientos de extranjeros.

Charles Horman, periodista estadounidense, fue apresado y luego ejecutado allí. Trabajaba en una agencia informativa alternativa y aseguran que fue asesinado para impedir la divulgación de los nexos de la Agencia Central de Inteligencia con los crímenes cometidos por la dictadura.

Hay libros y al menos dos películas que documetan la vida y muerte del activista estadounidense. Entre ellos el bestseller The Excution of Charles Horman, publicado por Thomas Hauser, y el largometraje Missing, de Costa Gravas.

Ambas obras develan el encubrimiento y manipulación de funcionarios de la embajada de Estados Unidos involucrados en su arresto y asesinato, y en el de otro joven estadounidense.

Frank Teruggi, estudiante, periodista y miembro de los Trabajadores Industriales del Mundo, de Chicago,    amigo y colaborador de Horman.

Informes desclasificados durante la presidencia de Bill Clinton confirman que Teruggi fue ejecutado por los militares chilenos y su cuerpo abandonado en un depósito de cadáveres de Santiago.

Y claro, entre los ametrallados en el Estadio Nacional, Víctor Jara, detenido el 12 de septiembre de aquel año debido a su militancia en el Partido Comunista de Chile.

Lo torturaron, cortaron sus dedos y lengua para que no entonara sus cantos de protesta. Cuatro días después le dispararon más de 40 proyectiles, insuficientes para acallar una voz que resonó con fuerza durante el estallido social que inició en octubre de 2019 en Chile.

(*)  Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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